Bighorn 100

A mediados de junio terminé Bighorn 100 en Wyoming y para mi sorpresa hice la mejor carrera de mi historia como corredor de 100 millas (a los 57 años). Gran parte del buen desempeño se lo debo al haber decidido correr todos los días de febrero en un reto que se llama Run Until You Drop. La otra gran ayuda fue contar con un grupo de amigos que me motivan a seguir corriendo regularmente y, de hecho, me obligan a correr más rápido y más lejos de lo que lo haría si fuera solo.

Listos para partir en el cañón del Río Tongue

Mi rutina básica fue lunes corriendo con el Hash, Parque Metropolitano los miércoles con Carlota, viernes de PMT (Parque Metropolitano) con el Monkey Pack, y fines de semana corriendo largo con mi hermano Rogelio y su esposa Isabelita. Ahí tenía cuatro días a la semana asegurados corriendo con buena compañía y ocasionalmente me animaba a salir a correr por mi cuenta. Eso salió como a 4.5 días corriendo semanalmente. Y, por supuesto, el apoyo de Lorena que se aguanta todo lo que conlleva esta rutina es indispensable.

Perfil de Elevación

Bighorn es una carrera que tiene prácticamente el mismo grado de dificultad de Massanutten (que ya he corrido tres veces). Me preocupada que Bighorn tenía dos horas menos para cubrir la distancia que Massanutten (34 versus 36 horas) y que nunca había hecho MMT en menos de 34 horas. Tahoe Rim Trail sí lo había corrido en 32:52 en el 2015 así es que sabía que podía hacerlo, pero no tenía mucho márgen para equivocarme durante la carrera. Además, TRT 100 lo corrí hace tres años y en su momento fue mi mejor carrera.

Partiendo en Bighorn 100

Solamente porque quería estar cómodo, relativamente, contra las horas de corte (te sacan de la carrera si no pasas una estación antes de una hora determinada) decidí que quería terminar en 32 horas con un colchón de dos horas para el corte. Mi hermano Rogelio, basado en su reciente carrera en Miwok 100k, decidió que su objetivo serían 28 horas. Isa, mi cuñada, que estaba corriendo los 82km se propuso terminar solamente. Para ella sería un gran logro porque el tiempo de corte estaba por debajo del mejor tiempo que ha logrado en una carrera de esa distancia.

Cañón del Tongue

Había leído que al iniciar la carrera se forma una larga fila en el sendero de la primera gran trepada. Quería estar seguro de no quedar atrapado en la parte lenta de la fila así es que decidimos pararnos hacia la parte delantera del grupo. Era mejor que otros más fuertes lucharan por pasarnos a lo contrario. Desde un principio me llamó la atención lo callado que estaban los corredores en esta carrera. En casi todas las otras 100 millas la gente es bastante habladora, pero este grupo resultó ser silencioso en su mayoría.

La primera subida era de casi 13k y llegaba a una pequeña estación llamada Upper Sheep Creek. La primera gran estación arriba de la loma era Dry Fork y estaba a 21k poco después de coronar la parte más elevada de la primera trepada. Llegué a Dry Fork a la 1:22pm y salí a la 1:27pm con dos horas por delante de mi plan de carrera. Tenía las piernas cansadas de tanto subir y faltaba mucha distancia para terminar este evento. Solamente en UTMB había subido por tanto tiempo seguido y nunca tan rápido como esta vez.

Casi arriba de la primera trepada

Ahora venían unos 21k undulantes antes de iniciar el descenso a Sally’s Footbridge. El grupo de corredores rápidos con el que había trepado me dejaron atrás y otros me venían alcanzando. Me acomodé en un tren mayormente femenino que llevaba un paso similar al mío. Había una pareja de mujeres que nunca pararon de hablar y que iban en su propia burbuja sin notar a nadie más ni nada a su alrededor. Pensé que si ellas terminaban solamente tendrían su conversación en la memoria de lo que había pasado durante la carrera.

En esta sección comenzó a cambiar la carrera. La directora de la carrera nos había dicho que íbamos a tener condiciones perfectas en esta carrera pero el granizo que empezó a caer parecía contradecirla. ¡Eran canicas cayendo del cielo y pegaban duro! Al rato, cuando perdimos algo de elevación, el granizo se volvió lluvia el agradable sendero que habíamos estado recorriendo se transformó en lodo. Esta era la parte de la carrera que estaba supuesta a estar seca. Sabíamos que después de Footbridge el terreno iba a estar mojado, pero esta parte estaba encharcada y la lluvia seguía sin parar.

Cuando ya el lodo estaba haciendo difícil mantener el paso, las mujeres a la cabeza del tren fueron bajando su ritmo al buscar donde y como pisar mejor. Decidí que era hora de dejar esta columna atrás. Ya estábamos bajando a Bear Camp y pronto vendría un largo y empinado descenso a Footbridge, la segunda gran estación a 48k del recorrido. Al llegar a Bear Camp rellené mi botella, recogí un gel y seguí mi camino.

Justo aquí venía un lodazal en una empinada ladera y habían unos corredores tratando de bajar sin resbalarse. Era hora de soltar los frenos e iniciar una caída controlada hasta el río Little Bighorn y cruzar Sally’s Footbridge. Dejé atrás toda cautela y ataqué con gusto el descenso que estaba lleno de piedras y lodo mientras la lluvia seguía sin pausa. Había mucha gente en la bajada y la mayoría estaban tratando de controlar su descenso formando colas en el sendero. Por suerte habían muchas opciones para bajar porque se veían senderos que no tenían mucho uso que iban paralelos al camino principal. Yo iba corriendo por fuera cuando se apiñaba la gente y así seguí hasta llegar al río.

En cuanto entro a la estación me encuentro con Roger… ¡qué sorpresa! Me había sacado una ligera ventaja en el primer tercio de la corrida y se estaba quejando de las zapatillas que había escogido para esta parte. Yo tenían unas Salomon SpeedTrak guardadas para la siguiente sección que estaba supuesta a ser técnica y enlodada, pero ya tenía muy mojadas las Hoka Speedgoat que cargaba puestas. Fui a buscar mi bolsa de recambio y cuando regresé ya no estaba mi hermano. Me puse una camiseta de lana, una camiseta manga larga, y tomé mi mochila CopresSport para cargar mi chaqueta impermeable, mi lámpara de cabeza, y un gorro para el frío.

Cuando salí de Footbridge a las 5:45pm estaba 1:45 minutos por delante de mi plan de carrera para 32 horas. Había para de llover y el clima estaba agradable. Ya para estas alturas había decidido que esta es la carrera más escénica que he corrido hasta el momento. Ahora ascendíamos por el cañón del Little Bighorn y el río rugía al lado del sendero. Venía pensando lo sabroso que sería estar en ese río remando en un kayak pero creo que tenía un nivel de dificultad superior al que podría navegar. Ya se me habían pasado los dolores de la subida para ser reemplazado por los dolores de la bajada. Esta larga subida de 28k tiene una pendiente gentil pero constante y sube 1,270m hasta llegar a una elevación de 2,643m.

En esta subida hay que atravesar varios ríos y hay mucha agua por todos lados. El sendero en ocasiones parecía estar hecho de jabón, frecuentemente había que pasar por barriales profundos. Ya algunos de los corredores que habían pasado antes fueron dejando una senda paralela que era mejor para correr que el sendero propio. Iba subiendo como un tren que va saltando de una vía a otra pero siempre avanzando en la dirección correcta: hacia arriba. Como a las 8:30pm me encontré con el puntero de la carrera. El segundo lugar venía unos cinco minutos después. Hasta casi las 9:30pm había algo de luz y creo que a esa hora comencé a usar mi lámpara de cabeza.

Como hacía frío no estaba tomando mucho líquido. Cargaba en la mano una botella CamelBak de 21oz, y en el cinto tenía dos botellas suaves de 500ml. Hacía rato no llenaba estas botellas secundarias porque las estaciones estaban suficientemente cerca para llegar con el contenido de la botella de mano. Las estaciones estaban bien surtidas pero ya a estas alturas no me bajaba bien la comida y estaba pasando la carrera a punta del Gu líquido que había en las estaciones y los geles de gu (que también tenían en cantidades). Ocasionalmente me comía un huevo con sal, papas con sal, y toda la sandía que encontraba. También tenían una bebida de jugo de pepino encurtido que estaba muy buena.

A las 12:22am llegué a la estación de la cima: Jaws. Esta estación estaba llena de gente y cuando entré me encontré con Roger nuevamente. No encontraban su bolsa de recambio. Mi bolsa si estaba pero solamente tenía unas baterías. Yo había recogido todo lo importante al fondo de la loma porque no quería llegar con frío a la cima. Le presté una bufanda que tenía en mi mochila y partimos juntos de regreso, listos para la segunda mitad de la carrera. A las 12:42am salimos de la estación, yo iba 1:20 por delante de mi plan. La verdad es que esta carrera estaba destruyendo a la gente porque muchos de los que estaban corriendo cerca de mi habían estimado hacer menos de 30 horas.

Ya llevábamos casi 15 horas corriendo y estábamos bien, sin mayores dolores, moviéndonos a un ritmo consistente y de buen humor. Como el cielo estaba cubierto de nubes, el frío nunca llego a ponerse incómodo (como en otras ocasiones con cielos cristalinos). Estaba húmedo pero el calor del esfuerzo me mantenía a una agradable temperatura. Habían muchos ratoncitos en el sendero que quedaban encandilados y no sabían para donde huir. Nos encontramos también con un berrendo en la noche comiendo a un lado del camino.

En las estaciones ahora tenían fuegos encendidos y en todos siempre habían corredores calentándose. Nosotros parábamos brevemente a tomarnos un caldo caliente y rellenar nuestras botellas. Después de la segunda estación Rogelio se fue quedando atrás. No lo noté al principio porque me pasé una pareja y las luces de ellos no me dejaban ver la de mi hermano. Pero cuando dejé esa pareja atrás no vi a Roger siguiéndome. Al llegar a la próxima estación, Cathedral Rock, a los 100km, ya Roger no me alcanzó antes que yo partiera hacia Footbridge. Para estas alturas ya el sol estaba iluminando el sendero a las 4:30am aproximadamente.

Llegué a Footbridge a las 7:09am y salí a las 7:25am. Solamente me quité la camiseta de manga larga que cargaba encima y dejé la mochila con todo el equipo de frío que llevaba. Recogí la gorra que había cambiado por el gorro de lana y me fui a trepar la loma que nos esperaba ahora. Iba 57 minutos contra mi plan de carrera. Obviamente estaba empezando a perder velocidad y mi ventaja se estaba desvaneciendo.

Venía un subida de 6k con 664 metros de ascenso. La lluvia había dejado el terreno muy enlodado y todos los corredores que iban delante nuestro habían destruido el sendero. Fui pasando gente poco a poco, lentamente, mientras los escuchaba quejarse de lo difícil que estaba esta subida y la desgracia que era enfrentarse a un final de carrera como este. Era evidente que muchos se sentían que la carrera se les estaba escapando de las manos. Algo de esa preocupación pasaba por mi mente pero yo iba aún por delante de mi plan así es que estaba de buen ánimo.

Estaba trepando a un ritmo cómodo. Podía ir un poco más rápido pero quería guardar energías para poder correr el final de la carrera porque era una bajada larga de 21k. Antes de eso tenía que hacer el corte en Dry Fork que era a las 3pm. Juzgando por el paso de la subida parecía que no íbamos a llegar pero sabía que luego el camino se volvería una subida gentil y que el sendero debía estar muy corrible después de la estación del tocino.

Ya a esta altura de la carrera los punteros de la carrera de 82k nos estaban pasando como si estuviéramos parados. Estaban subiendo la loma como si el lodo fuera de concreto. ¡Qué bárbaros esos corredores! Eventualmente formamos un grupo de unos seis corredores que estábamos avanzando al mismo ritmo. Al terminar la subida en Bear station algunos se quedaron comiendo. Yo llené mi botella y partí de una vez. Quedaba algo de subida y luego venía el terreno relativamente plano.

Ya no estaba seguro como estaba parado frente a los corredores de 100 millas porque habían muchos corredores de 50 y 32 millas en el camino. Cuando llegué a Cow Camp me comí un par de tocinos fritos para llenarme de energía para la bajada. Ya faltaba menos para Dry Fork. Estimaba que llegaría como a la 1:30pm a esa estación que tenía el corte de las 3pm. Ya estaba media hora por debajo de mi plan de carrera. Las energías estaban menguando y mi ritmo había decaído.

Pasé por Dry Fork en dos minutos y salí a la 1:22pm a terminar mi carrera. Iba una hora y sencillo por delante del plan pero ya mis piernas no daban para mucho. Después de Dry Fork el camino sigue subiendo y yo no encontraba forma de moverme más rápido. La gente me estaba pasando a diestra y siniestra. Cuando terminé esa trepada inicié un descenso leve a la próxima estación. Por más que traté de correr no lograba ir más rápido que los que estaban caminando a paso ligero. Ya el sueño me estaba quitando concentración y las dudas típicas revoloteaban dentro de mi cabeza.

Yo había perdido la tabla de distancias temprano en la carrera y ya no estaba seguro de cuanto quedaba por correr. No podía estimar mi hora de llegada a la meta y cada vez parecía estar más lejos de llegar. Cuando llegué a Upper Sheep Creek me di cuenta que estaba equivocado con respecto a lo que me faltaba por terminar y quedaba la mitad de lo que yo pensaba. Esto me dio un respiro pero todavía no me sentía cómodo y quería terminar rápido para asegurarme de evitar inconvenientes de última hora.

Ahora faltaba una última subida que parecía inmensa. Era como trepar la India Dormida, solo que ya llevaba 140k corriendo. Iba con Rob en ese momento y ninguno de los dos nos estábamos moviendo muy rápido. Yo le dije que no íbamos a terminar si no corríamos y que iba a correr con todo lo que me quedaba cuando arrancara la bajada. Rob me dijo: “tú dale que yo te sigo”. Así mismo fue… al coronar la subida se podía ver hasta el pueblo de Dayton en la lontananza, y ¡estaba lejos!

Comenzamos a correr y el cuerpo se resistía a responder a mi voluntad. Pero se fue calentando con cada paso y el ritmo fue incrementando poco a poco. La bajada estaba empinada así que podía correr con tan solo controlar la caída al inclinar el cuerpo hacia adelante arriesgando plantar la barbilla en el sendero. Comencé a recuperar ventaja perdida y volvimos a pasar gente. Se podía ver una gran cantidad de corredores a lo largo del sendero y me propuse rebasarlos a todos los que tenía a la vista. Uno tras otro fueron quedando atrás hasta llegar a la próxima estación. Ya me quedaban 12k y casi cuatro horas para terminar.

Mi hebilla #9

Bajamos la velocidad avanzando por el sendero a buen ritmo. Cuando llegamos a la calle propuse volver a correr pero ya Rob estaba determinado a llegar caminando a la meta y sabía que llegaría antes del corte. Yo quería hacer mi tiempo porque estaba a mi alcance y regresé a correr. No podía ir muy rápido en esta parte porque ya era plano el recorrido. Pero entre caminar y correr seguí avanzando hasta llegar a la meta en 32:15:49.

Después de la carrera nos fuimos para Yellowstone y Grand Teton por unos días. Estos son dos lugares fantásticos a los que hay que regresar con más tiempo. Espero que la próxima vez no nos llueva como esta vez. Hemos pasado días bajo una llovizna que no paraba.

Wikiloc y Google Earth

En el 2011 encontré Wikiloc y desde entonces he estado subiendo y compartiendo rutas. Ese sitio permite que uno suba pistas de GPS y las anote con puntos específicos, agregue una descripción del recorrido, de los puntos, y hasta seis fotos por recorrido y por cada punto. Luego el sitio resume la información básica contenida en la pista de GPS y muestra el recorrido sobre un mapa de Google Earth, o de maps (con calles y hasta topografía).
Ejemplo de ruta
Lo que acabo de encontrar es que Google Earth en la computadora tiene la posibilidad de habilitar una capa de rutas de Wikiloc que muestra íconos sobre el mapa que uno está viendo y permite que se muestren las rutas que uno escoge ver. ¡Esto es fantástico porque cuando estoy explorando áreas que me gustaría visitar puedo ver que rutas han subido los que ya han pasado por ahí!
Los puntos blancos son indicadores de otras rutas disponibles en el área. En este caso estamos viendo La Vuelta del Cariguana que yo mismo subí a Wikiloc, pero hay muchas otras rutas disponibles que otros han ido subiendo. Esta es una gran herramienta para ver por donde hay rutas que explorar y luego bajarlas al gps, o al celular para ir a investigar ya con una ruta conocida y con la seguridad de poder seguirla sin problemas. Mi perfil en wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/user.do?id=336601

Bocas del Toro a Colón Remando

Chiriquí Grande

Este 12 de julio terminamos de remar de Chiriquí Grande en Bocas del Toro a Miguel de La Borda en Colón. Teníamos años hablando al respecto hasta que logramos concretar el viaje. Mi cuñado Jorge Espino, mi hermano Roger y su hijo Rogelio, Iñaki Lasa y yo fuimos los que quedamos en los botes (había un grupo grande de interesados que al final solo vieron los toros desde la barrera). El viaje fue más difícil de lo que anticipamos y para mí, más memorable de lo que esperaba.

Cruzando a Escudo de Veraguas

El Escudo de Veraguas siempre fue uno de los objetivos del viaje pero cuando concretamos las fechas quedamos con 5 días disponibles para concluir el viaje (3 menos de lo que había estimado originalmente). Cuando partimos, el itinerario era Chiriquí Grande, Tobobe, Río Chiriquí, Calovébora, Petaquilla y Miguel de La Borda. Cuando llegamos a Punta Toro hablamos con la primera persona que apareció y nos preguntó hacia adonde íbamos. Cuando le contamos nuestro destino nos dijo que eso estaba muy difícil.

En Tobobe hicimos nuestra próxima parada y de una vez llegaron varios ngabe. En la conversa nos dijeron lo mismo: la costa estaba muy difícil en esta época del año, septiembre es cuando el viaje se puede. Prácticamente estábamos por abortar el viaje y decidimos salvarlo haciendo una parada en Escudo de Veraguas porque todos decían que ese viaje era más factible. Así es que seguimos bajando por la costa hasta Punta Escondida porque era uno de los lugares donde podíamos desembarcar.

El grupo en Escudo de Veraguas

El cruce de Chiriquí Grande a Punta Toro había estado muy fácil porque la Laguna de Chiriquí está muy protegida y el agua es muy tranquila. En cuanto fuimos pasando Punta Toro ya se iba viendo el cambio: sobre los arrecifes las olas estaban rompiendo con fuerza y se notaba que las olas de fondo estaban grandes. Cuando le dimos la vuelta a Bluefield’s Point y vimos Punta Kusapín sabíamos que estábamos en problemas porque el mar estaba muy enredado con las olas de fondo reventando en el arrecife y el viento soplando con fuerza. Por suerte se nos acercó un bote y nos dijo que teníamos que abrirnos mucho y dar la vuelta lejos de los arrecifes.

Era imposible para nosotros entrar en Kusapín porque las olas cubrían de espuma blanca todo el arrecife frente a Kusapín. Seguimos hacia Tobobe porque no quedaba de otra. Después del descanso y la conversa en Tobobe seguimos nuestro camino hacia nuestro primer campamento de intensión cerca de Shark Hole Point. Justo cuando nos alejamos de la costa nos atrapó la primera lluvia intensa y nos dejó sin visibilidad alguna. Estábamos sobre un arrecife y a duras penas podías ver que teníamos al frente. Cambiamos nuestro rumbo hacia la costa nuevamente porque no queríamos quedar dentro de alguna rompiente. Cuando nos acercamos a otra orilla encontramos un buen lugar donde poder volver a tocar tierra y decidimos que allí acamparíamos este primer día.

Mauricio salió a nuestro encuentro de una vez ya que esta era su tierra. Nos volvió a confirmar que apenas habíamos pasado la parte fácil de nuestro viaje y lo que venía sería más duro. Jorge negoció nuestro campamento y le pidió a Mauricio que nos consiguiera unas langostas. A la hora regresó Mauricio que seis langostas para la cena y las hervimos para acompañar lo que ya habíamos cocinado. Habíamos llevado un gran techo que resultó vital para la cocinada y la conversa porque las lluvias venían intermitentes a través de toda la noche.

Campamento en El Portete

Temprano al día siguiente recogimos nuestro campamento y partimos a Escudo de Veraguas según nuestro plan de viaje revisado. El cruce de 28kms de mar abierto al Escudo nos tocó relativamente tranquilo, y no nos llovió. Salimos solamente con un rumbo hacia un horizonte abierto y como a la hora de estar remando apareció algo que parecía una isla. Con el paso de las horas fue creciendo hasta que ya se podían distinguir los detalles de la costa. Primero nos acercamos a Playa Larga y luego fuimos hacia la punta este donde Roger había decidido que quería investigar y acampar.

Al llegar a la punta este vimos que Booby Cay ofrecía protección con un gran arrecife que estaba siendo embestido ferozmente por unas inmensas olas que después de ser reventadas por el coral llegaban como leves ondulaciones a la orilla. Encontramos la isla abandonada y sin un alma que la habitara. Habían cabañas abandonadas en esta playa que daba al norte y buscamos un lugar agradable donde colocar nuestro campamento para luego ir a investigar más sobre este lugar que ya se sentía mágico.

Pasamos la tarde navegando por docenas de islotes que estaban entre el arrecife y la costa. Entre los islotes habían canales de agua cristalina y caliente, algo realmente espectacular. Lástima que no podíamos bucear el arrecife porque el mar al norte realmente estaba tratando con todas sus fuerzas de destruir el coral y a cualquiera que se le acercara. Este lugar en septiembre con un mar tranquilo tiene que ser aún más fuera de serie de lo que se podía apreciar. Todos quedamos de acuerdo que debemos regresar.

Nuestro tercer día iba a ser un cruce de mar abierto de 50kms directo a Calovébora. A las 5am ya estaba preparando el café y a las 7am dejamos nuestro campamento. Una gran tormenta se veía que venía en camino y en cuanto salimos de la protección de la isla sentimos la fuerza del viento que ahora estaba soplando del suroeste en dirección a la tormenta que lo estaba chupando. Como a la hora de seguir nuestro rumbo de intensión decidimos cambiar nuestro rumbo y dirigirnos directo a la costa porque las olas y el viento estaban subiendo su nivel de intensidad.

Las olas en El Portete

Navegamos casi 35kms de mar entre olas y viento que nos tenían en constante tensión porque la canoa que nos acompañaba es un bote abierto al que había que estar achicando el agua que entraba cuando era golpeado por las olas. Nuestros kayaks abiertos no tenían problema en ese mar pero todo nuestro viaje dependía parcialmente del cargamento que llevamos en la canoa. Todos estuvimos callados hasta que ya teníamos la costa cerca y parecía que nos habíamos salvado de lo peor.

Cambiamos nuestro rumbo para seguir navegando hacia Calovébora que ya estaba como a unos 30kms. Lo que veíamos en la orilla nos preocupaba porque era tal como no lo habían pintado los indios: no había como entrar a las playas porque las olas estaban rompiendo con fuerza en la arena. Y nos habían dicho que la canoa no podría entrar en Calovébora porque la “cabeza” estaba muy grande (la ola que rompe antes de entrar el río). Para aumentar nuestros problemas, otra tormenta nos estaba alcanzando por el oeste ahora.

Cuando la cosa estaba cambiando a tétrica, Jorge, que estaba en la canoa, decidió que podía entrar a la playa porque la única punta que habíamos visto desde que dejamos Escudo atrás le daba un poco de protección de la fuerza de las olas. Todos caímos en esa playa justo antes que nos alcanzara un fuerte viento acompañado de lluvia intensa. ¡Increíble suerte que tuvimos! Vimos que atrás de las plantas en la playa había una gran finca y entramos a investigar mientras nos protegíamos de la lluvia bajo el techo de un gran rancho que parecía ser usado para actividades comunitarias. Decidimos que pasaríamos la noche en este agradable lugar.

Según el mapa habíamos caído en Cahuita, entre Santa Catalina y Calovébora. Apenas estábamos a mitad de camino y llevábamos tres días navegando. El cuarto día iba a ser un día muy largo si queríamos llegar a Miguel de La Borda en el quinto día. Después de pedir permiso para pernoctar en el rancho fuimos a bajar todo de los botes y esconderlos tras unos arbustos según el consejo de los moradores Elías y Wali. Pasamos una noche muy agradable y secos. Hasta ahora casi todos habían dormido mojados por problemas misceláneos con sus hamacas.

A las 4am estaba calentando el café y a las 6am partimos para Petaquilla. Nos tocaba un día largo. Las horas pasaban, los pocos lugares habitados pasaban, y no aparecía ningún lugar donde pudiésemos tocar tierra. Toda la costa entre Río Cañas y Miguel de la Borda está muy poco habitada y la razón era evidente: las playas ofrecían poca protección contra la fuerza del mar. Además, mucho del frente de mar estaba formado por grandes acantilados que no permitían desembarcar del todo. Las entradas de los ríos están bloqueadas para embarcaciones pequeñas como las nuestras por las olas que se forman sobre la barra de arena que naturalmente se forma ahí.

Cerca de las 3pm pasamos frente al Río Petaquilla y vimos que podíamos entrar ahí pero decidimos seguir de largo porque todavía necesitábamos avanzar si queríamos estar en Miguel de La Borda al día siguiente. Poco después pasamos frente a la mina de Petaquilla. El lugar es inmenso y desde hacía horas veíamos una estructura que se elevaba sobre la selva. Era una gigantesca chimenea que salía de una galera aún más grande. La inversión material que ha sido hecha en este lugar se notaba astronómica.

Seguimos de largo con la esperanza de poder entrar en Coclé del Norte. Habíamos pasado varios ríos donde pensamos que se iba a poder entrar pero no tuvimos suerte. Y estábamos cerca de las doce horas de haber partido y la costa seguía igual, sin ofrecer lugar alguna donde poder entrar a pasar la noche. Justo cuando acabábamos de tratar de entrar en una playa nos cruzamos con un bote y le hicimos señas. Después de conversar nos dijeron que era justo en esa playa donde podíamos entrar y nos enseñó como podríamos entrar entre las olas con mucho cuidado.

Roger e Iñaki lograron entrar sin problema. Cuando Rogelio y yo fuimos a entrar quedamos surfeando una gran ola hasta que llegando a la orilla la punta de nuestro bote se hundió en la ola, tocó la arena, y la proa del bote se levanto verticalmente y nos lanzó al aire. Rogelio quedó parado en la arena de una vez pero yo salí por encima de él y casi me cae el bote encima. Por suerte no pasó nada peor tras la volteada y todo lo que estaba en el kayak estaba bien amarrado. Jorge logró entrar en la canoa sin mayores problemas. Habíamos parado en El Portete tras un día maratónico de 80kms. Y el lugar estaba muy agradable para nuestra suerte.

Ya el viaje estaba prácticamente concluido porque solamente quedaban unos 35kms para el día siguiente. A pesar de todas las condiciones hostiles que encontramos habíamos logrado perseverar. La canoa Old Town Tripper XL de 20′ había dado la talla gracias a que Jorge la había manejado con mucha habilidad. La bomba de achique hasta había perdido su agarradero por el uso que había recibido en los cruces pero por suerte seguía sacando agua. Nuestros kayaks dobles de 17′ habían navegado muy estables a través de todas las olas, los vientos y la lluvia.

La cuarta noche duramos más que todas las anteriores antes de caer cansados en nuestras hamacas. Estábamos bastante contentos porque ya sabíamos que íbamos a lograr concluir exitosamente nuestra travesía. Ya quedaba poco que beber y de comer, pero fue suficiente para ir satisfechos a dormir en nuestras hamacas. Al día siguiente nos despertamos con calma y empacamos sin prisa porque antes del medio día estaríamos en Miguel de La Borda.

Photos en Google: https://photos.app.goo.gl/7oswLVHF46noMKiB3

Puntos Importantes: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1CK99RcvdLrfLnLl9fYy7Dydtl3l3ewNLW5K0NHWCezI/pubhtml

The Panama Cruising Guide de Eric Bauhaus y Almanaque Azul son buenas referencias.

 

Río Cangandí

Este fin de semana fuimos a dormir al Río Cangandí. El plan era sencillo: ir hasta donde encontráramos un lugar agradable para dormir, acampar y regresar. Generalmente me gustan los viajes de una vía, pero jamás desprecio la oportunidad de ir a acampar cuando se presenta. En este caso Sjef y otros buenos amigos estaban con ganas de ir a caminar y mi hijo Irving también estaba dispuesto a acompañarnos.

Originalmente íbamos en un par de autos y éramos 12 los apuntados. Como frecuentemente sucede, el grupo se fue reduciendo y al final quedamos cuatro mosqueteros, Carlota, Sjef, Irving y yo. Manejamos hasta Madroño para cubrir todo lo que pudiéramos hacer en auto y buscamos donde dejarlo bien cuidado. Preguntando quedamos donde el Sr. Eustaquio Gil. Iguafioli, un kuna que trabaja con Earthtrain y vive con la familia donde el Sr. Gil, nos acompañó hasta el sendero hacia Cangandí porque iba para una finca del Sr. Gil a trabajar plantando culantro.

Nos tocó un buen día, por suerte, ya que había llovido fuerte el día anterior pero a nosotros nos tocó soleado en San José de Madroño. Iguafioli nos llevó hasta casi un kilómetro de la división continental donde está la frontera con la Comarca de San Blas. Ahí quedaba la finca donde iba a trabajar. Nos indicó un sendero que nos llevaría hasta el camino que se dirige a la comunidad de Cangandí y Río Mandinga. Igua nos dijo que a él le tomaba como ocho horas llegar hasta Cangandí.

Al llegar a la división continental llegamos a una “T” y mi primera intuición fue tomar a la derecha porque se veía más claro. Cuando revisé la dirección versus mi ruta de intención vi que nos estábamos separando. Dimos un giro y tomamos la otra dirección y el camino prontamente se cerró. Pero como estábamos sobre la pista que quería seguir saqué el machete y abrimos camino hacia abajo donde, según el mapa, había una quebrada que nos llevaría hasta el Río Cangandí.

Prontamente llegamos a la quebrada y procedimos a seguirla. Era obvio que por aquí no ha caminado nadie desde hace mucho tiempo. Los indios tienen un camino por otro lado, pero esta era la ruta que aparecía en el mapa del Tommy Guardia, Río Mandinga, que fue revisado en el campo en 1966. Evidentemente las cosas han cambiado un poco desde entonces.

La quebrada que seguíamos estaba espectacular, cristalina, y llena de pequeñas caídas que hacían nuestro avance algo lento. No teníamos apuro alguno y cuando nos cayera a bien acamparíamos donde estuviésemos. Así es que sin prisa y sin pausa fuimos avanzando y gozando del entorno en el que nos encontrábamos. Eventualmente llegamos a un campamento kuna, justo a la hora de almorzar. Habían dos estructuras grandes de madera y una decía que era la casa del Sahila del Pueblo. Estaban abandonadas desde hace tiempo.

Almorzamos a la orilla del río y justo al frente de donde paramos vimos el camino que llegaba al campamento. Este camino seguro nos llevaría directo al pueblo de Cangandí. Se veía que iba directo al norte, justo la dirección que queríamos seguir. El camino volvía a trepar al salir del río y se mantuvo alto por un rato para luego volver a caer al río. Viendo el mapa era evidente que tomó una ruta más directa que la que seguía la quebrada por la cual habíamos bajado. Ya estábamos cerca del Río Cangandí.

Ahora el camino seguía de cerca el río, a veces por un lado, por el otro y por medio del cauce cuando era más directo. Casi a las cuatro de la tarde llegamos al Cangandí. El río estaba lleno de agua y el camino salió justo donde se juntaba la quebrada que habíamos seguido desde un principio. Nos gustó tanto el lugar que ahí mismo decidimos que acamparíamos.

El agua del río estaba sabrosa, de una temperatura ideal para quedarse adentro del caudal sin morirse de frío al poco rato. Cada quien buscó sus árboles para colgar su hamaca, nos dimos un buen baño, descansamos un rato y luego iniciamos el proceso de preparar la cena. Sjef había traído salmón, crema, parmesano reggiano y fetuccines. Yo la preparé con gusto y todos comimos hasta quedar satisfechos. ¡Hora de la tertulia!

Al día siguiente regresamos por el mismo camino y llegamos prontamente al campamento. Mi hijo Irving venía como caballo de alquiler apurado por regresar al auto. Nosotros los viejos veníamos jadeando tras él. En el campamento encontramos el camino de los indios que llegaba directo a la casona del campamento. Este camino subió directo al filo de la división continental ascendiendo sin parar hasta los 390 metros de altura. El campamento estaba como a 180 metros de altura así es que fue una buena trepada.

Bajando tomamos una izquierda equivocada y quedamos enredados en una quebrada pero al rato volvimos a empalmar con el camino correcto. Salimos un poco rasguñados por las plantas que estaban enmarañadas y habían muchas espinosas. Ya al mediodía estábamos de vuelta en el auto. Decidimos pasar el Mamoní antes que lloviera y nos dejara atrapados del lado incorrecto. Una vez del otro lado estacionamos para darnos un largo chapuzón en el río y regresar limpios a casa. ¡Tenemos que repetir este viaje en verano!

Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18214927

Rumbo a Western States 2017

Este 24 de junio voy a estar en la partida de Western States 100 2017. En el 2011 corrí WS100 en un tiempo de 29:40:38 y era la segunda vez que corría esa distancia. Ahora llevo 8 carreras de 100 millas terminadas y Western States 100 sería la novena. UltraSignup me tiene pronosticado un tiempo de 27:31:16. Ese tiempo lo sacan de alguna forma de la historia de 15 carreras mías que tienen en su base de datos. Hasta ahora siempre he corrido en mejor tiempo de lo que me han pronosticado en UltraSignup.

La verdad es que con 27:31:16 estaría muy contento si logró ese tiempo es esta carrera, pero es dos horas y tanto menos que en mi carrera anterior, y ya han pasado seis años de ese logro. Varios indicadores y comparativos de índices de dificultad me ponen cerca de ese tiempo, pero otros me ponen cerca del corte de la carrera, que son 30 horas. Solamente he terminado Javelina y Western States debajo de 30 horas. Todas las demás me han tomado horas por encima de ese tiempo.

Para algo cuenta toda la experiencia que he adquirido en 7 años corriendo las 100 millas, pero la edad también me está haciendo difícil mantener el paso para lograr pasar las horas de corte de las carreras. El año pasado no logré terminar Kerry Way 200 por no llegar a tiempo a la última estación donde había un corte, pero estoy seguro que hubiese terminado dentro del tiempo que tenía para hacerlo. Incluso en el 2011 tuve problemas con ampollas en los pies que pude haber evitado con un cambio de zapatillas en la milla 30 (donde no dejé una bolsa de apoyo por falta de experiencia). Solamente ahorrándome las dos paradas largas para arreglarme los pies en WS 100 2011 ya tendría las dos horas que necesito para lograr el pronóstico este año.

Este año cuento con Andrés Muñóz de pacer para que me ayude a pasar la noche y llegar a la meta. Mi esposa Lorena viene de crew una vez más, junto con Dan Gomez y Jenn. Tengo probado todo el equipo que voy a usar en esta próxima carrera. Tengo de fondo Massanutten 100 2017 (aunque esto también puede actuar en mi contra). Cuento con más experiencia a mi favor para este próximo reto. El clima posiblemente también me favorezca por que parece que me va a tocar la ruta de la nieve una vez más. Es una pena que no voy a poder experimentar el recorrido original, pero esto no le quita mucho al evento.

Creo que una de las cosas que más me gusta de Western States 100, y que me favorece, es que es una carrera en bajada. Aunque tengo que subir 18,000′, me toca bajar 23,000′. Son 5,000′ de bajada adicionales. Y lo otro bueno de WS100 es que la ruta se puede correr muy bien, especialmente si lo comparo contra Massanutten. Al final de cuentas, me toca hacer una carrera inteligente, manejar bien mi paso, sobrevivir el calor del día y aprovechar las oportunidades que tenga de subir el paso para ganarle tiempo al reloj. ¡Cruzar la meta es el objetivo!

Nota: no he mencionado 24 horas, ni hebilla de plata…

Massanutten Mountain Trail Run 2017

Mi hermano Rogelio y yo terminamos MMT 100 en 34:43:21 y Carlos Rettally terminó en 32:33:04 (incluyendo una perdida inexplicable de varios kilómetros). Tres de tres es un gran logro para nosotros ya que estadísticamente era muy probable que uno no terminara. La experiencia tiene sus ventajas. Tuvimos la suerte de que nos tocara un buen clima que ayudó a todos a terminar por encima del promedio este año.
No tengo ninguna buena explicación para justificar porque este año corrí mejor que los años anteriores llegando progresivamente más temprano a cada estación hasta llegar a la estación #12 (Visitor Center) una hora y nueve minutos más temprano que en el 2016. En la estación anterior llevaba exactamente hora y media de ventaja contra el año anterior. Y entonces descansamos por hora y media y emparejamos todo…

En la primera subida me pasé a Rogelio y luego al Rets. No fue intencional, sencillamente mi ritmo al principio resultó bueno. Rogelio me dijo luego que no estaba subiendo bien, que muchos se lo pasaban hacia arriba y entonces bajando los dejaba atrás. Carlitos estaba iniciando con una paso muy medido que luego aumentó hasta pasarme entre la estación #2 y la #3.

Rogelio me pasó entre la #5 y la #6 y se quedó delante hasta que lo alcancé para llegar juntos a la estación #8. Yo estaba corriendo cómodamente porque tenía muy presente que en 47 días después de terminar iba a correr Western States 100 y necesitaba llegar ileso a la meta para poder seguir entrenando sin lastimarme, ni perder condiciones. ¡Pero iba mejor que en las dos carreras anteriores en todas las estaciones!

Mi hermano es más críptico que yo así que yo no sabía claramente cual era su estrategia de carrera. Tenía el presentimiento que si volvía a ver a Rets o al Tigre ya estaban fritos conmigo. Pero no tenía intenciones de abandonar a mi hermano ya que valoro mucho su compañía y hemos corrido juntos muchas veces, y cruzado muchas metas juntos. Así que desde que me lo alcancé hasta la meta iba a acompañarlo si podía. Por suerte no resultó difícil.

Rogelio se enredó en varias cosas al programar sus bolsas de apoyo. El peor fue no encontrar su gorro de lana para mantener la cabeza caliente durante la noche. En Habron Gap (#9), a los 86.72km, decidió salir por delante mío para subir con calma y que yo me lo alcanzara. Corrí los 15kms hasta Camp Roosevelt (#10) preocupado porque no me lo alcanzaba y pensé que me iba a dejar atrás. Cuando llegué a la estación ya Rogelio no estaba. Bueno, que iba a hacer. Pedí mi café y procedí a alimentarme con lo que me apetecía (que no era mucho).

De repente llega Rogelio con cara de preocupado y jadeando. Había corrido a balazo toda la bajada preocupado porque yo lo iba a dejar atrás ya que él se había perdido en el lomo de la montaña. ¡Como da vueltas el mundo! Los dos estábamos preocupados por lo mismo. La única diferencia es que yo nunca llegué a gastar energías por tratar de alcanzarlo.

Partimos juntos hacia Gap Creek (#11). El camino inicia subiendo por un sendero que va paralelo a un río, pero el mismo camino parece una quebrada por lo mojado que es. Y luego vienen una buena trepada para entonces bajar a la estación. Esta es una de esas secciones que no incluye una corrida por el lomo de la montaña. En esta sección comenzó el frío a ponerse bueno.

Gap Creek es una pequeña estación que no tiene gran cosa. Pasamos rápido a través de la comida y la bebida para no enfriarnos. La próxima estación estaba a 13k y había una corrida larga por el espinazo de Massanutten Mountain para luego bajar a Visito Center (#12). Rogelio se estaba apagando en este tramo y la gente nos estaba pasando. El frío lo estaba limando pero estaba estoicamente soportándolo hasta que se rindió y me pidió me gorro de lana. ¡Ahora el que comenzó a pasar frío fui yo! Con todos los contratiempos llegamos a la estación una 1:09 por delante de mi último tiempo, a las 4:51am.

En Visitor Center ya Rogelio decidió que tenía que dormir y yo necesitaba calentarme junto al fuego. Nos quedamos hasta las 6:30am en la estación. Rogelio durmió un rato y luego fue a que le arreglaran los pies. Yo también debo haberme quedado dormido en la silla donde estaba sentado porque cuando abrí los ojos ya mi hermano no estaba acostado al lado mío. Cuando regresó me contó que le había sacado el líquido a sus vejigas y se las habían vendado. ¡Ahora tocaba correr para terminar esta carrera!

Ya apenas quedaba un poco menos de un maratón para llegar a la meta y estábamos en buena posición para terminar cerca de mis tiempos anteriores. yo estaba entero y a Rogelio lo habían parchado. Ambos nos tomamos una dosis de Peptobismol para tranquilizar el estómago y partimos haca Bird Knob (#13, 5.6km). Ya lo que quedaba era terreno familiar: las preocupaciones anteriores me habían hecho grabar el recorrido en mi mente. Pero esta vez estaba tranquilo y sereno, confiado que la meta estaba a nuestro alcance.

Corrimos todas las estaciones que quedaban en mejor tiempo que el 2016 con excepción del último tramo. Hubo momentos en que bajamos un poco la marcha porque Rogelio se había quedado sin gasolina pero lo rellené con un Power Gel que llevaba en mi botella de mano. Yo había dejado el cinturón que había cargado toda la carrera con una botella de agua que nunca me acabé y con varios geles que nunca usé en la penúltima estación para ir más liviano y mi hermano había dejado su mochila también.

Corrimos el último segmento con mucha calma. Ibamos a lograr nuestro objetivo (terminar la carrera) y llegaríamos juntos a la meta (la bonificación). ¿Qué importaba mejorar los tiempos anteriores? Aún así nos pasamos a varios en esa sección. Teníamos la oportunidad de mejorar el tiempo del último año, pero no hicimos el esfuerzo. Para mí, ¡cruzar la meta juntos no tiene precio!

Camino Real 2017

El 4 y 5 de febrero de este año caminos de Nombre de Dios a Boquerón Arriba. Hacía tiempo no encontraba el camino tan difícil. El Huracán Otto hizo estragos con el camino: había muchos árboles caídos, varios derrumbes en la vía del ferrocarril, y un cruce que año tras año se hacía más duro esta vez se volvió imposible y tuvimos que improvisar un desvío grande. Pero, como siempre, ese camino sigue siendo una de las rutas más espectaculares que tenemos en Panamá.
Hacía varios años no caminaba con un grupo tan grande. Eramos 23 caminantes y solamente Carlota e Yvonne, mi sobrina, eran las únicas que nunca habían caminado Boquerón. Como es típico cuando el grupo es grande, iniciamos la caminata un poco más tarde de lo usual. Entre una cosa y otra, a pesar de estar avanzando a un buen ritmo, y con pocas paradas, fuimos retrasándonos aún más en el camino por el Río Nombre de Dios. En general, y como cosa buena, en la caminata por el Nombre de Dios no vimos que hubiesen talado nada recientemente. Encontramos un para de lugares en donde habían puesto alambre a través del río, cosa que debe estar prohibido, pero nada más grave.

Al llegar a Brazo de Cedro, donde normalmente hacemos el desvío hacia la montaña, encontramos que los matorrales ya han ido recuperando algo de lo que habían talado anteriormente y el bosque se está recuperando. Esto es bueno para el bosque pero hace algo más difícil este tramo porque esos matorrales incluían muchas plantas espinadas y cortantes. Tanto es así que desde este punto comenzaron las variantes de la ruta ya que no llegamos al chorrito que siempre hemos usado como referencia para iniciar la trepada y decidimos comenzar la subida un poco antes por que la ruta por el valle de la quebrada estaba toda crecida y enmarañada. Creo que éramos de los primeros en hacer el cruce este año por esa ruta.

A media trepada hacia los rieles del tren, mientras cruzábamos uno de varios árboles caídos, escuchamos que el tronco comenzó a traquear. ¡El árbol comenzó a quebrarse cuando estábamos bajo su ramal! Yo, que ya casi estaba al otro lado, quedé atrapado cuando una de sus grandes ramas casi me aplasta y me cayó sobre la mochila. Quede encuclillado, atrapado bajo el peso de la rama en mi espalda. Por suerte más nadie sufrió daños más allá de las picadas de hormigas que se aguantó Jorge Mendoza mientras me quitaba algo del peso del tronco de encima para que pudiera soltarme la mochila y escapar de la posición en la que estaba. ¡Tremendo susto que nos llevamos!

Nos tomamos un merecido almuerzo al llegar a los rieles. Ibamos como dos horas tarde a este punto versus nuestro itinerario usual. Argelis fue una de las que sufrió la subida este año. No se que tiene esa trepada pero invariablemente a alguien le pega duro. Mientras yo tiraba machete adelante el resto del grupo se encargó de ayudarla y no hubo mayor percance. Lo bueno de caminar con el Hash es que hubo cerveza fría para acompañar la comida, y unos sorbos de ron para alegrar el ánimo.

Cuando resumimos la marcha encontramos el camino lleno de árboles caídos que había que vadear generalmente usando un desvío montaña arriba. Pero hubo un par que nos obligaron a hacer el desvío hacia abajo y varios de estos fueron peligrosos por el desnivel y la inclinación del terreno. Después de llegar al chorro donde habitualmente almorzábamos encontramos el peor de los deslaves de la montaña. Esta vez resultó imposible cruzar el abismo que se formó en este punto.

Esto si ‘ta duro…

Nos tocó trepar hacia el filo que estaba a nuestra izquierda para tratar de continuar por la montaña porque resultaba imposible seguir los rieles. ¡Esa trepada resultó intimidante para varios y Graciela casi se retaca! Me dijeron que hasta lágrimas dejó en esa subida. Mientras Yvonne espera que el grupo se reuniera se encontró que estaba parada justo al lado de una patoca que estaba indecisa sobre huir o echarle un envión a su pie. Por suerte Yvonne se alejó un poco antes que la culebra se decidiera a actuar. Después de un merecido descanso arriba del cerro, y de gozar de la vista que teníamos allá arriba, reanudamos nuestro avance.

Hasta acá arriba habían más árboles caídos haciendo lento nuestro avance. Eventualmente volvimos a encontrar los rieles y ya logramos seguirlos hasta el Boquerón sin mayores percances. En esta parte Carlota encontró toda clase de plantas espinadas que generalmente le avisaban su peligro después de entrar en su piel. Decidimos cuidarla esmeradamente no fuera que se pinchara más de lo que ya estaba. Por suerte Tony e Iván iban cuidando a Hildegar y Graciela en la retaguardia que ya venían flaqueando con las dificultades adicionales que nos habían salido.

Cuando nos reagrupamos nuevamente en el Boquerón ya eran más de las 4pm. Era evidente que no íbamos a llegar a donde habíamos planeado acampar e incluso nos iba a tomar buen rato llegar al lugar donde antes acampábamos. Generalmente a esta hora ya estábamos en el chorro del Boquerón donde tenemos nuestra piscina privada. Hasta aquí había otro árbol caído que íbamos a demorarnos otro tanto. Por suerte a Panamá solamente le tocó la colita de Otto. Este bosque sufrió estragos con el poco viento que le pegó. A las 5pm llegamos a la “T” y ahí me quedé esperando a las últimas: Grace e Hilde. Carlota y Jorge se quedaron y entre todos ayudamos a Hilde con su mochila.

El río hasta el chorro, de noche, nos hizo dura la llegada porque ya no veíamos bien los vados llanos y varias veces nos tocó cargar las mochilas sobre nuestra cabeza por lo hondo que estaba en varios lugares. Al final llegamos al campamento a las 7:30pm. Por suerte el grupo no había dejado a Robert continuar hasta el próximo campamento como, de seguro, había sido su intención. Peor ya tan tarde, y con la gente cansada, no valía la pena tomar el riesgo de seguir caminando.

La parranda fue buena esa noche. Mucha gente cayó temprano porque estaban extenuados. Pero los mismos revoltosos de siempre dieron lata hasta las tres de la mañana. La cena fue interesante porque era de traje y no todo el mundo trajo. Realmente la cena se dividió por grupos y unos cocinaron, otros comieron de latas, otros emparedados y algunos fueron directo para el sobre. Como ha cambiado la tecnología la dinámica de las acampadas. Había un par de bocinas sonando, una tocaba salsa y otra rock & roll del viejo, Río Abajo y Bella Vista en el Boquerón. Al final, los rockeros durmieron a los salseros (realmente, Tony apagó su salsa y se junto con los rockeros).

Después de un desayuno de avena y café, reanudamos nuestro peregrinaje. Nos llovió algo durante la noche, nada trágico por suerte. Ya desde este punto en adelante era evidente que la gente estaba llegando hasta acá de río abajo porque se notaban picas frescas en el camino. Había un par de árboles caídos que ya estaban cortados y nos fue fácil pasarlos. Los que salieron temprano hicieron una parada en la poza del Longué y yo me llevé a los lentos río abajo para avanzarlos mientras los otros gozaban de un buen chapuzón matutino. El resto del grupo nos alcanzó llegando al Río Diablo. Hicimos otra buena parada bajo el puente del tren abajo de la confluencia con le Diablo.

Ya el resto del camino no encontramos mayores inconvenientes. Parece que ahora que los autos están llegando a Santa Librada, la gente está subiendo hasta el Longué a acampar y el camino está siendo mantenido. Todavía todo está limpio, no se han metido con una de las partes más lindas de este trayecto por el Boquerón. Los más rápidos bajamos por el Río desde Mina 2 hasta Santa Librada. Los otros se fueron por el camino y llegamos casi a la misma vez. Ya de Santa Librada hasta Boquerón arriba este viaje es por una calle transitable. Ha perdido algo de su atractivo, pero nada que le reste muchos puntos a esta gran travesía. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he pasado de Nombre de Dios a Boquerón arriba, pero sigo sin cansarme de este viaje. Pronto quiero volver a repetirlo.

Me encantó ver que mi sobrina Yvonne y Carlota quedaron muy contentas con su primer recorrido del “Camino Real”. Todavía no he conocido a nadie que no haya gozado mucho de esta aventura. Tal vez haya una excepción y ella fue la precursora de nuestras famosas “dos horas”: ¿cuanto falta? ¡Dos horas! En esta vuelta, varios experimentados volvieron a preguntar lo mismo y recibieron la respuesta habitual: ¡Dos horas!