Tanner Trail, Cañón del Colorado

Caminata al Río Colorado bajando por Tanner Trail en el Cañón del Colorado, Arizona, Estados Unidos.

A finales de octubre finalmente pude regresar al Cañón del Colorado. Hacía 35 años que no regresaba a pesar de tenerlo siempre presente en mi mente. Esta vez se me presentó el espacio de tiempo correcto para hacer una breve incursión entre una convención de negocios y una carrera de 100 millas. Posiblemente una bajada al Río Colorado no era la mejor forma de prepararme para correr 100 millas justo después de la actividad, pero la cosa era ahora o vaya usted a saber cuando.

Mi plan original era bajar por Tanner Trail, bordear el Río Colorado por el Sendero de Escalante, y volver a subir al South Rim (el Borde del Sur) por el sendero de New Hance. Bueno, en realidad mi plan original era menos ambicioso y solamente quería bajar por Bright Angel, dormir en Cottonwood y subir de regreso por Kaibab. Cuando escribí a pedir el permiso me dijeron que era imposible porque estaba totalmente lleno el cupo para esa travesía. Así es que de allí salté al plan B y escogí esta ruta alterna. En realidad esta ruta me gusta más que la idea original, solamente que era más sensato hacer el recorrido por los caminos más conocidos. Yo nunca había bajado hasta el mismo Río Colorado, a pesar de haber hecho dos caminatas de una semana cada una por la plataforma de Tonto, una en 1980 y la otra en 1981.

Como sabía que tal vez Lagarto iría a correr Javelina Jundred conmigo, decidí incluirlo en mi permiso pensando en la posibilidad que se uniera en la caminata. Uno nunca sabe con qué se va a salir ese reptil. Cuando me contacte con el parque para pedir el permiso para la ruta que deseaba me informaron que solamente estaba disponible el segmento de Tanner. Así es que eso fue lo que pedí, y eso fue lo que me dieron. Pero me dijeron que podía salir de la playa de Tanner por la ruta que quisiera, que era casi lo mismo que si me hubiesen aprobado el plan original.

Con ese permiso ya podía planear toda la visita al Cañón del Colorado. Aunque breve, sabía que la visita sería toda una aventura. Hay pocos lugares en este mundo como el Cañón del Colorado y yo no conozco de ningún otro que se le compare en términos de vistas y tamaño: es algo verdaderamente sobrecogedor, espectacular y majestuoso. El plan era sencillo y delimitado por los dos compromisos principales: una reunión de negocio en Sacramento y una carrera de 100 millas el fin de semana.

Tenía que ser eficiente en mi empacada y tomar en cuenta todo lo que planeaba hacer. Me ceñí al mantra de super ultra liviano y empaqué lo menos posible para cumplir con mis tres objetivos. Dejé en el plan una visita a REI porque no podía viajar con combustible en el avión así que ahí terminaría de comprar lo que fuera que me hiciere falta antes de manejar al Borde Sur del Cañón del Colorado.

A último minuto se unió Lagarto, como pensé que podría suceder, y quedó incluido en el plan (cosa que le dio algo de tranquilidad a mi mujer porque así yo no estaría solo en el cañón). Volé a Phoenix, alquilé mi auto y me toco hacer tiempo esperando que llegará el vuelo de Croc (otro apodo del Lagarto). Una vez que recogí al Lagarto nos fuimos directo para REI a terminar de complementar nuestro equipo. De ahí pasamos por Walmart porque fue lo más cercano que encontramos para hacer el super y partimos para Tusayan, justo antes de la entrada al parque.

whatsapp-image-2016-10-28-at-12-27-07Al día siguiente entramos al parque, no tan temprano como me hubiese gustado, pero con suficiente tiempo para lograr nuestro objetivo del día: bajar a la playa de Tanner. Antes pasamos a visitar uno de los miradores en la sede del parque para tener un vistazo general de lo que nos esperada y ver la magnitud del reto que teníamos por delante: un descenso de 1,450 metros hasta el Río Colorado recorriendo Tanner Trail. Este sendero inicia en Lipan Point, al este de la sede del parque. Cuando llegamos a Lipan le dimos un último vistazo al abismo que nos esperaba y partimos.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-24Me tomó un par de intentos encontrar la entrada al sendero y ya esto comenzó a preocupar a Lagarto. No es que iba del todo tranquilo desde un principio, pero no le quedaba de otra porque jamás en su vida había caminado con una mochila al hombro. Iba a experimentar varias cosas por primera vez (Croc) — primera caminata con mochila, primera dormida al aire libre en una caminata, y primera visita al Cañón del Colorado. El Croc iba a tener una iniciación épica en el sendero de aventuras al aire libre.

A los pocos minutos de estar bajando mis piernas comenzaron a quejarse y en mi cabeza aparecieron los primeros indicios de dudas sobre la cordura de este plan. La bajada al río estaba empinada y los cuádriceps se quejaron desde el inicio. Ya no había de otra y al final del día veríamos cuanto daño iba a hacer el recorrido en nuestras posibilidades de terminar Javelina. Mientras solo quedaba apreciar lo espectacular del entorno y de las vistas que teníamos al frente. Ibamos bajando por un sendero angosto al principio de un cañón secundario que bajaba hasta el mismo Río Colorado. Estaba algo frío el clima por la elevación que había al principio del sendero (2,240 metros y bajaríamos hasta 823 metros al lado del río).

A pesar que eran las 11am cuando iniciamos el descenso la temperatura estaba sabrosa y el sol no nos estaba calcinando como habíamos pensado que podría suceder. El primer tramo del recorrido tiene unos andenes largos con caída abrupta a un lado. Luego va cambiando a una bajada empinada con grandes rocas que hay que pasar con cuidado. En varios lugares aún se pueden ver los huecos que se hicieron en las rocas para volarlas con dinamita. Habían pinos y cactuses entremezclados, una curiosa mezcla de vegetación desértica con plantas de alta montaña. Nos había tocado un día espectacular y el cielo estaba sin una sola nube. El cañón se apreciaba en todo su esplendor bajo un domo azul celestial.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-25

A medida que descendíamos el estrecho caño se iba anchando y nuestra vista se hacía expansiva, como cuando uno se acerca a una ventana y el paisaje se hace más amplio. Estábamos bajo sombra aun porque el sol estaba al sur de nosotros y todavía no pasaba sobre el borde sur del cañón para bañarnos en su luz. Esto hacía que viéramos el paisaje al fondo del cañón como si estuviésemos un un cuarto oscuro viendo una proyección. Después de una hora caminando, todo el tiempo descendiendo rápidamente, nuestras piernas estaban que ardían. Seguro que al día siguiente iban a hacer acuso de recibo del castigo que le estábamos dando bajando al río con una mochila al hombro.

20161026_112620La guía del sendero decía que la bajada al río tomaba de 6 a 12 horas para recorrer los 14 kilómetros del sendero a Playa Tanner. Nuestro plan era hacer no más de las 6 horas hasta el río. Al poco rato fuimos saliendo del primer cañón y pasando a la primera plataforma antes de la bajada final hasta el agua. Ahora ya no había nada que nos diera sombra y estaba ya comenzando a sudar en serio. Desde el primer paso estaba sudando pero ahora mi espalda estaba empapada. Llevaba 5 litros de agua por si las moscas estaba difícil filtrar el agua del río que se veía del color de su nombre. Mi amigo llevaba mucho menos agua porque el estaba seguro que no iba a necesitar mucho para la bajada. Luego caería en cuenta que iba a tener que tomar agua del río para poder volver de regreso arriba del cañón.

Nuestra parada de almuerzo fue bajo la primera sombra que encontramos. No había mucho de donde escoger, pero nos tocó un buen lugar con vista espectacular. Creo que no había forma de quedar en un lugar con buena vista. A donde uno volteara a ver todo era grandioso. Nuestro almuerzo era un emparedado que traíamos preparado para que fuese sencillo el proceso. Lo mismo haríamos al día siguiente cuando regresaríamos arriba.20161026_143655

Después de tres horas bajando llegamos a tener nuestro primer vistazo del río desde que habíamos iniciado el descenso. Todavía se veía lejos y era difícil saber cuanto tiempo nos tomaría llegar. Se veía relativamente cerca pero aquí abajo las perspectivas estaban distorsionadas por la magnitud de todo lo que nos rodeaba. Podíamos ver decenas de kilómetros a la distancia y el tamaño de las paredes que nos rodeaban nos hacían totalmente insignificantes. Era imposible juzgar precisamente las distancias y las elevaciones. Para eso estaba el mapa que llevaba en la mano, y era evidente que nuestro progreso era excelente y que llegaríamos al río antes de lo que esperábamos, tal vez un par de horas más.

Ahora ya la vegetación era típica del terreno árido que nos rodeaba. El silencio a nuestro alrededor era impresionante, especialmente para nosotros que somos del trópico donde todo lo que nos rodea es ruidoso y denso. La sensación de soledad sería abrumadora de no ser por la compañía. Ya no había nada más alto de 10 metros que no fuera hecho de piedra. Toda la vegetación evidenciaba lo duro que es apegarse a la vida en el terreno inhóspito que forma la parte inferior del Cañón del Colorado. Se podía apreciar los lugares por donde el agua corría cuando había agua pero no habíamos visto una gota de agua en todo lo que habíamos recorrido.

20161026_141916

Ahora los colores estaban fuera de registro por lo brillante que estaba todo el paisaje, como si la película estuviera sobre-expuesta por la cantidad de luz. Por suerte el calor ya estaba pasando al sol irse inclinando sobre el horizonte. Las paredes que nos rodeaban ahora eran inmensas y estaban compuestas de roca sólida. Al gritar el eco rebotada por largos momentos: aló… aló… aló… En uno de los bordes se veía una edificación que se conoce como El Castillo y esta nos permitía juzgar nuestro avance en la medida en que su posición iba cambiando en relación a la nuestra.

Llegando a las 4pm ya se veía cerca el Río Colorado aunque aun no se apreciaba donde finalmente iríamos a parar. Ya quedaban escasos metros de elevación que perder y kilómetros por recorrer. Pronto llegamos a la cama de una quebrada seca que nos llevaría hasta el mismo Río Colorado. En mis planes había pensado continuar el recorrido hasta la mitad del sendero Escalante pero ya había abandonado ese plan y la playa sería el destino final del día de hoy. Mañana sencillamente regresaríamos por el mismo camino que habíamos bajado. De lo contrario no me iban a quedar piernas para terminar Javelina Jundred el fin de semana. Hoy era miércoles y todavía faltaba ver cómo iban a quedar mis piernas después de ascender los 1,450 metros que acaba de bajar.

whatsapp-image-2016-10-28-at-12-37-03

Finalmente habíamos llegado al Río Colorado. Hicimos el recorrido en menos tiempo de lo que decía la guía. Yo había bajado apurado para poder recorrer parte de Escalante y mantener la posibilidad de salir por New Hance. Todo ese apuro había dejado mis muslos algo tiernos. El río, que se veía plácido a lo lejos, tenía grandes olas en lo que era el principio del primer gran rápido del Cañón del Colorado, los rápidos de Tanner. El agua era de color ocre y estaba cargada de sedimentos. Lo primero que hicimos fue recoger agua en balde para darle tiempo al sedimento que se asentara antes de filtrarlo. Esa misma agua la iba a hervir para poder preparar unos chocolates caliente y la cena de comida deshidratada que cargamos en la mochila. Un poco de ron en el chocolate iba a ayudarme a dormir feliz bajo las estrellas.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-27-1Después que bajó el sol, las estrellas fueron apareciendo poco a poco. Varios satélites recorrieron el cielo oscuro y se apreciaba la Vía Láctea en su esplendor. Como no había luna las estrellas se apreciaban con claridad por estar en uno de los lugares más oscuros sobre esta tierra. No se veía ninguna luz que no fuera natural (con la ocasional excepción de los aviones que volaban sobre nosotros). Hasta estrellas fugaces hicieron su aparición en la noche oscura. Habían pocas constelaciones que podía reconocer porque el cielo de esta época del año no es visible en Panamá porque siempre hay nubes ocultando el espectáculo nocturno.

Pasé la noche al descubierto durmiendo bajo una cobija de pluma de ganso que me mantuvo a una agradable temperatura. De hecho me desperté cerca de la media noche con calor porque me había dormido con un abrigo puesto en adición a la cobija. Justo cuando abrí los ojos pasaron dos grandes estrellas fugaces que dejaron largos trazos en el firmamento. Me quedé otro rato largo esperando para ver si por suerte habías más estrellas fugaces acompañando al par que me tocó ver pero caí dormido antes que aparecieran más.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-29-1El jueves amaneció despejado el cielo y el sol de la mañana le daba un color intenso a las grandes paredes que se alzaban frente a nosotros al otro lado del gélido Río Colorado. Nos hicimos un café, yo me comí una avena y pronto estaba listo para partir de regreso a Punta Lipan arriba del Cañón del Colorado, donde habíamos dejado el auto estacionado. Mis piernas no estaban tan mal después del abuso del día anterior pero si hacían acuso de recibo del desnivel que habían recorrido. Bajar usa los músculos de forma distinta a subir y todavía quedaba por verse cómo iba a quedar tras la subida que nos esperaba.

Así como me tocó ayudar a Lagarto a armar su tolda, tuve que ayudarlo a desarmarla nuevamente. Le tocó cargar la tolda solito por no querer dormir al descubierto bajo un cielo desconocido. Necesitaba la seguridad de un recinto cerrado para poder dormir tranquilo en su primera noche al aire libre. Solito se perdió el espectáculo que brindó la bóveda celestial para todos los que quisieran apreciarla.

20161027_094823El cielo azul de la mañana no duró mucho y pronto entraron unas nubes que le taparon la cara al sol. Mejor para nosotros porque así no nos íbamos a rostizar subiendo de vuelta al auto. Bajando había podido mantener un buen ritmo pero ahora no tenía las mismas esperanzas con la subida. Lagarto es un animal subiendo pendientes y no iba ni a tratar de mantener su ritmo. Estaba seguro que de repente se iba a sentir solo si me dejaba muy rezagado (y así fue). Es interesante como el mismo camino se observa muy distinto dependiendo de la dirección en que se recorre.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-30La misma torre que nos servía de referencia en la bajada ahora nos daba indicio de nuestro progreso en la subida. Al principio de la mañana las paredes altísimas que nos rodeaban iban cada vez acercándose más y apareciendo más cercanas. Pensé que nos tomaría mucho más tiempo subir que lo que nos demoró bajar pero pronto se hacía evidente que podías subir casi a la misma velocidad que habíamos bajado. Subiendo nos encontramos varios grupos que iban contrarios a nosotros. Casi todos iban por el recorrido que había planeado por este viaje. Una jóvenes iban a demorar cinco días haciendo lo que había pensado recorrer en un par de días. Creo que había sido un poco ambicioso en mi plan y había subestimado el costo físico del desnivel que hay que recorrer para llegar al río y salir de regreso en un par de días. Pero quien sabe y lo intente nuevamente con un poco más de entrenamiento para que sea alcanzable la meta.

whatsapp-image-2016-10-28-at-11-39-31Los últimos 300 metros de ascenso estaban difíciles y varias veces necesité un breve descanso para que mi corazón regresar a latir a un ritmo manejable. Ya para estas alturas el Croc iba como caballo de alquiler de regreso a casa, desbocado. Ni modo, le iba a tocar esperarme cuando llegará arriba porque yo no me iba a apurar subiendo (tenía que guardar piernas para el fin de semana). Pronto se fue poniendo fresco el aire a medida que ganaba elevación y el borde se iba acercando. Ya las ganas de una cerveza fría me hacían agua la boca. Eventualmente escuché a Lagarto gritar cuando terminó ileso su recorrido de Tanner Trail. Me tomó unos quince minutos más llegar al final de mi propio recorrido. Todavía me quedaba algo de ron para celebrar el logro. ¡Salud!

De allí nos fuimos a El Tovar a celebrar con una cerveza helada antes de manejar de regreso a Scottsdale para correr Javelina Jundred. En El Tovar nos encontramos con el Senador John McCain y lo saludamos (McCain nación en Panamá). La cerveza estaba sabrosa y me hubiese gustado tomarme más de una pero quedaban varias horas de manejo por delante. Realmente fue una tremenda satisfacción haber tenido la oportunidad de visitar este lugar tan espectacular y espero poder regresar pronto.

Mi dormitorio bajo las estrellas.
Mi dormitorio bajo las estrellas.

Kerry Way Ultra 200kms

Ya estamos en la recta final para Kerry Way Ultra en Irlanda: el 2 de septiembre Roger y yo estaremos en la partida, la meta estará a 200 kilómetros de distancia y durante el recorrido tendremos un desnivel de más de 5,000 metros. Tenemos 40 horas para terminar y la ayuda de Isa y Lorena será vital porque la carrera no tiene estaciones de apoyo como las carreras típicas (es auto asistida, ni agua nos van a dar). Esta carrera será del tipo “pague por sufrir” sin duda alguna. Y ya estoy sufriendo sin comenzar la carrera porque mi rodilla derecha está actuando rara últimamente.

Kerry Way es una carrera muy pequeña: en el 2015 comenzaron 43 y terminaron 25 dentro de las 40 horas. La carrera sigue uno de los senderos de larga distancia de Irlanda que recorre el perímetro de la península de Kerry en County Kerry partiendo y terminando en Killarney. La ruta pasa por el cerro más alto de Irlanda, Carrauntoohil, con 1,038 metros de elevación. ¡Por suerte nosotros no pasaremos por la cima! Con Google Earth ya pasé por encima de toda la ruta y la carrera será algo como las escenas de Corazón Valiente en Escocia corriendo por parajes de hierba entre cerros más altos.

Esta es la lista de equipo que tenemos que llevar encima en todo momento:

Mandatory Gear List:
• Full waterproof Jacket and Trousers
• Head Torch with a minimum of 200 lumens and spare batteries
• Route Map
• Fully charged Mobile Phone
• Survival (bivy, foil) Bag
• Whistle
• First Aid Kit (plasters, support bandage, sterile dressing)
• Gloves, Hat
• Water and spare food

La lista es lo normal para este tipo de carrera. Es un poco menos de lo que pide el Ultra Trail de Mont Blanc. Ya tengo todo el equipo y usaré casi lo mismo que usé para esa carrera. Tal vez lo más complicado de la carrera será, además de que no tiene estaciones de apoyo establecidas, que la ruta no está marcada. En las carreras normalmente colocan marcas adicionales justo antes del evento. Colocan banderines, cintas, reflectores y otras marcas para ayudar a los corredores a mantenerse en la ruta. Esta carrera requiere que uno siga los marcadores existentes que usan los caminantes para seguir el sendero de Kerry Way. Durante el día puede que eso sea suficiente pero de noche, cansado, será más difícil mantenerse sobre la ruta.

Support:
Self-sufficient with Support Crews allowed at:
1. Climbers Inn, Glencar
2. Sheahans Supermarket, Glenbeigh
3. Gortmore, Foilmore
4. Waterville
5. Caherdaniel
6. Sneem
7. Templenoe
8. Kenmare

Con solamente 8 estaciones en 2oo kilómetros tendremos que recorrer en promedio unos 25kms entre cada estación. Espero no tener que pasar más de 4 horas entre estaciones y trataré de sobrevivir con tres litros entre estación. puedo llevar tres litros en mi mochila Salomon sin problema con las dos botellas de 20oz y la vejiga de 1.5lts. Ya tengo que empezar a entrenar con la mochila en la espalda para que el peso no sea una sorpresa el día de la carrera. Como hará frío durante la carrera el consumo de líquido sera menor que si estuviésemos corriendo a mayores temperaturas. En Fat Dog en el 2014 corrí 192 kilómetros con dos botellas de 20oz solamente pero habían unas 16+ estaciones en el recorrido. Ahora hay la mitad de estaciones y más distancia.

Mi hermano Rogelio está entrenando duro y no creo que se aguante las ganas de correr rápido. Supongo que al final terminaré corriendo solo por muchas horas. El está pensando correr más rápido y descansar (hasta dormir). Esta será la verdadera historia de la liebre y la tortuga. ¡Más vale que no se quede dormido como en la fábula!

La tabla a continuación es mi estimado de lo que creo que puedo hacer en Kerry Way. Los tiempos son del resultado que obtuvo Charlie Byrd el año pasado en esta misma carrera. Charlie tiene 43 años y terminó en la cola de la carrera, pero terminó. Yo tengo la esperanza, la aspiración, de poder hacer lo mismo. Espero que los 12 años de diferencia no sean un mayor obstáculo.

Inicio Killarney Distancia Estimado Hora Tiempo a Min/Km Kms/hora
1 Killarney a Black Valley 20kms 2h40 8:40:00 2:40:00 8.00 7.5
2 Black Valley a Glencar 18kms 6h41 12:41:00 4:01:00 13.39 4.48
3 Glencar a Glenbeigh 20kms 10h01 16:01:00 3:20:00 10.00 6
4 Glenbeigh a Caherciveen 28kms 13h20 19:20:00 3:19:00 7.11 8.44
5 Caherciveen a Waterville 30kms 19h47 1:47:00 6:26:59 12.87 4.66
6 Waterville a Caherdaniel 11kms 23h03 5:03:00 3:16:00 17.82 3.37
7 Caherdaniel a Sneem 17kms 27h11 9:11:00 4:08:00 14.59 4.11
8 Sneem a Kenmare 28kms 30h53 12:53:00 3:42:00 7.93 7.57
9 kenmare a Killarney 25kms 34h25 16:25:00 3:32:00 8.48 7.08
197kms 39h33 21:33:00

Cerro Bruja

Después de 20 años, y tres intentos, logramos subir Cerro Bruja una vez más. Con 979 metros de altura, Cerro Bruja es lo más alto del Parque Nacional Portobelo. En Cerro Bruja nace el Río Guanche, Río Piedras, Río Diablo y Río Gatún. Tratamos de subirlo en un día en dos ocasiones anteriores y en ambas ocasiones el terreno, la falta de agua, y lo difícil del acceso nos ganaron. Para la tercera vez decidimos planear nuestro viaje de manera que usáramos dos días para subir y el tercer día para bajar y regresar. Esta vez todo salió como planeado y logramos dormir arriba de Cerro Bruja, justo en el nacimiento del Río Guanche. No encontramos el punto geodésico que indica los 979 metros de altura pero estábamos a pocos metros de donde sea que esta colocada esa marca.

Los primeros dos viajes fueron en plena temporada seca y no nos tocó nada de lluvia. Esta vez nos llovió torrencialmente en los dos primeros días. Por suerte llovió durante el día y las noches nos tocaron despejadas, aunque siempre húmedas por toda el agua que continuaba goteando de los árboles a través de la noche. Hubiese sido triste tener que cocinar bajo la lluvia y las conversas vespertinas habrían sido más cortas y menos divertidas. Afortunadamente el suelo todavía no había absorbido tanta agua así que no nos tocó tener que luchar para conseguir buena tracción en las largas trepadas que nos tocaron.

En el viaje anterior habíamos llegado a los 920 metros de altura a las 5:45pm pero con muy poca agua y no pudimos ubicar una fuente de agua para rellenar nuestras botellas vacías. Decidimos bajar mientras podíamos y no logramos volver al agua hasta las 9pm. Nos pasamos tres horas descendiendo por un filo hasta encontrar un buen lugar donde acampar al lado de un río. Como ya en el primer viaje habíamos tenido que bajar al Río Gatún porque estábamos en una situación similar (con poca agua), esta vez planeamos dormir en ese río para partir a buscar la cima con suficiente agua para durar lo que fuese necesario para coronar Cerro Bruja. Ya a las dos de la tarde estábamos cerca del Tercer Brazo del Río Gatún cuando decidimos refugiarnos bajo un pequeño rancho para esperar que escampara un poco. Una lluvia torrencial con truenos y relámpagos nos tenía empapados y con frío. Después de un rato la lluvia bajó su intensidad y nos fuimos a buscar donde acampar cerca del agua en un lugar relativamente seguro contra crecidas repentinas.

El Río Gatún estaba un poco crecido pero había un buen lugar donde poner nuestras hamacas cerca del río sin tener que preocuparnos por que se creciera el río (que ya estaba a un nivel elevado por la lluvia). Pasamos una buena noche arrullados por el sonido del agua corriendo. La cena de fetuccine con salmón ahumado, crema y Parmigiano-Reggiano es un éxito garantizado siempre. Con todo y la lluvia se pudo hacer un buen fuego para acompañarnos hasta tarde mientras durara la buena conversación. Nuestro grupo estaba diverso con holandeses, un inglés, un colonense de corazón, chiricanos y capitalinos. Ocho caminantes es un buen tamaño para esta clase de aventuras.

Al segundo día, después que un buen desayuno y café vaquero nos devolviera la vida al cuerpo, salimos a buscar nuestra cumbre. Ya a las 8am estábamos trepando de vuelta al filo que nos llevaría hasta lo más alto de Cerro Bruja. El Río Gatún sería nuestro único abastecimiento de agua hasta que encontráramos agua arriba de la montaña y fuera hora de acampar nuevamente. Teníamos que salir con toda el agua para el resto del día más suficiente para bajar de la montaña si nos salía la bruja y no encontrábamos agua corriendo en la cima. El filo que habíamos estado siguiendo el día anterior nos llevaría sin desvío hasta 800 metros de altura y a un par de kilómetros de nuestro destino.

Este filo entre el Gatún y La Escandalosa es un filo muy recorrido por animales y se mantiene generalmente claro porque suficiente gente lo recorre para darle mantenimiento. No tengo idea que viene la gente a hacer arriba de Cerro Bruja. Solamente he conocido de científicos que suben esta cima y, supongo, que los técnicos del canal que le vienen a dar mantenimiento a la Estación 103 arriba de Cerro Bruja (a 975 metros de altura). El sendero que se ha formado en este filo está marcado por cintas celestes, naranja, rosadas, y, ahora verdes y amarillas (que nosotros colocamos). Todo el sendero está cubierto por el dosel de los árboles que lo bordean. Lo único que interrumpe nuestro fácil movimiento son los árboles que se han caído recientemente causando una maraña de nuevo crecimiento vegetal. A las 11am llegamos a los 800 metros de altura y yo pensé que ya esta vuelta iba a ser fácil (hasta dije que antes de las 3pm estábamos acampando). La Bruja no tenía interés en rendirse fácilmente pero yo no tenía idea de eso en ese momento.

De los 800 metros a los 923 metros la ruta es fácil de seguir. Pero allí es donde se complica la navegación porque a esa altura ya la selva está complicada con árboles caídos y la vegetación es abundante. Además hay una silla grande que hay que navegar con mucha precisión para poder llegar a la trepada final. Justo en este punto fue donde nos desviamos en el viaje anterior. Casi nos vuelve a suceder esta vez pero Popo Bonvini estaba al tanto (al igual que la vez anterior) de nuestra posición en relación con nuestro destino. Estábamos siguiendo una combinación que ya nos había dado buen resultados en viajes anteriores: yo voy navegando y Popo me va corrigiendo cuando tomo decisiones equivocadas en nuestro rumbo. Sjef también me estaba ayudando con su brújula apuntándome en la dirección correcta mientras yo procuraba abrir camino en la dirección que queríamos seguir.

A las 3pm apenas estábamos trepando la ladera que nos llevaría a los 979 metros de altura y la cima de Cerro Bruja cuando empezo a llover a cántaros, y los truenos comenzaron a retumbar cerca de nosotros. Ya no había mucho más alto que nosotros a nuestro alrededor y se podía ver que estábamos casi en lo más alto del cerro. Ya casi todo el bosque era un enredo de plantas de todo tipo y los árboles ya eran relativamente pequeños, típica vegetación de los bosques nubosos. Como a las 4pm logramos llegar cerca del marcador de los 979 metros de altura y todavía no encontrábamos agua. También era evidente que iba a ser difícil llegar justo al lugar donde yo quería pasar la noche, un lugar donde había estado hace unos 20 años antes con mi cuñado Nick Nellos y su amigo Jeff Kloer. Ya estábamos en la parte plana arriba de Cerro Bruja y no era tan sencillo saber exactamente cual era la mejor ruta a seguir para llegar a donde acampar: todo se veía igual en todas direcciones. Ya estábamos dentro de un área como de un kilómetro cuadrado que formaba la cumbre de Cerro Bruja, tierra de nadie.

Tratando de llegar al agua dimos con el nacimiento del Río Guanche y ya eran las 5pm, hora de acampar. No era el lugar con la mejor vista arriba de Cerro Bruja, pero era el lugar donde tocaba hacer el campamento esta noche. No habían más fuentes confiables de agua en esta montaña a esta altura. Hicimos nuestro pequeño ruedo de consulta y decidimos que habíamos llegado a donde íbamos por el día de hoy. Ya estábamos arriba de Cerro Bruja y teníamos agua, misión cumplida. La parte de dormir con una bella vista tendrá que quedar pendiente para otra aventura. Tampoco íbamos a seguir dando vueltas buscando el mojón que marca el punto exacto de la cúspide del cerro. Desafortunadamente, no había muchos árboles buenos para colgar nuestra hamacas. Ibamos a tener que esparcirnos entre varios lugares para poder acomodarnos entre los árboles.

Al final del día, la cena y la velada quedaron excelentes. Popo había traído un pesto fresco hecho por él mismo que acompañado con jamón serrano y vino resultó en una buena comida de montaña. Un chocolate caliente con Ron Abuelo fue el postre para ayudarnos a dormir mejor en este paraje tan extraño. Pensé que la gente iba a caer temprano esta noche pero duramos más que la noche anterior. Creo que el lugar se prestaba para echar cuentos mientras llegaba el sueño. Estábamos rodeados de cocuyos que brillaban por todos lados atraídos por las velas que nos alumbraban. Poco a poco los comensales fueron retirándose a sus hamacas hasta que finalmente me tocó mi turno de acomodarme dentro de mi hamaca para pasar el resto de la noche. La pregunta con la que creo que todos se fueron a dormir era ¿cómo diablos íbamos a hacer para salir de donde estábamos en un solo día?

Temprano en la madrugada del domingo ya estábamos tomando café y desayunando. Nuestras hamacas ya estaban desmontadas y nuestras mochilas casi listas para emprender la retirada. Según mis cálculos, si no habían mayores inconvenientes, estaríamos llegando a los autos cerca de las 6pm. Solamente teníamos que seguir las cintas que habíamos colocado hasta encontrar la bajada que habíamos seguido en el viaje anterior. Una vez que iniciábamos el descenso ya todo el recorrido era relativamente conocido y no presentaría mayores inconvenientes. De hecho, iba a ser un cambio placentero a los días de bosque cerrado que habíamos pasado. Ahora nos tocaba recorrer La Escandalosa y el Río Boquerón de regreso a donde habíamos dejado nuestros autos. Todo ese camino ya nos era familiar, terreno conocido.

Aun así, con todo y las cintas nos tomó varias horas recorrer nuestro camino andado hasta el desvío de bajada. El bosque se tragaba nuestro sendero con mucha facilidad y las únicas marcas que daban indicio de nuestro recorrido eran unas cuantas plantas cortadas y unas tenues huellas por el piso. Parece mentira lo fácil que sería perderse acá arriba si no hubiésemos tenido varios GPS para revisar nuestro recorrido contra el del día anterior. Las cintas naranja se veía claramente cuando estaban cerca de nosotros pero prontamente se perdían al alejarnos de ellas. Cerca de las 11am ya estábamos bajando de Cerro Bruja hacia el Río Escandaloso. De aquí a los autos eran unas ocho horas según nuestro estimado basado en lo que nos había tomado ese mismo recorrido en el viaje anterior. Ese descenso lo habíamos hecho de noche la vez anterior y nos tomó tres horas hasta el río. A media bajada paramos en un lugar con una buena vista de donde habíamos estado: es realmente increíble como se veía Cerro Bruja desde donde podíamos apreciarla. Y pensar que hacía unas horas habíamos estado arriba de esa sólida montaña de bosque esmeralda.

Almorzamos en el Río Escandaloso justo donde habíamos acampado hacía unas tres semanas atrás. Todavía estaba el machete roto que Tony había dejado clavado a un árbol pensando que alguien lo aprovecharía al encontrarlo.  De este punto nos había tomado cinco horas para llegar al punto de donde habíamos partido. Ya la gente estaba tranquila y gozando del agua cristalina que corría a nuestro alrededor. Habíamos pasado dos días por lo alto de la montaña y ahora estábamos en terreno abierto con vista clara al cielo. Ya nuestra vista podía extenderse por cientos de metros sin ser interrumpida por lo frondoso del bosque. Mi ropa estaba toda cubierta del sedimento que cubría las hojas de los árboles y la vegetación que había estado atravesando toda la mañana. ¡Que sabrosa estaba el agua fría que me cubría!

Ya el resto de nuestro recorrido era todo por senderos claros y unos cuantos vados de río. Nuestros pensamientos comenzaron a enfocarse en las cervezas frías que nos estaban esperando al final del recorrido. Todavía nos faltaban horas por caminar pero ya estábamos pensando en lo que estaba más allá. Parece mentira lo frágil que es el momento y lo difícil que es mantenerse presente en lo que estamos haciendo y viendo. En lo profundo del monte era normal estar totalmente inmersos en el presente pendientes de cada paso que damos y de todo lo que nos rodea. En cuanto ya estamos sintiendo el llamado de la comodidad y el descanso nuestra mente divaga y pierde el foco del momento para concentrarse en lo que nos espera más adelante.

Al final del camino me impresiona que pude llegar a Cerro Bruja en el primer intento hace tantos años atrás. Estábamos más jóvenes y fuertes entonces pero no contaba con toda la experiencia que tenemos ahora y la ayuda de la tecnología que nos acompañó en todo momento. Creo que también había planeado el viaje con mucho esmero entonces y esta vez estábamos improvisando más sobre el camino. En todo caso, quiero regresar a Cerro Bruja nuevamente y esta vez si voy a dormir al borde de un chorro que hay allá arriba.

Fotos cortesía de Jorge Mendoza:

 

Massanutten 2016

Hace una semana conseguí mi sexta hebilla de 100 millas al completar Massanutten Mountain Trail 100 en un tiempo de 34:37 (34 horas y 37 minutos). Jose Orillac me acompañó terminando su carrera en 28:30. En esta ocasión me tomó veinte minutos más que en el 2014 para completar la carrera, pero esa diferencia se puede considerar virtualmente nula para una carrera tan grande. Curiosamente, esta vez me sentí mucho más confiado que la vez anterior durante la carrera y nunca llegué a estar tan cansado (ni a tener alucinaciones por falta de sueño).

Lagarto hizo una carrera espectacular quedando en el 25% superior de los corredores (me ganó por seis horas). Con esta carrera ya El Croc lleva cuatro hebillas de 100 millas. Ya está listo para correr el Ultra Trail de Mont Blanc en septiembre. Espero que la comida de las estaciones de esa carrera le caiga bien para que también la pueda completar en buena forma. Yo ahora voy para Irlanda a correr 200 kilómetros en Kerry Way 200 para asegurarme de mantener mi paridad con Jose (que viene pisándome los talones).

Creo que ya me pudo considerar un ultra corredor experimentado. Ya me siento cómodo con la distancia de 100 millas y tengo una buena idea de qué esperar de estas carreras y de cómo manejarme para poder completarlas exitosamente. Esa confianza me llevó a cometer un par de errores pequeños que se pudieron tornar más grandes. No revisé el pantalón que me llevé para la carrera y casi se descose por completo entre las piernas porque ya llevaba demasiadas corridas con esa prenda precisamente porque es muy cómoda (corrí Fat Dog y Tahoe Rim Trail con el mismo pantalón). Debí haberlo cosido para reforzarle las costuras que se soltaron por el roce de cientos de kilómetros recorridos. Además, no revisé las medias que había puesto en la bolsa para la mitad de la carrera y, nuevamente, eran unas medias muy usadas con varios huecos. Por suerte los agujeros estaban en lugares donde no causaban molestias.

Esta vez los pies llegaron casi intactos al final de la carrera con la excepción de las uñas que inevitablemente siempre pierdo cuando corro distancias tan largas. A pesar que llovió durante la carrera el recorrido no estaba tan mojado como hace dos años y no se me maceraron los pies como pasó en el 2014. Creo que también me ayudó el usar Hydropel en los pies antes de la carrera. Me acosté con los pies cubiertos de Hydropel para que se absorbiera durante la noche y me ayudara durante la carrera evitando que el agua fuese absorbida por la piel de mis pies.

Esta vez corrí toda la carrera con unas Hoka Speed Goat y las usé toda la carrera. Esta es la primera vez que uso un solo par de zapatillas durante toda la carrera. Los pies nunca me dolieron mucho y las zapatillas me protegieron muy bien de muchas rocas con las que tropecé durante la carrera. Hubo una excepción cuando le pegué a una roca que no se movió ni un poquito y destruyó la uña del dedo gordo de mi pie derecho. Tal vez ni con las botas de mi moto me hubiese salvado de ese golpe. Al principio de la carrera pensé que había cometido un error con las Speed Goat porque los tobillos se me estaban doblando mucho con la cantidad de piedras en el camino, pero pude arreglar ese problema apretando las zapatillas al llegar a la segunda estación del recorrido. Después que me apreté las zapatillas ya se mantuvieron en posición cuando el tobillo se torcía y mi propiocepción aumentó sin que me lastimará los tobillos en ningún momento.

En el 2014 corrí Massanutten con un pie lastimado por una caída de moto. En esta ocasión, después de muchas horas corriendo, el tejido blando que me había lastimado comenzó a darme una leve molestia, pero nunca llegó a un nivel insoportable y pude correr todas las bajadas de esta carrera. Aun así, el tiempo fue virtualmente idéntico entre ambas carreras. Creo que hace dos años estaba subiendo más rápido que esta vez y bajando más lento. También mi hizo falta la compañía de Gary Knipling y Paul Crickard (a quienes llevé muy presente durante mi recorrido). Esta vez corrí casi totalmente solo toda la noche y creo que por eso no pude correr tan rápido ese tramo. En el 2014 Paul me llevó apurado por muchas horas durante la noche cuando estaba muy cansado. Esta vez nunca experimenté el agotamiento de aquella carrera y la confianza de haberla completado anteriormente me dio energía para correr con más velocidad los últimos tramos de la carrera. Fui quince minutos más rápido en la última sección de la carrera.

Pasé a balazo por las últimas dos estaciones de esta carrera. Cuando llegué a Visitor Center, la antepenúltima estación, pregunté por Lagarto. Yo llegué a esa estación a las 6:30am. ¡Me dijeron que Jose había pasado por allí a la media noche! Me llevaba seis horas y media de ventaja. Pensé que esa ventaja la iba a incrementar con lo que le faltaba de la carrera, pero al final logré recortarle media hora a esa ventaja. Al igual que yo, Jose también bajó la marcha en la segunda mitad de la carrera. Yo había llegado a ese puesto en 26 horas y treinta minutos y Jose había recorrido esa misma distancia en 20 horas. ¡Qué monstruo!

La otra cosa que hice diferente en esta carrera es que me puse una camiseta manga larga para la noche y me llevé mi chaqueta impermeable en la cintura. En el 2014 solamente usé la chaqueta sobre la camiseta manga corta y pasé frío en ocasiones. Ahora pude regular mi temperatura mucho mejor con la camiseta. De hecho, con la camiseta estaba tan caliente que por largos ratos me quité la gorra y el Buff de lana que llevaba al cuello. Los guantes calientes que llevaba casi no los usé.

Durante la noche tomé unas pastillas de sal con cafeína y creo que me ayudaron a estar despierto. No sé si ya me he adaptado mejor a las largas horas sin dormir porque nunca me sentí tan asueñado como cuando corrí Massanutten 2014, ni sufrí alucinaciones (bueno, no es que me cauce sufrimiento el alucinar). Lo que sí me molestó un poco en la noche fue el estómago. Me sentía que necesitaba más sal porque me estaba dando un poco de nausea, muy leve, al tomar pequeños sorbos de Gatorade (que era lo que daban de beber en la carrera, además de agua, para rellenar las botellas). Cuando traté de tomar más pastillas de sal en la madrugada no me las pude tragar y tuve unos arqueos violentos. Por suerte no tenía nada de líquido en el estómago y nunca pude vomitar. Hablando con Ernesto Durán del problema de las pastillas me dijo que él las muerde. ¡Qué idean tan genial! Por algo le decimos “El Champ” (además de que, realmente, es un campeón).

Cuando salí a la calle en el tramo final de la carrera llevaba 33:49 corriendo. Pensé que si apretaba el paso podía romper el tiempo de mi carrera anterior. Como todo era bajada de aquí a la meta me fue fácil subir mi cadencia y mantener un buen ritmo. Comencé a dejar atrás a todos los que tenía cerca, y a los que ya me había pasado. De repente, al mirar atrás, vi una pareja que se estaba acercando (aunque aún estaban lejos de mi). Cuento corto, la pareja me estaba alcanzando y yo me reusaba a dejar que alguien me pasará a esta altura de la carrera, aunque no fuese a ser gran diferencia. Cuando salgo al llano final y tengo el arco de la meta a la vista, la pareja estaba bastante cerca de mí. Aprieto el paso para que no me alcancen y veo hacia atrás, el corredor en ese momento inicia un ataque de velocidad. ¡Tuve que hacer lo mismo para no ceder mi puesto! Hicimos un cierre de alta velocidad después de 166 kilómetros corriendo. Al final entramos juntos a la meta y nos dieron el mismo tiempo. Tremendo pique de velocidad con el que cerramos nuestro recorrido. Por suerte no sufrí mayores consecuencias y hasta pienso que debí haberlo dejado pasar. Pero lo poco de espíritu competitivo que me queda no me lo permitió.

Lagarto había escuchado que ya venía llegando y fue al carro a buscar unas cervezas. ¡Uf, qué delicia ese primer sorbo de cerveza para celebrar un buen trabajo! Curiosamente, en una de las estaciones ya me había tomado un vaso de cerveza. Corrí varias horas con un veterano de esta carrera y nuestra conversación había tocado en el tema de la cerveza y lo sabroso que sería tomarse una. Llegamos juntos a una estación y apareció una botella de cerveza. Mi amigo me trajo un vaso de cerveza porque sabía lo mucho que yo lo apreciaría.

Húmero Fracturado

Por primera vez en mi vida me fracturo un hueso. Este puede ser el peor momento posible para fracturarse un hueso (aunque ningún momento es bueno para eso). Sencillamente me hace la vida tanto más complicada justo cuando necesito estar completo para Lorena y mis hijos. Me caí montando patineta porque una balinera falló y de alguna forma hizo que la tuerca de esa rueda girara hasta apretarla y frenar repentinamente. No hubo previo aviso y caí sobre mi mano extendida, típica posición para la fractura proximal del húmero (especialmente a los 54 años).

Me pusieron una placa de titanio (mi metal favorito) para amarrar la cabeza del húmero al resto del hueso. Lo bueno de ese procedimiento es que me han dado movilidad mucho antes que si solamente me fijaran el brazo con un cabestrillo. Ya he podido correr de vuelta (prácticamente el único deporte que puedo hacer ahora mismo). Ya pronto tendré que iniciar terapia formal, más allá de los movimientos que puedo hacerme con mi propio brazo y con ayudas alrededor de la caza.

Tahoe Rim Trail 100

Bueno, en exactamente una semana salimos para Tahoe Rim Trail 100m y arrancamos a correr el sábado 18 de julio, 2015. Tenemos 35 horas para terminar nuestra carrera. Vamos Luis Carlos Stoute, José Orillac, Ernesto Durán, Isabel Bennett, Roger Bennett y yo a ver que podemos hacer en esa carrera. Isa va por 80km (su debut en esa distancia) y el resto vamos por los 161km que se corren en dos vueltas del circuito de 80km. En esta ocasión no me he preocupado mucho por lo que me espera y ahora, a última hora, tengo dudas sobre lo que voy a poder hacer.

Esta sería la sexta ocasión que me paro en la linea de partida de una carrera de esa distancia. Ya me siento tranquilo con completar la carrera, y eso es bueno. Lo malo es que me siento tranquilo con completar la carrera. Estaba muy juicioso entrenando bastante y luego se me acabó la motivación y no logré preocuparme suficiente para volver a iniciar mi régimen de entrenamiento. Hace un mes terminé The North Face Endurance Race 80km en 14 horas bajo un calor agobiante y corriendo a un paso lento. En mi mente atrofiada la matemática sencilla dice que ese tiempo (por dos) me lleva a terminar en 28 horas. En la práctica estoy claro que esos números no se suman de esa forma cuando se trata de una carrera tan larga. Menos cuando he entrenado tan poco en estas últimas semanas.

Ahora, las hebillas de esta carrera están divididas en tres: una con moneda de oro a los que terminan en menos de 24 horas (Ernesto Durán), otra con moneda de plata para los entran en menos de 30 horas (José Orillac y Roger), y una de bronce para los que terminan en el tiempo permitido. Yo quiero una de plata y estoy claro de lo que eso conlleva. Hasta tengo los números estudiados: caminando a 6km/hora termino en 26.667 horas y tengo mi hebilla de plata. Lástima que la experiencia no me ha llevado a creer que eso sean tan sencillo. Eso es, básicamente, lo que hice en mi última carrera: caminé mucho (todo lo que fuera ligeramente hacia arriba). 6km/hora se hacen a 10 minutos por kilómetro. El problema son todas las paradas que hay que hacer para comer, ir al baño y otras cosas que siempre suceden en estas distancias. Pero tengo 3 horas para desperdiciar en todo lo anterior y llegar en menos de 30 horas. ¿Será que puedo?

Ultra-Signup me está calculando casi 34 horas. Al menos me tiene incluido entre los que terminan por que en Fat Dog 120m me tenía con un tiempo mayor que el permitido para la carrera. He avanzado en la estima de las computadoras que hacen esos cálculos. A Luis Carlos le tienen calculado un poco más de 30 horas y yo generalmente puedo terminar junto con Luis Carlos en esas distancias. En Massanutten hice 34:17 y la computadora está tomando ese tiempo en cuenta. Ahora, esa última carrera tiene una superficie muy difícil para correr (llena de piedras) y el recorrido estuvo muy, muy mojado. TRT va a tener una superficie muy fácil para correr: suave y bastante cómoda. El calor puede ser un factor que impacte negativamente en el rendimiento de todos los corredores, pero esa parte no me preocupa mucho por que acabo de correr en el mismo infierno y pude terminar.

Mi espalda y mi cadera derecha son dos cosas que en esta ocasión me están poniendo a dudar por que están débiles. Mi osamenta está comenzando a mostrar los años que tiene mi carrocería. ¡Ojalá fuera cuestión de ponerle una capa de pintura fresca y listo! Es un poco más complicado que eso en la práctica. Mis músculos y mi corazón aguantan sin mayor problema. Los pies puede que terminen con ampollas y eso lo puedo prevenir con un poco de duct tape aplicado en lugares estratégicos. En Costa Rica terminé con unas ampollas horrorosas en la planta de los pies por que me mojé los pies más de lo que había previsto. Esta vez voy con duct tape en la planta de los pies y esparadrapo en los dedos de los pies, además de las Injinji (medias con dedos).

La alimentación, la vestimenta, las zapatillas y lo demás ya está todo probado, usado y comprobado. Esta carrera tiene una logística muy sencilla por que es un circuito que parece un trébol y en el medio hay una estación que visitamos tres veces por cada 80km, seis veces en total. Con una sola bolsa me puedo sentir por bien servido. Ya veré si uso más bolsas solamente por ser diligente y precavido.

Las Antenas

Parque Metropolitano
Parque Metropolitano

Nuestro hábito de los viernes es correr 11 kilómetros partiendo desde El Cangrejo a recorrer todos los senderos del Parque Metropolitano y regresar. En la tarde nos reunimos en La Rana Dorada a tomarnos unas Pale Ale y planear que fondo haremos el fin de semana. Ultimamente hemos estado corriendo el “Camino de Las Antenas” para alargar nuestras corridas locales (dentro de la ciudad). Desde mi casa hasta la Iglesia Bautista El Dorado hay tres kilómetros de concreto pero de allí en adelante podemos correr hasta 14 kilómetros adicionales por caminos suaves, arbolados y ocasionalmente sombreados. El recorrido total desde El Cangrejo son 34km ida y vuelta, nada mal para una corrida citadina.

No tengo idea porque la gente ha decidido llamar el camino de las torres de alta tensión que va desde Miraflores hasta Condado del Rey el camino de Las Antenas. Puede ser porque antes había un campo de antenas donde ahora queda la ciudad hospitalaria. Al final es irrelevante. A mi me atrae ese recorrido por lo práctico. Mis amigos con frecuencia manejan hasta Cerro Azul para poder correr en altura y fresco. Yo generalmente prefiero manejar a San Miguel, al lado del Río Pacora, y correr cerca del agua aunque tenga que soportar algo más de calor. Pero ya sea que vayamos a Cerro Azul, Pacora, el camino del oleoducto, el sendero de las plantaciones de palma aceitera, todos esos recorridos incluyen un par de horas desperdiciadas en un auto.

A mi siempre me ha gustado lo práctico de correr. Me despierto temprano, me pongo un par de zapatillas y salgo a correr (obviamente, también hay que llevar ropa). En un tiempo me gustaba ir a la Calzada de Amador a correr, aunque eso era algo más social. Creo que el mar también tenía mucho que ver, al igual que correr Avenida Balboa. Pero siempre he ido a Avenida Balboa (ahora la Cinta Costera) corriendo desde donde viviera, ya sea Obarrio, Coco del Mar, y ahora El Cangrejo.

Hay un camino que muy poca gente corre que conecta los cables de alta tensión que vienen del interior con los cables de alta tensión que vienen de Miraflores. Ambos cableados se juntan en la planta de distribución de Condado del Rey. Eso permite que corra por superficies suaves desde El Dorado hasta detrás de la Universidad Tecnológica y cruce al camino de las antenas y siga corriendo hasta Miraflores. En Miraflores corremos un kilómetro por la Vía Gailard y empatamos con el Camino de Chivo Chivo hasta la caseta del Mirador del Parque arriba de la colina más alta del parque Camino de Cruces — exactamente 14 kilómetros desde la esquina de La Salle. Generalmente el calor es agobiante en el regreso. Eso lo remediamos ocasionalmente corriendo por la tarde y regresando de noche usando linternas.

De noche se pone interesante el camino. Hemos visto lagartos, culebras, las ranas salen por todos lados y los capachos comienzan a darse banquete. Desde el DeliGourmet hasta Miraflores, ida y vuelta son unos 20km. Si hacemos el tramo del Camino de Cruces hasta Clayton agregamos un kilómetro y medio. A mi siempre me gusta ese segmento por que tiene mucha historia y es divertido correrlo. Mientras lo corro pienso en sus más de quinientos años y en toda la gente que pasó por allí en ese tiempo. Hoy es un pedazo de tierra abandonado pero todavía es evidente la edad que tiene por lo hondo de su surco.

Este fin de semana que pasó estaba muy concurrido el camino de las antenas, en especial por ciclistas que deben estarse preparando para correr el Triatlón de Portobelo este fin de semana. También encontramos un corredor que iba bien equipado con lo último en equipo de correr en trillo. Iba vestido muy parecido al Lagarto que tenía al lado mío. En Miraflores nos cruzamos con varios amigos pedaleando sus ruteras. Sé que eran amigos porque nos llamaron por nombre. Supongo que es más fácil que ellos nos reconozcan porque yo los veo a todos iguales con su casco, sus lentes oscuros y sus uniformes de ciclismo.

Por suerte por el camino de las antenas pasa una tubería de agua que viene de Miraflores hacia Condado del Rey: esa es mi fuente de re-abastecimiento de agua. El camino de las antenas es largo y se me acaba el agua siempre. Al regreso, cuando el calor es insoportable, me empapo con el agua que en algunos lugares se derrama de la tubería. Hay un par de lugares donde el agua sale a presión y la puedo recoger directo a mis botellas de agua. En otros lugares la recojo de las pozas que se forman. Esto no es algo que comparten mis compañeros — ellos prefieren morirse de sed antes de tomar agua de fuentes desconocidas. Yo le perdí el asco al origen del agua hace mucho tiempo y confío que mi sistema gastro-intestinal sepa que hacer con cualquier organismo que trate de joderme. Cuando tenga dudas de que esté ganando la batalla contra los inquilinos intestinales me tomo un par de Zentel y soluciono el problema.

Finalmente, el punto de todo esto es que no hay que ir tan lejos para encontrar buen terreno para hacer kilómetros

Una Pale Ale
Una Pale Ale

sobre superficies suaves. Aquí cerca tenemos tremendos recorridos para los días largos. Para los cortos siempre está el Parque Metropolitano. Los viernes son mi día favorito porque después de correr el “PMT” siempre viene una Rana en la tarde.