De La Mesa a El Cacao

Bajando hacia el Río Cirí

Este fin de semana que pasó nos fuimos a caminar desde La Mesa hasta El Cacao. Eramos un gran grupo de buenos amigos, 25 personas, la mayoría corredores del Hash. La ruta que escogimos era exigente, pero casi todos los que venían sabían que podían esperar, y yo estaba seguro que todos podían hacerlo. Hubo excepciones, pero estas no fueron sorpresa. La pasamos muy bien en nuestro recorrido y visité senderos nuevos e inesperados. No salimos exactamente por donde había planeado pasar, pero esa es la belleza de salir a caminar con un plan de vuelo flexible y una buena idea del terreno en la cabeza.

Bajamos por un sendero que parte de La Mesa de El Valle y baja por el filo oeste al Río Indio. En la primera intersección elegimos bajar al Río Las Minas y visitar una poza muy agradable que está a la orilla del sendero. Aprovechamos para tomar nuestro almuerzo al lado del agua, después de darnos un buen chapuzón y compartir unos guariquitiquis (aprovechando que éramos un grupo de adultos parranderos).  Por suerte esta parte de la vecindad del Río Indio todavía está bastante conservada. El sendero del este del Río Indio está siendo arreglado y pronto será un camino de tosca. De hecho, ya era un camino de tosca, pero unos derrumbes lo habían dejado intransitable y estaba regresando a un estado más primitivo y ameno para los caminantes.

Luego visitamos Boca de Las Minas, a donde ya se puede llegar en auto. Con cada año que pasa el campo se hace más pequeño y la civilización le va robando lo rural y agrestre a los moradores. Seguro que para ellos es conveniente y todos tienen derecho al progreso. Pero yo camino para alejarme de todo eso y tener la oportunidad de descomplicar y simplificar mi existencia. Por suerte la señal del celular todavía no ha llegado a este recoveco, pero eso no tardará mucho. De Boca de Las Minas tomamos rumbo este y fuimos a dar a Río Indio Centro, donde pasaríamos la noche. Aprovechamos que al lado de la capilla en Río Indio Centro hay un comedor abierto que nos facilitaba cocinar la cena bajo el resguardo de un techo de paja. Sjef y Teresa nos hicieron una deliciosa cena de pasta con salmón en una salsa rosada que fue vista y desaparecida.

El domingo iba a ser un día exigente. Todo mundo aprovechó la noche para consumir todo lo de peso que había en las mochilas. Temprano en la mañana nos tocaba iniciar el ascenso para cruzar el filo que divide al Río Indio del Río Cirí. Esta ruta nos llevaría a Peñas Blancas, pero primero teníamos que trepar hasta 950 metros de altura. Nos pasamos toda la mañana subiendo lomas, y sudando, y jadeando. Pero el premio de todo ese esfuerzo eran unas vistas espectaculares que nos permitían ver claramente todo el terreno que habíamos cubierto en el día anterior. Muchos maldecían en la subida cuando el peso de su mochila los tenía contra el piso. Pero estaba seguro que luego vendrían sonrisas de satisfacción. Una cantina nos esperaba en Cirí Grande, con pintas frías y una rockola.

En todo el espinazo de Peñas Blancas hay un bosque de altura que es una belleza. Es principalmente por la experiencia de atravesar este bosque que este paseo me encanta. Hay que trepar mucho cerro para llegar a ese bosque que está a más de 900 metros de altura. Pero esta mayormente intacto el bosque. No nos toco una nube en la cima, que hubiese sido lo ideal. Durante la caminata hacia Peñas Blancas, la cima de Cerro Negro y Cerro San Andrés estaba dentro de las nubes, pero cuando nosotros llegamos, cerca del medio día, las nubes se habían disipado. Esta subida separó el grupo y los lentos quedaron muy rezagados. Los que íbamos por delante coronamos el paso hacia Peñas Blancas y paramos cuando llegamos nuevamente a donde podíamos abastecernos de agua. Ya casi todos nos habíamos quedado secos.

Cuando la cola volvió a unirse con nosotros ya era hora de almorzar. Nos comimos nuestro almuerzo gozando de la vista desde unos 700 metros de altura. El Cerro Cirí se veía claramente al frente. Este cerro tiene una forma muy particular y se puede identificar claramente en el mapa. Donde nos detuvimos, al lado de un tanque de alivio de presión para un tubería de agua, estaban reforestando con especies nativas. Los moradores nos ofrecieron naranjas y marañones que estaban en su punto. Todavía nos faltaba un gran descenso hacia Cirí Grande y al poco rato inició la lluvia. Nuevamente nos pusimos en movimiento antes que el agua hiciera más difícil la bajada. A mi me encanta bajar rápido por las pendientes, que es casi como esquiar por la tierra. Además encuentro que hay menos riesgo de caerse si uno mantiene una actitud dinámica sobre el terreno.

Los que íbamos por delante fuimos dejando algunas marcas para que no se perdieran los que prefieren bajar cautelosamente. Nos bañamos en el Río Cirí y seguimos hacia una cantina donde podíamos esperar al resto del grupo refrescados con unas pintas heladas. Además el aguacero se puso intenso y en el rancho podíamos esperar secos y contentos. Ya solamente nos quedaba un lomón por subir para y un par de horas de camino para llegar al Cacao. Un buen paseo…

Boquerón 2009

Este sábado 18 de abril partimos desde La Línea en Nombre de Dios por el Río Nombre de Dios hacia Boquerón Arriba, siguiendo lo que aproximadamente era El Camino Real desde Nombre de Dios hacia Panamá. Eramos 24 personas, 7 mujeres y 17 hombres, la mayoría miembros del Hash de Panamá. Mi esposa estaba un poco preocupada por que éramos un grupo muy grande, pero yo estaba cómodo por que conocía a todos de los que formaban el grupo y estaba seguro que la íbamos a pasar muy bien.

Como ya muchos del grupo han recorrido el camino anteriormente, la mitad aprovecharon la primera oportunidad para perderse en todo el inicio del viaje. En realidad se habían marchado por el río y nosotros por un sendero que salía al mismo río, pero más adelante. El grupo que se fue por el río perdió la confianza y decidieron regresarse y seguir el mismo sendero por el cual partimos nosotros. De ese momento en adelante todos quedaron alerta y más nunca necesité preocuparme por que se me fuera a perder alguién. Hasta cuando iba al baño me seguían después de esa primera separación.

El Río Nombre de Dios estaba algo seco y se notaba que no había estado lloviendo recientemente. El agua corría cristalina por el lecho del río. Un rebaño de ganado que se encontraba pastando en el sendero decidió que no querían nada con nuestro grupo y nos acompañó por varias horas, caminando justo al frente nuestro. Eventualmente pude pasarme al ganado en una curva ancha y mandarlos de vuelta a su dueño.

El próximo año cumpliré 20 años de estar caminando este sendero. Este año quedé muy triste por que finalmente la devastación la llevaron hasta un pequeño chorro que estaba dentro del bosque al pié del Cerro Johnson, en Brazo de Cedro. Como esta ladera era de una pendiente pronunciada, pensé que los moradores la respetarían por que no tendrían ningún uso para una tierra tan empinada. Este año cortarón una gran parte de este hermoso bosque al pie del cerro. La Quebrada Brazo de Cedro estaba más seca que nunca. Supongo que al ir perdiendo la cobertura del bosque sobre su nacimiento ahora recoge menos agua.

Es importante que hagamos algo por este sendero por que es de importancia histórica para nuestro país, y, de cierta forma, para todo el mundo. Este fue uno de los primeros senderos transcontinentales de América. Este lugar debe considerarse como un patrimonio histórico, marcarse y conservarse acordemente. Al menos este sendero ya esta sirviendo de fuente económica para alguna empresa local que está guíando turistas por el Camino Real. Al poco rato de adentrarme al bosque era obvio que algún grupo le ha estado dando uso regular por que habían marcas claras de los cortes del machete en las plantas cerca del sendero.

Aunque esta vez no traje cintas de agrimensura, todavía quedaban muchas cintas del último viaje que hicimos por esta ruta en febrero del 2008. La trepadada de Brazo de Cedro a los rieles del ferrocarril siempre cobra alguna víctima, esta vez sufrieron dos: Roberto Bruno sufrió un bajón de presión y Boris Bonilla se cortó con su propio machete cuando el filo se salió de su funda y le cortó profundamente el dedo que tenía expuesto alrededor de la vaína del machete. Por suerte esto fue lo peor que sucedería en todo el viaje. Nuestro grupo realmente estaba bien integrado y todo el mundo estaba en buenas condiciones físicas.

Este año la mayoría del grupo llegó poco después de las 4:00pm al campamento y pudimos disfrutar tranquilamente de un refrescante chapuzón en nuestra poza de aguas turbulentas. Pasamos un agradable rato en el chorro que está al lado de nuestro campamento. Como siempre, la charca azul estaba preciosa en su entorno de bosque verde que contrastaba contra el turquesa de sus aguas profundas. Es tan agradable el ruido del agua sobre la piedra.

Este año nos llovió en el campamento justo cuando el agua ya estaba a punto de hervir. Todo el mundo salio veloz a buscar refugio del agua. Por suerte, yo me había vuelto a poner mi ropa húmeda después del baño y no me importó mojarme. Nuestra cena fue una riquísima cena de pesto fresco. Yo había hecho un pesto ver tradicional y Teresa había hecho un pesto con tomate seco que estaba delicioso. Nuestro grupo se quedó en una alegre tertulia hasta que se acabó todo lo que habíamos llevado para amenizar la cena. Creo que las 11:00pm ya estaba dormido en mi hamaca.

En la madrugada volvió a llover. Cuando ya había algo de luz me pusé mi ropa húmeda y comencé a desarmar mi campamento. Antes de las 7:ooam ya estaba tomándome una taza de café caliente y una avena. A las 8:00am, puntuales, ya estábamos nuevamente en movimiento. Esta vez no saqué el machete de su funda para abrir trocha en este segmento de bosque que bordea el cañón del Boquerón. Estaba bien despejado el camino. En todo caso, era obvio que le habían dado bastante uso en este verano. Pero el grupo que le estaba dando uso siguió un sendero que normalmente no recorría que salé hacia la derecha de los rieles. Ese sendero fue el que usamos el año pasado para mostrarle a los españoles de La Ruta Quetzal donde se unía el Río Longué con el Boquerón.

Nuestro segundo día en el camino fue, si era posible, más divertido que el primero. Realmente el grupo se había integrado y todos estábamos gozando enormemente de la compañía del resto. Por suerte todos habían empacado muy juiciosamente y las mochilas venían livianas. Esto permitió a todos gozar más del camino al estar libres del peso sobre sus espaldas. Además, ya no quedaba mucho peso líquido dentro de las mochilas. Ahora toda el agua la tomábamos directamente del río.

Tengo más de 500 fotos de este viaje. Habían por lo menos 5 personas tomando fotos. Yo tomé 292 fotos y unos vídeos. Henrik y Alberto me pasaron unas 180 fotos cada uno. Y todavía me faltan las fotos de Robert, Joaquín y Atenas. Roberto Bruno también debe haber tomado unas fotos espectaculares. El era el único que llevaba una enorme SLR y, además, tiene buen ojo para encuadrar sus sujetos. Ya estoy subiendo las fotos que tengo a nuestra galería de fotos.

Para el final del día teníamos los chorros del Boquerón esperando. Lástima que la mayoría decidió seguir de largo y llegar directamente al bus que nos estaría esperando al final del camino. El agua estaba sabrosa en los chorros y gozamos de un buen baño para llegar frescos a casa. Cuando nos montamos al bus, un grupo quería tomarse una pinta bien fría y terminamos en una cantina con música al lado del camino. ¡Se formó un bailoteo! Nadie hubiese pensado que este grupo llevaba 2 días caminando y que había salido de 35 kilómetros de bosque y río. ¡Qué grupo tan bárbaro!

El Reto del Indio 2009

Como lo hemos venido haciendo desde hace 5 años, este segundo fin de semana de enero, el domingo 25 de enero, iniciamos nuestro quinto Reto del Indio. Mientras salía el sol en la tranquila playa de Chumico, nosotros preparábamos nuestras bicicletas para la partida entre las redes de los pescadores que todavía estaban en sus camas. En cuanto rayó el sol tomamos nuestra foto de partida para documentar nuestro inicio del reto: del Pacífico al Caribe en un fin de semana.

Irene Caballero, Joaquín Gil del Real, Andrés Correa, Antonio Grijalba, Edgar Miranda, René Van Horde, Roger Bennett y yo, Irving Bennett, conformábamos los ocho que haríamos el cruce del Istmo de Panamá de playa a playa, desde Chumico en el Pacífico hasta la playa de Boca de Río Indio en el Mar Caribe. Con la excepción de Joaquín, Edgar y Tato (René), todos ya anteriormente habíamos tenido experiencia con el Reto del Indio, ya sea parcial, como Irene y Antonio, o completa como Andrés y los Bennett. Este era el tercer año de Andrés, que al igual que Irene, empezó con la pedaleada primero, y luego se anotó al Reto completo.

A las 6:32am tomamos la foto de la partida, nos montamos en nuestras bicicletas montañeras, y nos dedicamos a pedalear hacia Río Indio Nacimiento, donde haríamos la transición a la caminata. Primero pasaríamos por El Valle de Antón, luego subiríamos a La Mesa del Valle, a 880 metros de altura, el punto más alto de nuestro recorrido. Desde allí bajaríamos hasta la Escuela de Río Indio Nacimiento. Según el registro de las fotos, a las 9:42am ya estábamos bajando hacia el mercado de El Valle donde nos reagruparíamos con los ciclistas que nos acompañaron en la pedaleada.

La subida por el trillo de Las Guías estaba estupenda: soleada, pero con una brisa fría que nos mantenía bien refrescados en la bicicleta. Cada año el sendero se hace más fácil por que las motos de cuatro ruedas que lo están recorriendo regularmente van botando las piedras grandes del camino. También, cada vez los autos están llegando más abajo por la calle que baja de El Valle. Ya han pasado El Macano, llegando hasta un pinar cuyo nombre no recuerdo ahora. Las bicicletas de doble suspensión y los amortiguadores delanteros con mayor recorrido también hacen que el camino sea menos extenuante. Aún así, el camino es un continuo ascenso desde el nivel del mar hasta El Valle, a 590 metros de altura.

Después de refrescarnos en el mercado de El Valle (yo me comí unas papas fritas para ingerir algo de sal con carbohidratos y una Malta Vigor de las grandes) seguimos nuestro ascenso hacia La Mesa. La subida desde el mercado hasta la finca de pollos Toledano es de 6 kilómetros. Luego cruzamos La Mesa hasta llegar al camino que baja al nacimiento del Río Indio, el cual seguiríamos toda la distancia hasta que nos llevara al Mar Caribe. A las 11:16am ya estábamos en donde inicia el descenso final hacia nuestro punto de transición a la caminata. A las 11:30am ya estaríamos almorzando y cambiándonos a nuestra ropa de caminar. Luego de montar las bicicletas a los carros nos tomamos la foto de la caminata: 12:32pm – seis horas después de haber partido de la playa de Chumico.

Este año no se nos sumó nadie a la caminata hasta Tres Hermanas, donde haríamos la transición a los kayaks. Todo el grupo estaba parejo, el camino seco, y nos movíamos a un buen ritmo por el terreno. Pronto llegamos a la poza de Jordanal en donde nos tomamos nuestro merecido descanso en su agua cristalina. Esta siempre es una parada de rigor. Como vamos sin prisa pero sin pausa a menudo pasamos de largo oportunidades para el regocijo en los hermosos parajes que vamos recorriendo. Jordanal siempre es la excepción. Este año hubo otras excepciones ya que Andrés insistió que parásemos en otro charco en el Río Indio, y yo lo acuerpé mientras todos nos veían impacientes por seguir caminando (como si hubiese apuro por llegar a algún lugar especial).

De hecho, este año llegamos más temprano que nunca a Las Claras Arriba, a las 6:30pm – antes que se pusiera el sol. A través de nuestra caminata había un grupo pequeño que sugería que siguiéramos caminando sin parar hasta Tres Hermanas. Esta conversación se acabó cuando las rodillas de Edgar comenzaron a lastimarlo y se fue quedando atrás, en compañía de Joaquín que fue solidario con él. Yo, que también me había quedado atrás por otras razones lo encontré (a Edgar) caminando con las piernas tiesas, como si fueran de palo, para no tener que doblar mucho las rodillas. Después de un rato nos volvimos a encontrar con el grupo que estaba sentado esperando que resolviera la incertidumbre que les plantaba una intersección con muchas opciones en el caserío del Harino.

A las 8:00pm yo era el único que todavía estaba despierto en Las Claras Arriba. Ya todos los demás se habían retirado a sus hamacas a descansar, anticipándose a la madrugada que les esperaba a las 2:00am. Edgar, que pensaba que no había dormido bien, jamás escuchó al borracho que pasó a caballo salomando, la fiesta que se formó en alguna de las casas cerca de la escuela, o a los perros husmeando por nuestro derredor. A las 3:30am ya estábamos nuevamente en movimiento. Este año la luna nos tocó llena y el camino se veía tan claro que no era necesaria la linterna de cabeza que llevábamos. Ocasionalmente la encendía cuando el follaje oscurecía mucho la ruta y el camino se tornaba difícil. Pronto llegamos al crux de la ruta, una sección que había que navegar correctamente en la noche. De lo contrario pasaríamos caminando más tiempo del necesario para enmendar cualquier error en ruta a Tres Hermanas.

Este año navegamos como si tuviésemos un GPS y llegamos directo a Tres Hermanas a las 8:31am, más temprano que nunca. Ahí nos encontramos con Kathy Herold y Juan Antonio De La Guardia que nos iban a acompañar en la remada. Ya estábamos en buena posición para llegar más temprano que nunca al Caribe, incluso bajando nuestro tiempo a menos de 36 horas para cruzar de océano a océano. Ya estábamos más cerca de poder planear un atentado a las 24 horas para completar el cruce total. Aun cuando pareciera una locura intentar romper las 24 horas, solamente quitando la dormida reducimos el tiempo a 27 horas en ruta. Cuando nos comprometemos a no dormir podemos sacar la hamaca de la mochila, los trastos para la comida, y caminar con unas 7 a 10 libras menos en la espalda. De hecho, podemos eliminar la mochila por completo y solamente llevar una correa con agua y algo de alimentación para la caminata. A las 27 horas que quedan le podemos restar la hora que nos tomó la transición de las bicicletas, más otra hora para la transición de los kayaks, y ya estamos en 25 horas de recorrido. Yo lo veo muy posible…

Este año la remada estaba más fácil que nunca. Solamente nos bajamos un par de veces a empujar el kayak cuando se puso muy seco el Río Teriá al fluir sobre unos pedregales. El agua estaba cristalina, el día soleado, y la brisa estaba fresca. Roger y yo nos dividimos a los remadores novatos para que no pasaran páramos tratando de aprender a remar un kayak por primera vez, en pareja, y por más de 8 horas. Hay que respetar a Edgar y a Tato que venían a remar por primera vez una distancia que muy poca gente con experiencia intenta remar en su vida: 44 kilómetros (como de Panamá a Capira, o de Panamá a Taboga tres veces). Eso es lejos… pero vamos río abajo, que lo hace más fácil de lo que suena. Pero aún así, no es fácil: Kathy y Juan terminaron su remada en un bongo que los bajó la última parte del río a motor.

Esta vez, por primera vez, pude apreciar gran parte del Río Indio que siempre había remado de noche. En otras ocasiones lo veía desde una piragua a motor, río arriba. Esta vez pude ver la Escuela del Chilar de día, a las 5:45pm – ya sabía que nos faltaba menos de una hora para llegar a la boca del Río Indio. Nuestros remos comenzaron a morder más agua y fuimos apretando nuestro paso en crescendo, cada vez un poco más rápido, apurados por romper las 36 horas. Siempre las últimas horas de remo son así: apretando el paso. Después de tanto remar uno tiene apuro por parar de remar. La paradoja es que entonces hay que remar más duro para poder parar de remar más temprano. ¡Lógico! Roger y Tato apretaron su remada y nos dejaron atrás, impotentes ante su creciente ventaja, solo pudimos ver como se nos iban alejando. Llegaron a Boca de Río Indio unos 5 minutos antes que nosotros, a las 6:25pm (menos de 36 horas después de la partida). Nosotros, todavía con dudas de llegar también debajo de las 36 horas (Edgar y yo) remábamos con toda la energía que nos quedaba. A las 6:30 llegamos a la playa y pudimos parar de remar. ¡Qué felicidad! Cuando nos bajamos del bote, nuestras piernas entumecidas casi nos hacen caer. Pronto el frío nos caló – el viento del Norte soplaba constante robándonos el poco calor que le quedaba a nuestro cuerpo. Unos pollos calientes más tarde, y bien hidratados, ya nos sentíamos mucho mejor.

 

Recorrido Detallado

No.

Segmento

Distancia

Kilómetro

1 – Chumico Redondo – Interamericana 4 kms. 4 kms.
2 – Interamericana – El Valle 26 kms. 30 kms.
* – El mercado será el punto de reunión en El Valle.
3 – El Valle – La Mesa 6 kms. 36 kms.
4 – La Mesa – Río Indio Nacimiento 3 kms. 39 kms.
* – Este será el punto de transición a la caminata.
5 – Río Indio Nacimiento – Río Indio Centro 8 kms. 47 kms.
5 – Río Indio Centro – Río Indio de Los Chorros 5 kms. 52 kms.
6 – Río Indio de Los Chorros – Las Claras Arriba 6 kms. 58 kms.
7 – Las Claras Arriba – Tres Hermanas 15 kms. 73 kms.
* – Este será el punto de transición a los kayaks.
9 – Tres Hermanas – Boca de Río Indio 44 kms. 117 kms.

 

Ya tenemos planeado El Reto del Indio 24 horas para este 14 y 15 de marzo. Vamos a partir a la 1:00pm para pedalear de día, caminar de noche, y llegar a la remada temprano, con la primera luz del día, para poder terminar remando con luz solar. Ya veremos como nos va…

Darien

Ipeti

Tenía más de 10 años de no estar en Metetí, Darién. Nunca antes había manejado hasta Metetí. Curiosamente, siempre había llegado a Darién caminando, volando, o en bote, pero nunca manejando. Varias veces salí de Darién en transporte terrestre, pero con más frecuencia salía volando. En aquellos tiempos en que frecuentaba esa provincia, la carretera Interamericana era más bien un camino de lodo.

Mucho ha cambiando ahora: se puede llegar a Yaviza en 6 horas de manejo en cualquier auto. Además, hay fincas con ganado y caballos a todo lo largo del recorrido. Los únicos bosques que quedan en pié a orillas de la carretera están en una reserva indígena. Visité el Filo del Tallo y pude ver que todo la planicie de Metetí es ahora un solo potrero con algunos árbole interspersos. Cada vez los bosques están más remotos. Y se podían ver árboles talados, en grandes cantidades, por varios lugares.

Como nota positiva, visité Ipetí y conocí a Nicanor, un Emberá de la comunidad que fue desplazada de Río Diablo cuando se inundo el Bayano. Hace años que tengo en mente un viaje para subir por el Río Diablo y salir por Narganá. Ya estoy planeando la travesía. Además, pedí unos remos que me tendrán listos en un par de semanas. Pienso regresar a recoger mis remos y luego remar el Ipetí hasta el Lago Bayano. Voy a llevar a mis hijos, para quienes también ordené un par de remos más pequeños. La verdad es que me alegra mucho haber hecho este viaje.

Ahora que el camino está tan bueno (comparativamente) es más fácil hacer viajes cortos a la región. Y los ríos son tan buenos para viajes en canoa, amplios y generalmente cristalinos, sin rápidos peligrosos para viajes familiares. Estoy preparándome mentalmente para el viaje a Río Diablo y la reunión con los Kuna. ¡Qué diferencia tan grande entre los Kuna y los Emberá! En la aldea de Ipetí Emberá la pasamos tan bien. Jamás he pasado momentos tan agradables entre los Kuna.

Camino Real 2008

Camino Real 2008
Camino Real 2008

Ayer regresamos de nuestro recorrido por El Camino Real de Nombre de Dios a Boquerón Arriba. Jordi y yo estábamos acompañando a Jesus Luna (jefe de campamento) y a Andrés Ciudad (sub-director) de La Ruta Quetzal 2008. Nos acompañó el legendario Luis Puleio, especialista de supervivencia en la selva de las antiguas Fuerzas de Defensa de Panamá. Además venían Yaser y Juan Carlos de SINAPROC. Hicimos nuestro recorrido habitual del Camino Real desde el punto hasta donde llega el auto por el lado de Nombre de Dios hasta Boquerón arriba.

Después de 18 años de estar haciendo este recorrido, no me sorprende mucho de lo que pueda encontrarme en el camino. Pero esta vez vi algo que nunca pensé que se daría en esta ruta. Un tractor había entrado por el río Nombre de Dios casi hasta Brazo de Cedro, acomodando la cama del río para poder entrar en un buen 4×4 hasta una finca que está como 5 kilómetros río arriba. Lo peor de esta destrucción indiscriminada es que había acomodado los bancos de los ríos para hacer posible el fácil tránsito, destruyendo playones y pozas que eran de los lugares más atractivos del río Nombre de Dios. Encima de esto, todavía vimos más tala y quema de bosque, también cerca de Brazo de Cedro. ¡Este tractor ha destruído propiedad pública sin reparo alguno!

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Darién

Hace rato que quiero regresar a Darién. Desde mediados de los ’90 no voy por Darién. Desde pequeño cuando caminaba y jugaba por la playa de Coco del Mar, en la casa de mi abuela, recuerdo mirar las costas que se veían a lo lejos. Me propuse que algún día las visitaría. Curiosamente después llegué a pasar bastante tiempo por Darién, metido siempre en aventuras. Una vez hasta viví por tres meses entre El Real y La Palma, trabajando. Creo que la última vez que estuve por Darién fue cuando caminamos a Cana.

He estado más recientemente por Piñas, pero no es lo mismo. Los bosques de Darién no son como los de ningún otro lado que haya visitado. Los árboles son inmensos y se puede caminar tranquilamente por medio de la selva. Sólo cuando se cae un árbol y se forma una maraña puede que se ponga difícil atravesar una parte. Los ríos son grandes y cristalinos. Y yo me siento como en mi casa.

A los 18 años pasé tres meses en San Blas con Operación Drake. Al final de esos tres meses me invitaron a que fuera intérprete en la Patrulla Balboa, que iba a caminar desde el Caribe hasta el Pacífico a través del Darién. Pasamos 21 días caminando hasta llegar a Santa Fe de Darién. Nos tomó tres días caminar desde el Chucunaque hasta la Panamericana. Los últimos dos viajes que he hecho para cruzar Darién me tomaron 9 días por una ruta similar. Nos ahorramos bastante camino porque salimos en piragua desde Canaán.

Pero cuando llegamos al Chucunaque nos encontramos con que todo lo que era bosque desde el río hasta la Panamericana había sido convertido en potrero. Y ahora, con un buen camino, solo toma unas horas caminar hasta la Panamericana. Uno de los detalles más increíbles de esos viajes es la ausencia de mosquitos en medio de la selva. Pero al llegar a las aldeas de los indios, que ahora viven reunidos en comunidades, los mosquitos y las chitras son una horda con sed de sangre.

Lástima que el camino por el Membrillo está tan cerca de Colombia. Ese camino es una verdadera belleza gracias al Río Tacartí y el Membrillo. Pero en realidad hay muchos otros lugares por donde atravesar Darién, como por Playón Chico, que ya está muy alejado de Colombia. Creo que haré el cruce por Narganá para salir a Río Diablo. He estado viendo el bosque y el río con Google Earth y la naturaleza se ve bastante intacta en esa región. Como Río Diablo está del otro lado del Lago Bayano, la represa protege el área de la devastación que se está dando en el Darién.

Sendero Las Brujas

Jordi y RompyEste carnaval fuimos Jordi (mi cuñado) y yo a caminar el sendero de La Brujas, un trillo que va desde Bajo Grande, en el Río Grande, hasta Los Chorros de Olá, en el Río Olá. Había escuchado del sendero por Miguel Esquivel, y luego leí en Weekend un reportaje sobre el sendero. El nombre de Sendero Las Brujas se lo puso Miguel al camino. En el reportaje hablaban que habían tomado tres días para hacer el sendero, pero la distancia era muy corta para tomarse tanto tiempo.

Nosotros sabíamos que podíamos cubrir cómodamente esa distancia en un día y medio. Arreglamos el viaje para que nos dejaran en Bajo Grande y nos recogieran en El Ciruelo, después de Los Chorros, al día siguiente, poco después del medio día. El sendero se notaba interesante en la carta topográfica por que mucho del recorrido era por los filos del Cerro Golondrina, a más de mil métros de altura. El sendero inicia con una trepada desde Bajo Grande hacia Las Sabanas, un pueblito que está repleto de árboles de naranja.

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