Bocas del Toro a Colón Remando

Chiriquí Grande

Este 12 de julio terminamos de remar de Chiriquí Grande en Bocas del Toro a Miguel de La Borda en Colón. Teníamos años hablando al respecto hasta que logramos concretar el viaje. Mi cuñado Jorge Espino, mi hermano Roger y su hijo Rogelio, Iñaki Lasa y yo fuimos los que quedamos en los botes (había un grupo grande de interesados que al final solo vieron los toros desde la barrera). El viaje fue más difícil de lo que anticipamos y para mí, más memorable de lo que esperaba.

Cruzando a Escudo de Veraguas

El Escudo de Veraguas siempre fue uno de los objetivos del viaje pero cuando concretamos las fechas quedamos con 5 días disponibles para concluir el viaje (3 menos de lo que había estimado originalmente). Cuando partimos, el itinerario era Chiriquí Grande, Tobobe, Río Chiriquí, Calovébora, Petaquilla y Miguel de La Borda. Cuando llegamos a Punta Toro hablamos con la primera persona que apareció y nos preguntó hacia adonde íbamos. Cuando le contamos nuestro destino nos dijo que eso estaba muy difícil.

En Tobobe hicimos nuestra próxima parada y de una vez llegaron varios ngabe. En la conversa nos dijeron lo mismo: la costa estaba muy difícil en esta época del año, septiembre es cuando el viaje se puede. Prácticamente estábamos por abortar el viaje y decidimos salvarlo haciendo una parada en Escudo de Veraguas porque todos decían que ese viaje era más factible. Así es que seguimos bajando por la costa hasta Punta Escondida porque era uno de los lugares donde podíamos desembarcar.

El grupo en Escudo de Veraguas

El cruce de Chiriquí Grande a Punta Toro había estado muy fácil porque la Laguna de Chiriquí está muy protegida y el agua es muy tranquila. En cuanto fuimos pasando Punta Toro ya se iba viendo el cambio: sobre los arrecifes las olas estaban rompiendo con fuerza y se notaba que las olas de fondo estaban grandes. Cuando le dimos la vuelta a Bluefield’s Point y vimos Punta Kusapín sabíamos que estábamos en problemas porque el mar estaba muy enredado con las olas de fondo reventando en el arrecife y el viento soplando con fuerza. Por suerte se nos acercó un bote y nos dijo que teníamos que abrirnos mucho y dar la vuelta lejos de los arrecifes.

Era imposible para nosotros entrar en Kusapín porque las olas cubrían de espuma blanca todo el arrecife frente a Kusapín. Seguimos hacia Tobobe porque no quedaba de otra. Después del descanso y la conversa en Tobobe seguimos nuestro camino hacia nuestro primer campamento de intensión cerca de Shark Hole Point. Justo cuando nos alejamos de la costa nos atrapó la primera lluvia intensa y nos dejó sin visibilidad alguna. Estábamos sobre un arrecife y a duras penas podías ver que teníamos al frente. Cambiamos nuestro rumbo hacia la costa nuevamente porque no queríamos quedar dentro de alguna rompiente. Cuando nos acercamos a otra orilla encontramos un buen lugar donde poder volver a tocar tierra y decidimos que allí acamparíamos este primer día.

Mauricio salió a nuestro encuentro de una vez ya que esta era su tierra. Nos volvió a confirmar que apenas habíamos pasado la parte fácil de nuestro viaje y lo que venía sería más duro. Jorge negoció nuestro campamento y le pidió a Mauricio que nos consiguiera unas langostas. A la hora regresó Mauricio que seis langostas para la cena y las hervimos para acompañar lo que ya habíamos cocinado. Habíamos llevado un gran techo que resultó vital para la cocinada y la conversa porque las lluvias venían intermitentes a través de toda la noche.

Campamento en El Portete

Temprano al día siguiente recogimos nuestro campamento y partimos a Escudo de Veraguas según nuestro plan de viaje revisado. El cruce de 28kms de mar abierto al Escudo nos tocó relativamente tranquilo, y no nos llovió. Salimos solamente con un rumbo hacia un horizonte abierto y como a la hora de estar remando apareció algo que parecía una isla. Con el paso de las horas fue creciendo hasta que ya se podían distinguir los detalles de la costa. Primero nos acercamos a Playa Larga y luego fuimos hacia la punta este donde Roger había decidido que quería investigar y acampar.

Al llegar a la punta este vimos que Booby Cay ofrecía protección con un gran arrecife que estaba siendo embestido ferozmente por unas inmensas olas que después de ser reventadas por el coral llegaban como leves ondulaciones a la orilla. Encontramos la isla abandonada y sin un alma que la habitara. Habían cabañas abandonadas en esta playa que daba al norte y buscamos un lugar agradable donde colocar nuestro campamento para luego ir a investigar más sobre este lugar que ya se sentía mágico.

Pasamos la tarde navegando por docenas de islotes que estaban entre el arrecife y la costa. Entre los islotes habían canales de agua cristalina y caliente, algo realmente espectacular. Lástima que no podíamos bucear el arrecife porque el mar al norte realmente estaba tratando con todas sus fuerzas de destruir el coral y a cualquiera que se le acercara. Este lugar en septiembre con un mar tranquilo tiene que ser aún más fuera de serie de lo que se podía apreciar. Todos quedamos de acuerdo que debemos regresar.

Nuestro tercer día iba a ser un cruce de mar abierto de 50kms directo a Calovébora. A las 5am ya estaba preparando el café y a las 7am dejamos nuestro campamento. Una gran tormenta se veía que venía en camino y en cuanto salimos de la protección de la isla sentimos la fuerza del viento que ahora estaba soplando del suroeste en dirección a la tormenta que lo estaba chupando. Como a la hora de seguir nuestro rumbo de intensión decidimos cambiar nuestro rumbo y dirigirnos directo a la costa porque las olas y el viento estaban subiendo su nivel de intensidad.

Las olas en El Portete

Navegamos casi 35kms de mar entre olas y viento que nos tenían en constante tensión porque la canoa que nos acompañaba es un bote abierto al que había que estar achicando el agua que entraba cuando era golpeado por las olas. Nuestros kayaks abiertos no tenían problema en ese mar pero todo nuestro viaje dependía parcialmente del cargamento que llevamos en la canoa. Todos estuvimos callados hasta que ya teníamos la costa cerca y parecía que nos habíamos salvado de lo peor.

Cambiamos nuestro rumbo para seguir navegando hacia Calovébora que ya estaba como a unos 30kms. Lo que veíamos en la orilla nos preocupaba porque era tal como no lo habían pintado los indios: no había como entrar a las playas porque las olas estaban rompiendo con fuerza en la arena. Y nos habían dicho que la canoa no podría entrar en Calovébora porque la “cabeza” estaba muy grande (la ola que rompe antes de entrar el río). Para aumentar nuestros problemas, otra tormenta nos estaba alcanzando por el oeste ahora.

Cuando la cosa estaba cambiando a tétrica, Jorge, que estaba en la canoa, decidió que podía entrar a la playa porque la única punta que habíamos visto desde que dejamos Escudo atrás le daba un poco de protección de la fuerza de las olas. Todos caímos en esa playa justo antes que nos alcanzara un fuerte viento acompañado de lluvia intensa. ¡Increíble suerte que tuvimos! Vimos que atrás de las plantas en la playa había una gran finca y entramos a investigar mientras nos protegíamos de la lluvia bajo el techo de un gran rancho que parecía ser usado para actividades comunitarias. Decidimos que pasaríamos la noche en este agradable lugar.

Según el mapa habíamos caído en Cahuita, entre Santa Catalina y Calovébora. Apenas estábamos a mitad de camino y llevábamos tres días navegando. El cuarto día iba a ser un día muy largo si queríamos llegar a Miguel de La Borda en el quinto día. Después de pedir permiso para pernoctar en el rancho fuimos a bajar todo de los botes y esconderlos tras unos arbustos según el consejo de los moradores Elías y Wali. Pasamos una noche muy agradable y secos. Hasta ahora casi todos habían dormido mojados por problemas misceláneos con sus hamacas.

A las 4am estaba calentando el café y a las 6am partimos para Petaquilla. Nos tocaba un día largo. Las horas pasaban, los pocos lugares habitados pasaban, y no aparecía ningún lugar donde pudiésemos tocar tierra. Toda la costa entre Río Cañas y Miguel de la Borda está muy poco habitada y la razón era evidente: las playas ofrecían poca protección contra la fuerza del mar. Además, mucho del frente de mar estaba formado por grandes acantilados que no permitían desembarcar del todo. Las entradas de los ríos están bloqueadas para embarcaciones pequeñas como las nuestras por las olas que se forman sobre la barra de arena que naturalmente se forma ahí.

Cerca de las 3pm pasamos frente al Río Petaquilla y vimos que podíamos entrar ahí pero decidimos seguir de largo porque todavía necesitábamos avanzar si queríamos estar en Miguel de La Borda al día siguiente. Poco después pasamos frente a la mina de Petaquilla. El lugar es inmenso y desde hacía horas veíamos una estructura que se elevaba sobre la selva. Era una gigantesca chimenea que salía de una galera aún más grande. La inversión material que ha sido hecha en este lugar se notaba astronómica.

Seguimos de largo con la esperanza de poder entrar en Coclé del Norte. Habíamos pasado varios ríos donde pensamos que se iba a poder entrar pero no tuvimos suerte. Y estábamos cerca de las doce horas de haber partido y la costa seguía igual, sin ofrecer lugar alguna donde poder entrar a pasar la noche. Justo cuando acabábamos de tratar de entrar en una playa nos cruzamos con un bote y le hicimos señas. Después de conversar nos dijeron que era justo en esa playa donde podíamos entrar y nos enseñó como podríamos entrar entre las olas con mucho cuidado.

Roger e Iñaki lograron entrar sin problema. Cuando Rogelio y yo fuimos a entrar quedamos surfeando una gran ola hasta que llegando a la orilla la punta de nuestro bote se hundió en la ola, tocó la arena, y la proa del bote se levanto verticalmente y nos lanzó al aire. Rogelio quedó parado en la arena de una vez pero yo salí por encima de él y casi me cae el bote encima. Por suerte no pasó nada peor tras la volteada y todo lo que estaba en el kayak estaba bien amarrado. Jorge logró entrar en la canoa sin mayores problemas. Habíamos parado en El Portete tras un día maratónico de 80kms. Y el lugar estaba muy agradable para nuestra suerte.

Ya el viaje estaba prácticamente concluido porque solamente quedaban unos 35kms para el día siguiente. A pesar de todas las condiciones hostiles que encontramos habíamos logrado perseverar. La canoa Old Town Tripper XL de 20′ había dado la talla gracias a que Jorge la había manejado con mucha habilidad. La bomba de achique hasta había perdido su agarradero por el uso que había recibido en los cruces pero por suerte seguía sacando agua. Nuestros kayaks dobles de 17′ habían navegado muy estables a través de todas las olas, los vientos y la lluvia.

La cuarta noche duramos más que todas las anteriores antes de caer cansados en nuestras hamacas. Estábamos bastante contentos porque ya sabíamos que íbamos a lograr concluir exitosamente nuestra travesía. Ya quedaba poco que beber y de comer, pero fue suficiente para ir satisfechos a dormir en nuestras hamacas. Al día siguiente nos despertamos con calma y empacamos sin prisa porque antes del medio día estaríamos en Miguel de La Borda.

Photos en Google: https://photos.app.goo.gl/7oswLVHF46noMKiB3

Puntos Importantes: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1CK99RcvdLrfLnLl9fYy7Dydtl3l3ewNLW5K0NHWCezI/pubhtml

The Panama Cruising Guide de Eric Bauhaus y Almanaque Azul son buenas referencias.

 

Nombre de Dios a Gamboa

Ruta Nombre de Dios a Gamboa

Anoche regresé de caminar y remar de Nombre de Dios a Gamboa. El lunes en la mañana me escribió mi amigo Juan Antonio preguntando si quería llevar a unos hombres a caminar el Camino Real y le dije que me interesaba. Al reunirme con la gente, eran un par de tenientes de la Marina y un teniente de los Marines, me dijeron que querían cruzar el Istmo en tres días. Después de decirles que estaban locos les conté de un viaje parecido que había hecho con Scott Schumaker y Jorge Heilbron hace unos años atrás. Les gustó la idea y al día siguiente partimos a recorrer el Istmo.

Básicamente, en una día caminamos 38 kilómetros desde Nombre de Dios hasta Boquerón arriba, y, al día siguiente, remamos 40 kilómetros desde Boquerón Arriba hasta Gamboa. Ellos siguieron caminando por el Camino de Cruces y luego por la calle hasta llegar al puerto de Balboa. Todavía no he escuchado sobre su llegada, así es que asumo que están caminando aún, si es que no están perdidos en el Parque Camino de Cruces. Ya me enteraré luego de cómo les fue.

Para mi, lo más increíble de la experiencia, ya que nunca lo había hecho así, es que me fui casi sin comida. Por el apuro del plan solamente me llevé lo que me quedaba de mis geles y otros alimentos de apoyo para mis corridas largas. Al final, como estoy harto de comer esas calorías simples, solamente me comí unos 6 Power Gel Blasts sabor a Kola en un recorrido de casi 80 kilómetros. Mejor dicho, no comí nada. Caminamos 2 horas el lunes por la noche, 14 horas el martes y remamos 8am a 5pm el miércoles. Me dormí con hambre todas las noches, pero al despertarme ya me sentía fresco nuevamente.

El martes en la noche, después de las 14 horas caminando con solamente unos 4 paquetes de 120 calorías, me sentía nauseabundo y cansando. Pero estaba con tanto sueño que me fui a dormir así mismo. El miércoles me desperté fresco como una lechuga listo para remar 40 kilómetros sin parar. Mi cuerpo estaba sacando su alimento del exceso que tenía acumulado alrededor del abdomen. Y creo que tengo suficiente como para seguir por otra semana o dos al mismo ritmo. Parte del truco, creo, es mantener el ritmo suficientemente bajo como para poder recibir las calorías de la grasa acumulada y no tener que usar los carbohidratos acumulados en los músculos. Esos, estoy seguro, me hubiesen fallado como a las 12 horas, sino antes.

Mis compañeros estaban comiendo MREs (Meal Ready to Eat), la ración típica del ejército de Estados Unidos, y a mi no me provocaba comer de esas raciones (además, tampoco me ofrecieron). Pero yo estaba preparado para esa situación y estaba confiado que no tendría ningún problema. De hecho, solamente el teniente de los marines se mantuvo conmigo en la caminata. Los otros dos siempre andaban rezagados y al final del primer día uno estaba muy limado (y sollado entre las piernas además). Estos hombres estaban por la conquista del cruce por que creo que ni gozaron del paisaje espectacular que estábamos atravesando.

Desde hacía muchos años no encontraba tantos árboles caídos en el recorrido. Yo había hecho el cruce de Nombre de Dios a Boquerón en 11 horas y esta vez me tomó 16 horas en total. Tuve que tirar mucho machete para cruzar una docena de árboles caídos. También me toco cruzar un derrumbe que me dejó casi que una pared vertical de unos seis metros de ancho a través del camino. Estaba muy preocupada mientras cruzaba por esa cara de piedra y veía que cualquier desliz me haría caer largo antes de que parara de rodar. Fuera de eso, el camino estaba tan hermoso como siempre. Ya estoy listo para repetirlo una vez más.

Pacora Full House

El Tapon
El Tapon del Pacora

Ayer nos salió un Full House en el Río Pacora: 3 Jackson y 2 Wavesports. El Río Pacora estaba cristalino y con buen nivel de agua, el cielo estaba algo nublado para protegernos del sol, y los kayakeros estábamos contentos de regresar al río. Hacía un par de meses no remábamos ese río. Entre una cosa y otra se me estaba acabando el año y no había remado mucho hasta ahora. En el río estábamos Javier Feliu, Jose Feliu, Joaquin Gil del Real, Tino Nellos y yo. Javier y Jose estaban aprendiendo a remar, y Tino recordando como remar.

Cuando pasamos por San Miguel me pareció ver el río un poco seco, pero al llegar a La Chapa todos concurrimos que había buen nivel de agua. Lo primero que hicimos después de bajar los botes del auto fue iniciar a Javier y Jose en los detalles del kayak roll. Algo logramos enseñarles, pero era evidente que lograríamos que dejaran de sacar la cabeza antes de enderezar el bote y sus roles estaban fallando. Ese día iban a nadar mucho…

Tino, que tenía como tres años de no remar también había olvidado como ejecutar su roll y después de enderezar su kayak hacía un latigazo con la cabeza que lo regresaba al agua. No hubo forma de que Tino y los demás sacaran la cabeza del agua con delicadeza, así es que decidimos empezar a remar y dejar de perder el tiempo con inducciones ex-témporas a orillas del río. ¡Rumbo al mar, a donde van todos los ríos!

La Moledora se quedó con ganas de triturar la carne fresca que le traíamos, pero mandamos a los jóvenes a caminar este rápido para evitar que se nos acabara la diversión justo cuando iniciábamos. Este rápido ya ha dejado varios viajes interruptos, dislocando hombros y reventando cabezas. El problema es una piedra que está bajo el agua, plantada justo dentro del flujo principal. El que se voltea antes de entrar al rápido la va a pasar mal. Joaquín y yo bajamos La Moledora, yo rebotando por las piedras y Joaquín por todo el centro, dando cátedra de control.

La Paila frió a Tino, quien nadó cuando bajó a la primera piscina y luego quedó en el hueco de la izquierda. Por suerte pudo rescatar su bote antes que la corriente se lo quitara. Había buena agua y las olas en el río permitían buen surf. Como teníamos mucho tiempo por haber llegado temprano al río, aprovechamos todo lo que encontramos para jugar. Jose, que estaba en su primer viaje río abajo, estaba algo retirado del juego – lógicamente, no quería nadar temprano. Después de su primera nadada se le quitaría lo timoroso.

La ola de La Presidencia estaba a un nivel que no nos permitió gozarla. Le faltaba un poco de agua y no podíamos llegarle por que no podíamos pasar los escalones que tiene a los hombros. En el chorro de La Presidencia aproveché para tomar fotos de todos en esa angostura que se presta para buenas fotos. Aquí nadaron todos los que no tenían su rol de combate: Tino, Javier y Jose. Pero, ¡las fotos quedaron buenas!

Estos hermanos Feliu son valientes: cuando llegamos al Tapón, que es un chorro que mete los pelos para adentro, ni chistaron en bajarlo – sin considerar las consecuencias. Nuevamente, el trío dinámico nadó. En El Tornillo volvieron a nadar los jóvenes. Mientras le sacaban el agua a sus kayaks, Joaquín y yo jugamos en las olas del río. En una de esas quede volteado inesperadamente y no sentía que la pala izquierda de mi remo Lendal mordía agua – se había roto mi remo. Hice el rol con el lado bueno y traté de atrapar la pala rota, pero la perdimos en la corriente.

Por suerte, mi auto estaba en la orilla y tenía palas de repuesto para el remo. Me molesta mucho que se haya roto mi remo, pero el repuesto salvó el día y seguimos con la diversión río abajo. Ya van dos veces que se me rompe un componente del Lendal: no muy confiable. Lástima, por que realmente me gusta este remo. Lo que compensa este problema es que solamente tengo que reponer lo que se rompe, en lugar de tener que reponer el remo entero.

La ola de caballo blanco estaba en su punto y pasamos un buen rato jugando en ella. Javier logró sacar varios rol de combate. Estos hermanos va a progresar rápidamente en el río. Como han estado remando cayucos por varios años, van a aprender rápido con los remos de doble pala. Ya para estas alturas de la remada todos los viejos estábamos listos para acabar la diversión. Decidimos llegar hasta el zarzo del Río Indio, pero ya íbamos a tener cinco horas en el río cuando llegáramos allá.

A la hora de salir del río se abrió el cielo y tuvimos que cargar los kayaks al auto bajo la lluvia. Nada del otro mundo, ya estábamos mojados. Por suerte nos tocó el clima ideal a través de toda la remada. Terminé con un hambre que solamente podía pensar en un pollo de la 24 de Diciembre para meterle al pebre.

 

Reto del Indio 2011

Reto del Indio 2011

Ya casi estamos listos para el Reto del Indio 2011. Tenemos el grupo de interesados más grande de la historia: hemos llegado a 18 interesados. Posiblemente, por primera vez, lleguemos a 12 participantes este 2011. Igual que este último reto, vamos procurar hacerlo en 24 horas. Nuestro esquema será igual al de este año, partiendo este domingo 9 de enero a la 1:30pm desde Chumico. La meta es llegar a la Boca de Río Indio antes de la 1:30pm del lunes 10 de enero.

Vamos a pedalear desde Chumico, pasando por El Valle, La Mesa, Río Indio Nacimiento y haciendo la transición en Jordanal. Desde Jordanal iniciamos la caminata, pasando por Río Indio Centro, Los Chorros, El Harino, Las Claras Arriba y haremos la transición a los kayaks pasando Tres Hermanas, casi llegando al Río Indio. Esto nos deja 50 kilómetros de kayak para la última sección del reto. Espero que este año, con todo lo que ha llovido, el río nos ayude con su corriente a llegar al Caribe en buen tiempo.

El año pasado remé con sed y estaba hambriento al llegar al final de la remada. Este año me aseguraré de alimentarme mejor. Un buen desayuno no es suficiente para los rigores de 7+ horas de remo intenso. Al igual que este año, cada quien se preparará su cena y su desayuno de antemano para no perder tiempo en las transiciones: cena de la bicicleta a la caminata, y desayuno de la caminata al kayak. La alimentación y la hidratación de la bicicleta no son complicadas, y casi que son inmateriales por que se dan justo al principio, cuando las reservas del cuerpo van intactas.

La caminata es una actividad de baja intensidad. El cuerpo puede sacar la mayoría de sus necesidades calóricas de las reserva de grasa. Solamente hace falta un par de geles para tener en reserva en caso de un bajón del azúcar en la sangre. Durante la caminata pasamos por muchos ríos y quebradas de donde abastecernos de agua. Yo me iré tomando el agua de donde la encuentre en el camino (rellenando mis botellas cuando se acaben). Luego recurriré a una dosis de [link id=’1002′ text=”Zentel”].

Este año, al igual que otros años, puede que nos acompañen los que solamente quieran hacer parte del reto: pueden acompañarnos en la bicicleta, en la caminata y en la remada. Como siempre, todos deben estar listos para salir por su propia cuenta si se quedan atrás por alguna razón. Esto es sencillo en la bicicleta, más complicado en la caminata (se pueden conseguir caballos), y en la remada la única salida es por Boca de Río Indio, pero siempre hay piraguas que pueden recoger a los remeros que se rajen (ya ha pasado antes).

Seis Pulgadas

En algunas cosas seis pulgadas hacen toda la diferencia. En la parte alta del Río Grande hacen la diferencia entre el cielo y la tierra. Fuimos a remar esta sección antes que entrara el verano para despedir el año. Dimas nos visitó de Chiriquí para esta remada. Encontramos que el río estaba al seco, como seis pulgadas menos que la última vez. En primera instancia pensamos que el río no iba a llenar nuestras expectativas, pero al final resultó que tuvimos un día espectacular en el agua.

Lástima que no pude tomar fotos por que me robaron mi cámara y Joaquín tiene días buscando la suya. Esta vez, con la ayuda de Dimas, bajamos todos los chorros que tiene esta sección del río. Bueno, Dimas bajó todo el río. Joaquín y yo caminamos dos de los chorros, pero quedamos con ganas de completar esta sección en algún futuro cercano. De seguro no será hasta el próximo año.

El primer chorro, al que hemos apodado “Susto Barato”, casi nos sorprende por que, como nó tenía mucho volumen el río, no se veía el roció que produce ese chorro cuando tiene caudal. Ya casi estaba por pasar el punto sin retorno cuando caí en cuenta que estaba viendo el horizonte del salto. Alerté a Dimas y a Joaquín y remé para atrás con ganas para poder salir del río a investigar la zona de aterrizaje antes de emprender el vuelo que partió mi remo la última vez (la primera vez, y la única vez) que bajamos Susto Barato.

Nota: 
Esta entrada nunca la terminé, pero me pareció apropiado
publicarla por qué acabamos de bajar el Río grande. Y las 6
pulgadas más hicieron toda la diferencia del mundo. Creo
que esta vez el río tenía hasta 12 pulgadas más que la vez
a la que esta entrada hace referencia, que fue en diciembre
del 2009.

Chorros del Grande

Susto BaratoEste sábado nos fuimos Dimas Pino, Joaquín Gil del Real y yo a bajar los chorros del Río Grande. Bajamos Susto Barato, Go Left and Die, El Trampolín, y todavía estamos buscando nombre para el último chorro, que, por ahora, llamaré El Empate de Dimas. Bajamos desde Bajo Grande hasta Ojo de Agua. Nos tocó un día excelente, sin mucho sol, y con el río lleno de agua. No podía pedir mejor compañía en el río, seguro de que tenía la espalda cubierta (mientras no me agachara a recoger el jabón).

Nos tomó 3 horas con 40 minutos recorrer el tramo de río que bajamos, bastante cercano a lo que habíamos calculado. A diferencia de las primeras veces, en esta ocasión no perdimos mucho tiempo explorando los varios rápidos que tiene el Río Grande. La primera media hora, antes de Susto Barato, es un buen calentamiento para las tres horas que le siguen. Una vez que se llega a Susto Barato, el río no afloja su nivel de dificultad hasta unos 500 metros antes de la salida, es tiro y tiro. El único que no nado fue Joaquín, Dimas nadó una vez, y yo nadé dos veces. Por tanto, Dimas y yo nos tomamos nuestra primera cerveza en la bota de neopreno de cada uno (bootie bong).

El primer rápido del río, un cañón con curva hacia la izquierda, me dió mi primera emoción matutina: entrando al rápido el chorro de agua en la popa de mi bote me dejó vertical, viendo el cielo, con la espalda en el agua, en “wheelie”. Pude balancearme bien y mantener mi cabeza fuera del agua a través del primer rápido. Todavía no le hemos puesto nombre, pero algo se nos ocurrirá cuando sea apropiado. Ese rápido necesita nombrarse.

En la trifurcación que está poco antes del primer chorro nos fuimos por el medio. Con el nivel de agua que había era, definitivamente, la mejor opción. Cuando el canal del medio vuelve a juntarse con el canal izquierdo, hay un buen rápido con varios escalones interesantes. Estábamos bajando con Dimas en la punta y yo cuidando la retaguardia. El león joven al frente y el caballo viejo de último. En realidad era una formación dinámica y cambiamos de posición frecuentemente. Todos estábamos a la expectativa esperando ver la neblina de Susto Barato para no bajarlo sin haberlo revisado antes. Ese chorro no se ve hasta que se le tiene encima, pero su neblina lo delata.

Dimas fue el primero en bajar Susto Barato, escogiendo una buen línea por la extrema izquierda, pegado a la pared de ese lado. Anteriormente lo habíamos bajado por todo el centro (yo) y por una cresta que está justo antes de la ruta que escogió Dimas esta vez. A Joaquín le gusto la ejecución de Dimas y fue a imitarlo, dando un excelente “buf” (boof en inglés) al momento de llegar al labio del chorro y aterrizando con buen ángulo al colchón de abajo. Yo, que bajé de último, decidí no ser rompe-grupo y seguir los pasos de los que me precedieron. Tuve un excelente descenso, con una caída suave y controlada. Finalmente estoy logrando controlar mi remo la momento de iniciar el descenso colocándolo paralelo a mi bote, listo para dar una palada y romper el agua en la caída.

El próximo chorro se llama “Go Left and Die”. El nombre está en inglés por que la primera vez íbamos con mi sobrina Alex y ese es su idioma. No nos atrevimos a bajarlo por qué nuestro análisis de la situación nos llevó a concluir que si lo bajábamos mal podíamos sufrir graves consecuencias. En un viaje anterior con Dimas, con un nivel de agua más bajo, vimos cómo Dimas lo bajó sin mayores repercusiones y aprendimos a seguir su línea. En esta ocasión fui yo el que bajó de primero. Seguí una línea tirad lo más a la derecha posible, evitando un colchón de agua que se forma a medio camino cuando parte del chorro se mete en las fauces de un hueco en la pared. El que quede mordido será hecho carne molida. Pero hoy todos pasamos bien, aun que nadie salió con la cabeza fuera del agua al terminar la caída. Yo me fui profundo, quedando totalmente sumergido por unos instantes.

Poco después llegamos al hueco pegajoso que me dio mucho quehacer la primera vez. La segunda vez, con menos agua logré bajarlo sin problemas. Esta vez el hueco se trago a Dimas y lo revolcó un rato antes de dejarlo salir. Joaquín y yo decidimos dejar al ogro que vive en ese hueco tranquilo, pensando que ya Dimas lo había dejado molesto y mejor no lo jodíamos más. Caminamos ese tramo… Poco después de ese hueco vino la primera nadada del día, y fue la mía. Creo que si hubiese esperado un poco más no hubiese nadado. Pero los golpes que recibí abajo del agua suavizaron mi coraje y me aflojé.

Al final del cañón donde nadé vienen una serie de chorros que solamente Dimas había bajado. Esta vez decidimos probar “El Trampolín”. Dimas lo bajó primero y yo me animé a seguirlo. Honestamente, me tenía asustado ese chorrito por qué del lado izquierdo hay una raja que no se ve nada amistosa. Pero la preocupación resulta infundada por qué el agua realmente no quiere ir en esa dirección. Igual, entre al último tubo con un ánimo gris y no logré plantar bien mi remo en el labio del chorro. Caí de lado e inmediatamente me volteé. Después de un par de intentos fallidos de regresar a la superficie quedé contra una pared y, con el espíritu estropeado por la primera nadada, volví a tirar mi pollera y nadé por segunda vez.

Mi bote se fue solo por el último chorro y, afortunadamente, quedó atrapado en uno de los bolsillos que se forman en la paila que tiene esa caída. Llegué caminando por un costado a donde estaba mi kayak y solamente pude ver como Dimas llegaba a la base del chorro con la cabeza en el agua. No hubiese querido ser Dimas en ese momento. Inmediatamente vi el remo de Dimas flotando por un lado y, justo después, apareció Dimas fuera de su bote (el segundo en nadar). Joaquín, razonablemente, aventó su bote desde arriba y se tiró al agua detrás del mismo. Básicamente, habíamos sobrevivido la parte más difícil del río. Todavía faltaba un rápido más, pero ya estábamos llegando al final de la diversión.

Nos tomó un rato volver a remontar río abajo por que todos estábamos en una paila sin orillas y no era muy sencillo volver a meterse en nuestro cayucos llenos de agua. Pero, luego de un poco de esfuerzo, todos regresamos al río y nos dirigimos al último rápido. Este último tramo es largo, complicado, y lleno de rocas inmensas que impiden tener una vista de lo que viene adelante. El rápido es un laberinto ciego. Este es el tramo que más hace palpitar mi corazón por que no afloja en intensidad por unos 500 metros. Las decisiones hay irlas tomando sobre la marcha, remando duro para mantenerse alineado en la corriente y fuera de los huecos. Casi me volteo cerca del final por que mi remo se atoró entre unas piedras cuando el ogro abajó del agua lo mordió. Mi remo se estaba quedando en el mismo lugar mientras mi kayak y yo nos alejábamos. Cuando ya pensaba que iba para el agua nuevamente, logré zafar mi remo y seguir adelante.

Después de ese rápido siguen unos jardines de piedras que ya son el glaseado en el pastel. Dimas y yo salimos un poco golpeados, pero muy sonreídos al final del río. Joaquín cuidó su pellejo mejor que nosotros, y también terminó con una gran sonrisa en la cara. Lo mejor de la experiencia es que sigue viva por varios días, como el suave brillo de un foco justo después de apagarlo, como las brazas que quedan después del fuego. Uno revive las imágenes repasando la cinta en cámara lenta: ¿qué fue lo que hice? ¿Cómo puedo hacerlo mejor la próxima vez? ¿¡Cuando podré regresar!?

Palpitaciones en el Mamoní

Este sábado, cuando estábamos iniciando el descenso del Mamoní, le dije a Joaquín que extrañaba los días en que el Río Mamoní hacía que mi corazón palpitara con la emoción del miedo, la anticipación, y la mortificación de lo que podía pasar en el río. Le contaba que era peligroso sentirse cómodo en el río, despreocupado, tomando de hecho los rápidos, sin calcular con precisión el recorrido a través de las piedras. Es en esos momentos de despreocupación que el minuto de descuido puede hacernos daño. Pero estaba equivocado…

A medida que iniciamos el descenso, el Mamoní es fácil al principio y va en crescendo, fui observando que el río tenía mucha agua. El nivel del flujo estaba cerca del máximo normal, el agua estaba turbia, y habían señales de inundaciones recientes. Justo al fondo del primer rápido nos topamos con una nutria. La tuve a menos de 6″ del bote. Joaquín la había visto desde lejos y me alerto sobre su presencia. Poco después Joaquín vio un lagarto pequeño hundirse en una piscina, cerca de una piedra donde siempre duermen unos murciélagos de proboscis. El río estaba interesándome desde el principio.

El Mamoní con bastante agua se pone muy divertido. En esta ocasión estaba casi pasándose de agua. Contrario a lo que esperaba, la anticipación de los rápidos que nos esperaban estaba animando mis emociones. El río me estaba cautivando, agudizando mis sentidos. Joaquín estaba reído con las emociones que estaba experimentando, estábamos pasándola bien nada más pensando en lo que estaba por venir río abajo. Teníamos un poco de apuro por que se veía que la lluvia venía con fuerza, que pronto todo iba a estar bajo mucha más agua. Ya abajo se veía que la lluvia estaba cayendo con fuerza. Nuestro paso por el río iba a ser veloz por que el agua estaba corriendo rápido, no habían piscinas largas de agua tranquila.

Pronto resultó obvio que el río estaba algo pasado de agua: muchas piedras y olas estaban ahogadas bajo el nivel del río. El agua empujaba duro, pero las olas para surfear estaban como picos en trenes de olas, muchas de las características del río habían quedado sumergidas. La parte dura iba a ser corta, pero intensa. Con tanta agua solamente el final del río, el cañón del Mamoní iba a estar animado. Pero esa iba a ser suficiente para darnos un día espectacular en el agua. Esos instantes en que el tiempo parece detenerse son los que hacen del descenso de un rápido toda una experiencia para saborear postreramente. El instante pasado en segundos, pero las imágenes quedaban grabadas en la mente, en cámara lenta.

Después de pasar la “Z” el corazón de palpitaba con fuerza, me temblaban los músculos. Estaba al tope de la adrenalina. La Zeta tiene toda la capacidad para causar mucho dolor, hasta daño incluso, más aún cuando tiene fuerza el agua. Los dos, Joaquín y yo pasamos ilesos (como siempre), pero las emociones fueron intensas. Y todavía faltaba la “S”, que nos volteó a ambos. Yo, incluso, la bajé de espaldas – entrando al río el primer hueco se quedo con la proa de mi kayak y quedé remando en reversa. Pasé todo el rápido con la cabeza arriba del agua y justo al final una piedra levanto un borde de mi bote exponiendo a una corriente cruzada: ¡zaz! Quedé haciendo inventario de especies marinas en el Río Mamoní.

Antes que pudiera contar el primer pez ya estaba fuera del agua. El esquimo rol es una reacción involuntaria que me devuelve a la superficie inmediatamente. En Mamita vi a Joaquín ejecutar el “backdeck roll” más rápido que he observado. El Mamoní no nos dejó insatisfecho: el río nos dio la emoción que nos motiva a venir una y otra vez. Luego, en la parte tranquila que nos faltaba por remar para llegar de vuelta al auto, repasamos en nuestra mente los cortos e intensos momentos que acabábamos de experimentar. Una tarde perfecta, lluviosa, en el río.