Chorros del Grande

Susto BaratoEste sábado nos fuimos Dimas Pino, Joaquín Gil del Real y yo a bajar los chorros del Río Grande. Bajamos Susto Barato, Go Left and Die, El Trampolín, y todavía estamos buscando nombre para el último chorro, que, por ahora, llamaré El Empate de Dimas. Bajamos desde Bajo Grande hasta Ojo de Agua. Nos tocó un día excelente, sin mucho sol, y con el río lleno de agua. No podía pedir mejor compañía en el río, seguro de que tenía la espalda cubierta (mientras no me agachara a recoger el jabón).

Nos tomó 3 horas con 40 minutos recorrer el tramo de río que bajamos, bastante cercano a lo que habíamos calculado. A diferencia de las primeras veces, en esta ocasión no perdimos mucho tiempo explorando los varios rápidos que tiene el Río Grande. La primera media hora, antes de Susto Barato, es un buen calentamiento para las tres horas que le siguen. Una vez que se llega a Susto Barato, el río no afloja su nivel de dificultad hasta unos 500 metros antes de la salida, es tiro y tiro. El único que no nado fue Joaquín, Dimas nadó una vez, y yo nadé dos veces. Por tanto, Dimas y yo nos tomamos nuestra primera cerveza en la bota de neopreno de cada uno (bootie bong).

El primer rápido del río, un cañón con curva hacia la izquierda, me dió mi primera emoción matutina: entrando al rápido el chorro de agua en la popa de mi bote me dejó vertical, viendo el cielo, con la espalda en el agua, en “wheelie”. Pude balancearme bien y mantener mi cabeza fuera del agua a través del primer rápido. Todavía no le hemos puesto nombre, pero algo se nos ocurrirá cuando sea apropiado. Ese rápido necesita nombrarse.

En la trifurcación que está poco antes del primer chorro nos fuimos por el medio. Con el nivel de agua que había era, definitivamente, la mejor opción. Cuando el canal del medio vuelve a juntarse con el canal izquierdo, hay un buen rápido con varios escalones interesantes. Estábamos bajando con Dimas en la punta y yo cuidando la retaguardia. El león joven al frente y el caballo viejo de último. En realidad era una formación dinámica y cambiamos de posición frecuentemente. Todos estábamos a la expectativa esperando ver la neblina de Susto Barato para no bajarlo sin haberlo revisado antes. Ese chorro no se ve hasta que se le tiene encima, pero su neblina lo delata.

Dimas fue el primero en bajar Susto Barato, escogiendo una buen línea por la extrema izquierda, pegado a la pared de ese lado. Anteriormente lo habíamos bajado por todo el centro (yo) y por una cresta que está justo antes de la ruta que escogió Dimas esta vez. A Joaquín le gusto la ejecución de Dimas y fue a imitarlo, dando un excelente “buf” (boof en inglés) al momento de llegar al labio del chorro y aterrizando con buen ángulo al colchón de abajo. Yo, que bajé de último, decidí no ser rompe-grupo y seguir los pasos de los que me precedieron. Tuve un excelente descenso, con una caída suave y controlada. Finalmente estoy logrando controlar mi remo la momento de iniciar el descenso colocándolo paralelo a mi bote, listo para dar una palada y romper el agua en la caída.

El próximo chorro se llama “Go Left and Die”. El nombre está en inglés por que la primera vez íbamos con mi sobrina Alex y ese es su idioma. No nos atrevimos a bajarlo por qué nuestro análisis de la situación nos llevó a concluir que si lo bajábamos mal podíamos sufrir graves consecuencias. En un viaje anterior con Dimas, con un nivel de agua más bajo, vimos cómo Dimas lo bajó sin mayores repercusiones y aprendimos a seguir su línea. En esta ocasión fui yo el que bajó de primero. Seguí una línea tirad lo más a la derecha posible, evitando un colchón de agua que se forma a medio camino cuando parte del chorro se mete en las fauces de un hueco en la pared. El que quede mordido será hecho carne molida. Pero hoy todos pasamos bien, aun que nadie salió con la cabeza fuera del agua al terminar la caída. Yo me fui profundo, quedando totalmente sumergido por unos instantes.

Poco después llegamos al hueco pegajoso que me dio mucho quehacer la primera vez. La segunda vez, con menos agua logré bajarlo sin problemas. Esta vez el hueco se trago a Dimas y lo revolcó un rato antes de dejarlo salir. Joaquín y yo decidimos dejar al ogro que vive en ese hueco tranquilo, pensando que ya Dimas lo había dejado molesto y mejor no lo jodíamos más. Caminamos ese tramo… Poco después de ese hueco vino la primera nadada del día, y fue la mía. Creo que si hubiese esperado un poco más no hubiese nadado. Pero los golpes que recibí abajo del agua suavizaron mi coraje y me aflojé.

Al final del cañón donde nadé vienen una serie de chorros que solamente Dimas había bajado. Esta vez decidimos probar “El Trampolín”. Dimas lo bajó primero y yo me animé a seguirlo. Honestamente, me tenía asustado ese chorrito por qué del lado izquierdo hay una raja que no se ve nada amistosa. Pero la preocupación resulta infundada por qué el agua realmente no quiere ir en esa dirección. Igual, entre al último tubo con un ánimo gris y no logré plantar bien mi remo en el labio del chorro. Caí de lado e inmediatamente me volteé. Después de un par de intentos fallidos de regresar a la superficie quedé contra una pared y, con el espíritu estropeado por la primera nadada, volví a tirar mi pollera y nadé por segunda vez.

Mi bote se fue solo por el último chorro y, afortunadamente, quedó atrapado en uno de los bolsillos que se forman en la paila que tiene esa caída. Llegué caminando por un costado a donde estaba mi kayak y solamente pude ver como Dimas llegaba a la base del chorro con la cabeza en el agua. No hubiese querido ser Dimas en ese momento. Inmediatamente vi el remo de Dimas flotando por un lado y, justo después, apareció Dimas fuera de su bote (el segundo en nadar). Joaquín, razonablemente, aventó su bote desde arriba y se tiró al agua detrás del mismo. Básicamente, habíamos sobrevivido la parte más difícil del río. Todavía faltaba un rápido más, pero ya estábamos llegando al final de la diversión.

Nos tomó un rato volver a remontar río abajo por que todos estábamos en una paila sin orillas y no era muy sencillo volver a meterse en nuestro cayucos llenos de agua. Pero, luego de un poco de esfuerzo, todos regresamos al río y nos dirigimos al último rápido. Este último tramo es largo, complicado, y lleno de rocas inmensas que impiden tener una vista de lo que viene adelante. El rápido es un laberinto ciego. Este es el tramo que más hace palpitar mi corazón por que no afloja en intensidad por unos 500 metros. Las decisiones hay irlas tomando sobre la marcha, remando duro para mantenerse alineado en la corriente y fuera de los huecos. Casi me volteo cerca del final por que mi remo se atoró entre unas piedras cuando el ogro abajó del agua lo mordió. Mi remo se estaba quedando en el mismo lugar mientras mi kayak y yo nos alejábamos. Cuando ya pensaba que iba para el agua nuevamente, logré zafar mi remo y seguir adelante.

Después de ese rápido siguen unos jardines de piedras que ya son el glaseado en el pastel. Dimas y yo salimos un poco golpeados, pero muy sonreídos al final del río. Joaquín cuidó su pellejo mejor que nosotros, y también terminó con una gran sonrisa en la cara. Lo mejor de la experiencia es que sigue viva por varios días, como el suave brillo de un foco justo después de apagarlo, como las brazas que quedan después del fuego. Uno revive las imágenes repasando la cinta en cámara lenta: ¿qué fue lo que hice? ¿Cómo puedo hacerlo mejor la próxima vez? ¿¡Cuando podré regresar!?

Palpitaciones en el Mamoní

Este sábado, cuando estábamos iniciando el descenso del Mamoní, le dije a Joaquín que extrañaba los días en que el Río Mamoní hacía que mi corazón palpitara con la emoción del miedo, la anticipación, y la mortificación de lo que podía pasar en el río. Le contaba que era peligroso sentirse cómodo en el río, despreocupado, tomando de hecho los rápidos, sin calcular con precisión el recorrido a través de las piedras. Es en esos momentos de despreocupación que el minuto de descuido puede hacernos daño. Pero estaba equivocado…

A medida que iniciamos el descenso, el Mamoní es fácil al principio y va en crescendo, fui observando que el río tenía mucha agua. El nivel del flujo estaba cerca del máximo normal, el agua estaba turbia, y habían señales de inundaciones recientes. Justo al fondo del primer rápido nos topamos con una nutria. La tuve a menos de 6″ del bote. Joaquín la había visto desde lejos y me alerto sobre su presencia. Poco después Joaquín vio un lagarto pequeño hundirse en una piscina, cerca de una piedra donde siempre duermen unos murciélagos de proboscis. El río estaba interesándome desde el principio.

El Mamoní con bastante agua se pone muy divertido. En esta ocasión estaba casi pasándose de agua. Contrario a lo que esperaba, la anticipación de los rápidos que nos esperaban estaba animando mis emociones. El río me estaba cautivando, agudizando mis sentidos. Joaquín estaba reído con las emociones que estaba experimentando, estábamos pasándola bien nada más pensando en lo que estaba por venir río abajo. Teníamos un poco de apuro por que se veía que la lluvia venía con fuerza, que pronto todo iba a estar bajo mucha más agua. Ya abajo se veía que la lluvia estaba cayendo con fuerza. Nuestro paso por el río iba a ser veloz por que el agua estaba corriendo rápido, no habían piscinas largas de agua tranquila.

Pronto resultó obvio que el río estaba algo pasado de agua: muchas piedras y olas estaban ahogadas bajo el nivel del río. El agua empujaba duro, pero las olas para surfear estaban como picos en trenes de olas, muchas de las características del río habían quedado sumergidas. La parte dura iba a ser corta, pero intensa. Con tanta agua solamente el final del río, el cañón del Mamoní iba a estar animado. Pero esa iba a ser suficiente para darnos un día espectacular en el agua. Esos instantes en que el tiempo parece detenerse son los que hacen del descenso de un rápido toda una experiencia para saborear postreramente. El instante pasado en segundos, pero las imágenes quedaban grabadas en la mente, en cámara lenta.

Después de pasar la “Z” el corazón de palpitaba con fuerza, me temblaban los músculos. Estaba al tope de la adrenalina. La Zeta tiene toda la capacidad para causar mucho dolor, hasta daño incluso, más aún cuando tiene fuerza el agua. Los dos, Joaquín y yo pasamos ilesos (como siempre), pero las emociones fueron intensas. Y todavía faltaba la “S”, que nos volteó a ambos. Yo, incluso, la bajé de espaldas – entrando al río el primer hueco se quedo con la proa de mi kayak y quedé remando en reversa. Pasé todo el rápido con la cabeza arriba del agua y justo al final una piedra levanto un borde de mi bote exponiendo a una corriente cruzada: ¡zaz! Quedé haciendo inventario de especies marinas en el Río Mamoní.

Antes que pudiera contar el primer pez ya estaba fuera del agua. El esquimo rol es una reacción involuntaria que me devuelve a la superficie inmediatamente. En Mamita vi a Joaquín ejecutar el “backdeck roll” más rápido que he observado. El Mamoní no nos dejó insatisfecho: el río nos dio la emoción que nos motiva a venir una y otra vez. Luego, en la parte tranquila que nos faltaba por remar para llegar de vuelta al auto, repasamos en nuestra mente los cortos e intensos momentos que acabábamos de experimentar. Una tarde perfecta, lluviosa, en el río.

Se Buscan Kayakeros

La Moledora del Pacora

La Moledora del Pacora

Creo que las últimas 3 o 4 veces que he ido a remar solamente hemos estado Joaquín y yo en el agua. Con lo mucho que aprecio la compañía de Joaquín, ¡esto es deprimente! Cuando lleguen las lluvias, y las cosas se pongan difíciles, no seremos suficientes personas en el agua para que sea seguro bajar ríos. Nuestra pequeña comunidad se ha reducido de manera significativa. Con todo y que tenemos una lista de nuevos remeros equipados con kayak y equipo completo, nunca logramos reunirlos en el río.

Remar kayaks en aguas blancas es un deporte divertido, asistido por gravedad, de bajo impacto, y que nos lleva a un contacto íntimo con la naturaleza. No requiere de mucho equipo: un kayak, un remo, un casco, un flotador y una pollera. El equipo dura una eternidad (si no pierdes remos, como Joaquín, o los partes, como yo). Desafortunadamente nadie vende equipo de kayak en Panamá. Yo he traído botes junto con mis amigos para compartir el costo de traer el equipo. Ahora tenemos un montón de kayaks, pero falta con quien remar.

Tenemos ríos de todos los niveles cerca de la ciudad, y hay más ríos interesantes a través del país. Cerca de la ciudad tenemos el Río Pacora, el Río Mamoní, el Río Boquerón, y el Río Chame. Un poco más lejos está el Rio Grande, que ofrece varios niveles de remo en 3 secciones. Y en Chiriquí están los mejores ríos, con cantidades de niveles y secciones, más de 30 opciones. Encima, como sirope para el helado, se puede ir a surfear con un kayak, en el mar, y el río. ¡Qué más se puede pedir en un deporte!

Ahora mismo estamos donde debió haber estado el surf en los ’60, pocos adherentes y olas por todos lados. Ahora hay tiendas de surf por todos lados, anuncios en la carretera, y competencias con premio y dinero. Pero ese no es el punto. Para mi, uno de los principales atractivos es que cuando viene la época lluviosa, y mucha gente se queda en su casa el fin de semana mientras caen las lluvias torrenciales, nosotros estamos divertidos en el agua.

Este fin de semana que pasó bajamos el Mamoní. Vimos murciélagos narizones, monos cariblancos, gavilanes, halcones, águilas, martines, garzas, y mucho verde. El agua estaba cristalina, aun cuando estaba lloviendo camino al río. Salimos al medio día de la ciudad, después del trabajo, y estábamos en el agua a las 2:25pm. A las 5:45pm estábamos de vuelta en el auto, cargando los botes para regresar a la ciudad. De vuelta veníamos reídos, con las baterías recargadas por toda la corriente que recogimos en el río. Y apenas está iniciando la temporada.

Mamoní en Primavera

Joaquín en el MamoníEste sábado salimos a remar al Pacora y cuando llegamos estaba completamente seco (figurativamente, por supuesto), no tenía suficiente agua para bajarlo en nuestros kayaks. Yo me suponía que iba a estar así, pero, de todos modos, fuimos a revisarlo. Inmediatamente partimos hacia el Mamoní, que se puede correr todo el año. Camino hacia el punto de partida vimos que estaba más húmedo el área del Río Mamoní que la del Pacora. A las 3:10pm estábamos en el agua, listos para bajar el río: un poco tarde para mi gusto, pero solamente éramos Joaquín y yo, y el río no cargaba mucho volumen.

Nuestro plan original era remar el Pacora partiendo al medio día. Cuando llegué a recoger a Joaquín, este había dejado su remo en el estacionamiento de su casa ¿En qué estaría pensando? Entre la buscada del remo, una parada rápida para almorzar (autrápido del McDonald’s), y la subida hasta San Miguel para ver el Pacora, se nos fueron las tres horas antes de poder meternos al agua.

Por suerte, el Río Mamoní siempre está en condiciones remables. Esta tarde nos tocó con el agua clara, el cielo azul, y el aire cristalino. Ya las flores de primavera se habían caído de los árboles, con la excepción de la Flor de Mayo – vimos un sólo árbol con sus flores en llamas. Ya no habían caracuchas, guayacanes, ni macanos floreados, todo estaba verde, del verde de las hojas nuevas. Todavía el nivel del río está bajo, el agua no lleva mucha fuerza, dejando muchas rocas expuestas que normalmente están bajo el agua.

Solamente éramos dos en el agua, cosa que no me gusta mucho en un tramo de río tan inaccesible como el Mamoní. Pero la remada iba a estar fácil con tan poca agua. También teníamos que bajar a balazo por qué a duras penas teníamos tres horas y media de luz, lo justo para bajar este tramo del río sin perder el tiempo, y sin contratiempos. Nos tomó prácticamente las tres horas bajar el río, tal como calculamos. No hicimos ninguna parada innecesaria, no jugamos en las olas (casi no habían), no llevamos nada de comer, y a nadie hubo que rescatar.

Pasé una tarde tranquila en medio del río, bucólica. Ahora es cuando hay que practicar las técnicas necesarias para cuando el río se pone con fuerza, y es buen tiempo para traer principiantes. Mi hombro izquierdo está resentido aún de un desgarre en el Río Grande. Me dolían las vueltas esquimales del lado izquierdo. Espero poder reforzarlo pronto para no andar manco en aguas turbulentas.

Conversamos sobre una caminata a lo largo del río, exactamente del largo de nuestra remada. Quiero regresar uno de estos fines de semana para recorrer de apuro, caminando, esta sección del río para tener una idea de cuanto puede tomar caminar esa sección. También quisiera tener una idea clara de cuan difícil, o fácil, sería hacer el recorrido, cuanto habría que nadar, si es que hay que hacerlo, y buscar un buen lugar para acampar.

Ocaso del Rio Grande

Joaquín en el ríoEste fin de semana que pasó fuimos Joaquín y yo a remar al Río Grande. Esta es una de las primeras remadas del año y no sabíamos cómo íbamos a encontrar al río, si estaría seco, crecido, o en su punto. Este río nos ha dado sorpresas anteriormente. Lo que no esperábamos era encontrarlo destruido. Ya lo represaron, controlando su flujo de ahora en adelante. Además, los constructores de la hidroeléctrica han sido descuidados y han permitido que una gran cantidad de rocas inmensas caigan al cauce del río, bloqueándolo en algunos lugares, particularmente en el cañón del medio, en su parte más angosta.

Ya sabíamos que venía la represa por que hemos vistos como la han ido construyendo a través de estos últimos años. Hemos caminado por el canal que se llevará el agua del río hacia el cuarto de máquinas, nos hemos encontrado con la construcción de la represa, y hemos estado siguiendo los movimientos de tierra. Pero como teníamos tiempo de no ir al río por el verano, los cambios que ahora se han dado fueron más impactantes que los anteriores, y realmente ahora sí han afectado al Río Grande. Por ejemplo, ya no se puede remar el cañón de la sección media por que una roca impide que el kayak pase sin trabarse. Además, ahora que una pared controla el flujo del agua, ya no habrán más inundaciones que traigan sorpresas de año a año en el río.

Por lo menos nos quedarán la sección alta y la baja, que por ahora no han sido afectadas por la represa. Pero tengo entendido que tal vez venga un segundo proyecto de hidroeléctrica en este río. El problema es que la sección alta del río es remota, peligrosa, y complicada. Y la sección baja es muy fácil. La sección media, la que han dañado, era la sección más atractiva y entretenida. Todavía nos falta visitar el cañón en invierno, cuando el agua esté más alta, para ver que tan grave será el efecto de las piedras que ahora mismo obstruyen la remada por el cañón. Puede que con más agua se pueda pasar a un lado de la piedra más problemática.

En cualquier caso, es una pena que hemos perdido una de las mejores secciones de los ríos cerca de la ciudad de Panamá en pos del progreso. Somos pocos los que nos veremos afectados en este momento, pero nuestros hijos, y sus futuras generaciones, nunca sabrán lo que se han perdido. Lo que más me duele es que no era necesario dañar la sección media, específicamente el cañón. Nada más que tenían que ser cuidadosos con sus movimientos de tierra. ¡Qué fallo!

Reto 24 Horas

Ayer terminamos nuestro 6to Reto del Indio en menos de 24 horas. Después de cinco años durmiendo en el camino decidimos que lo haríamos sin dormir y calculamos que si no parábamos podíamos hacerlo en 24 horas. ¡Si se puede! La foto de partida la tomé a las 13:52 del sábado, y la foto bajo el puente del Río Indio la tomé a las 13:38, 23 horas y 46 minutos más tarde. Y todos terminamos en mejor ánimo que en años anteriores.

Para lograr hacer el recorrido en menos de 24 horas hicimos unos pequeños cambios, de los cuales el más importante fue no dormir. Este fue el mayor ahorro en tiempo que logramos. El no dormir también nos permitió caminar más rápido al eliminar una cena, un desayuno, y los pertrechos para dormir – caminamos sin mochilas. Otro cambio fue que alargamos la bicicleteada por que ahora los autos nos podían recoger en Jordanal, unos kilómetros más allá de Río Indio Nacimiento. El camino estaba recién cortado y tenía una capa fresca de tosca compactada que no creo que esté igual para el 2011. El tercer cambio fue llevar la transición a los kayaks hacia el Río Indio: caminamos 30 minutos más y nos ahorramos una hora remando. También eliminamos una parada extensa que hacíamos en El Valle para agruparnos y tomarnos unas pintas.

Otro cambio que hicimos fue partir a la 1:52pm del sábado, en lugar de partir a las 6:00am como habíamos hecho en años anteriores. Logramos llegar a Jordanal con los últimos rayos de luz. Al final de la bicicleteada habían unos descensos intensos que se hacían peligrosos en la penumbra que nos envolvía. Llegamos a Jordanal a las 6:47pm – menos de 5 horas. Antes nos tomaba ese mismo tiempo llegar a Río Indio Nacimiento, unos 5 kilómetros menos. La idea era entonces caminar toda la noche para llegar a la transición de los kayaks con la primera luz del día. A las 5:20am estábamos a orillas del Río Teriá, a menos de un kilómetro de donde desemboca al Río Indio. Daniel e Iñaki, que no querían correrse el riesgo de no romper las 24 horas, partieron prontamente a las 6:00am, seguidos de cerca por Robert y Joaquín, que llevaban un kayak más lento. Los otros, por dormir un ratito, partimos a las 6:30am, desperdiciando media hora de luz.

A Daniel e Iñaki no los volví a ver más. Después de unas dos horas remando llegamos a Boca de Uracillo junto con Robert, Joaquín, Jordi y Jorge Patricio. Como a las tres horas Roger y yo dejamos atrás al resto del grupo para remar sin pausa hasta la Boca de Río Indio. Si Daniel e Iñaki rompían las 24 horas, y nosotros no lo hacíamos, nos iban a dar cascarita y jarabe de pico por el resto del año. Las últimas horas de la remada se me hicieron interminables… Frecuentemente me dormía remando y me despertaba el golpe de mi remo contra el remo de mi hermano (cuando me salía de ritmo). A las 11:35am pasamos La Encantada y le dije a Roger que nos quedaban dos horas antes de llegar al mar, teníamos tiempo suficiente para llegar en menos de 24 horas si no dejábamos de remar por las próximas 2 horas.

A la 1:02pm pasamos El Chilar, el último caserío antes de Boca de Río Indio, como 45 minutos remando. Romper las 24 horas iba a estar cerca para nosotros, y ya Daniel e Iñaki estaban cerca de lograrlo. Tenía sed, el kayak estaba lleno de agua y no queríamos sacarla para no perder tiempo, tenía hambre, tenía sueño, las manos parecían pasitas después de 6 horas pegadas al remo, los hombros me quemaban y los flexores del antebrazo derecho se estaban inflamando. Capitán Kirk a Scotty: ¡Necesitamos más potencia, más potencia! 36 minutos de agonía y angustia pasaron mientras remábamos, y remábamos, hasta que llegamos a la Boca del Río Indio. ¡Lo logramos! Cuando pisé la playa sentí una gran satisfacción por que nuestro plan había sido ejecutado sin contratiempos y nuestros cálculos fueron precisos. Y, de hecho, me sentía menos cansado que en años anteriores: había dormido bien el viernes y estaba seguro que dormiría bien esa noche. En otros años dormía poco el viernes, poco el sábado, y poco el domingo…

Bueno, a la cantina de Clory a tomarnos unas pintas y un arroz con frijoles y pollo guisado. Los autos no habían llegado aún de Tres Hermanas y les faltaban unos 30 minutos antes de encontrarnos. Era tiempo para echar cuentos, comparar notas, y pensar en El Reto del Indio 2011 (o, tal vez, no). Como siempre, alguien dijo que no volvía a repetir esta locura. Lo he escuchado antes… Pero en unos meses el dolor y el cansancio se olvidan y solamente quedan los buenos recuerdos y las ganas de volver a repetirlo.

Fun 2010

Jackson Fun 2010

Jackson Fun 2010

Ya llegó mi nuevo Jackson Fun 2010 a Miami. Mi Fun anterior me ha dado tanto gusto que estoy ansioso por ver cómo han podido mejorar este excelente kayak. Ya llevo un par de temporadas remando el Fun 2007 de Jackson y no tengo ninguna queja, solamente buenos recuerdos. Es un bote algo apretado, eso si, y por eso quiero ver que diferencia hace el galón adicional de volumen que va a traer este nuevo bote.

Los colores están un poco carnestoléndicos, pero esa parte no me importa. La verdad es que pude haber pedido el bote en un color sólido, pero me gustó el potpurrí de colores que trae el modelo que pusieron en la página de Jackson. Ya veré que colores me tocan en mi bote.

Nuevos Kayaks y Sus Remeros

Mamoní

Mamoní

Este domingo fuimos a remar en el Río Mamoní. Fuimos Joaquín, Andrés, Luis Angel, Robert y yo a remar nuestros Jackson Kayaks – la mayoría nuevos. Desde hace algún tiempo hemos estado trayendo kayaks para aumentar nuestra base de remadores para poder contar con nuevos compañeros en el río. Ayer fue un día especial: llevamos tres nuevos remeros al Río Mamoní. Por suerte el nivel del río estaba algo bajo, apropiado para remadores que están todavía en sus remadas iniciales. Ya Joaquín había llevado a Andrés, a Robert y a Luis Angel a remar anteriormente, y todos habían aprendido el rol en la piscina.

¡El día fue excepcional! Con la excepción de la crema de sol (que nadie se puso) todo salió espectacular. Practicamos el rol en masa, hicimos ferries, nos metimos en eddies, practicamos peel outs, y bajamos todos los chorros. Mama Grande me tentó, pero todavía no logro la confianza para aventarme por ese chorro. Andrés, Robert y Luis Angel nadaron cuando en algún momento u otro les falló su rol de combate. Robert fue el primero cuando se inclinó al lado equivocado justo antes del primer rápido difícil del Río Grande. Por suerte Robbie tiene bien dominado el arte de escapar de su kayak cuando todo lo demás falla. Eso es bueno por que nos dió amplias oportunidades para practicar nuestra técnicas de rescate.

Luis Angel fue el primero en bajar Mamita (de los nuevos) y lo hizo de manera segura y bien lograda. Luego Andrés se aventó y también bajo ese chorro con buena forma. Como no me dieron la oportunidad de sacar la cámara, ambos fueron por una segunda vuelta para que les tomara fotos. Mientras, Robbie le sacaba el agua a su bote. Había nadado en el Jardín de Piedras justo arriba del chorro Mamita. En la segunda vuelta Luis Angel bajo bien el chorro pero luego su kayak quedó contra la pared de la ribera izquierda y la corriente lo volteó. Cuando Luis Angel intentó su rol la pared lo detuvo e impidió que saliera del agua, dos veces. Supongo que el ruído de la caída de agua impidió que pensara en tratar el rol del otro lado, o de empujarse de la pared, pero nadó. Ya para ese momento llegó Robert y también bajó Mamita sin mayores problemas.

Andrés, luego de practicar el rol una cantidad bárbara de veces, comenzó a fallar el rol en aguas tranquilas. Iba a practicarlo y no lograba salir del agua. Todos los remadores nuevos nadaron el domingo. Me parece bien… Eso los dejará con ganas de mejorar su rol para evitar tener que sacarle el agua al kayak tantas veces. La verdad es que después de un rato es agotador pasar por el proceso de auto-rescate y tener que prepara el kayak para seguir bajando. Robert fue el que más problemas encontró, pero también tenía el bote más inadecuado para aprender: Robert estaba remando un Fun, que es un excelente kayak, más apropiado para remadores intermedios y avanzados. El Fun es mi bote favorito por su bajo volumen, buenos bordes y por ser fácil de surfear. Los demás remaron Heroes, que son kayaks más apropiados para aprender y para remar ríos con gran caudal y en situaciones difíciles.

Al final del día, que pareció eterno, todos estábamos en buenos ánimos y con ganas de regresar pronto. Robert, Andrés y Luis Angel quedaron debiendo un bootie bong (tomarse una cerveza en su bota de neopreno) por haber nadado. Si vuelven a nadar la próxima vez no se la perdonaremos. Mientras nos refrescábamos al final del río montamos los cinco botes al auto. Esa es una tarea difícil con tantos ingenieros de diferentes escuelas. Por suerte los botes lograron regresar de vuelta a la ciudad sin percance. No siempre es posible montar de manera segura esa cantidad de kayaks. Es fácil amarrar 4 botes en las barras, pero 5 botes ya es más problemático. Nos tomó 6 horas 30 minutos bajar el río por que no había mucha corriente. Cuando el flujo de agua es mayor puede que tome la mitad de ese tiempo para hacer el mismo recorrido.

Quedé muy contento con la compañía en el río. Esa es la mejor parte de bajar un río con buenos amigos. Ahora estamos regresando a aumentar nuestra comunidad de remeros que ha sufrido varias pérdidas recientes: Jorge Patricio se dislocó un hombro, Tino se fue de Panamá (de vuelta a su país natal), Javier se ha vuelto un hombre de playa y a Ian el trabajo no le permite remar con frecuencia. También perdimos a nuestro mayor impulso del deporte, al gran Gary Vaucher, que falleció en una accidente de helicóptero. Hay varios otros remeros pero no es fácil traerlos al río. Este grupo de remeros nuevos están con los ánimos prendidos, que es lo importante.