Tanner Trail, Cañón del Colorado

Caminata al Río Colorado bajando por Tanner Trail en el Cañón del Colorado, Arizona, Estados Unidos.

A finales de octubre finalmente pude regresar al Cañón del Colorado. Hacía 35 años que no regresaba a pesar de tenerlo siempre presente en mi mente. Esta vez se me presentó el espacio de tiempo correcto para hacer una breve incursión entre una convención de negocios y una carrera de 100 millas. Posiblemente una bajada al Río Colorado no era la mejor forma de prepararme para correr 100 millas justo después de la actividad, pero la cosa era ahora o vaya usted a saber cuando.

Mi plan original era bajar por Tanner Trail, bordear el Río Colorado por el Sendero de Escalante, y volver a subir al South Rim (el Borde del Sur) por el sendero de New Hance. Bueno, en realidad mi plan original era menos ambicioso y solamente quería bajar por Bright Angel, dormir en Cottonwood y subir de regreso por Kaibab. Cuando escribí a pedir el permiso me dijeron que era imposible porque estaba totalmente lleno el cupo para esa travesía. Así es que de allí salté al plan B y escogí esta ruta alterna. En realidad esta ruta me gusta más que la idea original, solamente que era más sensato hacer el recorrido por los caminos más conocidos. Yo nunca había bajado hasta el mismo Río Colorado, a pesar de haber hecho dos caminatas de una semana cada una por la plataforma de Tonto, una en 1980 y la otra en 1981.

Como sabía que tal vez Lagarto iría a correr Javelina Jundred conmigo, decidí incluirlo en mi permiso pensando en la posibilidad que se uniera en la caminata. Uno nunca sabe con qué se va a salir ese reptil. Cuando me contacte con el parque para pedir el permiso para la ruta que deseaba me informaron que solamente estaba disponible el segmento de Tanner. Así es que eso fue lo que pedí, y eso fue lo que me dieron. Pero me dijeron que podía salir de la playa de Tanner por la ruta que quisiera, que era casi lo mismo que si me hubiesen aprobado el plan original.

Con ese permiso ya podía planear toda la visita al Cañón del Colorado. Aunque breve, sabía que la visita sería toda una aventura. Hay pocos lugares en este mundo como el Cañón del Colorado y yo no conozco de ningún otro que se le compare en términos de vistas y tamaño: es algo verdaderamente sobrecogedor, espectacular y majestuoso. El plan era sencillo y delimitado por los dos compromisos principales: una reunión de negocio en Sacramento y una carrera de 100 millas el fin de semana.

Tenía que ser eficiente en mi empacada y tomar en cuenta todo lo que planeaba hacer. Me ceñí al mantra de super ultra liviano y empaqué lo menos posible para cumplir con mis tres objetivos. Dejé en el plan una visita a REI porque no podía viajar con combustible en el avión así que ahí terminaría de comprar lo que fuera que me hiciere falta antes de manejar al Borde Sur del Cañón del Colorado.

A último minuto se unió Lagarto, como pensé que podría suceder, y quedó incluido en el plan (cosa que le dio algo de tranquilidad a mi mujer porque así yo no estaría solo en el cañón). Volé a Phoenix, alquilé mi auto y me toco hacer tiempo esperando que llegará el vuelo de Croc (otro apodo del Lagarto). Una vez que recogí al Lagarto nos fuimos directo para REI a terminar de complementar nuestro equipo. De ahí pasamos por Walmart porque fue lo más cercano que encontramos para hacer el super y partimos para Tusayan, justo antes de la entrada al parque.

whatsapp-image-2016-10-28-at-12-27-07Al día siguiente entramos al parque, no tan temprano como me hubiese gustado, pero con suficiente tiempo para lograr nuestro objetivo del día: bajar a la playa de Tanner. Antes pasamos a visitar uno de los miradores en la sede del parque para tener un vistazo general de lo que nos esperada y ver la magnitud del reto que teníamos por delante: un descenso de 1,450 metros hasta el Río Colorado recorriendo Tanner Trail. Este sendero inicia en Lipan Point, al este de la sede del parque. Cuando llegamos a Lipan le dimos un último vistazo al abismo que nos esperaba y partimos.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-24Me tomó un par de intentos encontrar la entrada al sendero y ya esto comenzó a preocupar a Lagarto. No es que iba del todo tranquilo desde un principio, pero no le quedaba de otra porque jamás en su vida había caminado con una mochila al hombro. Iba a experimentar varias cosas por primera vez (Croc) — primera caminata con mochila, primera dormida al aire libre en una caminata, y primera visita al Cañón del Colorado. El Croc iba a tener una iniciación épica en el sendero de aventuras al aire libre.

A los pocos minutos de estar bajando mis piernas comenzaron a quejarse y en mi cabeza aparecieron los primeros indicios de dudas sobre la cordura de este plan. La bajada al río estaba empinada y los cuádriceps se quejaron desde el inicio. Ya no había de otra y al final del día veríamos cuanto daño iba a hacer el recorrido en nuestras posibilidades de terminar Javelina. Mientras solo quedaba apreciar lo espectacular del entorno y de las vistas que teníamos al frente. Ibamos bajando por un sendero angosto al principio de un cañón secundario que bajaba hasta el mismo Río Colorado. Estaba algo frío el clima por la elevación que había al principio del sendero (2,240 metros y bajaríamos hasta 823 metros al lado del río).

A pesar que eran las 11am cuando iniciamos el descenso la temperatura estaba sabrosa y el sol no nos estaba calcinando como habíamos pensado que podría suceder. El primer tramo del recorrido tiene unos andenes largos con caída abrupta a un lado. Luego va cambiando a una bajada empinada con grandes rocas que hay que pasar con cuidado. En varios lugares aún se pueden ver los huecos que se hicieron en las rocas para volarlas con dinamita. Habían pinos y cactuses entremezclados, una curiosa mezcla de vegetación desértica con plantas de alta montaña. Nos había tocado un día espectacular y el cielo estaba sin una sola nube. El cañón se apreciaba en todo su esplendor bajo un domo azul celestial.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-25

A medida que descendíamos el estrecho caño se iba anchando y nuestra vista se hacía expansiva, como cuando uno se acerca a una ventana y el paisaje se hace más amplio. Estábamos bajo sombra aun porque el sol estaba al sur de nosotros y todavía no pasaba sobre el borde sur del cañón para bañarnos en su luz. Esto hacía que viéramos el paisaje al fondo del cañón como si estuviésemos un un cuarto oscuro viendo una proyección. Después de una hora caminando, todo el tiempo descendiendo rápidamente, nuestras piernas estaban que ardían. Seguro que al día siguiente iban a hacer acuso de recibo del castigo que le estábamos dando bajando al río con una mochila al hombro.

20161026_112620La guía del sendero decía que la bajada al río tomaba de 6 a 12 horas para recorrer los 14 kilómetros del sendero a Playa Tanner. Nuestro plan era hacer no más de las 6 horas hasta el río. Al poco rato fuimos saliendo del primer cañón y pasando a la primera plataforma antes de la bajada final hasta el agua. Ahora ya no había nada que nos diera sombra y estaba ya comenzando a sudar en serio. Desde el primer paso estaba sudando pero ahora mi espalda estaba empapada. Llevaba 5 litros de agua por si las moscas estaba difícil filtrar el agua del río que se veía del color de su nombre. Mi amigo llevaba mucho menos agua porque el estaba seguro que no iba a necesitar mucho para la bajada. Luego caería en cuenta que iba a tener que tomar agua del río para poder volver de regreso arriba del cañón.

Nuestra parada de almuerzo fue bajo la primera sombra que encontramos. No había mucho de donde escoger, pero nos tocó un buen lugar con vista espectacular. Creo que no había forma de quedar en un lugar con buena vista. A donde uno volteara a ver todo era grandioso. Nuestro almuerzo era un emparedado que traíamos preparado para que fuese sencillo el proceso. Lo mismo haríamos al día siguiente cuando regresaríamos arriba.20161026_143655

Después de tres horas bajando llegamos a tener nuestro primer vistazo del río desde que habíamos iniciado el descenso. Todavía se veía lejos y era difícil saber cuanto tiempo nos tomaría llegar. Se veía relativamente cerca pero aquí abajo las perspectivas estaban distorsionadas por la magnitud de todo lo que nos rodeaba. Podíamos ver decenas de kilómetros a la distancia y el tamaño de las paredes que nos rodeaban nos hacían totalmente insignificantes. Era imposible juzgar precisamente las distancias y las elevaciones. Para eso estaba el mapa que llevaba en la mano, y era evidente que nuestro progreso era excelente y que llegaríamos al río antes de lo que esperábamos, tal vez un par de horas más.

Ahora ya la vegetación era típica del terreno árido que nos rodeaba. El silencio a nuestro alrededor era impresionante, especialmente para nosotros que somos del trópico donde todo lo que nos rodea es ruidoso y denso. La sensación de soledad sería abrumadora de no ser por la compañía. Ya no había nada más alto de 10 metros que no fuera hecho de piedra. Toda la vegetación evidenciaba lo duro que es apegarse a la vida en el terreno inhóspito que forma la parte inferior del Cañón del Colorado. Se podía apreciar los lugares por donde el agua corría cuando había agua pero no habíamos visto una gota de agua en todo lo que habíamos recorrido.

20161026_141916

Ahora los colores estaban fuera de registro por lo brillante que estaba todo el paisaje, como si la película estuviera sobre-expuesta por la cantidad de luz. Por suerte el calor ya estaba pasando al sol irse inclinando sobre el horizonte. Las paredes que nos rodeaban ahora eran inmensas y estaban compuestas de roca sólida. Al gritar el eco rebotada por largos momentos: aló… aló… aló… En uno de los bordes se veía una edificación que se conoce como El Castillo y esta nos permitía juzgar nuestro avance en la medida en que su posición iba cambiando en relación a la nuestra.

Llegando a las 4pm ya se veía cerca el Río Colorado aunque aun no se apreciaba donde finalmente iríamos a parar. Ya quedaban escasos metros de elevación que perder y kilómetros por recorrer. Pronto llegamos a la cama de una quebrada seca que nos llevaría hasta el mismo Río Colorado. En mis planes había pensado continuar el recorrido hasta la mitad del sendero Escalante pero ya había abandonado ese plan y la playa sería el destino final del día de hoy. Mañana sencillamente regresaríamos por el mismo camino que habíamos bajado. De lo contrario no me iban a quedar piernas para terminar Javelina Jundred el fin de semana. Hoy era miércoles y todavía faltaba ver cómo iban a quedar mis piernas después de ascender los 1,450 metros que acaba de bajar.

whatsapp-image-2016-10-28-at-12-37-03

Finalmente habíamos llegado al Río Colorado. Hicimos el recorrido en menos tiempo de lo que decía la guía. Yo había bajado apurado para poder recorrer parte de Escalante y mantener la posibilidad de salir por New Hance. Todo ese apuro había dejado mis muslos algo tiernos. El río, que se veía plácido a lo lejos, tenía grandes olas en lo que era el principio del primer gran rápido del Cañón del Colorado, los rápidos de Tanner. El agua era de color ocre y estaba cargada de sedimentos. Lo primero que hicimos fue recoger agua en balde para darle tiempo al sedimento que se asentara antes de filtrarlo. Esa misma agua la iba a hervir para poder preparar unos chocolates caliente y la cena de comida deshidratada que cargamos en la mochila. Un poco de ron en el chocolate iba a ayudarme a dormir feliz bajo las estrellas.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-27-1Después que bajó el sol, las estrellas fueron apareciendo poco a poco. Varios satélites recorrieron el cielo oscuro y se apreciaba la Vía Láctea en su esplendor. Como no había luna las estrellas se apreciaban con claridad por estar en uno de los lugares más oscuros sobre esta tierra. No se veía ninguna luz que no fuera natural (con la ocasional excepción de los aviones que volaban sobre nosotros). Hasta estrellas fugaces hicieron su aparición en la noche oscura. Habían pocas constelaciones que podía reconocer porque el cielo de esta época del año no es visible en Panamá porque siempre hay nubes ocultando el espectáculo nocturno.

Pasé la noche al descubierto durmiendo bajo una cobija de pluma de ganso que me mantuvo a una agradable temperatura. De hecho me desperté cerca de la media noche con calor porque me había dormido con un abrigo puesto en adición a la cobija. Justo cuando abrí los ojos pasaron dos grandes estrellas fugaces que dejaron largos trazos en el firmamento. Me quedé otro rato largo esperando para ver si por suerte habías más estrellas fugaces acompañando al par que me tocó ver pero caí dormido antes que aparecieran más.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-29-1El jueves amaneció despejado el cielo y el sol de la mañana le daba un color intenso a las grandes paredes que se alzaban frente a nosotros al otro lado del gélido Río Colorado. Nos hicimos un café, yo me comí una avena y pronto estaba listo para partir de regreso a Punta Lipan arriba del Cañón del Colorado, donde habíamos dejado el auto estacionado. Mis piernas no estaban tan mal después del abuso del día anterior pero si hacían acuso de recibo del desnivel que habían recorrido. Bajar usa los músculos de forma distinta a subir y todavía quedaba por verse cómo iba a quedar tras la subida que nos esperaba.

Así como me tocó ayudar a Lagarto a armar su tolda, tuve que ayudarlo a desarmarla nuevamente. Le tocó cargar la tolda solito por no querer dormir al descubierto bajo un cielo desconocido. Necesitaba la seguridad de un recinto cerrado para poder dormir tranquilo en su primera noche al aire libre. Solito se perdió el espectáculo que brindó la bóveda celestial para todos los que quisieran apreciarla.

20161027_094823El cielo azul de la mañana no duró mucho y pronto entraron unas nubes que le taparon la cara al sol. Mejor para nosotros porque así no nos íbamos a rostizar subiendo de vuelta al auto. Bajando había podido mantener un buen ritmo pero ahora no tenía las mismas esperanzas con la subida. Lagarto es un animal subiendo pendientes y no iba ni a tratar de mantener su ritmo. Estaba seguro que de repente se iba a sentir solo si me dejaba muy rezagado (y así fue). Es interesante como el mismo camino se observa muy distinto dependiendo de la dirección en que se recorre.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-30La misma torre que nos servía de referencia en la bajada ahora nos daba indicio de nuestro progreso en la subida. Al principio de la mañana las paredes altísimas que nos rodeaban iban cada vez acercándose más y apareciendo más cercanas. Pensé que nos tomaría mucho más tiempo subir que lo que nos demoró bajar pero pronto se hacía evidente que podías subir casi a la misma velocidad que habíamos bajado. Subiendo nos encontramos varios grupos que iban contrarios a nosotros. Casi todos iban por el recorrido que había planeado por este viaje. Una jóvenes iban a demorar cinco días haciendo lo que había pensado recorrer en un par de días. Creo que había sido un poco ambicioso en mi plan y había subestimado el costo físico del desnivel que hay que recorrer para llegar al río y salir de regreso en un par de días. Pero quien sabe y lo intente nuevamente con un poco más de entrenamiento para que sea alcanzable la meta.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-31Los últimos 300 metros de ascenso estaban difíciles y varias veces necesité un breve descanso para que mi corazón regresar a latir a un ritmo manejable. Ya para estas alturas el Croc iba como caballo de alquiler de regreso a casa, desbocado. Ni modo, le iba a tocar esperarme cuando llegará arriba porque yo no me iba a apurar subiendo (tenía que guardar piernas para el fin de semana). Pronto se fue poniendo fresco el aire a medida que ganaba elevación y el borde se iba acercando. Ya las ganas de una cerveza fría me hacían agua la boca. Eventualmente escuché a Lagarto gritar cuando terminó ileso su recorrido de Tanner Trail. Me tomó unos quince minutos más llegar al final de mi propio recorrido. Todavía me quedaba algo de ron para celebrar el logro. ¡Salud!

De allí nos fuimos a El Tovar a celebrar con una cerveza helada antes de manejar de regreso a Scottsdale para correr Javelina Jundred. En El Tovar nos encontramos con el Senador John McCain y lo saludamos (McCain nación en Panamá). La cerveza estaba sabrosa y me hubiese gustado tomarme más de una pero quedaban varias horas de manejo por delante. Realmente fue una tremenda satisfacción haber tenido la oportunidad de visitar este lugar tan espectacular y espero poder regresar pronto.

Mi dormitorio bajo las estrellas.
Mi dormitorio bajo las estrellas.

Boqueron 2014

Logré hacer otro viaje por el Río Boquerón antes que terminara el 2014 y pude hacerlo con Irving Henry. Nuestro grupo fue pequeño pero no hizo falta más nadie: Irving, Joaquín, Gil, Carl y yo. Esta fue la primera caminata de selva de Irving y la pasó con singular esmero – ni siquiera la sudó (a pesar que el camino estaba hostil por lluvia, derrumbes y ríos inundados). Es bueno tener todo preparado para partir hacia una caminata en cualquier momento porque empaqué minutos antes de partir y no me faltó nada (aparte de algo más de comida).

Puntual a las 5am llegaron los interesados en esta particular travesía anual que ya casi puede ser un peregrinaje para mi. Joaquín era el único veterano de este viaje, Irving es hijo mío y está medio acostumbrado a lo que le tire el camino y lo pobres holandeses no sabían que les venía por delante, pero ocasionalmente la ignorancia es una buena cosa. A las 8am y estábamos en camino por el Nombre de Dios rumbo a Boquerón arriba. Esta vez no llevamos cámara, yo porque no la encontré, Joaquín porque quería ir lo más liviano posible, y los holandeses sí llevaron la suya pero no tengo esas fotos.

La mañana inició espectacular con poco sol, un río cristalino y la temperatura agradable. Lo primero que me pasó es que dejé las medias en la maleta de ropa extra para la llegada. Bueno, nada que fuera a dañar el viaje ya que lo peor que podía pasar es que saliera con ampollas pero al final no pasó nada aparte de que mientras esperaba a los holandeses me sacaba las zapatillas para eliminar la arena y las piedras que se habían metido dentro del calzado. Las medias me hubiesen evitado tener que hacer esto una docena de veces pero no fue algo que desmejorara la experiencia. Tal vez me quedé sin medias de ahora en adelante porque me entretenía el proceso mientras esperaba al resto de los caminantes.

La primera parte del camino siempre es muy agradable porque caminos por el Río Nombre de Dios y el camino es fácil, bonito y fresco. Ya los holandeses se nos venían quedando atrás pero nada alarmante. Era evidente que venían sin apuro y no había forma de evaluar su capacidad física porque en ningún momento se quejaron de nada (sencillamente no venían paso a paso con nosotros). Hasta la cascada, que es el punto donde inicia la trepada seria hacia los rieles se mantuvieron con nosotros sin ningún problema. En este punto siempre tomamos un descanso y nos abastecemos de líquido porque no hay más agua segura por un buen rato. Hasta este momento cerca del medio día el día había estado cubierto de nubes pero seco. El camino estaba húmedo pero manejable.

Cuando iniciamos la trepada el grupo se logró mantener bastante compacto y el recorrido fue sin contratiempos hasta los rieles. Tomamos el filo habitual y lo seguimos a un paso tranquilo pero constante hasta que llegamos a los rieles a la altura habitual (unos 160 metros de altura). Cuando llegamos a los rieles Joaquín y los holandeses se nos perdieron, cuando aparecieron unos minutos más tarde la explicación fue poco clara. Era un indicio de lo que venía desde ese punto en adelante. No tuvieron problema en la subida, los problemas para ellos iniciaban en el camino técnico. Carl no era diestro del todo y se nos iba a quedar atrás consistentemente desde ese momento hasta el final del camino. Nada de esto era causa de preocupación porque sencillamente caminaríamos más horas y dormiríamos donde nos tomara la noche en lugar de donde nosotros hubiésemos preferido. Esto es lo habitual en cualquier camino que uno hace por primera vez – después de recorrer un mismo camino una cantidad de veces ya uno desarrolla hábitos.

Mi almuerzo fue pobre ya que al ir a empacar encontré que mi despensa estaba algo desprovista y no había hecho el viaje al mercado para proveerme de unos buenos panes para llevar unos emparedados listos. Por suerte Joaquín sí había hecho su parte y mi hijo le robó un par de emparedados para rellenar el hueco que tenía en su estómago. Llevaba una cantidad de geles y barras energéticas de almuerzo y comidas deshidratadas para la cena. Irving, mi hijo, es algo más selectivo que yo en cuanto a su alimentación: el prefiere comida natural apetecible y yo como lo que me encuentre, al igual que bebo el agua donde me de sed. Mi paladar es exigente, no puedo engañarme, pero puedo pasar días sin comer hasta que llegue a un lugar donde pueda alimentarme apropiadamente y en el entre medio como lo que encuentre.

Justo cuando estábamos saliendo de los rieles del viejo ferrocarril y llegando al Río Boquerón se abrió el cielo. La lluvia caía en cantidades torrenciales. Normalmente a esta hora ya estaríamos en el Boquerón pero una gran cantidad de árboles caídos en el camino nos habían demorado (y los holandeses lentos no ayudaron). Cuando llegamos al río que normalmente tendría unas pulgadas de profundidad encontramos que habían varios pies de agua corriendo por el cauce. No nos quedó otra que hacer nuestro propio camino. Normalmente esto algo ocasional. Esta vez era traumático porque los holandeses no podían seguirnos a través del monte. Iban tres veces más lento que nosotros a estas alturas y constantemente teníamos que parar a esperarlos. Y aquí sí había que parar ya que no estábamos en rutas claras porque íbamos campo traviesa y esta gente no podía distinguir la pica de mi machete. No entiendo como era eso posible…

Bueno, a las 5:45pm regresamos al río después de una travesía buscando atajos que no fueron muy fructuosos. En ese momento Carl rehusó a seguir moviéndose. No nos quedó otra que tomar la sensata decisión de hacer campamento allí mismo, al otro lado del río donde se veía mejor el terreno. La cena fue sálvese quien pueda con lo suyo como habíamos determinado desde el principio. Nosotros llevamos unas comidas secas que cocinamos en una estufa de alcohol que había hecho hace un tiempo. La verdad es que esas estufas son muy eficientes y livianas.

Irving estaba en su ambiente. Me alegró mucho ver que se sintiera cómodo a través de todo el camino. En ningún momento se quejó y estaba más bien siempre esperando tranquilo para ver que venía próximo. Como buen joven estaba siempre hambriento y sediento y una vez que esto fue arreglado procedió a dormirse profundamente. Solamente quedé yo con Carl quien procedió a beberse todo mi ron, que no era mucho para comenzar. Yo lo acompañé trago por trago pero hubiese preferido guardar algo para el día siguiente. Mi amigo Joaquín se tomó una onza de ron en su chocolate caliente y siguió a Irving directo a dormirse.

El domingo fue un día como cualquier otro, espectacular toda la distancia. Lo único que le restó al camino fue la preocupación de esperar a estos holandeses que nunca llegaban. En realidad no restó nada la espera porque tuvimos amplio tiempo para gozar de las pozas que venían una tras otra a lo largo del camino. Inclusive íbamos por delante de nuestro horario regular porque mientras nosotros descansábamos los otros caminaban y nunca los dejamos descansar mucho. Hasta que reventó Carl y no quedó otra que ver como lo sacábamos del medio del monte. Joaquín e Irving partieron por delante a buscar el auto y yo me quede con nuestros amigos para que no se perdieran.

Eventualmente, cuando todavía faltaba algo para salir del camino nos alcanzó el auto y nos acortó unos 5 kilómetros del camino. Irving y Joaquín habían llegado al auto una hora antes que nosotros y nos habían venido a buscar. A mi me alegró que fuese en ese momento porque ya llevaba un rato cargando la mochila de Carl y la verdad es que ya no era tan agradable como cuando voy con mi propia mochila que siempre es muy liviana porque solamente tiene lo esencial adentro. Carlo y Gil con su poca experiencia llevaban más de la cuenta en sus mochilas. Hay que tener mucha experiencia para decidir que “esenciales” se pueden quedar en la casa.

Nosotros terminamos felices todos y yo particularmente  estaba contento por haber logrado cumplir una de mis metas de principio de año: Boquerón 2014. Ya estoy planeando Boquerón 2015 y ojalá pueda hacer más de uno este año venidero ya que este es mi camino favorito en el universo entero.

 

 

 

Balboa Patrol

Balboa Patrol
Balboa Patrol

En 1979 crucé el Darién, de norte a sur, con la Patrulla Balboa. Balboa Patrol, como le llamaron los Ingleses, era un grupo de 21 personas que intentaríamos seguir la ruta que uso Vasco Nuñez de Balboa para cruzar el Istmo de Panamá en 1913 y encontrar el Mar del Sur, que luego Magallanes cambiaría de nombre a Oceáno Pacífico. Eso fue un 25 de septiembre de 1513, ya hace casi 500 años atrás. Ahora pronto estaremos celebrando esos 500 años y Panamá ha formado una comisión para planear las actividades y celebraciones. Como esa Patrulla Balboa fue algo muy importante para mi en su momento, yo también voy a planear mi propia conmemoración: voy a volver a repetir ese viaje.

Hace rato que estoy acariciando la idea de regresar a cruzar el istmo y ahora he encontrado el motivo perfecto para ponerlo firmemente en mi calendario. En 1979 nos tomó 21 días hacer el cruce hasta Santa Fe de Darién. No creo que esta vez nos tome tanto tiempo por que ya no hay tanta selva como existía hace 32 años. De hecho, las últimas caminatas que hice por una ruta paralela a la de 1979 nos tomaron unos 9 días. Pero aún nos faltaba algo por caminar para llegar al Chucunaque: nosotros bajamos en piragua desde Canaán, una aldea emberá-wounan en el Río Membrillo. Tal vez si hubiésemos caminado lo que nos faltaba, habríamos caminado unos tres días más. Pero ya no valía la pena seguir caminando por que estábamos en territorio de tala y quema.

Patrulla Balboa
Cruzando el Río Surcuti

Ya no queda nada de bosque tropical entre la Vía Inter-Americana y el Río Chucunaque. Ese tramo nos tomó tres días para cruzar en el primer cruce. La última vez caminamos a través de potreros como unas cuatro horas para llegar a Metetí. ¿Me pregunto cuanto irá a quedar para el año 2013 cuando vayamos a hacer nuestro cruce celebratorio? Panamá definitivamente tiene mucho que celebrar y por eso inicia los festejos desde el 25 de septiembre del 2012 y sigue la fiesta hasta el 2013.

Yo celebraré cuando termine nuestro cruce y encuentre que todavía queda algo de bosque en pié. En nuestro cruce partimos de donde Mark Horton, un joven arqueólogo en ese año, pensaba que quedaba Acla. Acla fue el poblado desde donde partió Balboa a “descubrir” el Mar del Sur. Nuestro grupo inició desde una playa en San Blas y nos adentramos a la selva con rumbo sur, en busca de aventura. Encontramos mucha aventura en el camino: el resumen de nuestro recorrido ocupa 8 páginas en el libro Operation Drake, del Coronel John Blashford-Snell. He estado leyendo esa entrada en el libro para refrescar mi memoria sobre ese viaje. Buscando en el internet he encontrado unas imágenes que subió Alex Gill, radio-operador de nuestro pequeño grupo.

Ya tengo en mente un plan para desarrollar la segunda versión de la Patrulla Balboa. De verdad que me entusiasma la idea de apartar un par de semanas para caminar por la selva. Hace rato que no me desconecto por completo de este mundo para regresar a las raíces mas primordiales de nuestra humanidad, la vida nomádica por la naturaleza. Los escapes de fin de semana son meramente un ligero paliativo para mi alma primitiva. Varios años se me han pasado planeando volver a transitar Darién y ahora voy a apartar el tiempo a futuro para asegurar que se cumpla la aventura.

Operación Drake

Darien1979-Drake
Darien1979 - Operación Drake

Hace muchos años vino a Panamá una expedición Inglesa en la que participé junto con otros jóvenes panameños y del resto del mundo. Fue una experiencia que cambió mi vida, en particular me influenció una caminata a través del Darién que nos tomó 21 días completar. Lo que más me impresionó de esos 21 días fue lo contento que estuve con tan poca cosa, con tan solo lo que llevaba a mis espaldas y la compañía de buenos camaradas.

Esa experiencia fue algo de lo que hablé por mucho tiempo, fue un hito en mi vida. Hoy poco me acuerdo de esos días. De hecho, esta vez me acordé por que vi la foto adjunta. Pero pensaba en realidad en cómo las metas pasan y solamente queda la experiencia, algo por la línea de que la vida no es un destino, sino el camino mismo. Mientras más caigo en cuenta de esto, más me fijo destinos y metas por que la vida es lo transcurre entre medio.

Resulta que si uno no se fija metas, o destinos, todo el tiempo transcurre en el mismo lugar. De ser así llegaría a viejo habiendo vivido toda una vida sin cambios, confinado a unos cuantos metros cuadrados, con un conjunto de experiencias muy finitas. Por mucho tiempo me fue difícil ponerme grandes metas, mi atención era difícil de fijar en un sólo propósito.  Curiosamente, hoy me cuesta diversificar mi atención y me enfoco mucho en las ideas y metas que estoy trabajando. Fácilmente me fijo metas pensando en varios años por delante y me alegro cuando se están acercando. Ahora estoy a pocas semanas de Western States 100, y ya tengo al Ultra Trail de Mont Blanc a poco más de un año.

De cierta forma, estas dos experiencias, WS100 y UTMB, son la culminación de lo que inició en Operación Drake, una vida de aventura. Pienso en esto por que he estado ocupado con la idea de terminar estas carreras e imaginarme que queda después – ¿Qué es lo que uno recibe de estos eventos? Seguridad y experiencia: esa es la conclusión a la que he llegado. Uno recibe la satisfacción de haber cumplido una tarea. ¡Listo! ¿Ahora qué sigue? ¿Qué es lo próximo?

TransPanamá 2011

Ilustración del Recorrido del TransPanamá

Este verano quiero recorrer todo el sendero del TransPanamá. Como mucho, no quiero que pase del 2011 para terminar el recorrido. Me encantaría poder hacerlo de un solo envío, pero tal vez deje ese para un segundo recorrido, cuando ya tenga una buena idea del recorrido completo. Por suerte Miguel Esquivel, [link id=’1356′ text=’gestor’] del sendero, me envió la pista del recorrido por que aún no lo han publicado.

Estoy seguro que en un futuro cercano el Proyecto TransPanamá cumplirá con el último punto de su misión, que es, finalmente, publicar la documentación del recorrido. Ya han hecho todo el trabajo pesado, y ahora solamente queda el trabajo tedioso de organizar y publicar el detalle de la ruta. Por ahora, yo procuraré hacer lo que pueda con la información que tengo. Tengo la pista de toda la ruta en formato gpx, y todos los mapas del Tommy Guardia que cubren el recorrido.

Desde que caminamos de [link id=’62’ text=’Panamá a El Valle’] quedé con las ganas de extender el recorrido hasta David, y, luego, Costa Rica. Este 2 de enero del 2011 cumpló 50 años y creo que esto hace del 2011 una fecha apropiada para re-visitar ese recorrido y completarlo. Estoy seguro que contaré con la compañía de mi familia y muchos amigos. Inclusive, Luis Carlos Stoute también comparte el deseo de recorrerlo en un solo envío. La [link id=’1358′ text=’ruta’] Transpanamá desde Campana hasta la frontera con Costa Rica tiene 570 kilómetros. ¡Esa es una distancia épica!

Así es que ya estoy poniendo en movimiento los engranajes para compartir esta aventura con mi familia y amigos. Me encantaría recorrer la ruta con Irving, mi hijo, pero no estoy seguro cuanto el apreciaría pasarse un par de semanas caminando con su viejo. Tal vez la pasaría bien por un par de días, y esos los puedo conseguir fácilmente, incluyendo a Lorena y Laura Elena. El resto son más complicados.

Reto 24 Horas

Ayer terminamos nuestro 6to Reto del Indio en menos de 24 horas. Después de cinco años durmiendo en el camino decidimos que lo haríamos sin dormir y calculamos que si no parábamos podíamos hacerlo en 24 horas. ¡Si se puede! La foto de partida la tomé a las 13:52 del sábado, y la foto bajo el puente del Río Indio la tomé a las 13:38, 23 horas y 46 minutos más tarde. Y todos terminamos en mejor ánimo que en años anteriores.

Para lograr hacer el recorrido en menos de 24 horas hicimos unos pequeños cambios, de los cuales el más importante fue no dormir. Este fue el mayor ahorro en tiempo que logramos. El no dormir también nos permitió caminar más rápido al eliminar una cena, un desayuno, y los pertrechos para dormir – caminamos sin mochilas. Otro cambio fue que alargamos la bicicleteada por que ahora los autos nos podían recoger en Jordanal, unos kilómetros más allá de Río Indio Nacimiento. El camino estaba recién cortado y tenía una capa fresca de tosca compactada que no creo que esté igual para el 2011. El tercer cambio fue llevar la transición a los kayaks hacia el Río Indio: caminamos 30 minutos más y nos ahorramos una hora remando. También eliminamos una parada extensa que hacíamos en El Valle para agruparnos y tomarnos unas pintas.

Otro cambio que hicimos fue partir a la 1:52pm del sábado, en lugar de partir a las 6:00am como habíamos hecho en años anteriores. Logramos llegar a Jordanal con los últimos rayos de luz. Al final de la bicicleteada habían unos descensos intensos que se hacían peligrosos en la penumbra que nos envolvía. Llegamos a Jordanal a las 6:47pm – menos de 5 horas. Antes nos tomaba ese mismo tiempo llegar a Río Indio Nacimiento, unos 5 kilómetros menos. La idea era entonces caminar toda la noche para llegar a la transición de los kayaks con la primera luz del día. A las 5:20am estábamos a orillas del Río Teriá, a menos de un kilómetro de donde desemboca al Río Indio. Daniel e Iñaki, que no querían correrse el riesgo de no romper las 24 horas, partieron prontamente a las 6:00am, seguidos de cerca por Robert y Joaquín, que llevaban un kayak más lento. Los otros, por dormir un ratito, partimos a las 6:30am, desperdiciando media hora de luz.

A Daniel e Iñaki no los volví a ver más. Después de unas dos horas remando llegamos a Boca de Uracillo junto con Robert, Joaquín, Jordi y Jorge Patricio. Como a las tres horas Roger y yo dejamos atrás al resto del grupo para remar sin pausa hasta la Boca de Río Indio. Si Daniel e Iñaki rompían las 24 horas, y nosotros no lo hacíamos, nos iban a dar cascarita y jarabe de pico por el resto del año. Las últimas horas de la remada se me hicieron interminables… Frecuentemente me dormía remando y me despertaba el golpe de mi remo contra el remo de mi hermano (cuando me salía de ritmo). A las 11:35am pasamos La Encantada y le dije a Roger que nos quedaban dos horas antes de llegar al mar, teníamos tiempo suficiente para llegar en menos de 24 horas si no dejábamos de remar por las próximas 2 horas.

A la 1:02pm pasamos El Chilar, el último caserío antes de Boca de Río Indio, como 45 minutos remando. Romper las 24 horas iba a estar cerca para nosotros, y ya Daniel e Iñaki estaban cerca de lograrlo. Tenía sed, el kayak estaba lleno de agua y no queríamos sacarla para no perder tiempo, tenía hambre, tenía sueño, las manos parecían pasitas después de 6 horas pegadas al remo, los hombros me quemaban y los flexores del antebrazo derecho se estaban inflamando. Capitán Kirk a Scotty: ¡Necesitamos más potencia, más potencia! 36 minutos de agonía y angustia pasaron mientras remábamos, y remábamos, hasta que llegamos a la Boca del Río Indio. ¡Lo logramos! Cuando pisé la playa sentí una gran satisfacción por que nuestro plan había sido ejecutado sin contratiempos y nuestros cálculos fueron precisos. Y, de hecho, me sentía menos cansado que en años anteriores: había dormido bien el viernes y estaba seguro que dormiría bien esa noche. En otros años dormía poco el viernes, poco el sábado, y poco el domingo…

Bueno, a la cantina de Clory a tomarnos unas pintas y un arroz con frijoles y pollo guisado. Los autos no habían llegado aún de Tres Hermanas y les faltaban unos 30 minutos antes de encontrarnos. Era tiempo para echar cuentos, comparar notas, y pensar en El Reto del Indio 2011 (o, tal vez, no). Como siempre, alguien dijo que no volvía a repetir esta locura. Lo he escuchado antes… Pero en unos meses el dolor y el cansancio se olvidan y solamente quedan los buenos recuerdos y las ganas de volver a repetirlo.

Perdido, Nunca

Un tema que siempre sale en las caminatas es el de perderse. Mucha gente que ha caminado conmigo se recuerda de haberse perdido junto a mi. Lo raro es que yo no recuerdo haber estado perdido jamás. El detalle está en lo que cada uno puede considerar como perdido. Para mi perdido es cuando tienes que llamar a los rescatistas para que te vengan a sacar (o alguien los mande a llamar por que no apareces), después que te encuentren. Yo he estado en lugares que estaban fuera de mi ruta intencionada y he tenido que corregir el rumbo para llegar a donde quería, pero nunca perdido al punto que me hayan tenido que rescatar.

Hace unos años un grupo se perdió en el Camino de Cruces y pasaron la noche en el bosque. Como tenían un celular, y señal, llamaron a alguien para que los fueran a rescatar. Ellos sí estaban perdidos, perdidos en un pequeño bosque rodeado de civilización. Yo no entiendo como alguien podría perderse en un espacio tan pequeño, y con un sendero tan bien marcado. Tiene que ver con que no iban preparados, no tenían experiencia en orientación, y no tenían un mapa mental del terreno que los rodeaba. Yo no me hubiese metido en ese sendero sin un mapa y una brújula.

Por muchos años me metí a caminar a campo traviesa por el bosque tropical húmedo (“la selva”) navegando a punta de brújula. El GPS no existía, y, luego, aún con GPS, tampoco servía. Ahora hay unos GPS como el Garmin 60csx que prácticamente no pierde la señal nunca. Los GPS viejos no tenían antenas suficientemente sensitivas para captar la señal de los satélites a través del docel del bosque. Aún, algunos modelos modernos todavía no tienen antenas que sirvan bajo la cubierta espesa de los arbóles. Bueno, el punto es que me atrae caminar buscando mi propio sendero usando como referencia un mapa y teniendo un objetivo en mente. La brújula es él instrumento predilecto para este menester. La brújula siempre debe tenerse como respaldo para un gps ya que a la brújula no se le acaban las baterías.

He salido tarde en muchas travesías cuando el terreno se ha tornado más difícil de lo que estimé. O cuando me ha resultado imposible seguir la ruta que me propuse. Pero siempre, siempre, logré salir por mis propios medios del lío en el que solito me había metido. Supongo que por tener una tremenda confianza en poder resolver los problemas que se me presenten, nunca pensé que estaba perdido. Solamente sabía que no estaba donde pensaba que quería estar. Pero a veces resultaba que encontraba lugares que estaban mejores de lo que esperaba encontrar.

Entre las personas que me han acompañado en estas travesías han habido varios a quienes le ha causado mucho estrés el saber que estábamos fuera de la ruta intencionada. Al no tener un mapa en sus manos, y desconocer como usarlo si lo tuviesen, se sentían perdidos al punto que hubiesen llamado a Spock si contaran con un teleportador. Para mi esa era parte de la diversión – tener un problema que resolver, orientarme y seguir un azimut. En varios viajes he seguido un azimut por varios días a través de terreno hostil, subiendo y bajando lomas, atravesando quebradas y barrancos. Pero al final siempre encontré la satisfacción de llegar a donde quería, no estaba perdido.