Río Cangandí

Este fin de semana fuimos a dormir al Río Cangandí. El plan era sencillo: ir hasta donde encontráramos un lugar agradable para dormir, acampar y regresar. Generalmente me gustan los viajes de una vía, pero jamás desprecio la oportunidad de ir a acampar cuando se presenta. En este caso Sjef y otros buenos amigos estaban con ganas de ir a caminar y mi hijo Irving también estaba dispuesto a acompañarnos.

Originalmente íbamos en un par de autos y éramos 12 los apuntados. Como frecuentemente sucede, el grupo se fue reduciendo y al final quedamos cuatro mosqueteros, Carlota, Sjef, Irving y yo. Manejamos hasta Madroño para cubrir todo lo que pudiéramos hacer en auto y buscamos donde dejarlo bien cuidado. Preguntando quedamos donde el Sr. Eustaquio Gil. Iguafioli, un kuna que trabaja con Earthtrain y vive con la familia donde el Sr. Gil, nos acompañó hasta el sendero hacia Cangandí porque iba para una finca del Sr. Gil a trabajar plantando culantro.

Nos tocó un buen día, por suerte, ya que había llovido fuerte el día anterior pero a nosotros nos tocó soleado en San José de Madroño. Iguafioli nos llevó hasta casi un kilómetro de la división continental donde está la frontera con la Comarca de San Blas. Ahí quedaba la finca donde iba a trabajar. Nos indicó un sendero que nos llevaría hasta el camino que se dirige a la comunidad de Cangandí y Río Mandinga. Igua nos dijo que a él le tomaba como ocho horas llegar hasta Cangandí.

Al llegar a la división continental llegamos a una “T” y mi primera intuición fue tomar a la derecha porque se veía más claro. Cuando revisé la dirección versus mi ruta de intención vi que nos estábamos separando. Dimos un giro y tomamos la otra dirección y el camino prontamente se cerró. Pero como estábamos sobre la pista que quería seguir saqué el machete y abrimos camino hacia abajo donde, según el mapa, había una quebrada que nos llevaría hasta el Río Cangandí.

Prontamente llegamos a la quebrada y procedimos a seguirla. Era obvio que por aquí no ha caminado nadie desde hace mucho tiempo. Los indios tienen un camino por otro lado, pero esta era la ruta que aparecía en el mapa del Tommy Guardia, Río Mandinga, que fue revisado en el campo en 1966. Evidentemente las cosas han cambiado un poco desde entonces.

La quebrada que seguíamos estaba espectacular, cristalina, y llena de pequeñas caídas que hacían nuestro avance algo lento. No teníamos apuro alguno y cuando nos cayera a bien acamparíamos donde estuviésemos. Así es que sin prisa y sin pausa fuimos avanzando y gozando del entorno en el que nos encontrábamos. Eventualmente llegamos a un campamento kuna, justo a la hora de almorzar. Habían dos estructuras grandes de madera y una decía que era la casa del Sahila del Pueblo. Estaban abandonadas desde hace tiempo.

Almorzamos a la orilla del río y justo al frente de donde paramos vimos el camino que llegaba al campamento. Este camino seguro nos llevaría directo al pueblo de Cangandí. Se veía que iba directo al norte, justo la dirección que queríamos seguir. El camino volvía a trepar al salir del río y se mantuvo alto por un rato para luego volver a caer al río. Viendo el mapa era evidente que tomó una ruta más directa que la que seguía la quebrada por la cual habíamos bajado. Ya estábamos cerca del Río Cangandí.

Ahora el camino seguía de cerca el río, a veces por un lado, por el otro y por medio del cauce cuando era más directo. Casi a las cuatro de la tarde llegamos al Cangandí. El río estaba lleno de agua y el camino salió justo donde se juntaba la quebrada que habíamos seguido desde un principio. Nos gustó tanto el lugar que ahí mismo decidimos que acamparíamos.

El agua del río estaba sabrosa, de una temperatura ideal para quedarse adentro del caudal sin morirse de frío al poco rato. Cada quien buscó sus árboles para colgar su hamaca, nos dimos un buen baño, descansamos un rato y luego iniciamos el proceso de preparar la cena. Sjef había traído salmón, crema, parmesano reggiano y fetuccines. Yo la preparé con gusto y todos comimos hasta quedar satisfechos. ¡Hora de la tertulia!

Al día siguiente regresamos por el mismo camino y llegamos prontamente al campamento. Mi hijo Irving venía como caballo de alquiler apurado por regresar al auto. Nosotros los viejos veníamos jadeando tras él. En el campamento encontramos el camino de los indios que llegaba directo a la casona del campamento. Este camino subió directo al filo de la división continental ascendiendo sin parar hasta los 390 metros de altura. El campamento estaba como a 180 metros de altura así es que fue una buena trepada.

Bajando tomamos una izquierda equivocada y quedamos enredados en una quebrada pero al rato volvimos a empalmar con el camino correcto. Salimos un poco rasguñados por las plantas que estaban enmarañadas y habían muchas espinosas. Ya al mediodía estábamos de vuelta en el auto. Decidimos pasar el Mamoní antes que lloviera y nos dejara atrapados del lado incorrecto. Una vez del otro lado estacionamos para darnos un largo chapuzón en el río y regresar limpios a casa. ¡Tenemos que repetir este viaje en verano!

Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18214927

Rumbo a Western States 2017

Este 24 de junio voy a estar en la partida de Western States 100 2017. En el 2011 corrí WS100 en un tiempo de 29:40:38 y era la segunda vez que corría esa distancia. Ahora llevo 8 carreras de 100 millas terminadas y Western States 100 sería la novena. UltraSignup me tiene pronosticado un tiempo de 27:31:16. Ese tiempo lo sacan de alguna forma de la historia de 15 carreras mías que tienen en su base de datos. Hasta ahora siempre he corrido en mejor tiempo de lo que me han pronosticado en UltraSignup.

La verdad es que con 27:31:16 estaría muy contento si logró ese tiempo es esta carrera, pero es dos horas y tanto menos que en mi carrera anterior, y ya han pasado seis años de ese logro. Varios indicadores y comparativos de índices de dificultad me ponen cerca de ese tiempo, pero otros me ponen cerca del corte de la carrera, que son 30 horas. Solamente he terminado Javelina y Western States debajo de 30 horas. Todas las demás me han tomado horas por encima de ese tiempo.

Para algo cuenta toda la experiencia que he adquirido en 7 años corriendo las 100 millas, pero la edad también me está haciendo difícil mantener el paso para lograr pasar las horas de corte de las carreras. El año pasado no logré terminar Kerry Way 200 por no llegar a tiempo a la última estación donde había un corte, pero estoy seguro que hubiese terminado dentro del tiempo que tenía para hacerlo. Incluso en el 2011 tuve problemas con ampollas en los pies que pude haber evitado con un cambio de zapatillas en la milla 30 (donde no dejé una bolsa de apoyo por falta de experiencia). Solamente ahorrándome las dos paradas largas para arreglarme los pies en WS 100 2011 ya tendría las dos horas que necesito para lograr el pronóstico este año.

Este año cuento con Andrés Muñóz de pacer para que me ayude a pasar la noche y llegar a la meta. Mi esposa Lorena viene de crew una vez más, junto con Dan Gomez y Jenn. Tengo probado todo el equipo que voy a usar en esta próxima carrera. Tengo de fondo Massanutten 100 2017 (aunque esto también puede actuar en mi contra). Cuento con más experiencia a mi favor para este próximo reto. El clima posiblemente también me favorezca por que parece que me va a tocar la ruta de la nieve una vez más. Es una pena que no voy a poder experimentar el recorrido original, pero esto no le quita mucho al evento.

Creo que una de las cosas que más me gusta de Western States 100, y que me favorece, es que es una carrera en bajada. Aunque tengo que subir 18,000′, me toca bajar 23,000′. Son 5,000′ de bajada adicionales. Y lo otro bueno de WS100 es que la ruta se puede correr muy bien, especialmente si lo comparo contra Massanutten. Al final de cuentas, me toca hacer una carrera inteligente, manejar bien mi paso, sobrevivir el calor del día y aprovechar las oportunidades que tenga de subir el paso para ganarle tiempo al reloj. ¡Cruzar la meta es el objetivo!

Nota: no he mencionado 24 horas, ni hebilla de plata…

Massanutten Mountain Trail Run 2017

Mi hermano Rogelio y yo terminamos MMT 100 en 34:43:21 y Carlos Rettally terminó en 32:33:04 (incluyendo una perdida inexplicable de varios kilómetros). Tres de tres es un gran logro para nosotros ya que estadísticamente era muy probable que uno no terminara. La experiencia tiene sus ventajas. Tuvimos la suerte de que nos tocara un buen clima que ayudó a todos a terminar por encima del promedio este año.
No tengo ninguna buena explicación para justificar porque este año corrí mejor que los años anteriores llegando progresivamente más temprano a cada estación hasta llegar a la estación #12 (Visitor Center) una hora y nueve minutos más temprano que en el 2016. En la estación anterior llevaba exactamente hora y media de ventaja contra el año anterior. Y entonces descansamos por hora y media y emparejamos todo…

En la primera subida me pasé a Rogelio y luego al Rets. No fue intencional, sencillamente mi ritmo al principio resultó bueno. Rogelio me dijo luego que no estaba subiendo bien, que muchos se lo pasaban hacia arriba y entonces bajando los dejaba atrás. Carlitos estaba iniciando con una paso muy medido que luego aumentó hasta pasarme entre la estación #2 y la #3.

Rogelio me pasó entre la #5 y la #6 y se quedó delante hasta que lo alcancé para llegar juntos a la estación #8. Yo estaba corriendo cómodamente porque tenía muy presente que en 47 días después de terminar iba a correr Western States 100 y necesitaba llegar ileso a la meta para poder seguir entrenando sin lastimarme, ni perder condiciones. ¡Pero iba mejor que en las dos carreras anteriores en todas las estaciones!

Mi hermano es más críptico que yo así que yo no sabía claramente cual era su estrategia de carrera. Tenía el presentimiento que si volvía a ver a Rets o al Tigre ya estaban fritos conmigo. Pero no tenía intenciones de abandonar a mi hermano ya que valoro mucho su compañía y hemos corrido juntos muchas veces, y cruzado muchas metas juntos. Así que desde que me lo alcancé hasta la meta iba a acompañarlo si podía. Por suerte no resultó difícil.

Rogelio se enredó en varias cosas al programar sus bolsas de apoyo. El peor fue no encontrar su gorro de lana para mantener la cabeza caliente durante la noche. En Habron Gap (#9), a los 86.72km, decidió salir por delante mío para subir con calma y que yo me lo alcanzara. Corrí los 15kms hasta Camp Roosevelt (#10) preocupado porque no me lo alcanzaba y pensé que me iba a dejar atrás. Cuando llegué a la estación ya Rogelio no estaba. Bueno, que iba a hacer. Pedí mi café y procedí a alimentarme con lo que me apetecía (que no era mucho).

De repente llega Rogelio con cara de preocupado y jadeando. Había corrido a balazo toda la bajada preocupado porque yo lo iba a dejar atrás ya que él se había perdido en el lomo de la montaña. ¡Como da vueltas el mundo! Los dos estábamos preocupados por lo mismo. La única diferencia es que yo nunca llegué a gastar energías por tratar de alcanzarlo.

Partimos juntos hacia Gap Creek (#11). El camino inicia subiendo por un sendero que va paralelo a un río, pero el mismo camino parece una quebrada por lo mojado que es. Y luego vienen una buena trepada para entonces bajar a la estación. Esta es una de esas secciones que no incluye una corrida por el lomo de la montaña. En esta sección comenzó el frío a ponerse bueno.

Gap Creek es una pequeña estación que no tiene gran cosa. Pasamos rápido a través de la comida y la bebida para no enfriarnos. La próxima estación estaba a 13k y había una corrida larga por el espinazo de Massanutten Mountain para luego bajar a Visito Center (#12). Rogelio se estaba apagando en este tramo y la gente nos estaba pasando. El frío lo estaba limando pero estaba estoicamente soportándolo hasta que se rindió y me pidió me gorro de lana. ¡Ahora el que comenzó a pasar frío fui yo! Con todos los contratiempos llegamos a la estación una 1:09 por delante de mi último tiempo, a las 4:51am.

En Visitor Center ya Rogelio decidió que tenía que dormir y yo necesitaba calentarme junto al fuego. Nos quedamos hasta las 6:30am en la estación. Rogelio durmió un rato y luego fue a que le arreglaran los pies. Yo también debo haberme quedado dormido en la silla donde estaba sentado porque cuando abrí los ojos ya mi hermano no estaba acostado al lado mío. Cuando regresó me contó que le había sacado el líquido a sus vejigas y se las habían vendado. ¡Ahora tocaba correr para terminar esta carrera!

Ya apenas quedaba un poco menos de un maratón para llegar a la meta y estábamos en buena posición para terminar cerca de mis tiempos anteriores. yo estaba entero y a Rogelio lo habían parchado. Ambos nos tomamos una dosis de Peptobismol para tranquilizar el estómago y partimos haca Bird Knob (#13, 5.6km). Ya lo que quedaba era terreno familiar: las preocupaciones anteriores me habían hecho grabar el recorrido en mi mente. Pero esta vez estaba tranquilo y sereno, confiado que la meta estaba a nuestro alcance.

Corrimos todas las estaciones que quedaban en mejor tiempo que el 2016 con excepción del último tramo. Hubo momentos en que bajamos un poco la marcha porque Rogelio se había quedado sin gasolina pero lo rellené con un Power Gel que llevaba en mi botella de mano. Yo había dejado el cinturón que había cargado toda la carrera con una botella de agua que nunca me acabé y con varios geles que nunca usé en la penúltima estación para ir más liviano y mi hermano había dejado su mochila también.

Corrimos el último segmento con mucha calma. Ibamos a lograr nuestro objetivo (terminar la carrera) y llegaríamos juntos a la meta (la bonificación). ¿Qué importaba mejorar los tiempos anteriores? Aún así nos pasamos a varios en esa sección. Teníamos la oportunidad de mejorar el tiempo del último año, pero no hicimos el esfuerzo. Para mí, ¡cruzar la meta juntos no tiene precio!

Camino Real 2017

El 4 y 5 de febrero de este año caminos de Nombre de Dios a Boquerón Arriba. Hacía tiempo no encontraba el camino tan difícil. El Huracán Otto hizo estragos con el camino: había muchos árboles caídos, varios derrumbes en la vía del ferrocarril, y un cruce que año tras año se hacía más duro esta vez se volvió imposible y tuvimos que improvisar un desvío grande. Pero, como siempre, ese camino sigue siendo una de las rutas más espectaculares que tenemos en Panamá.
Hacía varios años no caminaba con un grupo tan grande. Eramos 23 caminantes y solamente Carlota e Yvonne, mi sobrina, eran las únicas que nunca habían caminado Boquerón. Como es típico cuando el grupo es grande, iniciamos la caminata un poco más tarde de lo usual. Entre una cosa y otra, a pesar de estar avanzando a un buen ritmo, y con pocas paradas, fuimos retrasándonos aún más en el camino por el Río Nombre de Dios. En general, y como cosa buena, en la caminata por el Nombre de Dios no vimos que hubiesen talado nada recientemente. Encontramos un para de lugares en donde habían puesto alambre a través del río, cosa que debe estar prohibido, pero nada más grave.

Al llegar a Brazo de Cedro, donde normalmente hacemos el desvío hacia la montaña, encontramos que los matorrales ya han ido recuperando algo de lo que habían talado anteriormente y el bosque se está recuperando. Esto es bueno para el bosque pero hace algo más difícil este tramo porque esos matorrales incluían muchas plantas espinadas y cortantes. Tanto es así que desde este punto comenzaron las variantes de la ruta ya que no llegamos al chorrito que siempre hemos usado como referencia para iniciar la trepada y decidimos comenzar la subida un poco antes por que la ruta por el valle de la quebrada estaba toda crecida y enmarañada. Creo que éramos de los primeros en hacer el cruce este año por esa ruta.

A media trepada hacia los rieles del tren, mientras cruzábamos uno de varios árboles caídos, escuchamos que el tronco comenzó a traquear. ¡El árbol comenzó a quebrarse cuando estábamos bajo su ramal! Yo, que ya casi estaba al otro lado, quedé atrapado cuando una de sus grandes ramas casi me aplasta y me cayó sobre la mochila. Quede encuclillado, atrapado bajo el peso de la rama en mi espalda. Por suerte más nadie sufrió daños más allá de las picadas de hormigas que se aguantó Jorge Mendoza mientras me quitaba algo del peso del tronco de encima para que pudiera soltarme la mochila y escapar de la posición en la que estaba. ¡Tremendo susto que nos llevamos!

Nos tomamos un merecido almuerzo al llegar a los rieles. Ibamos como dos horas tarde a este punto versus nuestro itinerario usual. Argelis fue una de las que sufrió la subida este año. No se que tiene esa trepada pero invariablemente a alguien le pega duro. Mientras yo tiraba machete adelante el resto del grupo se encargó de ayudarla y no hubo mayor percance. Lo bueno de caminar con el Hash es que hubo cerveza fría para acompañar la comida, y unos sorbos de ron para alegrar el ánimo.

Cuando resumimos la marcha encontramos el camino lleno de árboles caídos que había que vadear generalmente usando un desvío montaña arriba. Pero hubo un par que nos obligaron a hacer el desvío hacia abajo y varios de estos fueron peligrosos por el desnivel y la inclinación del terreno. Después de llegar al chorro donde habitualmente almorzábamos encontramos el peor de los deslaves de la montaña. Esta vez resultó imposible cruzar el abismo que se formó en este punto.

Esto si ‘ta duro…

Nos tocó trepar hacia el filo que estaba a nuestra izquierda para tratar de continuar por la montaña porque resultaba imposible seguir los rieles. ¡Esa trepada resultó intimidante para varios y Graciela casi se retaca! Me dijeron que hasta lágrimas dejó en esa subida. Mientras Yvonne espera que el grupo se reuniera se encontró que estaba parada justo al lado de una patoca que estaba indecisa sobre huir o echarle un envión a su pie. Por suerte Yvonne se alejó un poco antes que la culebra se decidiera a actuar. Después de un merecido descanso arriba del cerro, y de gozar de la vista que teníamos allá arriba, reanudamos nuestro avance.

Hasta acá arriba habían más árboles caídos haciendo lento nuestro avance. Eventualmente volvimos a encontrar los rieles y ya logramos seguirlos hasta el Boquerón sin mayores percances. En esta parte Carlota encontró toda clase de plantas espinadas que generalmente le avisaban su peligro después de entrar en su piel. Decidimos cuidarla esmeradamente no fuera que se pinchara más de lo que ya estaba. Por suerte Tony e Iván iban cuidando a Hildegar y Graciela en la retaguardia que ya venían flaqueando con las dificultades adicionales que nos habían salido.

Cuando nos reagrupamos nuevamente en el Boquerón ya eran más de las 4pm. Era evidente que no íbamos a llegar a donde habíamos planeado acampar e incluso nos iba a tomar buen rato llegar al lugar donde antes acampábamos. Generalmente a esta hora ya estábamos en el chorro del Boquerón donde tenemos nuestra piscina privada. Hasta aquí había otro árbol caído que íbamos a demorarnos otro tanto. Por suerte a Panamá solamente le tocó la colita de Otto. Este bosque sufrió estragos con el poco viento que le pegó. A las 5pm llegamos a la “T” y ahí me quedé esperando a las últimas: Grace e Hilde. Carlota y Jorge se quedaron y entre todos ayudamos a Hilde con su mochila.

El río hasta el chorro, de noche, nos hizo dura la llegada porque ya no veíamos bien los vados llanos y varias veces nos tocó cargar las mochilas sobre nuestra cabeza por lo hondo que estaba en varios lugares. Al final llegamos al campamento a las 7:30pm. Por suerte el grupo no había dejado a Robert continuar hasta el próximo campamento como, de seguro, había sido su intención. Peor ya tan tarde, y con la gente cansada, no valía la pena tomar el riesgo de seguir caminando.

La parranda fue buena esa noche. Mucha gente cayó temprano porque estaban extenuados. Pero los mismos revoltosos de siempre dieron lata hasta las tres de la mañana. La cena fue interesante porque era de traje y no todo el mundo trajo. Realmente la cena se dividió por grupos y unos cocinaron, otros comieron de latas, otros emparedados y algunos fueron directo para el sobre. Como ha cambiado la tecnología la dinámica de las acampadas. Había un par de bocinas sonando, una tocaba salsa y otra rock & roll del viejo, Río Abajo y Bella Vista en el Boquerón. Al final, los rockeros durmieron a los salseros (realmente, Tony apagó su salsa y se junto con los rockeros).

Después de un desayuno de avena y café, reanudamos nuestro peregrinaje. Nos llovió algo durante la noche, nada trágico por suerte. Ya desde este punto en adelante era evidente que la gente estaba llegando hasta acá de río abajo porque se notaban picas frescas en el camino. Había un par de árboles caídos que ya estaban cortados y nos fue fácil pasarlos. Los que salieron temprano hicieron una parada en la poza del Longué y yo me llevé a los lentos río abajo para avanzarlos mientras los otros gozaban de un buen chapuzón matutino. El resto del grupo nos alcanzó llegando al Río Diablo. Hicimos otra buena parada bajo el puente del tren abajo de la confluencia con le Diablo.

Ya el resto del camino no encontramos mayores inconvenientes. Parece que ahora que los autos están llegando a Santa Librada, la gente está subiendo hasta el Longué a acampar y el camino está siendo mantenido. Todavía todo está limpio, no se han metido con una de las partes más lindas de este trayecto por el Boquerón. Los más rápidos bajamos por el Río desde Mina 2 hasta Santa Librada. Los otros se fueron por el camino y llegamos casi a la misma vez. Ya de Santa Librada hasta Boquerón arriba este viaje es por una calle transitable. Ha perdido algo de su atractivo, pero nada que le reste muchos puntos a esta gran travesía. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he pasado de Nombre de Dios a Boquerón arriba, pero sigo sin cansarme de este viaje. Pronto quiero volver a repetirlo.

Me encantó ver que mi sobrina Yvonne y Carlota quedaron muy contentas con su primer recorrido del “Camino Real”. Todavía no he conocido a nadie que no haya gozado mucho de esta aventura. Tal vez haya una excepción y ella fue la precursora de nuestras famosas “dos horas”: ¿cuanto falta? ¡Dos horas! En esta vuelta, varios experimentados volvieron a preguntar lo mismo y recibieron la respuesta habitual: ¡Dos horas!

Javelina Jundred 2016

Este último fin de semana de octubre corrí Javelina Jundred 100 millas en 25:58:54, mi mejor tiempo hasta ahora en las cien millas. Con esta carrera conseguí mi séptima hebilla de ultra corredor. Después de haber corrido Javelina en el 2010, mejoré el tiempo de esta carrera en 2:50 (casi tres horas) y volví a correr vestido de Hombre Araña, como lo hice aquella vez. Diría que la experiencia me permitió mejorar mi tiempo porque no creo que esté corriendo con la misma fuerza y velocidad que tenía a mis 49 años (de eso estoy seguro).

Javelina Jundred se corre en McDowell Mountain Regional Park en el desierto de Arizona, afuera de Phoenix. Este año nos tocó la temperatura más alta que se haya registrado para ese día del año en toda la historia del parque. Estaba caliente. Pero a mí no me afecto tanto la temperatura, a pesar de mi disfraz, porque siempre me mantuve húmedo y usé un pañuelo con hielo alrededor del cuello. No tomé más agua de la cuenta, casi nada, de hecho. Me echaba el agua encima para mantener la temperatura cómoda. Corrí toda la carrera con dos botellas, una con Gatorade y otra con agua. La de Gatorade me la tomaba y la de agua la usaba para controlar mi temperatura.

La noche anterior a la carrera la pasé en el parque, al lado de la meta, donde una ciudad de toldas había sido levantada por los corredores que habían elegido acampar al lado de la partida. Este año habían movido la partida a este lugar para tener más espacio para las toldas ya que se estaba quedando chica el area donde habían hecho el evento los años anteriores. La acampada en la partida/meta es parte del atractivo de esta carrera, tanto para los corredores, como para los espectadores, ya que la carrera son cinco vueltas a un circuito (cada vuelta en dirección contraria) y en cada vuelta hay que recorrer unos 500 metros por un camino que pasa entre las toldas. Este recorrido siempre me llenó de energía porque todo el mundo me animaba y me llenaba de energía (tal vez porque iba vestido de Spiderman, pero creo que los espectadores hacían esto con todos los corredores).

A las 4am me levanté y me vestí bajo mi manta, que era lo único que me cubría. Había dormido al aire libre a un borde del campamento porque no tenía reserva para acampar y se habían agotado los puestos para hacerlo cuando llegué al parque. Empaqué mi mochila y la coloqué en el lugar para las bolsas de carrera donde quedaría como mi reserva de abastos. Fui a buscar cafe porque decidí no perder tiempo preparándolo yo mismo. Ya la partida estaba repleta con los 574 corredores que iban a partir ese día a las 5am. Justo antes de la partida me encontré con Lagarto y pudimos arrancar juntos, pero fue poco lo que corrí con él porque pronto me dejó atrás. Partimos casi al final de la multitud y pronto cada uno se fue acomodando en la larga fila que siempre se forma en estas carreras por senderos estrechos.

En esta carrera la vista era expansiva pero los senderos estaban delimitados por toda clase de plantas espinosas, en su mayoría cactus. Todas las clases de cactus estaban presentes en el paisaje, desde los gigantescos saguaros hasta las pequeñas chollas saltarinas, muchos con espinas que se veía que podían causar mucho dolor. Más de un corredor iba a terminar con un pié lleno de espinas. Además de los cactus, estaban todas las clases de suculentas que viven en estos desiertos, plantas carnosas que acumulan la poca humedad que hay en estos desiertos donde la vida aparece de noche, cuando baja la temperatura.

Ya se veía que el día iba a estar caliente porque en la madrugada la temperatura apenas bajó a 16C y no había una nube en el cielo. La primera vuelta de esta carrera es de 35.7km y el resto de las vueltas son de 31.2km. En total había que hacer cinco vueltas, la primera en el sentido del reloj y luego en dirección alterna cada vuelta. Yo decidí correr con dos botellas solamente aunque recomendaban tres botellas para corredores lentos como yo. También decidí que tomaría Gatorade toda la carrera en una botella, la que llevaba en la mano y agua en la otra (esta ha sido mi combinación desde hace rato). La botella de agua la uso para enjuagarme la boca y mojarme también. Esto iba a ser muy importante con el vestido de Hombre Araña que cargaba puesto porque era la clave para enfriarme evaporativamente.

Primera vuelta

Al final de la primera vuelta se pasa por un cañón que alarga el primer tramo. Ya eran cerca de las 9am cuando llegamos a esta parte y me quedé sin líquidos. Se me secó la ropa y el calor comenzó a tostarme. Esto no era bueno pero ya debía faltar poco par terminar. En ese momento quedé con un grupo de cuatro mujeres y estábamos pasándonos a intervalos. En una de las bajadas rodé y que tirado, cuan largo era. Ahora estaba, seco, sucio y golpeado. No se pintaba muy bueno el día. Terminé la primera vuelta en 4:17, en la posición 183 de 574. Tal vez estaba corriendo más rápido de lo que debiera pero no me pareció que estaba corriendo forzado.

Me llenó de energía el regresar a la meta porque toda la gente que estaba acampando se encontraba arreglada a los lados de un camino que recorría todo el campamento hasta el punto donde se daba el giro para iniciar la próxima vuelta. A todos parecía gustarle ver a Spiderman corriendo, en particular a los niños. “Go Spidey!”

En esta vuelta me puse un pañuelo que está hecho especialmente para el calor porque permite que se le ponga hielo adentro. De ahora hasta que bajara el sol iba a tener hielo alrededor del cuello para enfriar la sangre que pasaba por las carótidas y el agua fría que chorreaba por la espalda iba a ayudar a mantener mi temperatura bajo control. Pasé por la estación de apoyo lo más rápido que pude comiendo papa hervida con sal, unos pepinillos, y sandía mientras los voluntarios rellenaban mis botellas y le ponían hielo al pañuelo.

Segunda Vuelta

Al partir a la segunda vuelta quedé nuevamente con las mujeres que estaban corriendo juntas. Pensé que eran un grupo pero resultó que solamente era coincidental. Una de ellas nos fue dejando atrás, Heather al final terminó en posición #81 en 23:36:22 — eso explica por qué no la volví a ver. Quedé corriendo con Maggie Beach y de la conversación surgió la coincidencia de haber corrido juntos en Western States en el 2011. Maggie Beach terminó Badwater 2011 en la tercera posición femenina. Corrimos juntos hasta Coyote Camp y allí se quedó a descansar. Creo que el calor la acabo porque no salió a la tercera vuelta. Por suerte corrimos juntos porque en esta segunda vuelta me ayudó con agua cuando se me acabó entre Jackass Junction y Coyote Camp, el tramo más largo entre estaciones en esta carrera.

Bajando de Coyote Camp me crucé por primera vez con el Croc. Venía casi dos hora delante mío, iniciando su tercera vuelta. Parecía que el sol lo estaba golpeando porque no hizo más que quejarse del calor pero venía muy bien cuando yo lo vi.

Terminé la segunda vuelta en 4:39:58. Un buen tiempo porque estaba manteniendo el paso bastante constante a pesar que se había puesto caliente el día. La tercera vuelta sería crítica para terminar esta carrera. Ya llevaba nueve horas corriendo y habíamos partido a las 5am. El calor todavía estaba subiendo pero mi vestido me estaba protegiendo muy bien. Todos me preguntaban como podía aguantar el calor con ese traje. La realidad es que venía muy fresco por las propiedades evaporativas del material. Todos los demás tenían que tomarse el agua y sudarla para refrescarse mientras que solamente me la echaba encima y de una vez se distribuía por toda la tela del vestido y comenzaba a evaporarse. Eso me ayudaba a conservar las sales que de otra forma hubiese perdido sudando toda esa agua.

A esta altura de la carrera tenía esperanza de poder mantener algo del paso que había estado llevando. Aunque podía soñar con menos de 24 horas, no se me ocurría cambiar mucho lo que estaba haciendo y estaba determinado a seguir corriendo cómodamente. Una vez más me apegué a mi rutina de comer papa hervida rodada en sal, pepinillos y sandía. Siempre me tomaba algo de ginger ale para ayudar al estómago, y también Coca Cola. Había pizza en la estación principal y me comí un pedazo. Cuando salí a la tercera vuelta no tenía idea del calor que venía en camino.

Según mi cálculo, Lagarto me llevaba como dos horas a esta altura de la carrera, tal vez un poco menos. Yo estaba corriendo bien, no me dolía nada, no tenía fricciones incómodas por ningún lado, pero estaba comenzando a sentir que me estaba pelando la cintura por la espalda. Había planeado usar un calzoncillo de compresión debajo de mi vestido de Hombre Araña pero no lo pude encontrar en la oscuridad de la noche. Creo que se me quedó en la maleta que había dejado en el auto así que me puse el pantalón de correr que había traído por si decidía quitarme el disfraz. Es de marca Nike y no tengo idea por qué esa gente usan tanta costura para ponerle la etiqueta pero el resultado de eso es que cuando corro con el cinturón para la segunda botella, el peso de la misma botella hace que se me pele la piel justo donde la etiqueta me roza con la espalda. Normalmente, cuando corro con estos pantalones, me pongo la camiseta por dentro del pantalón para evitar que esto pase y no pelarme. Esa no era una opción ahora porque no me puedo meter el disfraz por dentro del pantalón.

Mientras corría bajo el sol pensaba en lo deliciosa que iba a estar el vaso de cerveza que me iba a tomar en Coyote Camp, un puesto de ayuda que maneja el Hash de Phoenix. En la primera vuelta me había tomado un bloody mary que estuvo buenísimo. En la segunda vuelta cambié a cerveza y ahora estaba motivado por llegar para tomarme otra. Cuando comencé a trepar para Coyote Camp ya las pulsaciones se me estaban elevando por el calor. Ya se veía difícil que pudiese mantener esta vuelta dentro de las cinco horas como había hecho con las dos primeras.

Cuando llegué a Coyote Camp me encontré con un tumulto que estaba en la misma situación que yo, con sed, pero ni uno solo tenía una cerveza. Yo si aproveché la oferta de cerveza que tenía y me tomé un vasito mientras comía de lo que había en la mesa de abastos. Por desgracia se habían acabado las papas con sal así es que me comí toda la sandía que pude y tome algo de jugo de pepino también. Ya con mis botellas rellenas seguí hacia Jackass Junction, la próxima estación. Iba a tener que ser juicioso con mis líquidos porque este tramo es el más largo entre estaciones y ahora estaba más caliente.

Una de las cosas que me han gustado de Javelina es que cada vuelta es en el sentido contrario. Esto permite que uno pueda ver a la gran mayoría de los competidores en un momento u otro. Bueno, en esta vuelta me toco ver a los que iban ganando la carrera: yo iba en mi tercera vuelta y esta gente me estaba pasando para terminar la carrera. La gente que venía en contra, la mayoría, iban para su cuarta vuelta, pero los primeros corredores iban a terminar antes que yo terminara esta vuelta y me estaban pasando como si yo estuviese parado. ¡Wow, esta gente corre rápido!

A estas alturas de la carrera ya estaba corriendo solo. Veía mucha gente, pero nadie estaba corriendo cerca de mí, en el mismo sentido que yo. La tarde estaba cayendo cuando me acercaba a Jackass y podía escuchar música. Algo había cambiado en esa estación desde la última vez que pasé por allí. Cuando voy llegando me encuentro con dos hombres vestidos de cheerleaders bailando y animándome a llegar a la estación. En la estación habían luces de colores y el ambiente estaba muy festivo y las chicas detrás de las mesas se habían vestido sexy. ¡Aquí la gente la estaba pasando bien!

De repente me llega un hombre vestido de bombero, como salido directamente de la banda “The Village People”, y me pregunta si era de Panamá. Yo le digo que sí, ¿cómo sabía él eso? Me responde que mi amigo de Panamá había pasado por allí hace poco y que “no se veía muy bien” ¡y me ofrece una cerveza! Bueno, era hora de sentarme y tomarme una cerveza con calma, ya me la merecía. Había una hielera inmensa llena con toda clase de cervezas que se veían potentes — yo escogí la más fácil de tomar, la más ligera que encontré y me senté a descansar un rato. Fue muy divertido el tiempo que pasé en la silla mientras una cantidad de corredores me pasaban apurados por seguir su carrera y no caer ante la tentación de esta estación. Yo no pude resistir…

Cuando me terminé mi cerveza proseguí en mi procesión. Ya había bajado el sol y tenía esperanzas de poder mejorar mi paso y ahora todo lo que venía era en bajada. Ya había pasado la primera mitad de la carrera, había sobrevivido la parte más caliente del día, y ahora me tocaría aguantar el sueño. Ya no me estaba echando el agua encima porque no quería tener el disfraz mojado, o húmedo, durante la noche que podía ponerse fría. Curiosamente, ahora es cuando más caliente se sentía mi vestido, y la noche no parecía que se iba a enfriar mucho. No me había llevado mi lámpara en esta vuelta así que me tocaría correr hasta la estación principal con una linterna de mano pequeña que cargaba en el cinto.

Cuando llegué a la próxima estación comencé a tomar sopa. A esta altura de la carrera la sopa es lo que mejor me cae y me ayuda a recuperar las sales que he perdido durante la sudada del día. En esta estación ya había gente que estaba abandonando la carrera. Parece que el día fue letal para muchos corredores. De Rattlesnake, esta estación, a la meta viene el tramo que mejor se puede correr en esta carrera. Traté de apretar para terminar esta vuelta debajo de seis horas y logré: hice el tercer tramo en 5:55:42 y pasé en la posición #183. Entre las cervezas y la silla en esta vuelta me pasaron 26 personas.

8:53pm

Cuando regresé al campamento base me tocó pasar por enfermería para que me pusieran esparadrapo en la espalda porque ya se me había pelado donde me rozaba el pantalón. La gente es muy amable en la estación médica siempre, y lentos. Pero, ya no estaba dispuesto a otra vuelta más con esa lesión molestando. Después me fui a comer algo y, por primera vez en una de estas carreras, la comida no me bajaba: no me pude terminar el primer mordisco de pizza. Cuando me lo traté de tragar me dió una revoltura y vomité. Fue poco lo que vomité porque no tenía nada en el estómago. Bueno, ya vería como seguiría el resto de esta carrera sin comida. Saliendo de la estación la gente todavía seguía animándome por ir vestido de Hombre Araña. Ahora era cuando los superpoderes iban a ser necesarios.

3:05am

Antes de salir había tomado mi linterna de cabeza y había cambiado la pila de la linterna de mano por si la volvía a necesitar. Estaba corriendo todavía, pero mucho más lento ahora. La subida desde Jeadquarters a Rattlesnake es progresiva y se presta para correr bien. Iba pensando que no había visto al Croc en esta vuelta. ¿Será que se me escondió para que yo no lo viera? El es capaz de hacer eso para joder y hacer que no supiera que ventaja me llevaba.

Al regresar a Rattlesnake pude comer más sandía y bajar unos sorbos de sopa de fideos. Creo que estaba pasado de sal, pero aún no daba con la razón por la que no me pude comer la pizza. Por suerte todavía podía beber el Gatorade y bajar unas calorías por esa vía. Ahora que era de noche el agua me estaba alcanzando sin problema entre las estaciones.

De noche pude ver varios desert gerbils en el camino. La noche estaba oscura y el cielo se nublo. A pesar que no había luna no pude ver muchas estrellas por la opacidad que cubría el firmamento. Por suerte tenía una buena linterna para alumbrar el camino. Varias veces me tropecé con rocas que no estaba viendo bien. Cuando regresé a Jackass vi que la fiesta seguía a todo dar. Me ofrecieron más cerveza pero esta vez pasé de largo. Les prometí que en la próxima vuelta celebrábamos el camino a la meta final pero ahora tenía que terminar esta vuelta lo antes posible.

No se que pasó entre Jackass y Coyote Camp, pero se me acabó la gasolina y me estaba durmiendo. Por suerte en esta vuelta me pasaron unos corredores y decidí aprovecharlos para unirme a su tren y mantener el paso. La compañía me ayudó definitivamente pero al rato se me fueron quedando atrás. Yo trepaba más rápido que ellos y este tramo estaba lleno de subidas y bajadas. Ya estaba desesperado por llegar a Coyote Camp y nada que lo veía.

Finalmente apareció de la nada la estación. Ahora esta estación que había sido tan animada durante el día había palidecido en comparación con la fiesta que se armó en Jackass. Una de las razones es que esta estación es remota, mientras que la otra está accesible en auto y tiene más amenidades. Creo que los voluntarios también se estaban cansando y no habían llegado reemplazos. Comí lo que pude, rellené mis botellas y seguí mi camino. Ahora venía una bajada larga a Jeadquartes.

A estas alturas, con el sueño que aún me estaba correteando, y las piedras que había pateado, la bajada se me estaba haciendo complicada y no le estaba sacando el provecho que hubiese querido. Al menos estaba en movimiento y eso era bueno. El perfil de este tramo es una bajada relativamente rápida y luego el resto es de una pendiente muy leve y con buena pisada. Comencé a motivarme pensando en que pronto estaría dando la vuelta y comenzaría mi último tramo. Ahora se estaba llenado el aire de un polvillo muy fino que hacía incómodo respirar y me resecaba el lente de contacto en mi ojo derecho. Tenía la brisa en la espalda y el viento me traía el propio polvo que yo levantaba. Aún así, estaba alcanzado a otros corredores y los estaba pasando.

Cuando regresé a Jeadquarters fui por otro pedazo de pizza para ver si esta vez si podía comerlo. Mismo cuento que la vez pasada: no me lo pude tragar y termine botando lo poco que tenía en el estómago. OK, ya solamente quedaba la última vuelta y estaba seguro que iba a poder terminarla como estaba. Más caldo de pollo, ginger ale, Coca-Cola y partí por esa hebilla que me esperaba al final de esta vuelta. En la salida esta vez estaba dormida la mayoría de los que habían estado animándome pero ya no necesitaba más motivación que la llevaba dentro. Esta última vuelta me había tomado 6:11:46 y llegué a dar la vuelta en la posición #164.

Cuando salí vi que había un tren largo de otros corredores que también estaban en su última vuelta. Muchos ya estaban caminando, o corriendo muy lento. Yo decidí que iba a dejar todo lo que me quedaba en esta vuelta y apreté el paso, determinado a correr toda la última vuelta. Comencé a pasar gente. Me acordé de Ernie que le pinta una diana a los corredores que tiene al frente. Así mismo fui haciendo con todo el que veía y uno tras otro los alcanzaba, los pasaba, y los dejaba atrás.

Cuando llegué a la subida hacia Coyote Camp seguí corriendo. Como ya no había sol que me robara fuerza encontré un ritmo que me permitía correr la subida tal como lo había practicado en el Parque Metropolitano de Panamá cada vez que subía al mirador por el camino del Mono Tití cada viernes con el “Monkey Pack”, nuestro grupo de apoyo a corredores adictos. Con cada paso que daba faltaba menos para terminar esta vaína. Ya podía sentir la elación de estar alcanzando otra meta más. Coyote Camp apareció pronto, estaba corriendo bien, en especial por ser la última vuelta. A estas alturas la mayoría de la gente va en una marcha forzada.

Me tomé un café en Coyote Camp, más caldo, y partí hacia la próxima estación. Como a la hora de estar corriendo, aún de noche, comencé a sentir otro bajón venir. Estaba vez iba a apretar el botón de Nitrox: toda la carrera había llevado un gel en mi botella de mano y ahora era cuando realmente lo necesitaba. Tenía más en el cinto, pero ya era hora de comerme todo lo que había cargado todo el día encima. Apenas los carbohidratos entraron en mi torrente sanguíneo sentí que me volvieron los ánimos y el humo del diesel desapareció, una vez más estaba quemando en los cuatro cilindros. La madrugada, justo antes que salga el sol, es la peor hora de la noche en estas carreras de larga distancia. Pero ya, inexorable, el astro que mantiene esta roca flotando en el espacio en su órbita estaba por romper el horizonte.

Cuando llegué a Jackass ya la fiesta había terminado. La música seguía tocando pero el ambiente festivo se acabó y nadie me ofreció cerveza (que no me iba a tomar a esta hora). Más café, más caldo, y por fuera. Ya estaba corriendo loma abajo y seguía pasando gente. Pronto fue tornándose rojo el cielo y el sol fue marcando el perfil de las montañas que tenía al frente. Jeadquarters quedaba al Este de mi posición y el sol se levantaría frente a mis ojos mientras corría entusiasmado por ir acercándome a la meta. En Rattlesnake repetí la rutina que ya me estaba dando resultado: más café, caldo y rellenar botellas.

Ultima vuelta

Ahora sí, ya solamente me separaban 6kms del final de esta carrera. Apreté el paso aún más. Según mi matemática iba a poder terminar justo debajo de las 26 horas, o cerca de ellas. Era mejor si había un 25 y pico en lugar de 26 y sencillo. Más rápido, más rápido. Claro, yo pensaba que iba a balazo, pero en realidad iba como una tortuga corriendo, pero estaba corriendo y seguía pasando corredores. A lo lejos vi otro grupo y calculé que me los iba alcanzar sin hacer otra cosa que seguir corriendo. Ellos también estaban corriendo pera se tomaban descansos caminando. Yo no dejaba de correr y al rato los alcancé, los pasé y los dejé atrás. De una vez fui buscando más gente delante mío. Y miraba el reloj, y calculaba, y tenía ganas de apretar el paso pero no quería gastarme antes de cruzar la meta.

Acabando…

Pronto pude ver el perfil de los cerros que estaban cerca de la meta. Ya faltaba un par de kilómetros solamente. Ahora si era hora de dejarlo todo en el camino y llegar a la meta con los vapores del tanque. Cuando logré ver Jeadquarters me quedaban unos cinco minutos antes de la hora. Si cruzaba antes de las 7am tendría un tiempo con un 25 por delante. Ya iba corriendo a todo lo que daba a esta altura de la carrera y sentía que me estaba alcanzando la hipoxia, pero no importaba ya porque antes cruzaría la meta, aunque fuese en déficit. ¡Iba feliz!

Crucé la meta en 25:58:54, mi mejor tiempo hasta ahora. Había pasado a 44 corredores en esta vuelta que me tomó 4:53:55, mejor tiempo que las dos anteriores. Me dieron mi séptima hebilla en cuanto crucé, me tomaron mi foto, y me preguntaron si necesitaba algo: “¡Sí, una cerveza por favor!”. Y me la trajeron…

Después de terminar mi refresco y conversar un poco con la gente que estaba por ahí me acosté a dormir mientras esperaba a mi conductor para ir a desayunar. Y así estaba cuando me encontró:

Tanner Trail, Cañón del Colorado

Caminata al Río Colorado bajando por Tanner Trail en el Cañón del Colorado, Arizona, Estados Unidos.

A finales de octubre finalmente pude regresar al Cañón del Colorado. Hacía 35 años que no regresaba a pesar de tenerlo siempre presente en mi mente. Esta vez se me presentó el espacio de tiempo correcto para hacer una breve incursión entre una convención de negocios y una carrera de 100 millas. Posiblemente una bajada al Río Colorado no era la mejor forma de prepararme para correr 100 millas justo después de la actividad, pero la cosa era ahora o vaya usted a saber cuando.

Mi plan original era bajar por Tanner Trail, bordear el Río Colorado por el Sendero de Escalante, y volver a subir al South Rim (el Borde del Sur) por el sendero de New Hance. Bueno, en realidad mi plan original era menos ambicioso y solamente quería bajar por Bright Angel, dormir en Cottonwood y subir de regreso por Kaibab. Cuando escribí a pedir el permiso me dijeron que era imposible porque estaba totalmente lleno el cupo para esa travesía. Así es que de allí salté al plan B y escogí esta ruta alterna. En realidad esta ruta me gusta más que la idea original, solamente que era más sensato hacer el recorrido por los caminos más conocidos. Yo nunca había bajado hasta el mismo Río Colorado, a pesar de haber hecho dos caminatas de una semana cada una por la plataforma de Tonto, una en 1980 y la otra en 1981.

Como sabía que tal vez Lagarto iría a correr Javelina Jundred conmigo, decidí incluirlo en mi permiso pensando en la posibilidad que se uniera en la caminata. Uno nunca sabe con qué se va a salir ese reptil. Cuando me contacte con el parque para pedir el permiso para la ruta que deseaba me informaron que solamente estaba disponible el segmento de Tanner. Así es que eso fue lo que pedí, y eso fue lo que me dieron. Pero me dijeron que podía salir de la playa de Tanner por la ruta que quisiera, que era casi lo mismo que si me hubiesen aprobado el plan original.

Con ese permiso ya podía planear toda la visita al Cañón del Colorado. Aunque breve, sabía que la visita sería toda una aventura. Hay pocos lugares en este mundo como el Cañón del Colorado y yo no conozco de ningún otro que se le compare en términos de vistas y tamaño: es algo verdaderamente sobrecogedor, espectacular y majestuoso. El plan era sencillo y delimitado por los dos compromisos principales: una reunión de negocio en Sacramento y una carrera de 100 millas el fin de semana.

Tenía que ser eficiente en mi empacada y tomar en cuenta todo lo que planeaba hacer. Me ceñí al mantra de super ultra liviano y empaqué lo menos posible para cumplir con mis tres objetivos. Dejé en el plan una visita a REI porque no podía viajar con combustible en el avión así que ahí terminaría de comprar lo que fuera que me hiciere falta antes de manejar al Borde Sur del Cañón del Colorado.

A último minuto se unió Lagarto, como pensé que podría suceder, y quedó incluido en el plan (cosa que le dio algo de tranquilidad a mi mujer porque así yo no estaría solo en el cañón). Volé a Phoenix, alquilé mi auto y me toco hacer tiempo esperando que llegará el vuelo de Croc (otro apodo del Lagarto). Una vez que recogí al Lagarto nos fuimos directo para REI a terminar de complementar nuestro equipo. De ahí pasamos por Walmart porque fue lo más cercano que encontramos para hacer el super y partimos para Tusayan, justo antes de la entrada al parque.

whatsapp-image-2016-10-28-at-12-27-07Al día siguiente entramos al parque, no tan temprano como me hubiese gustado, pero con suficiente tiempo para lograr nuestro objetivo del día: bajar a la playa de Tanner. Antes pasamos a visitar uno de los miradores en la sede del parque para tener un vistazo general de lo que nos esperada y ver la magnitud del reto que teníamos por delante: un descenso de 1,450 metros hasta el Río Colorado recorriendo Tanner Trail. Este sendero inicia en Lipan Point, al este de la sede del parque. Cuando llegamos a Lipan le dimos un último vistazo al abismo que nos esperaba y partimos.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-24Me tomó un par de intentos encontrar la entrada al sendero y ya esto comenzó a preocupar a Lagarto. No es que iba del todo tranquilo desde un principio, pero no le quedaba de otra porque jamás en su vida había caminado con una mochila al hombro. Iba a experimentar varias cosas por primera vez (Croc) — primera caminata con mochila, primera dormida al aire libre en una caminata, y primera visita al Cañón del Colorado. El Croc iba a tener una iniciación épica en el sendero de aventuras al aire libre.

A los pocos minutos de estar bajando mis piernas comenzaron a quejarse y en mi cabeza aparecieron los primeros indicios de dudas sobre la cordura de este plan. La bajada al río estaba empinada y los cuádriceps se quejaron desde el inicio. Ya no había de otra y al final del día veríamos cuanto daño iba a hacer el recorrido en nuestras posibilidades de terminar Javelina. Mientras solo quedaba apreciar lo espectacular del entorno y de las vistas que teníamos al frente. Ibamos bajando por un sendero angosto al principio de un cañón secundario que bajaba hasta el mismo Río Colorado. Estaba algo frío el clima por la elevación que había al principio del sendero (2,240 metros y bajaríamos hasta 823 metros al lado del río).

A pesar que eran las 11am cuando iniciamos el descenso la temperatura estaba sabrosa y el sol no nos estaba calcinando como habíamos pensado que podría suceder. El primer tramo del recorrido tiene unos andenes largos con caída abrupta a un lado. Luego va cambiando a una bajada empinada con grandes rocas que hay que pasar con cuidado. En varios lugares aún se pueden ver los huecos que se hicieron en las rocas para volarlas con dinamita. Habían pinos y cactuses entremezclados, una curiosa mezcla de vegetación desértica con plantas de alta montaña. Nos había tocado un día espectacular y el cielo estaba sin una sola nube. El cañón se apreciaba en todo su esplendor bajo un domo azul celestial.

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A medida que descendíamos el estrecho caño se iba anchando y nuestra vista se hacía expansiva, como cuando uno se acerca a una ventana y el paisaje se hace más amplio. Estábamos bajo sombra aun porque el sol estaba al sur de nosotros y todavía no pasaba sobre el borde sur del cañón para bañarnos en su luz. Esto hacía que viéramos el paisaje al fondo del cañón como si estuviésemos un un cuarto oscuro viendo una proyección. Después de una hora caminando, todo el tiempo descendiendo rápidamente, nuestras piernas estaban que ardían. Seguro que al día siguiente iban a hacer acuso de recibo del castigo que le estábamos dando bajando al río con una mochila al hombro.

20161026_112620La guía del sendero decía que la bajada al río tomaba de 6 a 12 horas para recorrer los 14 kilómetros del sendero a Playa Tanner. Nuestro plan era hacer no más de las 6 horas hasta el río. Al poco rato fuimos saliendo del primer cañón y pasando a la primera plataforma antes de la bajada final hasta el agua. Ahora ya no había nada que nos diera sombra y estaba ya comenzando a sudar en serio. Desde el primer paso estaba sudando pero ahora mi espalda estaba empapada. Llevaba 5 litros de agua por si las moscas estaba difícil filtrar el agua del río que se veía del color de su nombre. Mi amigo llevaba mucho menos agua porque el estaba seguro que no iba a necesitar mucho para la bajada. Luego caería en cuenta que iba a tener que tomar agua del río para poder volver de regreso arriba del cañón.

Nuestra parada de almuerzo fue bajo la primera sombra que encontramos. No había mucho de donde escoger, pero nos tocó un buen lugar con vista espectacular. Creo que no había forma de quedar en un lugar con buena vista. A donde uno volteara a ver todo era grandioso. Nuestro almuerzo era un emparedado que traíamos preparado para que fuese sencillo el proceso. Lo mismo haríamos al día siguiente cuando regresaríamos arriba.20161026_143655

Después de tres horas bajando llegamos a tener nuestro primer vistazo del río desde que habíamos iniciado el descenso. Todavía se veía lejos y era difícil saber cuanto tiempo nos tomaría llegar. Se veía relativamente cerca pero aquí abajo las perspectivas estaban distorsionadas por la magnitud de todo lo que nos rodeaba. Podíamos ver decenas de kilómetros a la distancia y el tamaño de las paredes que nos rodeaban nos hacían totalmente insignificantes. Era imposible juzgar precisamente las distancias y las elevaciones. Para eso estaba el mapa que llevaba en la mano, y era evidente que nuestro progreso era excelente y que llegaríamos al río antes de lo que esperábamos, tal vez un par de horas más.

Ahora ya la vegetación era típica del terreno árido que nos rodeaba. El silencio a nuestro alrededor era impresionante, especialmente para nosotros que somos del trópico donde todo lo que nos rodea es ruidoso y denso. La sensación de soledad sería abrumadora de no ser por la compañía. Ya no había nada más alto de 10 metros que no fuera hecho de piedra. Toda la vegetación evidenciaba lo duro que es apegarse a la vida en el terreno inhóspito que forma la parte inferior del Cañón del Colorado. Se podía apreciar los lugares por donde el agua corría cuando había agua pero no habíamos visto una gota de agua en todo lo que habíamos recorrido.

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Ahora los colores estaban fuera de registro por lo brillante que estaba todo el paisaje, como si la película estuviera sobre-expuesta por la cantidad de luz. Por suerte el calor ya estaba pasando al sol irse inclinando sobre el horizonte. Las paredes que nos rodeaban ahora eran inmensas y estaban compuestas de roca sólida. Al gritar el eco rebotada por largos momentos: aló… aló… aló… En uno de los bordes se veía una edificación que se conoce como El Castillo y esta nos permitía juzgar nuestro avance en la medida en que su posición iba cambiando en relación a la nuestra.

Llegando a las 4pm ya se veía cerca el Río Colorado aunque aun no se apreciaba donde finalmente iríamos a parar. Ya quedaban escasos metros de elevación que perder y kilómetros por recorrer. Pronto llegamos a la cama de una quebrada seca que nos llevaría hasta el mismo Río Colorado. En mis planes había pensado continuar el recorrido hasta la mitad del sendero Escalante pero ya había abandonado ese plan y la playa sería el destino final del día de hoy. Mañana sencillamente regresaríamos por el mismo camino que habíamos bajado. De lo contrario no me iban a quedar piernas para terminar Javelina Jundred el fin de semana. Hoy era miércoles y todavía faltaba ver cómo iban a quedar mis piernas después de ascender los 1,450 metros que acaba de bajar.

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Finalmente habíamos llegado al Río Colorado. Hicimos el recorrido en menos tiempo de lo que decía la guía. Yo había bajado apurado para poder recorrer parte de Escalante y mantener la posibilidad de salir por New Hance. Todo ese apuro había dejado mis muslos algo tiernos. El río, que se veía plácido a lo lejos, tenía grandes olas en lo que era el principio del primer gran rápido del Cañón del Colorado, los rápidos de Tanner. El agua era de color ocre y estaba cargada de sedimentos. Lo primero que hicimos fue recoger agua en balde para darle tiempo al sedimento que se asentara antes de filtrarlo. Esa misma agua la iba a hervir para poder preparar unos chocolates caliente y la cena de comida deshidratada que cargamos en la mochila. Un poco de ron en el chocolate iba a ayudarme a dormir feliz bajo las estrellas.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-27-1Después que bajó el sol, las estrellas fueron apareciendo poco a poco. Varios satélites recorrieron el cielo oscuro y se apreciaba la Vía Láctea en su esplendor. Como no había luna las estrellas se apreciaban con claridad por estar en uno de los lugares más oscuros sobre esta tierra. No se veía ninguna luz que no fuera natural (con la ocasional excepción de los aviones que volaban sobre nosotros). Hasta estrellas fugaces hicieron su aparición en la noche oscura. Habían pocas constelaciones que podía reconocer porque el cielo de esta época del año no es visible en Panamá porque siempre hay nubes ocultando el espectáculo nocturno.

Pasé la noche al descubierto durmiendo bajo una cobija de pluma de ganso que me mantuvo a una agradable temperatura. De hecho me desperté cerca de la media noche con calor porque me había dormido con un abrigo puesto en adición a la cobija. Justo cuando abrí los ojos pasaron dos grandes estrellas fugaces que dejaron largos trazos en el firmamento. Me quedé otro rato largo esperando para ver si por suerte habías más estrellas fugaces acompañando al par que me tocó ver pero caí dormido antes que aparecieran más.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-29-1El jueves amaneció despejado el cielo y el sol de la mañana le daba un color intenso a las grandes paredes que se alzaban frente a nosotros al otro lado del gélido Río Colorado. Nos hicimos un café, yo me comí una avena y pronto estaba listo para partir de regreso a Punta Lipan arriba del Cañón del Colorado, donde habíamos dejado el auto estacionado. Mis piernas no estaban tan mal después del abuso del día anterior pero si hacían acuso de recibo del desnivel que habían recorrido. Bajar usa los músculos de forma distinta a subir y todavía quedaba por verse cómo iba a quedar tras la subida que nos esperaba.

Así como me tocó ayudar a Lagarto a armar su tolda, tuve que ayudarlo a desarmarla nuevamente. Le tocó cargar la tolda solito por no querer dormir al descubierto bajo un cielo desconocido. Necesitaba la seguridad de un recinto cerrado para poder dormir tranquilo en su primera noche al aire libre. Solito se perdió el espectáculo que brindó la bóveda celestial para todos los que quisieran apreciarla.

20161027_094823El cielo azul de la mañana no duró mucho y pronto entraron unas nubes que le taparon la cara al sol. Mejor para nosotros porque así no nos íbamos a rostizar subiendo de vuelta al auto. Bajando había podido mantener un buen ritmo pero ahora no tenía las mismas esperanzas con la subida. Lagarto es un animal subiendo pendientes y no iba ni a tratar de mantener su ritmo. Estaba seguro que de repente se iba a sentir solo si me dejaba muy rezagado (y así fue). Es interesante como el mismo camino se observa muy distinto dependiendo de la dirección en que se recorre.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-30La misma torre que nos servía de referencia en la bajada ahora nos daba indicio de nuestro progreso en la subida. Al principio de la mañana las paredes altísimas que nos rodeaban iban cada vez acercándose más y apareciendo más cercanas. Pensé que nos tomaría mucho más tiempo subir que lo que nos demoró bajar pero pronto se hacía evidente que podías subir casi a la misma velocidad que habíamos bajado. Subiendo nos encontramos varios grupos que iban contrarios a nosotros. Casi todos iban por el recorrido que había planeado por este viaje. Una jóvenes iban a demorar cinco días haciendo lo que había pensado recorrer en un par de días. Creo que había sido un poco ambicioso en mi plan y había subestimado el costo físico del desnivel que hay que recorrer para llegar al río y salir de regreso en un par de días. Pero quien sabe y lo intente nuevamente con un poco más de entrenamiento para que sea alcanzable la meta.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-31Los últimos 300 metros de ascenso estaban difíciles y varias veces necesité un breve descanso para que mi corazón regresar a latir a un ritmo manejable. Ya para estas alturas el Croc iba como caballo de alquiler de regreso a casa, desbocado. Ni modo, le iba a tocar esperarme cuando llegará arriba porque yo no me iba a apurar subiendo (tenía que guardar piernas para el fin de semana). Pronto se fue poniendo fresco el aire a medida que ganaba elevación y el borde se iba acercando. Ya las ganas de una cerveza fría me hacían agua la boca. Eventualmente escuché a Lagarto gritar cuando terminó ileso su recorrido de Tanner Trail. Me tomó unos quince minutos más llegar al final de mi propio recorrido. Todavía me quedaba algo de ron para celebrar el logro. ¡Salud!

De allí nos fuimos a El Tovar a celebrar con una cerveza helada antes de manejar de regreso a Scottsdale para correr Javelina Jundred. En El Tovar nos encontramos con el Senador John McCain y lo saludamos (McCain nación en Panamá). La cerveza estaba sabrosa y me hubiese gustado tomarme más de una pero quedaban varias horas de manejo por delante. Realmente fue una tremenda satisfacción haber tenido la oportunidad de visitar este lugar tan espectacular y espero poder regresar pronto.

Mi dormitorio bajo las estrellas.
Mi dormitorio bajo las estrellas.

Kerry Way Ultra 200kms

Ya estamos en la recta final para Kerry Way Ultra en Irlanda: el 2 de septiembre Roger y yo estaremos en la partida, la meta estará a 200 kilómetros de distancia y durante el recorrido tendremos un desnivel de más de 5,000 metros. Tenemos 40 horas para terminar y la ayuda de Isa y Lorena será vital porque la carrera no tiene estaciones de apoyo como las carreras típicas (es auto asistida, ni agua nos van a dar). Esta carrera será del tipo “pague por sufrir” sin duda alguna. Y ya estoy sufriendo sin comenzar la carrera porque mi rodilla derecha está actuando rara últimamente.

Kerry Way es una carrera muy pequeña: en el 2015 comenzaron 43 y terminaron 25 dentro de las 40 horas. La carrera sigue uno de los senderos de larga distancia de Irlanda que recorre el perímetro de la península de Kerry en County Kerry partiendo y terminando en Killarney. La ruta pasa por el cerro más alto de Irlanda, Carrauntoohil, con 1,038 metros de elevación. ¡Por suerte nosotros no pasaremos por la cima! Con Google Earth ya pasé por encima de toda la ruta y la carrera será algo como las escenas de Corazón Valiente en Escocia corriendo por parajes de hierba entre cerros más altos.

Esta es la lista de equipo que tenemos que llevar encima en todo momento:

Mandatory Gear List:
• Full waterproof Jacket and Trousers
• Head Torch with a minimum of 200 lumens and spare batteries
• Route Map
• Fully charged Mobile Phone
• Survival (bivy, foil) Bag
• Whistle
• First Aid Kit (plasters, support bandage, sterile dressing)
• Gloves, Hat
• Water and spare food

La lista es lo normal para este tipo de carrera. Es un poco menos de lo que pide el Ultra Trail de Mont Blanc. Ya tengo todo el equipo y usaré casi lo mismo que usé para esa carrera. Tal vez lo más complicado de la carrera será, además de que no tiene estaciones de apoyo establecidas, que la ruta no está marcada. En las carreras normalmente colocan marcas adicionales justo antes del evento. Colocan banderines, cintas, reflectores y otras marcas para ayudar a los corredores a mantenerse en la ruta. Esta carrera requiere que uno siga los marcadores existentes que usan los caminantes para seguir el sendero de Kerry Way. Durante el día puede que eso sea suficiente pero de noche, cansado, será más difícil mantenerse sobre la ruta.

Support:
Self-sufficient with Support Crews allowed at:
1. Climbers Inn, Glencar
2. Sheahans Supermarket, Glenbeigh
3. Gortmore, Foilmore
4. Waterville
5. Caherdaniel
6. Sneem
7. Templenoe
8. Kenmare

Con solamente 8 estaciones en 2oo kilómetros tendremos que recorrer en promedio unos 25kms entre cada estación. Espero no tener que pasar más de 4 horas entre estaciones y trataré de sobrevivir con tres litros entre estación. puedo llevar tres litros en mi mochila Salomon sin problema con las dos botellas de 20oz y la vejiga de 1.5lts. Ya tengo que empezar a entrenar con la mochila en la espalda para que el peso no sea una sorpresa el día de la carrera. Como hará frío durante la carrera el consumo de líquido sera menor que si estuviésemos corriendo a mayores temperaturas. En Fat Dog en el 2014 corrí 192 kilómetros con dos botellas de 20oz solamente pero habían unas 16+ estaciones en el recorrido. Ahora hay la mitad de estaciones y más distancia.

Mi hermano Rogelio está entrenando duro y no creo que se aguante las ganas de correr rápido. Supongo que al final terminaré corriendo solo por muchas horas. El está pensando correr más rápido y descansar (hasta dormir). Esta será la verdadera historia de la liebre y la tortuga. ¡Más vale que no se quede dormido como en la fábula!

La tabla a continuación es mi estimado de lo que creo que puedo hacer en Kerry Way. Los tiempos son del resultado que obtuvo Charlie Byrd el año pasado en esta misma carrera. Charlie tiene 43 años y terminó en la cola de la carrera, pero terminó. Yo tengo la esperanza, la aspiración, de poder hacer lo mismo. Espero que los 12 años de diferencia no sean un mayor obstáculo.

Inicio Killarney Distancia Estimado Hora Tiempo a Min/Km Kms/hora
1 Killarney a Black Valley 20kms 2h40 8:40:00 2:40:00 8.00 7.5
2 Black Valley a Glencar 18kms 6h41 12:41:00 4:01:00 13.39 4.48
3 Glencar a Glenbeigh 20kms 10h01 16:01:00 3:20:00 10.00 6
4 Glenbeigh a Caherciveen 28kms 13h20 19:20:00 3:19:00 7.11 8.44
5 Caherciveen a Waterville 30kms 19h47 1:47:00 6:26:59 12.87 4.66
6 Waterville a Caherdaniel 11kms 23h03 5:03:00 3:16:00 17.82 3.37
7 Caherdaniel a Sneem 17kms 27h11 9:11:00 4:08:00 14.59 4.11
8 Sneem a Kenmare 28kms 30h53 12:53:00 3:42:00 7.93 7.57
9 kenmare a Killarney 25kms 34h25 16:25:00 3:32:00 8.48 7.08
197kms 39h33 21:33:00