Massanutten Mountain Trail 100 completado

Este fin de semana corrí Massanutten Mountain Trail 100 en 34 horas, 17 minutos y 19 segundos. Jamás había corrido por tantas horas seguidas. Fue una buena experiencia preparatoria para Fat Dog 120 millas en agosto.  Esperaba que iba a encontrar dificultades para terminar esta carrera porque solamente había podido correr 120 km en mis últimos 30 días y acababa de pasar por un Herpes Zóster que me dejó tumbado por una semana y enclenque por otro par más. Tuve la inmensa suerte de encontrarme con un par de viejos zorros que me ayudaron a completar esta carrera y en el proceso aprendí muchas cosas que me hubiese tomado muchos años más descubrir.

Este año tenía programado correr Rocky Raccoon 100 en febrero pero una accidente en moto me lastimo el pie derecho y me dejó sin correr por un par de meses. Por eso me metí en la lotería de Massanutten para ver si conseguía entrar en esa carrera y lograr correr un 100 millas este año (el año pasado no pude hacerlo por falta de tiempo y otras razones). No salí en la lotería pero quedé de #100 en la lista de espera. No fue hasta el 25 de abril que entré a la carrera, el último día posible porque en ese día se cerraban los movimientos de la lista de espera a la lista de inscritos. Esa noticia la recibí con emociones mixtas.

El jueves en la noche volé a Dulles International Airport y llegué a las 12:30am. Al día siguiente manejé a la partida para recoger mi paquete de carrera, escuchar la charla de preparación preliminar y colocar mi hamaca en el campamento donde iba a pasar la noche cerca de la partida. Luego preparé todo mi equipo de carrera y lo dejé listo para el día siguiente. En cuanto llegó la noche (a las 9pm) me acosté a esperar la hora de partida (4am). Casi me duermo sin poner mi alarma. De hecho ya estaba en mi bolsa de dormir dentro de la hamaca cuando me acordé y tuve que regresar al auto a buscar mi teléfono para usarlo de despertador porque no confiaba que mi reloj me iba a despertar (y también tenía el reloj en el auto). Coloqué mi alarma para las 2:45am para darme suficiente tiempo.

Cuando sonó el despertador estaba frío afuera y pensé que como tenía todo listo mejor me despertaba un poco más tarde. Casi me quedo dormido porque no dejé mi alarma bien configurada y jamás sonó. Me despertaron las voces afuera de mi tolda. ¡Cuando vi el reloj eran las 3:35am! Casi no llego a tiempo a la partida y dejé un par de cosas que hubiese querido cargar conmigo pero que al final no necesité (así es que me salió bien el apuro).

Esta carrera tiene quince estaciones de ayuda y toda la carrera sigue un patrón: las estaciones están al otro lado de un cerro que hay que trepar, correr por el espinazo de la montaña y bajar a la siguiente estación. Así mismo fue el recorrido desde la meta. Corrimos unos 5km de calle de grava antes de iniciar la trepada seria por el sendero de la montaña. La carrera tiene 81.3% de superficie rocosa, 18.7% caminos de tosca y 1.7% asfalto. Por la subida de tosca íbamos todos conversando y contemplando el largo y duro evento que teníamos por delante. Eramos una larga procesión de cocuyos con nuestras lucesitas iluminando la noche que pronto se tornaría en madrugada.

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Karl Meltzer, 4 veces ganador

Mi plan de carrera era muy sencillo: piano piano va lontano, caminar las subidas, correr lento las partes planas y tratar de hacer buen tiempo en las bajadas. Llegué a la estación de Edinburg Gap (#2) a las 7:01am, una hora más tarde que Karl Meltzer (quien ganaría la carrera en 18:40:23), 29 minutos por debajo de la hora de corte. Pasé por la estación rápidamente tomando un par de cuartos de emparedados de mantequilla de maní y rellenando mis botellas con Gatorade. Por el perfil de la carrera pensé que las subidas serían muy pronunciadas pero no era el caso. Comienzan muy gradualmente por senderos con poca inclinación y van progresivamente subiendo de pendiente de manera muy gentil (por supuesto que habrían excepciones). Caminaba a buen paso mientras comía para reponer las calorías que había consumido en las tres horas que me tomó recorrer los primeros 19.52km. 

Gary con su hebilla de oro.
Gary con su hebilla de oro.

Ya para estas alturas de la carrera tenía un grupo de corredores que nos manteníamos relativamente cerca. Algunos me pasaban en las subidas, otros en las bajadas, y a muchos me los pasaba en la estación porque yo paraba muy poco tiempo allí. Pronto me alcanzaron un par de veteranos y establecimos un ritmo: yo subía más rápido y ellos me pasaban en la bajada. En la próxima estación ellos se quedaban un buen rato, por no decir largo, y yo recogía mi comida y seguía avanzando. Uno de ellos era Gary Knipling quien ya había completado el recorrido 16 veces y tenía marcas de tiempo en varias categorías de edad (era el más viejo de la carrera con 70 años). ¡Este señor era una institución en MMT100 y se notaba en las estaciones! Yo había encontrado la fórmula para terminar esta carrera: no separarme de Gary. Junto a Gary venía Paul Crickard, de 60 años, que era mucho menos extrovertido pero corría muy bien y estaba corriendo su quinta edición.

Llegué a #3 – Woodstock Tower a las 9:15 y el corte era a las 10:30. Estaba avanzando contra los límites que me podían detener si corría muy lento. Me sentía muy bien y seguía asegurándome de mantener un nivel de esfuerzo bajo cuidando de no subir mis pulsaciones, manteniendo mi hidratación e ingiriendo sal en cada estación untada en una papa asada. El Gatorade me estaba bajando bien sin causarme malestar en el estómago. El primer problema de la carrera se hacía evidente ya: los pies mojados. Iba a estar con los pies mojados toda la carrera porque había mucho lodo y agua en el sendero por los días de lluvia que antecedieron la carrera. Además ya sabía que iba a perder todas las uñas. El lema de la carrera es un doble entender: “Massanutten Rocks!”. Hace referencia a las piedras del camino. ¡Diablos, cómo había rocas en el camino! Pero esto era bueno para mi porque nadie podía correr muy rápido por encima de esos pedregueros y a mi me permitía llevar un buen ritmo sin cansarme mucho.

Detrás de Gary
Detrás de Gary

#4 – Powells Fort llegué a las 10:48 y el corte era a las 12:10. Ya había completado mi primer maratón en 8 horas y 10 minutos, mi primer cuarto de la carrera ya estaba detrás mío. Comencé a pensar que tal vez podría lograr terminar esta vaina. Era temprano en la carrera y ya estaba contento. Los senderos eran espectaculares, justo el tipo de trillo que me gusta recorrer y el nivel de sufrimiento estaba dentro de mi capacidad de tolerancia. Además la compañía estaba superlativa. Todavía me mantenía cerca de GK (Gary Knipling) y esto era bueno. Paul Crickard venía cerca corriendo tranquilo su carrera.

Por suerte la temperatura estaba muy agradable a pesar de ser pleno medio día. Cuando llegamos a #5 – Elizabeth Furnace a las 13:06 ya había cubierto el primer tercio de las 103.7 millas de la carrera (en kilómetros llevaba 53.60). Ya a estas alturas había podido ver como en cada estación GK se sentaba a comer y beber, tanto de la mesa de abastos como de su propia bolsa de resurtido. Una de las cosas que yo no había hecho fue tomar ventaja de todas las bolsas que se podían enviar a casi todas las estaciones. Me hubiese convenido tener una bolsa en la segunda estación para dejar la lámpara que use en la madrugada y que ahora tendría que cargar hasta Habron Gap. Gary comía con todo en cada estación, tomaba jugo de pepino encurtido (pickle juice), y pedía que le mojaran un “panty” amarillo que llevaba en la mano.

Bolsas de resurtido
Bolsas de resurtido

Cuando salí hacia #6 – Shawl Gap Parking, 61.12km, me aseguré de hacerlo antes de GK y Paul porque ya era evidente que esta gente bajaba más rápido que yo y no quería que me dejaran atrás. Para mi ya era claro que tenía que estar junto a estos veteranos corredores para tener una buena oportunidad de completar este evento. A través de la carrera me daban información sobre el recorrido, que podía esperar por los próximos kilómetros, me presentaban a otros corredores que estaban cerca y nos entreteníamos juntos. Esta era la fórmula para lograr este reto. Terminé este segmento a las 14:46 y el corte era 16:10. Mantenía un margen razonable contra la hora de corte. Amelia Kegan ya era una corredora con la cual mantenía el mismo patrón que con los viejos y ella siempre me alcanzaba en las bajadas, llegaba antes que yo a las estaciones y se sentaba a cuidarse los pies para que no le salieran ampollas. Llevaba una camiseta que decía Tortoise & Hare que me pareció apropiada. ¿La pregunta es quien era la tortuga y la liebre?

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Mesa de abastos

La verdad es que la belleza de los senderos, el verdor de los árboles, y las flores en su apogeo de primavera estaban ayudando a que el tiempo se me fuera sin notar. Me ayudaba el estar corriendo con la confianza de que iba a buen ritmo para terminar porque estaba rodeado de corredores con mucha experiencia. Había esperado una experiencia solitaria porque docientos corredores rápidamente se dispersan en 166 kilómetros. El ritmo de estación – subida – corrida por el filo de la montaña – bajada – estación hacía que los corredores de habilidades similares se mantuvieran bastante unidos. Llevaba horas corriendo y conversando con la gente a mi alrededor. Todos los que estábamos en la cola de la carrera teníamos un plan similar y el ritmo nos permitía conversar sin esfuerzo. Ibamos bien en esta rutina aunque ya podía ver que no todos iban a soportar el esfuerzo. Poco a poco iban apareciendo corredores nuevos delante de nosotros y al rato quedaban atrás. Los que habían partido muy rápido ya estaban pagando el precio de su error, o algún percance les había robado fuerza, tal vez su estómago no estaba tolerando la carga de comida y líquidos necesaria para mantener el cuerpo quemando calorías para alimentar los músculos.

Paul Crickard
Paul Crickard

Camino a #7 – Veach Gap Parking, 66.08km recorridos, corríamos por una calle de gravilla en descenso. Pronto nos alcanzaron los veteranos que ahora venían en pandilla recogiendo a los jóvenes con menos experiencia. Como era una bajada nos pasaron a balazo y yo aceleré, les hice saber claramente que no me iban a dejar atrás, y aceleré para llegar rápido a la próxima subida para poder mantenerme con ventaja para la próxima bajada. Las subidas ya estaban rindiendo beneficios para mi porque pasaba gente regularmente y no todos lograban alcanzarme al otro lado cuando venía la bajada hacia la próxima estación. A las 15:36 ya había llegado a la mesa de comidas y bebidas que estaban bien abastecidas con comida salada, dulces, frutas y bebidas. Los voluntarios estaban siempre bien dispuestos y sonreídos mientras trataban de ayudarme con mis botellas y yo de comer suficiente sin quedar muy lleno. Me funcionaba bien llevarme emparedados y dulces en una bolsita plástica y comer mientras caminaba hacia arriba. Cuando terminaba mis insumos ya esta listo para volver a subir las revoluciones en la próxima loma. En mi próxima estación estaría en la mitad del recorrido. 

LLegamos a #8 – Indian Grave Trailhead, 80.48 kilómetros, a las 18:34. Ahora sí estaba en acuerdo con PC y GK para que me permitieran ser su sombra y me ayudaran a terminar Massanutten. Estos señores me impresionaban porque corrían sin esfuerzo y sabían sacar provecho de todas las superficies: subían con calma, corrían tranquilos lo plano y volaban en las bajadas. Yo tenía que hacer un esfuerzo para seguirlos bajando y considero que puedo bajar rápido. Mi pie derecho era mi punto débil en las bajadas porque me lo lastimé en noviembre del año pasado en un accidente y quedé sin correr por más de seis semanas. También estaba claro que mis pies estaban tiernos de suelas y las bajadas exacerbaban la fricción con las plantillas. Además tenía las zapatillas llenas de arenilla por todos los cruces de lodazales y quebrabas. Los viejos seguro estaban igual que yo — si ellos no se quejaban, yo menos iba a hacerlo.

Comiendo en una estación
Comiendo en una estación

Teníamos tiempo de sobra contra la hora de corte cuando llegamos a #9 – Habron Gap Parking, 19:40 versus 21:00 pero había perdido un poco contra el colchón que había estado llevando durante el día. Mis compañeros me decían que no me preocupara, tenía la carrera en el bolsillo. Tanto como quisiera haberles creído en ese momento, tenía grandes dudas sobre mi capacidad de terminar. Pero estaba contento porque ya había cruzado el umbral de la mitad de la carrera y de ahora en adelante estaba descontando de la llegada a la meta. Aquí había dejado mi bolsa de resurtido con una buena lámpara para la noche, una chaqueta de correr liviana, y un cambio de zapatillas. Había estado corriendo con unas Nike Zoom Kiger y me habían traído sin problemas hasta aquí pero pensé que las North Face me ayudarían por tan solo cambiar un poco la pisada para la segunda mitad de la carrera. Me senté a comer, y ver comer a Gary Knippling, mientras me cambiaba. El próximo tiro sería largo: 15.68km antes de llegar a #10 – Camp Roosevelt, 102.40km. Ya casí podía reir pensando en una apuesta que había hecho con un Réptil que me va tener que acompañar en Fat Dog 120. Solamente me faltaban 64km para terminar, ya las distancias se sentían manejables y no tenía ninguna avería mayor. Ahora venía la noche larga.

Venía una de las subidas más prolongadas de la carrera y la iba a tomar con calma con mis compañeros marcando el paso. Era hora de ahorrar energía para llegar con fuerzas a la mañana. Si duraba la noche ya podía contar con que tenía la carrera en la palma de mi mano. Aún así, la noche siempre es larga y pone a prueba la voluntad de todos los corredores cuando el cuerpo comienza a pedir descanso a gritos. Ya yo estaba contento con todas las subidas que venían, cada una me daba ventaja relativamente contra la mayoría de los otros corredores. Una de las cosas que más me gusta de las carreras de ultra-distancia es que cada corredor hace su carrera y todos estamos para ayudarnos y apoyarnos por largas horas. Aunque hable de ventaja, esta carrera solamente tiene un competidor: yo, los demás son mis compañeros y cada uno de ellos tiene su propio evento, sus metas. Cuando llegamos arriba de la montaña ya se podían ver las luces en el Valle del Río Shenandoah. A cada lado del lomo de la montaña se veían luces y la luna brillaba entre los árboles. Estaba en otro mundo, estaba en una aventura de proporciones épicas luchando contra dragones míticos. A las 23:22 llegamos a la estación y habíamos ganado tiempo contra el corte que era a la 01:15 del domingo. 

Próxima parada: #11 – Gap Creek/Jawbone I111.68. Llegamos a las 02:06 y el corte era 03:45. La próxima sección rumbo a #12 – Visitor Center fue fantástica, iniciando con una subida empinada y luego una larga corrida por el espinazo de Massanutten Mountain. La noche estaba fría pero mi chaqueta me mantenía bien mientras estuviera en movimiento. Si me detenía no tenía protección alguna contra el frío, moverme era obligatorio para sobrevivir en los 40F y evitar que el factor de enfriamiento me robara el calor corporal con el viento que soplaba sobre la montaña. Teníamos que estar pendientes de las balizas reflectoras que nos indicaban el camino y asegurarnos de no cruzar ninguna de las cintas rojas que marcaban los caminos falsos. Ahora estaba gozando mi corrida. Sorprendente-mente no estaba destruido como había anticipado. Pensé que a estas alturas iba a estar babeando y avanzando a gatas por el camino, luchando por encontrar reservas donde no existían. Nó, estaba corriendo feliz, disfrutando de una noche estupenda, cómodo y bien acompañado. De paso, Gary se había quedado en la estación a dormir un rato así es que ahora corría con Paul, quien había metido cuatro semanas sólidas de entrenamiento antes de la carrera cubriendo 90 millas (144 kilómetros)  por semana. ¡Impresionante! La bajada de esta montaña estuvo empapada cruzando quebradas frecuentemente. Ya estaba pensando en la fogata que nos esperaba en el próximo puesto.

A las 05:25 llegamos al Visitor Center, ya con luz del día y dos horas de reserva contra el corte. Habíamos avanzado bien a través de la noche. Ya llevaba 125.28km del recorrido detrás de mi. Conversando con Paul se me pasó volando la noche. Paul iba adelante mío y yo solamente me dediqué a mantener el paso con él. Las pocas veces que iba delante también estaba apretando para asegurarme de amanecer con buena ventaja. ¡Café, quería cafe! En el Visitor Center había de todo pero ya yo no podía comer tanto. Hasta huevos fritos con tocino me ofrecieron y yo pasé la oferta. Durante la noche había tomado sopas calientes en las estaciones, y café. Unos cuantos emparedados de queso a la plancha también me ayudaron. En todas las paradas había gente tirada, dormida junto a las fogatas que tenían prendidas. Ahora que el sol comenzaba a brillar era hora de dejar lo que me quedaba en el camino. ¡Solamente un maratón más y terminaba esta carrera! Nada mas…

John, de Samoa, en su lava lava.
John, de Samoa, en su lava lava.

La estación #13 – Bird Knob no tiene hora de corte y está arriba de un cerro. En la subida nos encontramos con John con quien habíamos intercambiado posiciones a través de la carrera y ha completado este evento varias veces. Este tramo nos lleva a los 130.88km recorridos. La subida fue larga pero agradable. Ya Paul me estaba dejando atrás fácilmente en la subida, sus largas horas de entrenamiento lo mantenían fuerte después de tantas horas corriendo. Por suerte estaba dispuesto a esperarme pacientemente y yo hacía un gran esfuerzo por avanzar a buen ritmo. John ya estaba llegando arriba cuando lo alcanzamos y nos mantuvimos juntos hasta la pequeña estación que nos esperaba. Me tomé varias tabletas anti-ácidas que habían en la mesa y metí otras en mi bolsillo. Ya estaba con acidez estomacal de tanto Gatorade que había tomado pero no quería cambiar a agua a estas alturas. Yo creo en el dicho Irlandés que dice que si algo funciona, no lo arregles. ¡Ya solamente faltaban un par de estaciones antes de la meta!

Antes de llegar a #14 – Picnic Area, 141.12km, teníamos que subir otra pendiente y luego nos esperaba la bajada más larga de todo el recorrido. Rápidamente salimos de la subida e iniciamos el descenso. Ya estaba cansado, me dolía la espalda inferior y no podía bajar muy rápido. Estaba comenzando la etapa de las dudas y la oscuridad mental producida por el cansancio me causaba ansiedad. Tan cerca y me sentía que no podía avanzar lo suficientemente rápido como para terminar. Paul finalmente me dejó atrás, y John también. El recorrido estaba hermoso corriendo paralelo a una quebrada que corría llena de agua, las flores adornaban todo el entorno, y yo estaba entrando en una desesperación porque pensaba que no iba a poder terminar… ¿Cuando iba a llegar a la estación? Trataba de correr y apenas avanzaba con unos pasos que parecía que arrastraba los pies. Cambié el paso a una caminata rápida y lo mezclaba con unas zancadas largas. Estaba comenzando a imaginar que veía la calle que me había dicho Paul que estaba cerca. Pero nunca era lo que yo pensaba. Estaba casi alucinando, viendo formas en la periferia de mi visión que llamaban mi atención pero nunca eran lo que yo percibía. Estaba muy, muy cansado y mi mente me estaba jugando bromas. Veía el reloj y el tiempo transcurría en cámara lenta pero ya se hacía tarde. ¡La duda me atacaba! Me encontré a John tomando un descanso mientras vaciaba su vejiga. Me dijo que Paul nos había esperado y que la estación estaba a tres kilómetros. ¡Tres kilómetros más! ¡Y en subida ahora! Que angustia sentía. ¿Cómo iba a hacer para terminar?

Dejé a John atrás mientras trataba de quemar todo lo que tenía. Ya me estaba comiendo unas gomitas de Power Gel, y todo lo que llevaba encima, para tratar de reactivar el cuerpo y salir del hueco negro en el que me sentía. De repente apareció una mujer y me dijo que ya estaba cerca de la estación. Más rápido corrí. Llegué a la estación a las 09:13 y el corte era a las 11:00. Pregunté cuanto faltaba y lo que me dijeron hizo que el fondo se me cayera. Los números eran inmensos y entré en pánico, rellené mis botellas y me fui sin decirle a Paul, que estaba comiendo y conversando con una chica. ¿No entendía cómo se me había ido la carrera de las manos? Había corrido tantas, tantas horas y no iba a llegar dentro de las 36 horas que tenía para terminar. Salí corriendo con todo lo que me quedaba ahogado de dudas. Y el marcaje ahora estaba dudoso, habían cintas en el piso y las cintas rojas estaban fuera de lugar. ¡Ahora sí estaba destruido! Al rato me alcanza Paul: ¿que te pasó Irving, ni te vi salir? Le conté de mis dudas y el me sacó una tablita de su bolsa: “mira los números, tenemos tiempo, estamos bien”. Gary Knipling y Leonard Martin todavía estaban detrás de nosotros y ellos siempre terminan esta carrera.

Jugo de pepinos encurtidos
Jugo de pepinos encurtidos

La estación que seguía era #15 – Gap Creek/Jawbone II, kilómetro 155.36, y estaba a 14.24km. Luego seguía la meta a unos 11.04km más. Tenía seis horas y cuarenta y cinco minutos para cubrir veinticinco kilómetros. Ya podía caminar a la meta y terminar. En un momento de debilidad la duda me había robado todas las fuerzas y la desesperación casi me hace llorar. Ahora estaba saliendo de ese hueco, pero me quedaban dudas. Mientras avanzábamos Paul me animaba y yo daba todo lo que me quedaba para subir la penúltima e interminable loma que teníamos por delante. La pendiente se iba poniendo ridículamente más difícil y al final subíamos por una quebrada, por las piedras en medio del agua metidos en un pequeño cañón y Paul me llevaba cientos de metros de ventaja. Aún así, habíamos estado pasando gente a diestra y siniestra y yo venía resoplando como un burro. Mi motor diesel venía botando humo negro y sentía que iba a reventar un pistón o se me iba a torcer una biela. ¡Pero ya estaba tan cerca! Qué mezcla de emociones, la alegría de estar llegando a la meta, las ganas de parar y la duda que era cómo un grillete alrededor de mi pie derecho.

Feliz en la meta
Feliz en la meta

La bajada a la estación se me hacía interminable. Paul me daba un estimado de llegada de 13:00 y la hora de corte era 14:00, dentro de mis posibilidades. Nos alcanzamos a Steve, y lo pasamos. Poco a poco íbamos progresando a través de los corredores. La verdad es que estar pasando gente a estas alturas me daba algo de ánimo sencillamente porque me indicaba que había guardado suficientes reservas para poder seguir moviéndome. Finalmente llegamos a las 12:01, prácticamente dos horas por debajo del corte. Esto estaba casi terminado, solamente una subida más y la larga bajada a la meta ya la podía caminar y terminábamos con esta gran odisea. Increíble, ya estaba llegando, ya estaba cerca de completar lo que hace tan poco tiempo me pareció imposible. Un par de corredores nos volvieron a pasar en la bajada hacia la meta pero ya era irrelevante: esto era solo cuestión de minutos y terminábamos lo que había comenzado en la madrugada del día anterior. A las 34:17:19 cruzamos juntos la meta. ¡Paga Lagarto! Ahora vas a tener que correr Fat Dog 120 millas conmigo…

El Valle 100 o Los 100 del Indio

Parece una pregunta sencilla, pero no lo es. El Valle solamente es el punto de partida, y la meta final, de un recorrido de 100 kilómetros por el Río Indio. ¿El Indio 100km? Hace tiempo ando pensando en el Ultra Reto del Indio cruzando de océano a océano por Las Guías y terminando en Boca de Río Indio, o al revés. Pero eso es muy complicado logísticamente así es que cambié la idea para que el recorrido sea un circuito saliendo de El Valle de Antón.

No tenía el número 100 en la cabeza pero resulta que esa fue la distancia que salió cuando tracé el recorrido en el mapa bajando por una orilla (aproximadamente) y subiendo por la otra. Generalmente, hace mucho tiempo, subíamos hacia El Valle desde Boca de Uracillo porque ese era el lugar hasta donde se puede llegar en bote desde la Boca de Río Indio, cómo tres horas navegando río arriba. Ya sabía que desde allí también se puede caminar hacia Tres Hermanas por la otra orilla. Eso hacía el lugar, Boca de Uracillo, la terminal ideal para hacer la transición entra la bajada por un lado y la subida por el otro.

Decidí bajar por el camino a San Miguel Arriba y subir por el lado más transitado para tener la opción de rajarnos por Jordanal en caso que el recorrido sea mucho para un fin de semana, o por si lo hacemos en un solo envío sin dormir. Lo único es que hacerlo sin dormir me quitaría la opción de gozar del paisaje durante el recorrido nocturno. Ya me se de memoria lo que me perdería, pero tal vez los que me acompañen se estén perdiendo vistas que nunca han tenido. Lo más probable es que solamente me acompañen los sospechosos de siempre en la primera vuelta, pero 100km en un fin de semana no es algo potable para la mayoría, no tiene sentido alguno.

Pero esas mismas personas que no le encuentran sentido a recorrer esa distancia en un solo paseo tampoco, generalmente, están dispuestos a tomarse cinco días para hacer el recorrido a un paso más razonable. Así es que, entonces, yo aprovecho para hacer lo que puedo durante el tiempo que me queda disponible normalmente: un fin de semana. ¿Quien se apunta?

Pacora 80k

ultra-pacora-80Tuve suerte (o no) y no quedé en la rifa de Hardrock 100m. En lugar de llorar por lo que no fue (ya será más adelante) voy a hacer algo al respecto localmente. He diseñado el recorrido para las grandes ultras de Panamá. Mezclando el circuito de Mamoní, Río Indio y Pacora, con el recorrido de Pacora a Altos de Cerro Azul, conseguimos la base para ultras de todas las distancias. En 80km solamente hay un tramo como de tres kilómetros de asfalto, y la superficie es excelente, ni siquiera es muy técnico el terreno porque sigue una calle de tierra.

Con esa ruta tenemos un circuito de 57km partiendo de San Miguel en Pacora. Al sumarle el tramo de San Miguel a Altos de Pacora completamos los 83km. Si se quisiera hilar fino para tener una carrera de exactamente 80km habría que dar la vuelta en la subida a Altos de Pacora (lo que haría feliz a muchos corredores al eliminar la trepada tan bárbara de 500 metros). Y el mismo recorrido nos permite llegar a las 100 millas al duplicarlo al revés para no aburrir a los que se animen a correr esa distancia.

La dificultad más grande en una carrera de estas distancias en Panamá es el calor. La solución obvia a este problema es correr de noche, en el invierno del trópico. Como el recorrido es por una buena calle de tosca, no sería gran problema correr de noche. La marcación inclusive se hace más sencilla usando reflectores como los ojos de gatos que usan los cazadores, que son unas tachuelas reflectivas clavadas en los árboles. Esas tachuelas se ven a muchos metros de distancia en la noche. El apoyo a la carrera es bastante fácil porque la gran mayoría del recorrido es accesible en auto, bicicleta y mulitas.

Ahora que la población local de ultra-corredores está aumentado regularmente, pronto lograremos llegar a la masa crítica necesaria para que estas carreras de trillo se puedan lograr con una participación adecuada. Por ahora solamente seremos unas cuantos locos en entrenamiento los que hagamos uso del recorrido, pero pronto tendremos un buen evento basado en este recorrido. North Face acaba de abrir en Panamá y ellos están buscando donde hacer carreras para promocionar su marca. North Face son los patrocinadores oficiales del Ultra Trail de Mont Blanc y otra docena de ultras a nivel mundial, incluyendo la Trans-Gran Canaria en la que me gustaría particpar en un futuro no muy lejano.

T-4 Lotería HardRock 100

Hardrock 2010Las posibilidades de salir elegido para uno de los 140 cupos de Hardrock 100 están muy bajas para mi. Estoy entre 900+ corredores que están buscando uno de los 140 puestos disponibles para esta carrera en el 2013. Tengo el 15% de probabilidades de salir, o, aproximadamente 1 en 6. Hay 35 cupos para los que nunca han corrido en esa carrera, y yo estoy en esa canasta. Creo que tengo un puesto adicional en la canasta de números por haber aplicado el año pasado. ¡Hay muchos corredores que están buscando estos pocos cupos!

Parece mentira cuantos corredores están participando en estas carreras que están al margen de los ultra maratones de trillos. Es tan difícil entrar en esta carrera que hasta la fecha solamente la han terminado (según el manual de corredores del 2012) 515 corredores distintos. Por las reglas de la lotería siempre hay una gran cantidad de corredores que repiten la carrera y dejan pocos cupos para los corredores nuevas que procuran participar. Creo que el 2013 será el año 20 para eta carrera. Un buen número para que me toque participar ¡XX!

Bueno, ya solamente son 4 días más de ansiedad. Solamente Miwok 2013 está fijo en mi calendario para este año que viene. Ya tengo la carrera de 100km alineada, me falta la de 100 millas. Aparte de esas dos carreras, he decidido que quiero participar en unas cuantas carreras de velocidad este 2013 porque me he estado poniendo lento con los años y un poco de énfasis en carreras cortas me caería bien.

Reporte EVTR 50k 2012

El Valle Trail Race 50k 2012 fue la edición más concurrida hasta ahora. Nuestra pequeña carrera sigue creciendo y cumpliendo su misión de llevar el campo a los corredores, o al revés. En esta vuelta me fui de barrendero con Iris Regalado y Andrés Muñoz y pasé un día excepcionalmente entretenido compartiendo 50km de trillo con dos personajes. Iris estaba buscando completar el recorrido sin perderse, como le ha sucedido en sus intentos anteriores, y Andrés estaba corriendo su primer ultra y maratón.

Nos tocó un día espectacular pero tal vez algo caliente para estar corriendo 50km por el campo. Aún no he visto los resultados oficiales y en la foto de partida de los 50km tengo a 20 corredores, incluyendo al 1ro y 2do lugar del año pasado: Víctor Gil y Ernesto Durán, quienes regresan para un nuevo y épico duelo. Habían muchos extranjeros entre los participantes: franceses, suecos, alemanes, y colombianos (no todos en plurar). Varios de los participantes han estado presentes desde la primera edición de la carrera. Todos se veían muy animados y con ganas de afrontar este reto una vez más. La partida fue muy relajada y los corredores arrancaron a correr muy tranquilos.Mi plan de carrera era muy sencillo. Yo iba a asegurarme que Iris no se perdiera y llegará a la meta, finalmente. Andrés decidió que ese plan le gustaba y se montó en el bus. Juntos, los tres, corrimos tranquilamente todo el día. Bajando La Silla apareció Cristina Mata de la nada: se había perdido y estaba feliz de haber regresado al recorrido correcto. La bajada de La Silla nos tomó una eternidad porque Iris venía dando pasitos de bebé. Pero eventualmente terminamos y pudimos proceder a seguir corriendo. Cuando estábamos bajando hacia El Roble nos fuimos encontrando a los primeros corredores de los 21km que venían en dirección contraria.

Cruzarnos con los corredores de 21km fue muy divertido y uno de los puntos más emocionantes de todo el recorrido. Este detalle de la carrera me gusta mucho — nos hace partícipes y espectadores a la misma vez. Pude ver como se estaban divirtiendo los corredores, gozando del recorrido y la camaradería. Puedo decir que conocía a la mayoría de los corredores que nos cruzamos. Me alegra mucho ser parte de esta gran comunidad de corredores de Panamá y que bueno es ver que está creciendo la afición a correr por el campo.

Los kilómetros, y las horas, fueron pasando felizmente en compañía de Iris y Andrés hasta regresar a El Valle. Hicimos una parada técnica en Shagri-La para hidratarnos con la mejor cerveza de todo el día, la primera. Allí recogí un pañuelo relleno de hielo que tenía en el congelador para poder estar más cómodo en la parte de la carrera que tenía por delante, la parte caliente y la subida a La India Dormida. Cuando llegamos a la estación de ayuda nos dimos cuenta que, además de ir de últimos, estábamos muy atrás en la carrera. ¡Estoy seguro que ninguno de los que estaban por delante venían mejor que nosotros! Lo pudimos ver en la cara de todos los corredores que nos cruzamos en este tramo que era ida y vuelta a La Estancia. Desafortunadamente se me había quedado la cámara en la parada anterior y no tengo evidencia de las caras de sufrimiento que vimos en los que venían por delante. bajo el sol abrasador del medio día.

Nos tomó un buen rato hacer el recorrido de ida y vuelta a La Estancia. El terreno que estábamos recorriendo es el punto débil de Iris: el terreno super–técnico de subidas y bajadas rocosas. Pero lo hicimos con calma y buena letra disfrutando de este agradable recorrido que es mayormente sombreado. Aquí nos cruzamos con todos los corredores de 50km con la excepción de Ernesto, los valleros, y los más rápidos de los europeos. A Víctor Mojica no lo vimos más y supe que se retiro en la estación de La Companía que habíamos dejado atrás.

Cuando ya veníamos de regreso dejamos a Iris a que bajara sola de La India Dormida y nos apuramos para tomarnos una cerveza fría en El Ranchón mientras la super poderosa nos alcanzaba. Al llegar al Rancho pedí tres cervezas, una para Andrés, otra para mi y la tercera para Iris. Ya nos había contado que la primera cerveza le subió la auto-estima, así es que decidimos subírsela aún más. Una vez hidratados todos procedimos a subir hacia La Mesa. En mi opinión ya la carrera estaba de nuestro lado: llevábamos 2/3 bajo el cinto, teníamos la auto-estima por el cielo, y la parte que faltaba era la más fácil. 

En La Mesa nos encontramos con Lorena y Raquel, que iban con mi sobrino Jorge, a darnos apoyo y más hidratación. Nos contaron que el Hash estaba en pleno apogeo en la meta y que nos iban a esperar hasta que llegáramos. Raquel (la esposa de Andrés) se nos unió y corrió los últimos 8km hasta la meta. A nuestra llegada fuimos recibidos con el mayor de los ánimos por nuestros amigos que nos recibieron como si fuéramos unos campeones. De hecho, íbamos con una campeona: ¡Iris Regalado, 2d lugar femenino! Y, además, ahora ¡Andrés es una ULTRA corredor!

Pregunta: ¿Cuanto midieron los 50km de EVTR 2012? Respuesta: vaya usted a saber. Mi Suunto Ambit, en la muñeca, marcó 50.4km. Ese recorrido en Google Earth midió 49.9km y en ExpertGPS midió 56.77km. A Ernesto Durán su GPS le marcó 50km, y Andrés Muños tenía 52+km. El mismo recorrido del Suunto mide 54.12km en Garmin Connect y mide 50.46km en Moves Count de Suunto. Así es que la respuesta de cuanto mide el recorrido está en el aire: mide cerca de 50km+ y la altura ganada fue 2,100m ≈.

Ultra Trail du Mont Blanc 2012

¡Llegando a la meta!El Ultra Trail de Mont Blanc 2012 fue toda una escuela que me dejó muchas lecciones. Afortunadamente la pude terminar, en parte por que nos acortaron el recorrido a 103km en lugar de los 168km que nos habían prometido por causa de las condiciones climáticas durante la carrera. El recorrido modificado quedó todo dentro de Francia y no subimos nunca a mucho más de 2,000 metros. Aún así nos tocó una parte cubierta de nieve, bajo lluvia y, en lo alto, una nevada copiosa. Proporcionalmente, la elevación ganada durante el recorrido era igual a la del recorrido largo, siendo la carrera con más elevación por kilómetro que me ha tocado correr.

La partida fue muy emocionante, llena de gente, todos abultados en la plaza alrededor del globo de meta. Nos tocó ver la llegada de los finalistas del recorrido CCC que habían partido esa misma mañana a las 10:00am. Por ellos nos retrasaron aún más la partida, que había sido cambiada para las 7:00pm, pero valió la pena. Cuando hicieron la cuenta regresiva y partimos, quedamos dentro de una marea de gente que se fue moviendo lentamente hacia el globo de meta y, poco a poco, tomando velocidad. Tenía intenciones de correr con Luis Carlos Stoute, pero él arrancó muy rápido para lo que yo estaba dispuesto a esforzarme tan temprano en la carrera y me dejó atrás mientras yo tomada vídeo y fotos. Esa partida ha sido la partida más emocionante que he tenido, superando la partida de Nueva York por mucho.

A los minutos de estar corriendo, ya casi en las afueras del pueblo, tuve que hacer mi primera parada por que me había tomado un botellón de cerveza mientras esperaba la partida. Cuando regresé a correr ya quedaban pocos corredores detrás de mi. Al final del pueblo me encontré con un mesero que tenía una bandeja con cervezas (ya eran pocas) y aproveché para tomarme otra cerveza. Cuando terminé estoy seguro que estaba completamente en la cola de la carrera. Pensé que era una excelente posición para correr sin la presión de gente tratando de pasarme por los senderos. Iba a ser motivador hacer una carrera de menos a más, siempre avanzando un poco con respecto a los corredores que me acompañaban.

Lo primero que encontré es que tenía mucha ropa encima y me estaba mojando con mi propio sudor. Me quité la gorra que llevaba encima y la chaqueta de correr semipermeable. Al poco rato comenzó a llover y ahora me estaba mojando con el agua que caía. Decidí que mejor no me mojaba más de lo que ya estaba y me puse mi chaqueta impermeable de Gore-Tex para resguardarme. A estas alturas ya estaba oscureciendo y pronto debería sacar mi lámpara de cabeza. Habían tantos corredores que podía usar la luz de ellos para ver suficientemente bien. En general, encontré que los corredores de esta carrera, en especial los franceses, eran un grupo callado y no muy amistosos.

Paso por Estaciones
Estación

Posición

Tiempo

Distancia
Le Delevret

2436

2:33:46

13.60
Saint Gervais

2130

3:43:42

20.88
Saint Gervais

2144

3:45:17

20.88
Les Contamines

2243

5:41:28

30.69
La Balme

2163

7:47:09

38.82
Les Contamines Retour

1672

10:05:39

54.10
Bellevue

1610

13:38:18

66.87
Les Houches

1638

14:55:40

71.72
gare Planpraz

1610

17:23:24

81.11
Argentiere

1552

20:39:50

93.38
av Arrivee

1437

22:10:39

102.79
Meta

1434

22:16:26

103.79

El primer tramo era hasta Les Houches, y plano. Luego venía un ascenso hacia Le Delevret, el primero de muchos. Ya en Delevret me comentó un corredor que iba a abandonar en San Gervais por lo frío y mojado de las condiciones. Pensé que era un poco temprano para tomar una decisión como esa, pero lo podía entender. Yo estaba empapado debajo de mi capa impermeable (ya me había puesto el pantalón) y solamente el calor que generaba mi esfuerzo me mantenía caliente. Estaba contento por haber decidido cubrirme la planta de los pies con cinta adhesiva para ayudar a evitar que se me formaran ampollas por pie agrietado, que me sucede cuando corro con los pies mojados por mucho tiempo. Mi preocupación era que la cinta adhesiva por vieja, de 10 años atrás, no iba a aguantar todo el recorrido.

En St. Gervais me encontré con mi equipo de apoyo, Lorena, Carlitos y Ana Cecilia, por primera vez. Pasé por esta estación a balazo, algo que traté de hacer en todas las estaciones siguientes. Estaba seguro que con el paso tranquilo que llevaba no iba a tener mayores necesidades alimentarias. Incluso estaba pensando correr con poca agua por que no estaba sudando mucho ya. La mayor pérdida de agua era en el vapor de mi respiración. Decidí ir aligerando mi carga de la espalda y me fui tomando el agua de la vejiga en la mochila para dejarla vacía por lo que me faltaba de la carrera. De St. Gervais a Le Balme me tocaban 18km de subida casi continua.

En Les Contamines me volví a encontrar con mi grupo de apoyo. Luis Carlos estaba sacándome ventaja consistentemente y ya era obvio que no me lo iba a alcanzar nunca. Por suerte Carlitos tenía información del recorrido por que yo estaba corriendo sin ninguna idea de qué es lo que venía adelante y sus notas me permitían formar expectativas de lo que me iba a encontrar. Yo había preparado una batería para llevar conmigo durante la carrera, pero cuando cambiaron la ruta me dejaron sin esa ayuda. Lorena siempre quería que me cambiara las medias y me pusiera ropa seca, pero yo sabía que era por gusto por que me volvería a mojar inmediatamente.

De Les Contamines a Les Balmes la subida era empinada y sin descansos. Ya me había metido en ritmo tranquilo en las subidas, trepando con las manos en la espalda e inclinado hacia adelante para utilizar los glúteos y descansar los muslos. Los que usaban bastones me pasaban, pero yo siempre volvía a correr en cualquier pendiente leve que aparecía y estaba ganando posiciones consistentemente. Literalmente, estaba descansando en las subidas con mis pasos largos y constantes. Todo el tiempo tenía mi respiración y mis pulsaciones a un ritmo cómodo.

Al llegar a Les Balmes me encontré con una fogata inmensa y mucha gente secándose y descansando. Yo busqué un plato de sopa caliente y me senté junto al fuego un rato. Ese plato me cayó tan bien que me fui a buscar otro. Había un oriental que estaba secando sus medias en el fuego. Después de mi segundo plato de sopa partí a continuar con la trepada. Faltaban otros kilómetros para llegar a coronar esta subida. Poco a poco me fui encontrando con nieve, y la lluvia que caía se estaba convirtiendo en nieve copiosa.

Esta sección me fue preocupando por que la visibilidad estaba muy limitada, el piso muy mojado, y mis anteojos se habían empañado tanto que tuve que correr sin ellos. Decidí que apretaría lo más que pudiera para salir de esta zona lo antes posible. Por suerte había optado por correr con unas medias de lana gruesas que me mantenía cómodos los pies aún cuando estuviesen mojados, empapados por los charcos de agua helada. Por fortuna ahora venía una bajada larga, de casi 15km que me iba a permitir correr rápido y ganar muchas posiciones.

Cuando regresé a Les Contamines me contó Carlitos que había tenido un segmento buenísimo. ¡Lo que hace la preocupación! De verdad que había estado asustado arriba de esa montaña. Todavía me quedaban capas calientes que ponerme, arriba y abajo, pero no iba a ser muy agradable vestirme debajo de esa nevada. Las posiciones que gané en la subida las recuperé con creces en la bajada desde Les Balmes. Mi grupo de apoyo había pasado una noche horrorosa, mojados y fríos, esperando que regresara a verlos. Ya casi amanecía y me sentía tranquilo y sin sueño. Nuevamente pasé por la estación lo más rápido posible por que me enfriaba mucho cuando paraba. Ya había pasado la mitad de la carrera en 10:05 horas.

Ya me sentía tranquilo con mi plan de carrera. Lo que estaba haciendo estaba funcionando y solamente me quedaba seguir aplicando la misma fórmula. En está sección fui víctima de mi propio entusiasmo por desconocer el recorrido. Al final de la subida volví a apretar en la bajada, pasando mucha gente. Pero cuando llegué abajo encontré que faltaba otra subida, más grande que la primera. Yo había contado con la estación para tener un pequeño descanso y recuperar el aire. Me tocó hacer una parada a media subida por que no podía volver a bajar mis pulsaciones. Aproveché para comer algo y creo que esto era parte del problema. Para ir rápido tengo que estar bien alimentado. Desde este punto en adelante fui más juicioso con mi ingestión de carbohidratos. Carlitos me había pasado un frasco de gel Vitargo que Luis Carlos llevaba preparado y me encantó ese gel.

Al finalizar la subida a Bellevue bajé con más cuidado para no pasarme de revoluciones y poder mantener mi marcha constante. Ya veía que la mayoría de la gente a mi alrededor estaban cansándose y se dedicaban a caminar la mayoría del tiempo. Poco a poco fui encontrando un grupo de gente que estaban progresando a mi ritmo y, juntos, fuimos avanzando a través de los corredores más lentos.

Cuando bajé de Bellevue a Les Houche, Carlitos me dijo que no los volvería a ver hasta la meta. Ya me faltaba correr solamente un maratón para terminar mi odisea. Me senté un rato a descansar mientras Lorena me buscaba sopa caliente, que era lo que más me provocaba. Luis Carlos estaba casi una hora por delante mío, había 400 corredores entre nosotros. ¡Qué buena carrera estaba haciendo LC!

Le dejé mi lámpara principal a Lorena y partí en busca de la meta. Ya solamente me quedaban unas 8 horas por delante si mantenía el paso. El clima había mejorado mucho, y me lamentaba que hubiesen acortado la carrera. Después de tanto tiempo queriendo hacerle frente a este gran reto, me había tocado una carrera relativamente fácil. Dentro de cuatro horas estaría pensando que era afortunado en solamente tener que hacer la carrera corta, y ¡qué suerte que no tendría que pasar otra noche a la intemperíe!

La cinta adhesiva de mis pie derecho se había soltado y ya sentía el pinchazo que indicaba que tenía una arruga severa en la planta del pie. Por suerte estaba cerca de terminar. Si estuviera haciendo el recorrido largo, ahora mismo solamente llevaría la mitad exacta de la carrera y me quedarían unas 20 horas por delante con ese pie molestando. Lección aprendida: cinta adhesiva nueva la próxima vez. Voy a probar con Duct Tape en mi próximo fondo largo.

Esta parte de la carrera sería la que más gozaría. Finalmente me encontré con gente de buen humor, hablé con unos ingleses y me contaron de las ultras de su país. También me tocaron varios españoles de compañía por un tramo largo. Tal vez el hecho de que ya estaba agradable el día le había dado ánimo a los corredores y estaban más dispuestos a fraternizar. Esta es una diferencia notoria con las carreras en los Estados Unidos, pero creo que en parte es por que la mayoría de la gente en esta carrera hablan lenguas disimiles.

Después de La Tines venía una subida larga por el costado de una montaña. La subida tenía una pendiente considerable y unos escalones inmensos. Podía ver que adelante de mi iba alguien torcido de lado, como se ponen algunos corredores al final de los ultras y los maratones – llevaba uno de sus bastones doblados. Cuando alcancé al corredor que iba doblado, para mi asombro, era Luis Carlos. Me contó que tenía varias horas con esta condición y que estaba empeorando. Había dejado sus bastones en una estación y los había perdido. Estaba de buen humor, y dispuesto a continuar hasta donde llegara. No entiendo que pasó por que Luis Carlos había entrenado con mucho esmero y su espalda jamás había sido causa de molestia.

A esta altura mi carrera estaba casi completaba. Había superado la última subida y ahora venía una bajada larga hacia Argentiere, desde donde solamente tendría 10km separándome de la meta, la mayoría en bajada. Me propuse correr todo lo que quedaba si estaba plano o bajando. Cuando llegué a la estación pasé casi sin parar. Me demoré lo que tomó rellenar mi botella y partí a buscar mi chaqueta de “Finisher”.

Me sorprendió que hasta esta estación casi no había visto mujeres. Ahora me las estaba pasando, todas habían estados adelante de mi. Las mujeres que corrían esta carrera vinieron muy bien preparadas. Yo estaba pasando a corredores consistentemente por que ya la mayoría caminaba. Mi paso no era rápido, pero estaba corriendo con buena constancia. Algunos corredores corrían rápido y luego caminaban un rato. Eventualmente mi constancia los iba dejando atrás. Así transcurrió mi último tramo de carrera hasta que pude ver las edificaciones de Chamonix. ¡Ya tenía esta carrera en el bolsillo!

Cuando entré al pueblo me encontré con mi esposa, mi hermano y su esposa, Carlitos y Ana Cecilia (preocupada por Luis Carlos). Yo apreté apurado por cruzar esa meta y parar de correr finalmente. El pueblo estaba repleto de gente haciendo barra y aplaudiendo. El locutor anunciaba mi llegada, ¡qué emoción! 

UTMB 2012 T-9

Ha llegado el momento de enfrentarme contra la montaña, contra Mont Blanc. Estoy a 5 días de partir para Chamonix vía Ginebra, y a 9 días de estar parado en la linea de partida. Han pasado dos años desde American River, mi primer ultra maratón. Después de esa experiencia he estado trabajando diligentemente para este evento y ya estoy apostándolo todo, ya estoy empacado, entrenado, y casi montado en el avión.

Las cosas principales, el equipo, la ropa, y las zapatillas están en mi maleta. La voy a cargar conmigo, en la mano, porque ningún avión se va a quedar con mi equipaje. Mis preocupaciones ahora mismo son cosas como ¿corro con lentes de contacto o mis anteojos? ¿Con qué zapatilla arranco a correr? ¿Las Salomon Sense o las North Face Hayasa? ¿Qué me pongo en el culo, Desitin, Hydropel o Glide? Glide está un poco difícil.

Otra preocupación válida: todos los lubricantes me los van a quitar en el aeropuerto. ¿Con qué los reemplazo en Europa? No voy a meter mis maletas en la panza del avión, y me voy a arriesgar a que me quiten las cremas y geles. No me provoca que me quiten nada… Me siento ultrajado cuando me quitan algo a la fuerza. De repente viajo tranquilo y lo compro todo allá.

¿Cómo hago con mi peso? Si entro en modo de descanso voy a subirme de peso a balazo. ¡Desgracia! Vivo como roedor esto próximos días comiendo hojitas verdes, o me doy a la perdición y arranco con el whisky y el chocolate. Son muchas lomas por las que voy a tener que cargar con cada onza de más. Lo bueno es que son preocupaciones triviales. ¡Es hora de entrar en modo turista!