Los trillos de El Valle

Este artículo inició como uno más de varios que he escrito tratando de compilar una guía sobre los trillos de El Valle. Tomó un giro en otra dirección después de conversar un rato con mi hermano Rogelio mientras el nos preparaba una paella. Le contaba que me extrañaba no ver más jóvenes en montañeras recorriendo los trillos que abundan en las laderas que rodean El Valle. La teoría de Rogelio es que los jóvenes no se interesaban en el ejercicio hasta después de los 25 años cuando ya era algo necesario para mantenerse saludables.

Por otro lado también dijo que lo más probable es que la mayoría no sabía que los trillos estaban allí. Esa es una razón un poco mas crédula y, por eso, yo quiero hacer algo al respecto. Desde hace algún tiempo he estado anotando los detalles de los trillos que voy recorriendo para luego organizarlo todo en una guía. Para eso estoy usando MediaWiki, el programa detrás de Wikipedia. En PanaWiki ya hay algo de este trabajo disponible.

Ayer recorrimos un trillo que sale a la derecha de la subida a La Silla. Hacía un par de semanas lo había recorrido solo, pero no había anotado los detalles de la ruta. Ahora tengo un «reloj» Garmin Forerunner 301 que se encarga de todo eso. Este aparato tiene un GPS incorporado que guarda un trazado de todo el recorrido. Junto con un monitor cardíaco me da información de los latidos de mi corazón vs. datos como la altura, la velocidad, mi ritmo de marcha, y otra cantidad de detalles. Luego del recorrido, con un cable USB permite traspasar toda esa información a la computadora para analizarla, graficarla y tabularla. Todo esto hace más fácil la compilación de cada recorrido por los trillos.

De este recorrido puedo ver que el recorrido total fue de 23.78 kilómetros. De esa distancia, 13.85 kilómetros fue el recorrido desde la casa hasta Las Margaritas. Este tramo corresponde en su mayoría al trillo, exceptuando el recorrido de las curvas saliendo de El Valle. La altura máxima que alcanzamos fue 800 metros, que es justo antes de llegar a las antenas de La Silla. Desde ese punto fuimos descendiendo hasta 366 metros, cuando cruzamos el Río Corona para comenzar a trepar de vuelta a Las Margaritas. Recorrimos esos 13.85 kilómetros en 1:53:07 a un promedio de 7.3 kilómetros por hora. En Las Margaritas, que está a una altura de 565 metros, nos tomamos un descanso en el chino que está frente a la escuela mientras nos tomamos un Gatorade frío.

La segunda mitad del recorrido fue subiendo de vuelta a El Valle. Ese tramo nos tomó apenas 43:33 (por que llevaba a Rogelio marcándome el paso). Nuestro promedio fue de 13.7 kilómetros por hora y trepamos de vuelta desde 565 metros hasta 766 metros, justo antes de volver a bajar a El Valle. En lugar de bajar a El Valle por las curvas, bajamos por un trillo que inicia justo antes de la parada de bus que está donde comienzan las curvas. Este trillo sale atrás del Centro Comercial El Valle («El Chino»), bajando por donde era el camino original de entrada a El Valle.

Tengo mucha suerte que mi hermano me acompañe en muchos de nuestros recorridos. A menudo monto solo por los trillos y, definitivamente, no es tan divertido como ir bien acompañado. Rogelio y yo tenemos años compartiendo toda clase de aventuras. Se que esa no es una suerte que comparten todos los hermanos, y, a menudo, ni siquiera los buenos amigos. No todo el mundo es igual (gracias a Dios) y somos pocos a los que nos gusta andar dando vueltas por el monte. Por fortuna, y gracias a mi padre, a nosotros nos enseñaron de pequeños a apreciar la naturaleza, y a sentirnos muy cómodos en su entorno. Yo espero poder educar igualmente a mis hijos y que crezcan con un profundo amor por nuestro entorno natural. De hecho, ya mis hijos van por buen camino en esa dirección.

Encuentros cercanos

Casi llego a mis 45 años con algo roto. O, peor, paralizado. Es increíble que cerca estamos en ocasiones de hacernos mucho daño. Este año nuevo estaba trepado muy alto en un árbol colocando unas cuerdas para hacer un deslizamiento de un lugar a otro. Cuando llegó el momento de hacer un descenso decidí probar un descensor que tengo desde hace mucho tiempo pero que uso poco. Es un Petzl Stop que tiene una dispositivo de seguridad para detener el descenso automáticamente en caso de que uno pierda conciencia y lo suelte. También el dispositivo es un detente automático: apenas sueltas el dispositivo te detienes inmediatamente. Por eso el nombre: stop.

Bueno, yo aseguré mi cuerda para el descenso y solté mi anclaje de seguridad, quedando colgado del Petzl Stop solamente. Estaba como a 30 piés de altura. No me acordaba bien como funcionaba el aparato y fui a probarlo. En cuanto apreté la palanca del Petzl Stop inicié un descenso súbito. Solté un grito de terror que me salió de lo profundo del pecho. ¡Iba a toda velocidad hacia el piso! Puedo revivir, como en cámara lenta, lo que estaba pasando por mi mente. Había cometido un error y no había sujetado la cuerda para controlar la velocidad de mi rappel. ¡Tenía que soltar la mano que sujetaba el Petzl Stop!

Antes que terminará el análisis de mi precaria situación y pudiera reaccionar me estrellé con el piso. Pasé unos breves instantes evaluando mi estado. Aparentemente todo estaba bien. Tenía una tremenda raspada en la tibia izquierda y me dolían los piés, pero no tenía nada roto. Al lado mío mis hijos seguían jugando en una piscina plástica llena de agua tibia totalmente ajenos a lo que acababa de ocurrir. Después de recuperar mi calma me paré con cuidado y fui a ponerme hielo en el tremendo golpe que me había dado con el piso. ¡Gracias a Dios salí bien librado de un grave error!

Adios 2005

Bueno, otro año que se acaba. Este año ha sido bueno conmigo: tuve la oportunidad de hacer muchas cosas que hacía tiempo tenía en mente, en particular Aconcagua, y más reciente, El Reto del Indio. No logré hacer muchas caminatas por la selva, pero pasé suficientes días bajo las estrellas. Le pusé otros mil kilómetros a mi montañera. Bajé varios ríos nuevos para mi: el San Cristobal y la sección media del Río Grande.

Desde el lado humano, he remado con caras nuevas: mi sobrino Tino, mi sobrina Alex, Iñaki, Scott, y otros que escapan mi miemoria. Bajé el Tabasará con Irving y Lorena y la pasamos fantástico. Este año que viene lo vuelvo a repetir, y creo que esta vez incluyo a Laura en el paseo. Todo lo bueno merece ser repetido. Pude pedalear con mi primo Daniel en el trillo Las Guías y lo anotamos para El Reto del 2006. Creo que este año que viene lo podemos volver un kayakero.

Cumplo 45 años este año que viene en el 2 de enero. No tengo quejas: ¡ojalá mis próximos 45 sean tan buenos como los primeros!

casco-abollado

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originally uploaded by Irving Bennett.

Todos sabemos por qué es importante usar casco cuando remamos, pero pocas veces se puede apreciar de cerca cuales son las posibilidades. En está ampliación de la cabeza con casco de mi amigo Gary se puede apreciar lo que puede pasar debajo del agua. A Gary no le pasó nada, pero al dí­a siguiente se dió cuenta que tenía un chichón en la cabeza que no había sentido hasta entonces. El cuello le dolía más que la cabeza…

Fin de la temporada de kayak

Bueno, parece que ya entró el verano. Pronto los ríos van a estar secos y los kayaks se quedarán colgados hasta que regresen los aguaceros. Esta temporada he remado casi todo lo que se pudo. Con mis sobrinos al pié del cañón siempre resultó fácil armar un viaje cada vez que se presentó la oportunidad. Logramos remar el Mamoní, el Pacora, el Chagres y el Grande. Se me quedó el Chame por fuera, pero me hubiese gustado remarlo.

Ahora viene la época buena para remar los ríos de Chiriquí, pero están tan lejos. De repente podemos armar un viaje de un par de días para remar el Viejo y algún otro río. O, podemos armar un viaje de dos días durmiendo en el río. Podemos llevar una balsa para el equipo y la comida y remamos livianos. Ya veremos que sale… Por ahora, El Reto del Indio es lo próximo en la agenda.

Pacora – San Miguel al Caballo Blanco

Este domingo aprovechamos toda la lluvia que caía y nos fuimos a remar al Pacora. Hacía mucho tiempo que no remábamos tantos a la vez. Eramos seis kayakeros, dos de los cuales eran nuevos en nuestro grupo. Ellos eran Scott Muller e Ignacio «Iñaki» Lassa. Scott es un remero de mucha experiencia e Iñaki tenía 15 años de no montarse en un kayak. Fuimos a La Chapa, pero realmente había mucha agua para meter a Iñaki en ese tramo.

Bajamos a San Miguel y resultó perfecto. Con la cantidad de agua que había llovido el río tenía un excelente nivel. Había tanta agua que en ningún momento nos encontramos con tramos donde había que empujar el kayak. El tapón tenía tanta agua que nadie se decidió a bajarlo de lleno y todos optamos por diferentes rutas que obviaban el grueso de la corriente. Luego nos quedamos jugando por un buen rato en los rápidos debajo del Tapón. Scott perdió su bote en este rápido: su Dagger de Crosslink se partió feamente. Scott caminó devuelta a San Miguel desde este rápido y nos encontró río abajo con el carro.

El tramo hacia el Tornillo estaba excelente con el zig-zag del medio a todo dar. El mismo tornillo estaba impresionante con tanta agua. Todos corrimos el rápido por extrema izquierda, saltandonos el mismo tornillo para evitar el desorden hidráulico que estaba formandose por el volúmen de agua en el río. Aún así, las salidas del tornillo, en especial la de la izquierda, también tenían sus dientes. La salida de la izquierda atrapó a Iñaki, que estaba en otro bote de Scott, y le dió su revolcada. Cuando recogí a Iñaki le di las malas noticias: su kayak también estaba partido. El segundo Dagger que se rompía en el mismo día y también de Crosslink. Por suerte, la parte donde se rompió el kayak de Iñaki no era crítica y pudo terminar de bajar el río.

La salida de la izquierda atrapó a Tino y a Roger, pero sólo revolcó a Tino. Pero Tino, con su buen roll, no demoró en sacar la cabeza del agua. Creo que Roger nadó más adelante… debajo de las salidas del Tornillo esperaban dos pequeños huecos con ganas de atrapar a los incautos. Inclusive Ian se encontró contando peces en este tramo, pero el si tiene su roll bajo control y no nadó como Rogelio.

El último rápido también estaba divertido y tenía bastante acción. Roger, que lo bajó de primero, filmó a los demás con su cámara digital. Las tomas de Rogelio quedaron muy buenas. Lástima que las películas mpeg son tan grandes que no las puedo poner en este sitio. De repente si consigo un codificador para pasar de mpeg a Flash…

Bueno, los seis remeros fuimos: Scott, Iñaki, Ian, Roger, Tino y yo. Todos pasamos un excelente domingo en el Pacora. Ojalá nos encontremos nuevamente en el agua pronto.

El Tiempo pasa

¡Qué rápido pasa el tiempo! Nadie puede decir que yo me siento viejo, y menos que actúo cómo un viejo. Por el contrario, algunos en la familia están esperando el día en que «crezca». Acabo de ir al baño, algo que puede ser más íntimo de lo que deba comentar, pero relevante. Me encontre con una revista de Outside Magazine que juraría que compre hace poco. Ya tiene cinco (5) años de estar dando vueltas por mi casa. En la portada de la revista estaba Brad Ludden, un joven remero que ya ha logrado mucha fama remando kayaks. Cuando yo era más joven, jamás encontré a alguién con un remo en la mano en la portada de una revista de deportees.

La primera vez que logré enderezar un kayak volteado fué hace más de 20 años, cuando aún estaba en la universidad. Escogí kayaking como una de las materias de educación física que eran obligatorias en cada semestre. Parecería extraño que hubiese escogido esa materia, pero crecí rodeado de catálogos de kayaks que no se de donde sacaba mi viejo. Nunca compró su kayak, mi viejo, pero me dejó con la curiosidad de saber que es lo que tanto le atraía (en teoría). Bueno, ya se por que puede que le hayan atraído los kayaks a él. Pasaron casi 20 años antes que yo tuviera mi propio kayak.

Ahora los kayaks son una cosa muy grande en la industria de deportes en los Estado Unidos. Para mi no son nada de moda, y en realidad creo que tampoco son mucho de moda para los que reman kayaks. Aun que paso algo de mi tiempo tratando de explicar el atractivo de los botes a mis amigos, se que los que reman lo entienden desde el principio. No es cuestión de moda, es cuestión de principio, de comunión, de integración. El agua es fuente de vida y los kayaks nos llevan a un contacto íntimo con ella, al igual que la pesca submarina. De igual importancia, todos los que participan en los viajes para bajar ríos en kayaks, los regulares, forman lazos que perduran: son lazos forjados en la intimidad de la aventura compartida en medio de la naturaleza.

Estoy contando los días para poder llevar a mi hijo a remar conmigo. A mi esposa llevo años tratando de convencerla, pero no he tenido éxito. Con Irving, por el contrario, tengo que dejarlo en la casa a la fuerza. Por el, féliz de venir agarrado de mi espalda a horcajadas de mi kayak. Laura es igual: los dos estan ansiosos de venir a remar. Ambos, mis dos hijos, «son esclavos de todo lo que tengo en alta estima». Al igual que yo heredé tantos hábitos de lo que mi viejo estimaba.

Pero, bueno, el tiempo esta pasando y yo tengo que aprovecharlo al máximo. Cada minuto desperdiciado es un minuto que no va a regresar. Ahora estoy remando con mis sobrinos. Mis amigos están mancando en sus animos par ir a remar, o su compromiso con el trabajo los tiene alejados del río. Otros tienen que batallar con sus miedos para atreverse a ver al río de frente una vez más. Como sea… nunca vamos a remar en la misma agua. El río siempre se renueva y cada bajada es tan fresca como la anterior. Lo único viejo en el río somos nosotros, quienes nacemos con un solo cuerpo que usamos hasta que ya no sirva para más nada. Pero el río siempre está esperándonos tan fresco como la primera vez, siempre con aguas vírgenes que jamás han sido remadas.