Cerro Bruja

Después de 20 años, y tres intentos, logramos subir Cerro Bruja una vez más. Con 979 metros de altura, Cerro Bruja es lo más alto del Parque Nacional Portobelo. En Cerro Bruja nace el Río Guanche, Río Piedras, Río Diablo y Río Gatún. Tratamos de subirlo en un día en dos ocasiones anteriores y en ambas ocasiones el terreno, la falta de agua, y lo difícil del acceso nos ganaron. Para la tercera vez decidimos planear nuestro viaje de manera que usáramos dos días para subir y el tercer día para bajar y regresar. Esta vez todo salió como planeado y logramos dormir arriba de Cerro Bruja, justo en el nacimiento del Río Guanche. No encontramos el punto geodésico que indica los 979 metros de altura pero estábamos a pocos metros de donde sea que esta colocada esa marca.

Los primeros dos viajes fueron en plena temporada seca y no nos tocó nada de lluvia. Esta vez nos llovió torrencialmente en los dos primeros días. Por suerte llovió durante el día y las noches nos tocaron despejadas, aunque siempre húmedas por toda el agua que continuaba goteando de los árboles a través de la noche. Hubiese sido triste tener que cocinar bajo la lluvia y las conversas vespertinas habrían sido más cortas y menos divertidas. Afortunadamente el suelo todavía no había absorbido tanta agua así que no nos tocó tener que luchar para conseguir buena tracción en las largas trepadas que nos tocaron.

En el viaje anterior habíamos llegado a los 920 metros de altura a las 5:45pm pero con muy poca agua y no pudimos ubicar una fuente de agua para rellenar nuestras botellas vacías. Decidimos bajar mientras podíamos y no logramos volver al agua hasta las 9pm. Nos pasamos tres horas descendiendo por un filo hasta encontrar un buen lugar donde acampar al lado de un río. Como ya en el primer viaje habíamos tenido que bajar al Río Gatún porque estábamos en una situación similar (con poca agua), esta vez planeamos dormir en ese río para partir a buscar la cima con suficiente agua para durar lo que fuese necesario para coronar Cerro Bruja. Ya a las dos de la tarde estábamos cerca del Tercer Brazo del Río Gatún cuando decidimos refugiarnos bajo un pequeño rancho para esperar que escampara un poco. Una lluvia torrencial con truenos y relámpagos nos tenía empapados y con frío. Después de un rato la lluvia bajó su intensidad y nos fuimos a buscar donde acampar cerca del agua en un lugar relativamente seguro contra crecidas repentinas.

El Río Gatún estaba un poco crecido pero había un buen lugar donde poner nuestras hamacas cerca del río sin tener que preocuparnos por que se creciera el río (que ya estaba a un nivel elevado por la lluvia). Pasamos una buena noche arrullados por el sonido del agua corriendo. La cena de fetuccine con salmón ahumado, crema y Parmigiano-Reggiano es un éxito garantizado siempre. Con todo y la lluvia se pudo hacer un buen fuego para acompañarnos hasta tarde mientras durara la buena conversación. Nuestro grupo estaba diverso con holandeses, un inglés, un colonense de corazón, chiricanos y capitalinos. Ocho caminantes es un buen tamaño para esta clase de aventuras.

Al segundo día, después que un buen desayuno y café vaquero nos devolviera la vida al cuerpo, salimos a buscar nuestra cumbre. Ya a las 8am estábamos trepando de vuelta al filo que nos llevaría hasta lo más alto de Cerro Bruja. El Río Gatún sería nuestro único abastecimiento de agua hasta que encontráramos agua arriba de la montaña y fuera hora de acampar nuevamente. Teníamos que salir con toda el agua para el resto del día más suficiente para bajar de la montaña si nos salía la bruja y no encontrábamos agua corriendo en la cima. El filo que habíamos estado siguiendo el día anterior nos llevaría sin desvío hasta 800 metros de altura y a un par de kilómetros de nuestro destino.

Este filo entre el Gatún y La Escandalosa es un filo muy recorrido por animales y se mantiene generalmente claro porque suficiente gente lo recorre para darle mantenimiento. No tengo idea que viene la gente a hacer arriba de Cerro Bruja. Solamente he conocido de científicos que suben esta cima y, supongo, que los técnicos del canal que le vienen a dar mantenimiento a la Estación 103 arriba de Cerro Bruja (a 975 metros de altura). El sendero que se ha formado en este filo está marcado por cintas celestes, naranja, rosadas, y, ahora verdes y amarillas (que nosotros colocamos). Todo el sendero está cubierto por el dosel de los árboles que lo bordean. Lo único que interrumpe nuestro fácil movimiento son los árboles que se han caído recientemente causando una maraña de nuevo crecimiento vegetal. A las 11am llegamos a los 800 metros de altura y yo pensé que ya esta vuelta iba a ser fácil (hasta dije que antes de las 3pm estábamos acampando). La Bruja no tenía interés en rendirse fácilmente pero yo no tenía idea de eso en ese momento.

De los 800 metros a los 923 metros la ruta es fácil de seguir. Pero allí es donde se complica la navegación porque a esa altura ya la selva está complicada con árboles caídos y la vegetación es abundante. Además hay una silla grande que hay que navegar con mucha precisión para poder llegar a la trepada final. Justo en este punto fue donde nos desviamos en el viaje anterior. Casi nos vuelve a suceder esta vez pero Popo Bonvini estaba al tanto (al igual que la vez anterior) de nuestra posición en relación con nuestro destino. Estábamos siguiendo una combinación que ya nos había dado buen resultados en viajes anteriores: yo voy navegando y Popo me va corrigiendo cuando tomo decisiones equivocadas en nuestro rumbo. Sjef también me estaba ayudando con su brújula apuntándome en la dirección correcta mientras yo procuraba abrir camino en la dirección que queríamos seguir.

A las 3pm apenas estábamos trepando la ladera que nos llevaría a los 979 metros de altura y la cima de Cerro Bruja cuando empezo a llover a cántaros, y los truenos comenzaron a retumbar cerca de nosotros. Ya no había mucho más alto que nosotros a nuestro alrededor y se podía ver que estábamos casi en lo más alto del cerro. Ya casi todo el bosque era un enredo de plantas de todo tipo y los árboles ya eran relativamente pequeños, típica vegetación de los bosques nubosos. Como a las 4pm logramos llegar cerca del marcador de los 979 metros de altura y todavía no encontrábamos agua. También era evidente que iba a ser difícil llegar justo al lugar donde yo quería pasar la noche, un lugar donde había estado hace unos 20 años antes con mi cuñado Nick Nellos y su amigo Jeff Kloer. Ya estábamos en la parte plana arriba de Cerro Bruja y no era tan sencillo saber exactamente cual era la mejor ruta a seguir para llegar a donde acampar: todo se veía igual en todas direcciones. Ya estábamos dentro de un área como de un kilómetro cuadrado que formaba la cumbre de Cerro Bruja, tierra de nadie.

Tratando de llegar al agua dimos con el nacimiento del Río Guanche y ya eran las 5pm, hora de acampar. No era el lugar con la mejor vista arriba de Cerro Bruja, pero era el lugar donde tocaba hacer el campamento esta noche. No habían más fuentes confiables de agua en esta montaña a esta altura. Hicimos nuestro pequeño ruedo de consulta y decidimos que habíamos llegado a donde íbamos por el día de hoy. Ya estábamos arriba de Cerro Bruja y teníamos agua, misión cumplida. La parte de dormir con una bella vista tendrá que quedar pendiente para otra aventura. Tampoco íbamos a seguir dando vueltas buscando el mojón que marca el punto exacto de la cúspide del cerro. Desafortunadamente, no había muchos árboles buenos para colgar nuestra hamacas. Ibamos a tener que esparcirnos entre varios lugares para poder acomodarnos entre los árboles.

Al final del día, la cena y la velada quedaron excelentes. Popo había traído un pesto fresco hecho por él mismo que acompañado con jamón serrano y vino resultó en una buena comida de montaña. Un chocolate caliente con Ron Abuelo fue el postre para ayudarnos a dormir mejor en este paraje tan extraño. Pensé que la gente iba a caer temprano esta noche pero duramos más que la noche anterior. Creo que el lugar se prestaba para echar cuentos mientras llegaba el sueño. Estábamos rodeados de cocuyos que brillaban por todos lados atraídos por las velas que nos alumbraban. Poco a poco los comensales fueron retirándose a sus hamacas hasta que finalmente me tocó mi turno de acomodarme dentro de mi hamaca para pasar el resto de la noche. La pregunta con la que creo que todos se fueron a dormir era ¿cómo diablos íbamos a hacer para salir de donde estábamos en un solo día?

Temprano en la madrugada del domingo ya estábamos tomando café y desayunando. Nuestras hamacas ya estaban desmontadas y nuestras mochilas casi listas para emprender la retirada. Según mis cálculos, si no habían mayores inconvenientes, estaríamos llegando a los autos cerca de las 6pm. Solamente teníamos que seguir las cintas que habíamos colocado hasta encontrar la bajada que habíamos seguido en el viaje anterior. Una vez que iniciábamos el descenso ya todo el recorrido era relativamente conocido y no presentaría mayores inconvenientes. De hecho, iba a ser un cambio placentero a los días de bosque cerrado que habíamos pasado. Ahora nos tocaba recorrer La Escandalosa y el Río Boquerón de regreso a donde habíamos dejado nuestros autos. Todo ese camino ya nos era familiar, terreno conocido.

Aun así, con todo y las cintas nos tomó varias horas recorrer nuestro camino andado hasta el desvío de bajada. El bosque se tragaba nuestro sendero con mucha facilidad y las únicas marcas que daban indicio de nuestro recorrido eran unas cuantas plantas cortadas y unas tenues huellas por el piso. Parece mentira lo fácil que sería perderse acá arriba si no hubiésemos tenido varios GPS para revisar nuestro recorrido contra el del día anterior. Las cintas naranja se veía claramente cuando estaban cerca de nosotros pero prontamente se perdían al alejarnos de ellas. Cerca de las 11am ya estábamos bajando de Cerro Bruja hacia el Río Escandaloso. De aquí a los autos eran unas ocho horas según nuestro estimado basado en lo que nos había tomado ese mismo recorrido en el viaje anterior. Ese descenso lo habíamos hecho de noche la vez anterior y nos tomó tres horas hasta el río. A media bajada paramos en un lugar con una buena vista de donde habíamos estado: es realmente increíble como se veía Cerro Bruja desde donde podíamos apreciarla. Y pensar que hacía unas horas habíamos estado arriba de esa sólida montaña de bosque esmeralda.

Almorzamos en el Río Escandaloso justo donde habíamos acampado hacía unas tres semanas atrás. Todavía estaba el machete roto que Tony había dejado clavado a un árbol pensando que alguien lo aprovecharía al encontrarlo.  De este punto nos había tomado cinco horas para llegar al punto de donde habíamos partido. Ya la gente estaba tranquila y gozando del agua cristalina que corría a nuestro alrededor. Habíamos pasado dos días por lo alto de la montaña y ahora estábamos en terreno abierto con vista clara al cielo. Ya nuestra vista podía extenderse por cientos de metros sin ser interrumpida por lo frondoso del bosque. Mi ropa estaba toda cubierta del sedimento que cubría las hojas de los árboles y la vegetación que había estado atravesando toda la mañana. ¡Que sabrosa estaba el agua fría que me cubría!

Ya el resto de nuestro recorrido era todo por senderos claros y unos cuantos vados de río. Nuestros pensamientos comenzaron a enfocarse en las cervezas frías que nos estaban esperando al final del recorrido. Todavía nos faltaban horas por caminar pero ya estábamos pensando en lo que estaba más allá. Parece mentira lo frágil que es el momento y lo difícil que es mantenerse presente en lo que estamos haciendo y viendo. En lo profundo del monte era normal estar totalmente inmersos en el presente pendientes de cada paso que damos y de todo lo que nos rodea. En cuanto ya estamos sintiendo el llamado de la comodidad y el descanso nuestra mente divaga y pierde el foco del momento para concentrarse en lo que nos espera más adelante.

Al final del camino me impresiona que pude llegar a Cerro Bruja en el primer intento hace tantos años atrás. Estábamos más jóvenes y fuertes entonces pero no contaba con toda la experiencia que tenemos ahora y la ayuda de la tecnología que nos acompañó en todo momento. Creo que también había planeado el viaje con mucho esmero entonces y esta vez estábamos improvisando más sobre el camino. En todo caso, quiero regresar a Cerro Bruja nuevamente y esta vez si voy a dormir al borde de un chorro que hay allá arriba.

Fotos cortesía de Jorge Mendoza:

Boqueron 2014

Logré hacer otro viaje por el Río Boquerón antes que terminara el 2014 y pude hacerlo con Irving Henry. Nuestro grupo fue pequeño pero no hizo falta más nadie: Irving, Joaquín, Gil, Carl y yo. Esta fue la primera caminata de selva de Irving y la pasó con singular esmero – ni siquiera la sudó (a pesar que el camino estaba hostil por lluvia, derrumbes y ríos inundados). Es bueno tener todo preparado para partir hacia una caminata en cualquier momento porque empaqué minutos antes de partir y no me faltó nada (aparte de algo más de comida).

Puntual a las 5am llegaron los interesados en esta particular travesía anual que ya casi puede ser un peregrinaje para mi. Joaquín era el único veterano de este viaje, Irving es hijo mío y está medio acostumbrado a lo que le tire el camino y lo pobres holandeses no sabían que les venía por delante, pero ocasionalmente la ignorancia es una buena cosa. A las 8am y estábamos en camino por el Nombre de Dios rumbo a Boquerón arriba. Esta vez no llevamos cámara, yo porque no la encontré, Joaquín porque quería ir lo más liviano posible, y los holandeses sí llevaron la suya pero no tengo esas fotos.

La mañana inició espectacular con poco sol, un río cristalino y la temperatura agradable. Lo primero que me pasó es que dejé las medias en la maleta de ropa extra para la llegada. Bueno, nada que fuera a dañar el viaje ya que lo peor que podía pasar es que saliera con ampollas pero al final no pasó nada aparte de que mientras esperaba a los holandeses me sacaba las zapatillas para eliminar la arena y las piedras que se habían metido dentro del calzado. Las medias me hubiesen evitado tener que hacer esto una docena de veces pero no fue algo que desmejorara la experiencia. Tal vez me quedé sin medias de ahora en adelante porque me entretenía el proceso mientras esperaba al resto de los caminantes.

La primera parte del camino siempre es muy agradable porque caminos por el Río Nombre de Dios y el camino es fácil, bonito y fresco. Ya los holandeses se nos venían quedando atrás pero nada alarmante. Era evidente que venían sin apuro y no había forma de evaluar su capacidad física porque en ningún momento se quejaron de nada (sencillamente no venían paso a paso con nosotros). Hasta la cascada, que es el punto donde inicia la trepada seria hacia los rieles se mantuvieron con nosotros sin ningún problema. En este punto siempre tomamos un descanso y nos abastecemos de líquido porque no hay más agua segura por un buen rato. Hasta este momento cerca del medio día el día había estado cubierto de nubes pero seco. El camino estaba húmedo pero manejable.

Cuando iniciamos la trepada el grupo se logró mantener bastante compacto y el recorrido fue sin contratiempos hasta los rieles. Tomamos el filo habitual y lo seguimos a un paso tranquilo pero constante hasta que llegamos a los rieles a la altura habitual (unos 160 metros de altura). Cuando llegamos a los rieles Joaquín y los holandeses se nos perdieron, cuando aparecieron unos minutos más tarde la explicación fue poco clara. Era un indicio de lo que venía desde ese punto en adelante. No tuvieron problema en la subida, los problemas para ellos iniciaban en el camino técnico. Carl no era diestro del todo y se nos iba a quedar atrás consistentemente desde ese momento hasta el final del camino. Nada de esto era causa de preocupación porque sencillamente caminaríamos más horas y dormiríamos donde nos tomara la noche en lugar de donde nosotros hubiésemos preferido. Esto es lo habitual en cualquier camino que uno hace por primera vez – después de recorrer un mismo camino una cantidad de veces ya uno desarrolla hábitos.

Mi almuerzo fue pobre ya que al ir a empacar encontré que mi despensa estaba algo desprovista y no había hecho el viaje al mercado para proveerme de unos buenos panes para llevar unos emparedados listos. Por suerte Joaquín sí había hecho su parte y mi hijo le robó un par de emparedados para rellenar el hueco que tenía en su estómago. Llevaba una cantidad de geles y barras energéticas de almuerzo y comidas deshidratadas para la cena. Irving, mi hijo, es algo más selectivo que yo en cuanto a su alimentación: el prefiere comida natural apetecible y yo como lo que me encuentre, al igual que bebo el agua donde me de sed. Mi paladar es exigente, no puedo engañarme, pero puedo pasar días sin comer hasta que llegue a un lugar donde pueda alimentarme apropiadamente y en el entre medio como lo que encuentre.

Justo cuando estábamos saliendo de los rieles del viejo ferrocarril y llegando al Río Boquerón se abrió el cielo. La lluvia caía en cantidades torrenciales. Normalmente a esta hora ya estaríamos en el Boquerón pero una gran cantidad de árboles caídos en el camino nos habían demorado (y los holandeses lentos no ayudaron). Cuando llegamos al río que normalmente tendría unas pulgadas de profundidad encontramos que habían varios pies de agua corriendo por el cauce. No nos quedó otra que hacer nuestro propio camino. Normalmente esto algo ocasional. Esta vez era traumático porque los holandeses no podían seguirnos a través del monte. Iban tres veces más lento que nosotros a estas alturas y constantemente teníamos que parar a esperarlos. Y aquí sí había que parar ya que no estábamos en rutas claras porque íbamos campo traviesa y esta gente no podía distinguir la pica de mi machete. No entiendo como era eso posible…

Bueno, a las 5:45pm regresamos al río después de una travesía buscando atajos que no fueron muy fructuosos. En ese momento Carl rehusó a seguir moviéndose. No nos quedó otra que tomar la sensata decisión de hacer campamento allí mismo, al otro lado del río donde se veía mejor el terreno. La cena fue sálvese quien pueda con lo suyo como habíamos determinado desde el principio. Nosotros llevamos unas comidas secas que cocinamos en una estufa de alcohol que había hecho hace un tiempo. La verdad es que esas estufas son muy eficientes y livianas.

Irving estaba en su ambiente. Me alegró mucho ver que se sintiera cómodo a través de todo el camino. En ningún momento se quejó y estaba más bien siempre esperando tranquilo para ver que venía próximo. Como buen joven estaba siempre hambriento y sediento y una vez que esto fue arreglado procedió a dormirse profundamente. Solamente quedé yo con Carl quien procedió a beberse todo mi ron, que no era mucho para comenzar. Yo lo acompañé trago por trago pero hubiese preferido guardar algo para el día siguiente. Mi amigo Joaquín se tomó una onza de ron en su chocolate caliente y siguió a Irving directo a dormirse.

El domingo fue un día como cualquier otro, espectacular toda la distancia. Lo único que le restó al camino fue la preocupación de esperar a estos holandeses que nunca llegaban. En realidad no restó nada la espera porque tuvimos amplio tiempo para gozar de las pozas que venían una tras otra a lo largo del camino. Inclusive íbamos por delante de nuestro horario regular porque mientras nosotros descansábamos los otros caminaban y nunca los dejamos descansar mucho. Hasta que reventó Carl y no quedó otra que ver como lo sacábamos del medio del monte. Joaquín e Irving partieron por delante a buscar el auto y yo me quede con nuestros amigos para que no se perdieran.

Eventualmente, cuando todavía faltaba algo para salir del camino nos alcanzó el auto y nos acortó unos 5 kilómetros del camino. Irving y Joaquín habían llegado al auto una hora antes que nosotros y nos habían venido a buscar. A mi me alegró que fuese en ese momento porque ya llevaba un rato cargando la mochila de Carl y la verdad es que ya no era tan agradable como cuando voy con mi propia mochila que siempre es muy liviana porque solamente tiene lo esencial adentro. Carlo y Gil con su poca experiencia llevaban más de la cuenta en sus mochilas. Hay que tener mucha experiencia para decidir que “esenciales” se pueden quedar en la casa.

Nosotros terminamos felices todos y yo particularmente  estaba contento por haber logrado cumplir una de mis metas de principio de año: Boquerón 2014. Ya estoy planeando Boquerón 2015 y ojalá pueda hacer más de uno este año venidero ya que este es mi camino favorito en el universo entero.

Nombre de Dios a Gamboa

Ruta Nombre de Dios a Gamboa

Anoche regresé de caminar y remar de Nombre de Dios a Gamboa. El lunes en la mañana me escribió mi amigo Juan Antonio preguntando si quería llevar a unos hombres a caminar el Camino Real y le dije que me interesaba. Al reunirme con la gente, eran un par de tenientes de la Marina y un teniente de los Marines, me dijeron que querían cruzar el Istmo en tres días. Después de decirles que estaban locos les conté de un viaje parecido que había hecho con Scott Schumaker y Jorge Heilbron hace unos años atrás. Les gustó la idea y al día siguiente partimos a recorrer el Istmo.

Básicamente, en una día caminamos 38 kilómetros desde Nombre de Dios hasta Boquerón arriba, y, al día siguiente, remamos 40 kilómetros desde Boquerón Arriba hasta Gamboa. Ellos siguieron caminando por el Camino de Cruces y luego por la calle hasta llegar al puerto de Balboa. Todavía no he escuchado sobre su llegada, así es que asumo que están caminando aún, si es que no están perdidos en el Parque Camino de Cruces. Ya me enteraré luego de cómo les fue.

Para mi, lo más increíble de la experiencia, ya que nunca lo había hecho así, es que me fui casi sin comida. Por el apuro del plan solamente me llevé lo que me quedaba de mis geles y otros alimentos de apoyo para mis corridas largas. Al final, como estoy harto de comer esas calorías simples, solamente me comí unos 6 Power Gel Blasts sabor a Kola en un recorrido de casi 80 kilómetros. Mejor dicho, no comí nada. Caminamos 2 horas el lunes por la noche, 14 horas el martes y remamos 8am a 5pm el miércoles. Me dormí con hambre todas las noches, pero al despertarme ya me sentía fresco nuevamente.

El martes en la noche, después de las 14 horas caminando con solamente unos 4 paquetes de 120 calorías, me sentía nauseabundo y cansando. Pero estaba con tanto sueño que me fui a dormir así mismo. El miércoles me desperté fresco como una lechuga listo para remar 40 kilómetros sin parar. Mi cuerpo estaba sacando su alimento del exceso que tenía acumulado alrededor del abdomen. Y creo que tengo suficiente como para seguir por otra semana o dos al mismo ritmo. Parte del truco, creo, es mantener el ritmo suficientemente bajo como para poder recibir las calorías de la grasa acumulada y no tener que usar los carbohidratos acumulados en los músculos. Esos, estoy seguro, me hubiesen fallado como a las 12 horas, sino antes.

Mis compañeros estaban comiendo MREs (Meal Ready to Eat), la ración típica del ejército de Estados Unidos, y a mi no me provocaba comer de esas raciones (además, tampoco me ofrecieron). Pero yo estaba preparado para esa situación y estaba confiado que no tendría ningún problema. De hecho, solamente el teniente de los marines se mantuvo conmigo en la caminata. Los otros dos siempre andaban rezagados y al final del primer día uno estaba muy limado (y sollado entre las piernas además). Estos hombres estaban por la conquista del cruce por que creo que ni gozaron del paisaje espectacular que estábamos atravesando.

Desde hacía muchos años no encontraba tantos árboles caídos en el recorrido. Yo había hecho el cruce de Nombre de Dios a Boquerón en 11 horas y esta vez me tomó 16 horas en total. Tuve que tirar mucho machete para cruzar una docena de árboles caídos. También me toco cruzar un derrumbe que me dejó casi que una pared vertical de unos seis metros de ancho a través del camino. Estaba muy preocupada mientras cruzaba por esa cara de piedra y veía que cualquier desliz me haría caer largo antes de que parara de rodar. Fuera de eso, el camino estaba tan hermoso como siempre. Ya estoy listo para repetirlo una vez más.

Del Cacao a Jordanal


El Hash en Altamira
El Hash en Altamira


Este fin de semana caminamos de El Cacao a Jordanal con un grupo del Hash. Hace años que he estado de volver a recorrer esta precisa ruta y siempre sucedía algo en el camino que impedía que la pudiese volver a hacer. Finalmente pude volver a recorrer el tramo de Peñas Blancas a Jordanal, que pasa por encima del filo que divide el Río Cirí del Río Indio. En el camino encontré a donde llevaba un brazo de una intersección que siempre dejaba a un lado, y ahora regresamos por ese brazo.

Fuimos un grupo grande: 23 caminantes en total. La ruta fue bastante difícil ya que habían varios ascensos largos en el camino. El primer ascenso era el cruce entre el Río El Cacao y el Río Cirí. El segundo ascenso fue el cruce del Cirí hacia Jordanal. El año pasado, para esta misma fecha, caminamos de Río Indio Centro hacia El Cacao, pero pasamos por otro sendero que nunca había recorrido. Esta vez hicimos el viaje en dirección contraria.

Luis Carlos Stoute, Luis Navarro y yo hicimos el viaje en una dirección, y el resto del grupo durmió en Jordanal y regresó a El Cacao al día siguiente. Luis Carlos vino con nosotros para entrenarse para su futura carrera, Hardrock 100. Luis Carlos me envió un enlace con el recorrido que grabó en su Garmin Oregon 550. Nosotros caminamos 21 kilómetros en nuestro recorrido, y el grupo de Joaquín, que se separó en un momento en que no encontraba como seguir directamente desde los Rangos hasta Peñas Blancas, recorrio unos 3 kilómetros menos.

Toda el área del Cacao y del Río Cirí está lleno de caminos transitables por autos 4×4 y por suerte escogimos una ruta que no necesitó de mucho recorrido por las vías de los autos. Originalmente, el plan de nuestro recorrido nos hubiese llevado por una calle, pero un error en un giro nos llevó hacia Altamira en lugar de seguir la calle directamente hacia Los Rangos. Pero cuando regresamos a intersectar la calle que venía del Cacao no encontré como seguir directamente hacia Peñas Blancas y hubo un momento de confusión en el grupo. Eventualmente decidí ir campo traviesa directo hacia el Río Cirí y Joaquín decidió seguir por la calle.

Joaquín terminó subiendo hacia Peñas Blancas por el Río Chutral, y nosotros subimos por el camino principal que sube a Peñas Blancas. Eventualmente nos volvimos a encontrar cuando nuestro grupo alcanzó al de Joaquín en la subida para cruzar a Jordanal. En el grupo de Joaquín se fueron algunos de los más lentos del grupo. La subida del Río Cirí hasta coronar el filo que separa Peñas Blancas de Arenilla y Jordanal tiene unos 510 metros, una tremenda loma muy empinada en varios lugares.

Ahora que he refrescado mi memoria de los senderos del Río Cirí  es hora de organizar unos nuevos recorridos por el área. Arriba, por Chichibalí hay un sendero que regresa a Matahogado, detrás de El Valle. Un excelente recorrido sería: La Mesa, Boca de Las Minas, Jordanal, Peñas Blancas, Chichibalí, Matahogado y de vuelta a El Valle. Sería un tremendo reto tratar de hacer ese recorrido en un día. Creo que hasta en dos días podría ser difícil terminar ese circuito. Esa podría ser una excelente ruta para una carrera de montaña.

Tres Hermanas a La Encantada

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Jordi y Jorge Patricio

Ayer regresamos Jordi, Jorge Patricio y yo de un viaje exploratorio que nos llevó desde Tres Hermanas hasta La Encantada, a orillas del Río Indio. Nuestra intención original, muy ambiciosa, era llegar hasta la Boca de Río Indio. Sabíamos que iba a estar difícil llegar hasta el mar desde Tres Hermanas, caminando, en un par de días. Aún así llegamos bastante cerca de cumplir nuestra meta. El terreno estaba algo más difícil de lo que esperábamos, y el calor de caminar por tierras bajas y pantanosas fue agobiante.

Parte de la idea del recorrido era completar una ruta que nos pudiese llevar de mar a mar, desde Chumico hasta Boca de Río Indio, sin tener que usar bote. Básicamente, el Río Indio es el principal medio de transporte del área donde estábamos caminando y en el mapa es difícil encontrar una ruta que conecte desde Boca de Uracillo hasta Boca de Río Indio. Mientras uno más se acerca al mar, más difícil se hace avanzar por tierra hacia el norte – las quebradas que se unen al Río Indio se van poniendo más profundas y la tierra se vuelve fangosa, el río merodea por todos lados, y los senderos no lo llevan a uno hacia el mar. Aunado a esto, la temperatura y la humedad le roban las fuerzas al cuerpo. Caminar por las ciénegas no es para los débiles.

La ruta la saqué de los mapas de Las Marías, Cuipo Y Palmas Bellas. Hice una pista para el GPS trazando los senderos que parecían más prometedores para el recorrido: más secos, más directos y algo de simple divinación. Después de la mitad del primer día, cuando recorrimos la ruta fácil y conocida, todo se desarmó rápidamente y quedamos siguiendo rutas alternativas. Desde Tres Hermanas hasta Boca de Uracillo fue sencillo navegar. Cuando intentamos seguir la ruta desde Boca de Uracillo a El Jobo, todos los tiros salieron por la culata. La gente no recorre esa ruta regularmente, y la ruta trazada en el mapa estaba en desuso. Después de batallar loma arriba (había que cruzar el “cerro” más alto del vecindario) nos vimos al final del sendero frente a una muralla de vegetación, tarde en la tarde, y con mucho terreno por recorrer.

En ese momento mi cuñado, Jordi, recordó un detalle importante que nos había dado un morador de Boca de Uracillo en respuesta a mi pregunta: ¿Aquí hay cerveza? Nos dijo que había una cantina en El Limón. Como El Limón no estaba en nuestra ruta, yo descarté ese detalle. Jordi lo guardo para futuras referencias. Esa futura referencia había llegado. El Limón estaba a la vista desde donde estábamos, trepados en el cerro más alto, pero nuestro destino de inteción estaba muy lejos aún. El plan B entró en acción rápidamente y encontramos unos moradores que hicieron posible ponerlo en acción sin complicaciones. Al poco tiempo estábamos en El Limón tomándonos una pinta fría enfríada por una nevera a gas en el medio de la nada. La verdad es que nada le gana al conocimiento del terreno – las cartas topográficas solamente dan una representación aproximada del terreno, pero los lugareños tienen la información que realmente vale la pena tener: por donde caminar, y donde darle agua al caballo.

Al día siguiente, después de una agradable noche en el Jardín Aquí es mi Tierra, hicimos un pow wow para decidir nuestro nuevo plan de acción. Todo el trabajo que diligentemente había hecho, la ruta en el GPS, quedó inhabilitado. Decidimos que nuestro nuevo rumbo sería La Encantada, a orillas del Río Indio. Habían un par de tramos en blanco en los que teníamos que imaginar como podríamos conectarlos. Esta es una de las razones por las que he demorado tanto tiempo en unir Boca de Uracillo con Boca de Río Indio. La mayoría de los senderos son en dirección esta a oeste en el mapa. Hay senderos norte a sur, pero pocos aparecen unidos y, claramente, no hay una ruta definida para caminar hacia la costa. Todo el mundo usa el Río Indio como el sendero hacia el mar, la gente se mueve en bote cuando quieren ir a la costa. Nosotros queremos hacer este tramo caminando para poder unir desde Tres Hermanas hasta Boca de Río Indio. Esto nos daría la opción de caminar de mar a mar, unos 11o kilómetros aproximadamente.

Cuando salimos del Limón, rumbo a La Encantada, teníamos una ruta en mente, la que parecía probable en el mapa. Después de un par de horas de estar caminando y haber pasado La Puerca Gorda llegamos cerca de donde debíamos hacer nuestro primer giro en la ruta para tomar un sendero que nos llevara a La Encantada. Mientras veíamos el mapa nos topamos con un señor a quien le preguntamos por el camino hacia La Encantada. Este señor nos dió una ruta que no aparecía en el mapa. Le preguntamos con respecto a la ruta que queríamos seguir y él nos dijo que esa ruta era más larga y enlodada por que iba a la orilla de la Quebrada La Encantada. Nos dijo que la ruta que nos recomendaba estaba muy clara y era más directa. Efectivamente, la ruta de la que hablaba no estaba en el mapa pero seguía un filo que iba entre las cabeceras de las quebradas entre La Encantada y Los Olivos. Era un excelente sendero del cual no había rastro alguno en el mapa del Tommy Guardia. Además, el sendero iba por lo alto y estaba relativamente seco y sombreado. Nada como tener algo de información local.

Almorzamos en un lugar que se llama Cabecera de La Pólvora, con una excelente vista de una planicie con pasto de primera y una gran cantidad de ganado. Podíamos ver claramente la Quebrada La Encantada y la ruta que seguía hacia el Río Indio. También era claro que esta segunda parte del viaje de este día iba a ser muy, muy mojada ya que teníamos que atravesar una ciénega pequeña y todo el terreno estaba algo anegado. Nos tomó una eternidad llegar hasta La Encantada… Cada paso que dimos a través de la llanura era una lucha por mantener nuestras zapatillas puestas. Por suerte llevaba polainas sobre mis zapatillas que ayudaban a mantener el lodo fuera del calzado y evitaban que se pudiera quedar trabada la zapatilla por que tenían una correa que amarra la polaina pasando bajo la suela de la zapatilla. La verdad es que a pesar de lo incómodo de caminar a través de tanto lodo (o puré de mierda de vaca), el paisaje estaba espectacular, frondoso y exhuberante.

Teníamos las esperanza de encontrar cerveza en La Encantada por que era un pueblo relativamente grande a orillas del Río Indio, relativamente cerca de la boca del río. Efectivamente, cuando llegamos al pueblo pudimos ver que había tendido eléctrico y el pueblo tenía de todo: escuela, centro de salud, cancha de futbol, iglesia, corregiduría, y una cantina al lado del río. Ya eran las 5:00pm del viernes, seguro que la rumba estaba por comenzar. Cuando nos acercábamos al río pudimos ver que el lugar estaba muy tranquilo y no había un alma en lo que parecía el jardín del pueblo. Al llegar había una señora parada junto a una pila de cajas de cerveza, pero no había más nadie a su alrededor (extraño para un jardín, viernes en la tarde). Cuando le preguntamos por la cerveza nos informó que toda se había acabado más temprano. ¡Que enorme decepción! Mientras conversábamos llegó el botero y bajó el motor de su piragua, terminando su faena del día. Rápidamente, antes que se nos fuera, negociamos transporte a Boca de Río Indio. A los pocos minutos estábamos camino al mar y unas pintas frías.