Ahogado en Taboga

Este fin de semana pasamos un agradable fin de semana en Taboga. Pasamos buen rato buceando en Super Secret y la baja de San Joaquín, junto con mis ahijados Tino y Quique. El sábado en la tarde el agua estaba excelente, y el domingo estaba aún mejor. Lástima que el domingo no pudimos salir tan temprano como quería, pero igual salimos.

Estaba fuera de práctica por que tenía meses de no bucear. Creo que el bigote me estaba dando problemas con el sello de las máscaras. Probé varias de mis máscaras y ninguna me dejaba bucear tranquilo. Finalmente Jorge me prestó una Sporasub Mystic que me dió menos problemas que las otras que tenía. Pero, aún así la máscara dejaba entrar agua poco a poco y al final de inmersión tenía más agua de la cuenta dentro de la máscara.

Bajar antes era una cosa sencilla para mi, pero ahora tenía que trabajar todos los pequeños detalles necesarios para hacer una buena inmersión de apnea. Estaba forzado a usar mi mano en la nariz para poder forzar aire a mis oídos internos y ecualizar la máscara. Esto me forzaba a luego tener que echar aire de más en la máscara para mantener su ecualización. Al final, cuando llegaba al fondo ya estaba con las palpitaciones elevadas, nada relajado. Y entre cada bajada tenía que tomarme un descanso prolongado en la superficie.

Mis sobrinos bajaban y bajaban. Pero nunca llegaban con calma a esperar su presa y el sábado se fueron en blanco. Yo casi fallo el primer pargo que tiré. Desafortunadamente se me escapó de las manos llegando al bote. Si lo hubiese visto bien tirado lo habría dejado en la varilla hasta que lo sacaran arriba, pero no quise darle oportunidad a desgarrarse y le metí la mano en la agalla. Llegando al bote el pargo dio unas aleteadas y se me salió de las manos. ¡Lástima! El próximo si quedó bien ensartado. La verdad es que el arpón Omer HF 100 es super preciso.

El domingo en la mañana, en la baja de San Joaquín la corriente estaba fuerte y no encontraba la piedra. Por suerte había mucha sierra, que normalmente no me preocupo en tirar. Pero como Jorge Enrique había fallado unas, decidí ver si todavía tenía buena puntería. La próxima vez que se nos acercó un grupo de sierras escogí la más apropiada, apunté con calma, y ¡zaz! la varilla la atravesó justo en el punto al que apunté. Hacía tiempo no tiraba una sierra: mi arpón de guerra anterior es un Island 130mm de tres ligas y solamente lo descargaba por una presa que valiera la pena.

Ahora, con el Omer HF 100 de una liga puedo tirar lo que se me antoje sin el remordimiento de tener que volver a montar las 3 ligas en el varillón de 5/8″. Además es mucho más fácil de maniobrar este arpón que el monstruo anterior. También, ahora no hay tanto pez grande en el agua y no justifica cargar un cañón para tirar peces de 5 libras.

La baja de la Teta de Taboga estaba llena de ballenas que no pudimos ver, pero se escuchaba el coro. En realidad toda la mañana estuvimos escuchando el canto de los cetáceos mientras estábamos en el agua. Luego nos contaron unos amigos que vieron varias ballenas mientras pescaban. Nosotros, dentro del agua, no vimos ninguna.

Valladolid estaba preciosa y llena de pargos. Todos sacamos pargos en ese peñón. Pero pronto fue entrando la corriente y el sucio y se nos acabó la diversión. Hubiésemos pescado mucho más empezando temprano, pero los viejos estaban engomados de la noche anterior. Yo, por suerte, me acosté temprano con con la esperanza de madrugar en el agua buscando el almuerzo con los sobrinos.

Por desgracia, de vuelta en Taboga, nos enteramos que otro buzo se había ahogado entre Taboga y Urabá. Aparentemente trancó un pescado y se le encuevo. Cuando regresó por su varilla perdió la vida, no salió más nunca del agua. En la tarde, cuando regresábamos a Panamá supimos que ya habían rescatado su cuerpo sin vida. Siempre hay riesgo cuando se entra en el agua. Hacer apnea es, definitivamente, un deporte peligroso.

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