Ocaso del Rio Grande

Joaquín en el ríoEste fin de semana que pasó fuimos Joaquín y yo a remar al Río Grande. Esta es una de las primeras remadas del año y no sabíamos cómo íbamos a encontrar al río, si estaría seco, crecido, o en su punto. Este río nos ha dado sorpresas anteriormente. Lo que no esperábamos era encontrarlo destruido. Ya lo represaron, controlando su flujo de ahora en adelante. Además, los constructores de la hidroeléctrica han sido descuidados y han permitido que una gran cantidad de rocas inmensas caigan al cauce del río, bloqueándolo en algunos lugares, particularmente en el cañón del medio, en su parte más angosta.

Ya sabíamos que venía la represa por que hemos vistos como la han ido construyendo a través de estos últimos años. Hemos caminado por el canal que se llevará el agua del río hacia el cuarto de máquinas, nos hemos encontrado con la construcción de la represa, y hemos estado siguiendo los movimientos de tierra. Pero como teníamos tiempo de no ir al río por el verano, los cambios que ahora se han dado fueron más impactantes que los anteriores, y realmente ahora sí han afectado al Río Grande. Por ejemplo, ya no se puede remar el cañón de la sección media por que una roca impide que el kayak pase sin trabarse. Además, ahora que una pared controla el flujo del agua, ya no habrán más inundaciones que traigan sorpresas de año a año en el río.

Por lo menos nos quedarán la sección alta y la baja, que por ahora no han sido afectadas por la represa. Pero tengo entendido que tal vez venga un segundo proyecto de hidroeléctrica en este río. El problema es que la sección alta del río es remota, peligrosa, y complicada. Y la sección baja es muy fácil. La sección media, la que han dañado, era la sección más atractiva y entretenida. Todavía nos falta visitar el cañón en invierno, cuando el agua esté más alta, para ver que tan grave será el efecto de las piedras que ahora mismo obstruyen la remada por el cañón. Puede que con más agua se pueda pasar a un lado de la piedra más problemática.

En cualquier caso, es una pena que hemos perdido una de las mejores secciones de los ríos cerca de la ciudad de Panamá en pos del progreso. Somos pocos los que nos veremos afectados en este momento, pero nuestros hijos, y sus futuras generaciones, nunca sabrán lo que se han perdido. Lo que más me duele es que no era necesario dañar la sección media, específicamente el cañón. Nada más que tenían que ser cuidadosos con sus movimientos de tierra. ¡Qué fallo!

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