Reto del Indio 2011

Este fin de semana completamos el 7o Reto del Indio. En esta ocasión fuimos 16 los que participamos, el doble que el año pasado. La ruta estuvo más difícil que nunca con todo el barro que había por las lluvias que no han dejado de caer. Por contratiempos no pudimos completar el recorrido en 24 horas, pero, si restamos los atrasos por causas externas, los primeros en llegar al Caribe hubiesen hecho un tiempo de 20 horas. ¡Increíble!

Partimos de Chumico con un sol abrasador a las 13:43 según la foto de partida habitual. Nuestro destino estaba al otro lado del continente, en la vertiente del Caribe: la Boca del Río Indio, a 116 kilómetros. Teníamos que pedalear hasta El Valle, subir a La Mesa, y bajar a Jordanal. Luego, en Jordanal, iniciamos a caminar hasta Tres Hermanas. Desde Tres Hermanas íbamos a remar hasta nuestro destino final. Iniciando la pedaleada se le salió la cadena a Isabel y me quedé a esperarla. Fue lo último que supe del grupo. Solamente mi hermano fiel, Roger, se quedó con nosotros. Tampoco su fidelidad le duró mucho y pronto se fue a darle caza al resto.

En este Reto del Indio mi historia se centró en Isabel y Boris. Con Isabel hice toda la bicicleta y la caminata, junto con Boris. Remé un rato con Andrés, en el mismo kayak, y luego con Boris hasta la Boca de Río Indio. Isabel no tenía idea en lo que se estaba metiendo, y, una vez que empezó, nunca pensó en parar. Isabel nunca antes había hecho ni una sola de las actividades de El Reto del Indio: montañeras, caminatas y remar kayaks. Isabel está en excelentes condiciones y el año pasado terminamos el Ironman de Cozumel lado a lado. Pero, una bicicleta montañera no es lo mismo que una rutera, caminar por senderos no es lo mismo que correr por asfalto, y ella nunca había remado.

La montañera que llevaba Isabel no la acompañaba para nada pues era un hierro que había conseguido prestado de un alumno. Partiendo se le salió la cadena del plato delantero y, de allí en adelante, reusó salir de la estrella más pequeña. En muchas subidas, y el camino tiene muchas, se tenía que bajar a caminar por que le patinaban las llantas. Y en algunas bajadas tenía que bajarse a caminar por que la intimidaban. Todo esto es normal para una persona que está montando una bicicleta montañera por primera vez. Después de un rato nos alcanzamos a Six Pin y Edgar, que nos estaban acompañando en la sección de ciclismo de este reto. Los cuatro llegamos juntos a El Valle.

En Jordanal, a casi 45 kilómetros de la partida, hicimos la transición a la caminata. Dejamos nuestras bicicletas atrás para dedicarnos a caminar hasta Tres Hermanas. Este año nos tocó mucho barro en el camino. Un pequeño grupo de impaciente partió temprano: Dimas, Joaquín, Angel, Tato y Robie se fueron confiados en la ruta que tenía el GPS de Joaquín. Estaban apurados por asegurarse de poder romper las 24 horas, como si su vida dependiera de ello. Pensé que no los volvería a ver hasta Tres Hermanas, pero la tecnología les tenía planeado un revés.

Al cabo de un rato de estar caminando, el paso que llevamos comienza a drenar a Isabel de energía. Todavía no llegábamos a las partes difíciles del sendero, pero ya estábamos atravesando algo de lodo, suficiente para incomodar y arrancar zapatos. Boris había comprado una linterna de cabeza con un bombillo incandescente: no duró dos horas y ya tenía que cambiar baterías. Angel, luego me enteraría, también se encontró con un percance similar. Pero su linterna barata se daño temprano y no le quedó otro remedio que caminar sin luz. Llegó molido a Tres Hermanas, determinado a desquitarse remando, que es su especialidad ya que ha representado nuestro país en los Juegos Bolivarianos.

Pudimos mantenernos con el segundo grupo hasta Los Chorros. A partir de ese punto inicia una subida larga, aparentemente interminable, y muy resbalosa. Fue demasiado para Isabel y Roger, Andrés y yo nos quedamos con ella. El resto del segundo grupo se fue confiados en su GPS Garmin 60CSX que llevaba Iñaki. Ellos llegaron a las 4:30am a Tres Hermanas. Nosotros tardaríamos tres horas más que ellos en llegar. Para mi sorpresa, nos encontramos al primer grupo tarde en la madrugada. Habían dado un par de vueltas de más y el segundo grupo les pasó mientras merodeaban por los senderos buscando su rumbo. Algunos no estaban muy contentos con el dueño del GPS.

Después de muchos años haciendo esa ruta, este es el séptimo Reto del Indio, ya puedo orientarme hasta de noche y cansado. Por suerte no necesito de tecnología para seguir mi camino, solamente de agua y comida. Pero Iñaki, que si llegó por su cuenta, ha probado que es posible hacer una carrera de esta ruta: cada grupo debe llevar su GPS con la ruta, baterías extras, y verificar que su aparato haya aceptado el sendero completo. Lo pero que puede pasar es que pierdan el camino y tengan que pagarle a algún cholo para que los lleven a casa. Por supuesto que para encontrarse al cholo van a tener que esperar que salga el sol y se lo topen en el camino.

aventuraspanama

Gracias a Aventuras Panamá este año pudimos acomodar el doble de los participantes por que conseguimos que nos alquilaran kayaks. No fue fácil convencer a Javier Romero que lo hiciera, tuve que perseverar en una larga conversación y hacerle un trato que no pudiera rehusar. Por suerte, además, envió un par de sus guías para que hicieran un reconocimiento del recorrido. Eso nos ayudó con Isabel y Tato, ambos con poca experiencia en el remo, que habían quedado juntos en un bote por que habían quedado sin compañeros en la organización de esta vuelta. Matt remó con Isabel y Antonio remó con Tato, y todos llegaron contentos al Mar Caribe. La remada desde el último sarzo del Teriá hasta Boca de Río Indio mide 51 kilómetros trazados en Google Earth.

Al principio Boris y Juan Carlos remaron en el mismo kayak, pero pronto resultó obvio que ese arreglo no iba a funcionar. En ese equipo no había suficiente experiencia para llegar en un tiempo prudente hasta el Mar Caribe. Andrés y yo nos separamos y quedé yo con Boris y Andrés con Juan Carlos. A partir de ese momento no quedó más que remar, y remar, y seguir remando. Todos los otros botes nos habían dejado atrás. Boris resultó ser un “gallo tapao”. Había estado muy incómodo con la idea de remar tantas horas, pero después de llegar hasta Tres Hermanas se decidió por terminar lo que había iniciado. Después de horas remando me dijo: “Rompy, me ha gustado esto de remar”. Parecía el conejo de las pilas Energizer, remaba y remaba.

Después de varias horas remando, como unas tres, comencé a soñar con una cerveza fría. Sabía exactamente donde podía encontrarla: [link id='753' text="La Encantada"]. Le comenté a nuestro pequeño grupo sobre mi meta a corto plazo y la motivación. De ese momento en adelante adquirimos un nuevo propósito que nos llenó de fuerza. Al par de horas logramos nuestra meta, atracamos y nos dirigimos a la casa donde venden la cerveza más sabrosa del Río Indio. Mientras nos tomábamos la pinta, el Señor Cano nos dice: “allá van sus botes…”. Efectivamente, nuestros kayaks flotaban felizmente río abajo. Ni siquiera nos habíamos preocupado de asegurarlos bien…

Después que nos acabamos nuestra cerveza, sin gran apuro, nos preocupamos de como recuperar nuestros botes. Sabíamos a donde iban a llegar eventualmente. El hijo del Señor Cano nos remó en su piragua de vuelta a nuestras naves que iban a la deriva. Le dimos un salve a nuestro rescatista y proseguimos en nuestro navegar. A las 4:45pm llegamos, finalmente, a Boca de Río Indio. Andrés y Juan Carlos llegaron poco después que nosotros. Nos había tomado 27 horas completar este Reto del Indio 2011. Los más rápidos pudiesen haber terminado en 20 horas, pero no pudimos llevar los kayaks hasta el final del Camino a Tres Hermanas.

Ya sabíamos, por experiencia, que si nos metíamos a los kayaks en el primer cruce del Teriá nos tomaría 10 horas hacer esa remada. Además, es una remada peligrosa por que pueden haber muchos árboles tumbados en esa sección. Por suerte pudimos transportar los botes en un transporte que estaba del otro lado del río, pero demoró organizar el traslado y se demoró más aún cuando se atascó entre un viaje y el próximo. Al menos tuvimos un descanso breve en el recorrido, y algunos lograron dormir un rato.

Fotos: http://alairelibre.ws/g3/Reto-del-Indio-2011

Reto del Indio 2011

Reto del Indio 2011

Ya casi estamos listos para el Reto del Indio 2011. Tenemos el grupo de interesados más grande de la historia: hemos llegado a 18 interesados. Posiblemente, por primera vez, lleguemos a 12 participantes este 2011. Igual que este último reto, vamos procurar hacerlo en 24 horas. Nuestro esquema será igual al de este año, partiendo este domingo 9 de enero a la 1:30pm desde Chumico. La meta es llegar a la Boca de Río Indio antes de la 1:30pm del lunes 10 de enero.

Vamos a pedalear desde Chumico, pasando por El Valle, La Mesa, Río Indio Nacimiento y haciendo la transición en Jordanal. Desde Jordanal iniciamos la caminata, pasando por Río Indio Centro, Los Chorros, El Harino, Las Claras Arriba y haremos la transición a los kayaks pasando Tres Hermanas, casi llegando al Río Indio. Esto nos deja 50 kilómetros de kayak para la última sección del reto. Espero que este año, con todo lo que ha llovido, el río nos ayude con su corriente a llegar al Caribe en buen tiempo.

El año pasado remé con sed y estaba hambriento al llegar al final de la remada. Este año me aseguraré de alimentarme mejor. Un buen desayuno no es suficiente para los rigores de 7+ horas de remo intenso. Al igual que este año, cada quien se preparará su cena y su desayuno de antemano para no perder tiempo en las transiciones: cena de la bicicleta a la caminata, y desayuno de la caminata al kayak. La alimentación y la hidratación de la bicicleta no son complicadas, y casi que son inmateriales por que se dan justo al principio, cuando las reservas del cuerpo van intactas.

La caminata es una actividad de baja intensidad. El cuerpo puede sacar la mayoría de sus necesidades calóricas de las reserva de grasa. Solamente hace falta un par de geles para tener en reserva en caso de un bajón del azúcar en la sangre. Durante la caminata pasamos por muchos ríos y quebradas de donde abastecernos de agua. Yo me iré tomando el agua de donde la encuentre en el camino (rellenando mis botellas cuando se acaben). Luego recurriré a una dosis de [link id='1002' text="Zentel"].

Este año, al igual que otros años, puede que nos acompañen los que solamente quieran hacer parte del reto: pueden acompañarnos en la bicicleta, en la caminata y en la remada. Como siempre, todos deben estar listos para salir por su propia cuenta si se quedan atrás por alguna razón. Esto es sencillo en la bicicleta, más complicado en la caminata (se pueden conseguir caballos), y en la remada la única salida es por Boca de Río Indio, pero siempre hay piraguas que pueden recoger a los remeros que se rajen (ya ha pasado antes).

Aerodinámica Barata

Sin Guantes

Sin Guantes

Hay un excelente artículo en Bicycling sobre el equipo de ciclismo de MIT. Tres cosas sobresalen del artículo: el cuerpo es 75% del arrastre producido en la bicicleta, mucho más que la misma bicicleta, un casco normal produce 4 veces más arrastre que un casco aerodinámico, y, por último, usar guantes produce más arrastre que usar una rueda delantera normal (en lugar de una rueda de perfil alto). Con estos detalles ya he concluido mi estudio para Cozumel 2010.

Voy a comprarme un casco aerodinámico, voy a montar sin guantes (ya lo he estado practicando), y voy a usar un manillar para montar en posición horizontal. Los otros detalles ya son menos importantes, pero voy a tratar de hacer todo lo posible por ser lo más eficiente que pueda para el día de la carrera. El año pasado en Cozumel nos tocó buen clima, pero vi lo duro que puede soplar el viento. Nos tocó viento, pero no tan fuerte como había estado soplando los días anteriores. Hubiese sufrido mucho en la sección de costa expuesta si el viento habría soplado con más vigor. Este año voy preparado para batallar contra el viento.

Tribici

Roger en Cozumel 2009

Roger en Cozumel 2009

Después del Panama Canal Triathlon de este año quedé con ganas de poder montar más cómodo y más rápido. Cuando me bajé de la bicicleta estaba casi de último. Se me metió en la cabeza que la razón por la que muchos de los otros me habían ganado era por su flecha, su bicicleta de triatlón. Los demás iban cómodos, recostados en sus barras, apoyados sobre sus codos, aerodinámicos. Yo ya no encontraba como acomodarme sobre mi timón, me dolían las manos y estaba recostado sobre los frenos.

El viernes fui a ver bicicletas de triatlón, pensando en Cozumel y las horas que me va a tomar pedalear 180 kilómetros. Quiero mejorar mi tiempo en la bicicleta: cada kilómetro que mejore en mi promedio por hora me ahorra 15 minutos del tiempo total de la bicicleta. Hasta anuncié en la lista de tripanama @ yahoogroups.com que estoy buscando una montura para triatlón. Estuve viendo cascos de contrareloj para bajar mi resistencia al viento. Me fui a Slowtwitch a leer sobre el posicionamiento en la bicicleta de triatlón para buscar mi tamaño y la geometría que mejor me conviene.

Hoy, en la carrera de La Salle fui a correr 5km con mi hijo Irving y mi esposa Lorena. Me encontré con Eladio, que también iba a correr. Irving, por cierto, quedó en segundo lugar en su categoría. Pero, lo importante, es lo que Eladio me contó: me dijo que estaba muy viejo y muy lento para usar cómodamente una bicicleta de triatlón. Me hablo de su experiencia con su casco de crono en Cozumel el año pasado, sobre como lo quería estrellar contra el piso cuando terminó su bicicleta. También me habló sobre uno de sus Ironman recientes, lleno de lomas, y lo mal que le fue con su bicicleta de triatlón.

Curiosamente, en el proceso de leer (nuevamente) sobre las bicicletas de triatlón, encontré este artículo sobre los beneficios de una bicicleta de triatlón versus una de ruta. Recordé, después de leerlo, por qué es que había comprado una bicicleta de ruta hace poco, y no una bicicleta de triatlón. Volví a la realidad: no eran las flechas que montaban los demás, eran los demás quienes eran mucho más rápidos que yo, en cualquier bicicleta que estuviesen montando. Lo que yo necesito para mejorar el tiempo de mi bicicleteada es montar más bicicleta, montar más bicicleta, y montar más bicicleta.

Ya no quiero una bicicleta de triatlón: quiero montar las bicicletas que tengo. Y quiero montarlas más, y más frecuentemente. Ultimamente he estado corriendo solamente por que mi próxima meta es una corrida de 160km, el Javelina Jundred. Pero justo después viene mi Ironman de Cozumel 2010. Es hora de montar mi bicicleta, bastante. También debo nadar, aunque sea un poco.

Gracias Eladio por devolverme la cordura. ¡Que suerte he tenido! Es más importante invertir mis recursos en el esfuerzo físico de preparación que en el equipo del deporte. El enfoque apropiado está en el trabajo de entrenamiento, no en el hierro que uno usa. Un buen ejemplo es Federico Bravo, que el año pasado montó una bicicleta vieja y oxidada en Cozumel. Cuando se bajó de la bicicleta corrió su maratón en 4 horas y dejo en el polvo a muchos de los que se bajaron de la bicicleta por delante de él.

El Valle y Las Guías

Las GuíasHacía tanto tiempo que no montaba mi montañera que el freno delantero había perdido aceite y me tocó arreglarlo. Por suerte tenía aceite mineral listo para esta reparación. Fui a montar bicicleta con Jorge Patricio y Alana el sábado y el domingo. Fue un fin de semana de pura montañera. ¡Qué bien se sintió estar de vuelta en los senderos con la montañera!

El sábado en la tarde estaba diluviando en El Valle, pero llegando las 4:00pm acampó y nos fuimos a pedalear la vuelta de La Mesa, Berrales y Matahogado. Me sentí como un bulto cuando Alana y Jorge Patricio me dejaron atrás, pero cuando llegué a la primera finca de pollos apenas habían pasado 31 minutos (no estaba tan mal). Después caí en cuenta que Alana trepaba como una cabra — en todas las subidas nos dió cascarita. Por mi parte me desquité en las bajadas, aun cuando no había honor en eso: Alana no monta montañeras, ni siquiera tiene una.

La parte de arriba de La Mesa estaba muy mojada y pronto quedamos completamente salpicados de lodo. La reparación de mi freno trasero quedó bien, aun que me preocupó la primera vez que toque el freno trasero (el que había reparado) por que se fue muy abajo. Después resultó que con un par de bombeadas quedó listo para el resto del camino. Además, el freno que más me importa es el delantero, que es el que realmente detiene la bicicleta. En los berrales me di cuenta que estaba un poco oxidado en el manejo de mi montañera por que Jorge me dejó atrás con facilidad después del cruce del río. Si, la doble suspensión lo ayudaba, pero sabía que yo podía ir más rápido (y no me atrevía).

Al llegar a la calle de Matahogado me tocó subir la loma en el plato del medio. En cuanto intenté usar mi plato pequeño se me trancaron los pedales cuando la cadena no se soltó del fondo del plato: “chainsuck”! Bueno, igual me había propuesto subir en ese plato para probar mi fuerza. Cambié al chico por que el corazón estaba trepando sus pulsaciones al max, y me estaban dejando atrás. Igual iba a pasar con el plato del medio. Como el plato pequeño tiende a trabarse cuando se ensucia, me parece fantástica la idea de Sram y el sistema XX de solamente usar 2 platos adelante y 10 pasos atrás.

La vuelta de Matahogado estaba excelente, casi se podía subir hasta el filo sin parar. Casi, por que Jorge pudo avanzar bastante. Pero yo llegué más rápido cargando mi bicicleta. La subida la han arreglado bastante por que ahora los autos están llegando a una finca que queda justo en la primera bifurcación del camino. El sendero estaba super montable, y la última bajada hasta el asfalto la hice sin tocar piso. No me pude quedar pegado a la rueda de Jorge, pero bajé bastante rápido por ese terreno ultra técnico. Lástima que el asfalto ya ha acortado la longitud del terreno de montañeras en ese circuito.

Censos y Números


Beneficios aerodinámicos en el contrarelog

Lance en su mejor posición

Sin nada mejor que hacer mientras esperaba ser censado me puse a calcular, sobre la base de un artículo de Velo News, qué sería lo que más beneficio me podría dar para mi próximo Ironman en Cozumel. Encontré un artículo en RideStrong que ya había mezclado los datos de Velo News con números financieros. Como el de Velo News no está en el Internet, comparto algo del de RideStrong. Yo estoy buscando como conseguir el mayor beneficio con la menor inversión posible ya que solamente hago triatlones un par de veces al año, el resto del tiempo soy un solamente un ciclista ocasional. Lo que me impresionó del artículo es que los mayores beneficios vienen de las cosas menos costosas: un traje aerodinámico, pedalear sobre aerobars, y un casco de contrareloj. A continuación están los números del artículo:

Beneficios

El primer beneficio queda descartado por que no voy a hacer un triatlón en un traje aerodinámico. Me quedan tres beneficios buenos, bonitos y baratos: el casco, los aerobars y los cubre-zapatos. Estas tres cosas me pueden ahorrar uno 16 minutos en condiciones óptimas en un Ironman. Por supuesto, como siempre, a mi no se aplicacirían las condiciones óptimas, pero, aún la mitad de los beneficios, algo es algo. Me impresiona la diferencia del beneficio del casco versus el beneficio de la bicicleta. Puede que yo le esté leyendo mal, pero pareciera que una bicicleta de contrareloj sin un casco de contrareloj es igual a una bicicleta regular con un casco aerodinámico.

Para quitarle una hora a mi tiempo de Cozumel tengo que hacer tres pequeñas cosas: reducir a la mitad el tiempo de mis transiciones, mejorar en un kilómetro por hora el promedio de mi bicicleta,  y bajar mi corrida a menos de 5 horas. Yo creo que puedo con las tres a la vez por que mis transiciones fueron extremadamente pausadas, la bicicleta será difícil mejorar (pero no imposible), y mi corrida de Cozumel la hice muy suave para no hacerme daño por que tenía un ligero desgarre en la pantorrilla. Pero las pantorrillas las he reforzado enormemente desde entonces, el culo lo estoy reforzando para el 2011, y voy a usar un vestido de triatlón para no cambiarme en ninguna transición (al diablo con el dolor en el trasero).

Reto 24 Horas

Ayer terminamos nuestro 6to Reto del Indio en menos de 24 horas. Después de cinco años durmiendo en el camino decidimos que lo haríamos sin dormir y calculamos que si no parábamos podíamos hacerlo en 24 horas. ¡Si se puede! La foto de partida la tomé a las 13:52 del sábado, y la foto bajo el puente del Río Indio la tomé a las 13:38, 23 horas y 46 minutos más tarde. Y todos terminamos en mejor ánimo que en años anteriores.

Para lograr hacer el recorrido en menos de 24 horas hicimos unos pequeños cambios, de los cuales el más importante fue no dormir. Este fue el mayor ahorro en tiempo que logramos. El no dormir también nos permitió caminar más rápido al eliminar una cena, un desayuno, y los pertrechos para dormir – caminamos sin mochilas. Otro cambio fue que alargamos la bicicleteada por que ahora los autos nos podían recoger en Jordanal, unos kilómetros más allá de Río Indio Nacimiento. El camino estaba recién cortado y tenía una capa fresca de tosca compactada que no creo que esté igual para el 2011. El tercer cambio fue llevar la transición a los kayaks hacia el Río Indio: caminamos 30 minutos más y nos ahorramos una hora remando. También eliminamos una parada extensa que hacíamos en El Valle para agruparnos y tomarnos unas pintas.

Otro cambio que hicimos fue partir a la 1:52pm del sábado, en lugar de partir a las 6:00am como habíamos hecho en años anteriores. Logramos llegar a Jordanal con los últimos rayos de luz. Al final de la bicicleteada habían unos descensos intensos que se hacían peligrosos en la penumbra que nos envolvía. Llegamos a Jordanal a las 6:47pm – menos de 5 horas. Antes nos tomaba ese mismo tiempo llegar a Río Indio Nacimiento, unos 5 kilómetros menos. La idea era entonces caminar toda la noche para llegar a la transición de los kayaks con la primera luz del día. A las 5:20am estábamos a orillas del Río Teriá, a menos de un kilómetro de donde desemboca al Río Indio. Daniel e Iñaki, que no querían correrse el riesgo de no romper las 24 horas, partieron prontamente a las 6:00am, seguidos de cerca por Robert y Joaquín, que llevaban un kayak más lento. Los otros, por dormir un ratito, partimos a las 6:30am, desperdiciando media hora de luz.

A Daniel e Iñaki no los volví a ver más. Después de unas dos horas remando llegamos a Boca de Uracillo junto con Robert, Joaquín, Jordi y Jorge Patricio. Como a las tres horas Roger y yo dejamos atrás al resto del grupo para remar sin pausa hasta la Boca de Río Indio. Si Daniel e Iñaki rompían las 24 horas, y nosotros no lo hacíamos, nos iban a dar cascarita y jarabe de pico por el resto del año. Las últimas horas de la remada se me hicieron interminables… Frecuentemente me dormía remando y me despertaba el golpe de mi remo contra el remo de mi hermano (cuando me salía de ritmo). A las 11:35am pasamos La Encantada y le dije a Roger que nos quedaban dos horas antes de llegar al mar, teníamos tiempo suficiente para llegar en menos de 24 horas si no dejábamos de remar por las próximas 2 horas.

A la 1:02pm pasamos El Chilar, el último caserío antes de Boca de Río Indio, como 45 minutos remando. Romper las 24 horas iba a estar cerca para nosotros, y ya Daniel e Iñaki estaban cerca de lograrlo. Tenía sed, el kayak estaba lleno de agua y no queríamos sacarla para no perder tiempo, tenía hambre, tenía sueño, las manos parecían pasitas después de 6 horas pegadas al remo, los hombros me quemaban y los flexores del antebrazo derecho se estaban inflamando. Capitán Kirk a Scotty: ¡Necesitamos más potencia, más potencia! 36 minutos de agonía y angustia pasaron mientras remábamos, y remábamos, hasta que llegamos a la Boca del Río Indio. ¡Lo logramos! Cuando pisé la playa sentí una gran satisfacción por que nuestro plan había sido ejecutado sin contratiempos y nuestros cálculos fueron precisos. Y, de hecho, me sentía menos cansado que en años anteriores: había dormido bien el viernes y estaba seguro que dormiría bien esa noche. En otros años dormía poco el viernes, poco el sábado, y poco el domingo…

Bueno, a la cantina de Clory a tomarnos unas pintas y un arroz con frijoles y pollo guisado. Los autos no habían llegado aún de Tres Hermanas y les faltaban unos 30 minutos antes de encontrarnos. Era tiempo para echar cuentos, comparar notas, y pensar en El Reto del Indio 2011 (o, tal vez, no). Como siempre, alguien dijo que no volvía a repetir esta locura. Lo he escuchado antes… Pero en unos meses el dolor y el cansancio se olvidan y solamente quedan los buenos recuerdos y las ganas de volver a repetirlo.

Ironman Cozumel 2009

Pedaleando en el Ironman

Pedaleando en el Ironman

Terminé, finalmente, el Ironman Cozumel 2009 en 13:41:47.  Quedé de 810 entre 1,827 participantes. Logré más de lo que esperaba, que solamente era terminar, sin mayores espectativas. El Ironman resultó ser un excelente evento, apropiado para mi ritmo (sin prisa, pero sin pausa). Justo antes de iniciar la competencia tenía serias dudas al respecto por que, en realidad, no había entrenado mucho.

Los días antes del evento veía a muchos montando bicicleta, nadando y corriendo por todos lados. Yo pensaba: “nada más que tengo diesel para un recorrido, no lo voy a gastar tan temprano”. Pero al final si nadé un poco y monte algo de bicicleta. Tenía tanto tiempo de no montar bicicleta que decidí acondicionar mi trasero un poco para aminorar el dolor que, de seguro, me iba a causar pedarlear unas 7 a 8 horas. A principios de mes, en La Yeguada, había nadado la laguna entera, 2 veces, y sabía que podía hacer los 3.8 kilómetros de la natación. Pensé que me tomaría una hora y 40 minutos completar la distancia sobre la base de la nadada de La Laguna de La Yeguada, que mide unos 1,750 metros cuando está llena. Con esos tiempos me quedaban casi 7 horas para gatear hasta la meta una vez que me bajara de la bicicleta.

El inicio de la carrera fue muy emocionante: casi 2,000 competidores en el muelle del parque de Chankanaab en Cozumel, todos llenos de pólvora, a punto de estallar. Cantaron el himno de México, saltaron delfines frente a nosotros, y vimos la partida de los profesionales unos 15 minutos antes que la nuestra, que era a las 7:00 am. Poco después que partieron los elite y los profesionales nos mandaron a tirarnos al agua para esperar la partida. Yo tomé hacia la derecha y luego vi que por la izquierda había menos gente y corrí en esa dirección para meterme al agua. Mientras corría, y sentía mis piernas, pensaba que no había forma que me iban a poder llevar hasta la meta, no me sentía cómodo.

Luego, en el agua, flotaba entre otros 1,750 atletas de las categorías por edad, éramos el bulto del evento. El agua estaba cristalina, bastante tibia, muy cómoda. Mi plan para la nadada era nadar en la estela del competidor que me quedara por delante. Si otro nadador me pasaba, me cambiaría de remolcador hasta encontrar quien me pudiera llevar hasta la transición al límite de mi esfuerzo. Habían tantos nadadores que siempre pude nadar detras de alguien, aprovechando el esfuerzo que mi remolcador hacía para partir el agua frente a él, o ella. Nunca paré de nadar, toda la distancia enfocado frente al par de piés que tenía a pocas pulgadas de la punta de mis dedos. De a milagro saqué la cabeza del agua para asegurarme que fuéramos en la dirección correcta – yo confiaba que la persona delante de mi sabía lo que hacía. Cuando salí del agua había cubierto la distancia en 1:13:23 ¡Increíble!

Caminé tranquilamente hacia el lugar de transición para recoger mi bolsa con la ropa de la bicicleta. En el camino paré a darle un beso y un abrazo a mi esposa que estaba en el barandal al lado de la alfombra por donde teníamos que movernos del agua a la tolda para cambiarnos. La tolda estaba llena de competidores, caliente y húmeda. Cuando terminé todo el proceso y finalmente salí con mi bicicleta para la próxima etaba habían pasado 13 minutos. Hice una transición de amateur… Rutger Beke de Bélgica, el ganador de la prueba, había hecho su transición en 46 segundos. Tengo mucho que mejorar para el próximo Ironman (ayuda el no tener que cambiarse de ropa).

Para la bicicleta había decidido confiar mi alimentación a los puestos de abastecimiento del Ironman. Iban a tener Powerbars, Powergels, Gatorade, frutas y agua cada 10 kilómetros. Eso parecía más que suficiente para mantener mi cuerpo nutrido durante la pedaleada. Llevé tylenols (2 sobres) para tomar analgésicos y amortiguar el dolor del trasero, los piés y las manos. Al final no fueron muchas las molestias que sentí en la bicicleta (más fue la preocupación). Al principio estaba rodando a una cadencia alta y no estaba avanzando muy rápido contra el viento que soplaba. Luego de unos 30 kilómetros cambié de estrategia y puse el plato grande y apliqué torque a las bielas. Inmediatamente comenzó mi promedio a aumentar sin desgaste a las piernas.

Poco a poco, en la bicicleta, fui pasando a otros ciclistas. En ciertos tramos podía ver un cordón contínuo de bicicletas que se extendía hasta donde llegaba la vista. Pasé las próximas 6 horas pasando gente en la ruta de la bicicleta. Por supuesto que también me pasaban algunos, pero eran los que menos. Eventualmente fui encontrando un grupo de ciclistas con los que compartí la mayoría del recorrido. Por momentos me dejaban atrás, luego los alcanzaba, y rodábamos juntos, en fila, por ratos. El recorrido de la bicicleta eran 3 vueltas de 60 kilómetros. Cuando estaba por completar la primera vuelta escuché la sirena del vehículo que escolta a los élite – me pasaron como si estuviese parado, un grupo de 3 competidores. Luego me fueron pasando los otros profesionales.

En el camino me alcancé a varios de mis compañeros de Panamá que habían nadado mucho más rápido que yo. Camilo y Alexei habían nadado en 57 minutos cada uno, 16 minutos menos que yo. A Camilo y Eladio nunca los alcancé, ni a Roger, Tato y Ramsés. La parte que más me gustó de la bicicleta eran las vueltas dentro del pueblo. Me imaginaba que estaba en un Tour de France, rodando por las calles a alta velocidad, compitiendo por la malla amarilla. Pensé de todo durante las 6:45:39 que duró mi pedaleada. Cuando me tocó la recta final hacia el pueblo de Cozumel decidí dejar todo lo que tenía en ese tramo. Ya sabía que podía caminar hasta la meta y terminaría el Ironman en menos de 17 horas, el tiempo de corte de la carrera. Cada tanto tiempo me paraba en los pedales y aceleraba la marcha. Luego la mantenía un rato y, cuando estaba perdiendo momento, me paraba nuevamente. ¡Qué emoción fue llegar a la transición y ser ordenado a parar de pedalear!

Mi siguiente transición fue más decente, saliendo a correr 5 minutos después de haber llegado en la bicicleta. Rutger Beke había hecho su transición en 1:15 e Yvonne Van Blerken, la ganadora femeninan la había hecho en 1:39 (ella pedaleó los 180 kms. en 5:03:44). Salí de la transición caminando y comiendo. Aprovechaba para reabastecerme de energía para el esfuerzo que me faltaba, y ya estaba seguro que terminaría. En este año había corrido 2 maratones, uno en 3:33:13 y otro en 7 horas (en los senderos de El Valle). Lo que faltaba ya era terreno conocido para mi. Solamente me faltaba un maratón para ser un Ironman… ¡Yo sé como correr y terminar un maratón!

Pero la realidad es algo diferente – 2 semanas antes me había lesionado la pantorrilla izquierda y no podía correr con libertad. Temía volver a lastimarme y tener que cojear por 42 kilómetros. Mi plan para el maratón era caminar y correr, siempre manteniendo mi pulso en un rango cómodo y mis músculos frescos. Cuando corría, corría rápido y con buena forma. Casi todos mis compañeros que había dejado atrás en la bicicleta me fueron pasando en la corrida. El circuito eran 3 vueltas de 14 kilómetros por el Boulevard de Cozumel. En recorrido excelente, con vista al mar. También era un recorrido a través de una horda de mosquitos. Pero como éramos 1,827 corredores no quedaban tantos mosquitos para cada uno de nosotros.

Yo logré mantener mi plan a través de todo el maratón. Después de un rato volví a alcanzarme a varios de los que me pasaron al principio. Al final me volví a pasar a Chris, Eliezer, Roberto, Alfredo y entré a la meta junto con Isabel Sirera, que fue la más rápida entre las panameñas. Pero la mejor fue Malinka Badiola, que quedó de primera en su categoría. Cuando estaba en la recta final Alfredo Abood volvió a pasarme – ya venía como un bólido hacia la meta. Yo traté de unírmele, pero no pude. Me apegué a mi plan y seguí caminando y corriendo por el kilómetro que me faltaba. Cuando vi la marca de los últimos 300 metros aceleré hasta donde pudé y dejé algo en reserva para los últimos 20 metros. Muchos entraban caminando y bailando ese tramo sobre la alfombra triunfal. Yo entré prendido en llamas, deseoso de acabar de una vez por todas esta meta que tenía en la mira desde hacía 18 meses. Cuando crucé la meta el animador dijo ¡Irving Bennett, eres un IRONMAN!

Yo recogí mi medalla, tomé mi camiseta de “Finisher” (nada más se la dan a los que cruzan la meta), Gatorade, agua, un pedazo de pizza y salí huyendo de el tumulto que había en esas toldas. Me senté sólo en la calle a disfrutar mi pizza de Domino’s, calientita. Estaba ileso, entero, y contento por haber logrado algo que me me asustó por un rato. Pero ya le corté la cabeza a ese dragón… No me va a molestar nunca más. Ya tengo el número 689 para el Ironman Cozumel 2010. Tengo un par de detalles que arreglar en mi desempeño y espero que mi próximo tiempo tenga un 12 por delante (o un 11, pero lo dudo).